A propósito de un gato

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Los queremos como mascotas y su presencia es indiscutiblemente poderosa tanto en la vida como en la literatura. Nuestra colaboradora Soledad Rodillo nos invita a recorrer algunas obras que tienen a los gatos como protagonistas y las vidas de escritores y artistas donde los felinos reinaban como bien saben hacerlo.

William S. Burroughs Créditos Via culturalcat

William S. Burroughs Créditos Via culturalcat

Hace unos días a mi amigo Carlos se le murió su Diva. Y todos quienes hemos sufrido la muerte de un gato querido sabemos lo triste que es. A nuestra familia le tocó ese dolor hace un par de años, cuando una inexplicable enfermedad se llevó a nuestra linda Mini Sole. Nos dejó una casa con miles de recuerdos: un espacio a los pies de mi cama que nadie más usó para dormir, un sillón que nunca más se usó para mirar la casa del vecino, una ventana en el segundo piso que nunca más se abrió en las mañanas para que alguien saliera a dar un paseo por los techos de las otras casas y que nunca más volvió a abrirse al atardecer cuando la gata volvía a su casa para jugar con los niños y dejarse regalonear. Imposible no echarla de menos mientras escribo esto y me acuerdo de todas las mañanas que me acompañó a trabajar, echada en una silla, arriba de la mesa, apoyada su cabeza a mi pie. Y la felicidad que sentía cuando llegaba mi marido en la noche, porque ella era coqueta y estaba perdidamente enamorada de él. Después de ella no hemos querido tener otro gatito, estamos “cerca del dolor como una herida” parafraseando el poema de Neruda y no queremos volver a sufrir.

Doris Lessing y su gato. Créditos The Great CAt Org.

Doris Lessing y su gato. Créditos The Great CAt Org.

Tengo un par de libros sobre gatos que compré en el verano y aprovecho de leerlos antes de que acabe agosto, el llamado mes de los gatos. El primero es Gatos ilustres (Lumen, 2016), un libro precioso, de tapas duras y sutiles dibujos, que recopila las historias de no ficción de la premio Nobel Doris Lessing y que da cuenta de su relación con los gatos desde que era una niña y vivía en una granja africana plagada de gatos salvajes hasta que fue adulta y pudo tener una convivencia civilizada con ellos en Londres. El libro es realista, y es crudo (varios fanáticos de los gatos destrozaron este libro en el sitio de Goodreads), y no tiene imágenes idealizadas de cómo son los gatos ni de cómo es vivir realmente con ellos.

gatos ilustres doris lessingEspecialmente dura es la parte donde la escritora inglesa narra cómo su madre era la encargada de evitar el sobrepoblamiento de gatos en la granja hasta que un día se marchó a la ciudad y comenzó el caos en la casa: “Un año, quizás menos, de negativa de mi madre a desempeñar su papel de reguladora, árbitro y equilibrio entre la sensatez y la insensata proliferación de la naturaleza tuvo la consecuencia de que la casa, los cobertizos en torno a ella, los matorrales que circundaban la granja quedaron infestados de gatos. Gatos de todas las edades; gatos domésticos y salvajes y de estadios intermedios; gatos sarnosos y con conjuntivitis, gatos tullidos y lisiados. Pero aún, había media docena de hembras a punto de parir. Nada impediría que, en cuestión de unas semanas, nos convirtiéramos en campo de batalla para un centenar de gatos”.

Su dolorosa experiencia con los gatos en África hizo que por 25 años Doris Lessing no quisiera tener nada con este animal. Hasta que en Londres decidió tener un gato de nuevo: “Hay casas en las que tiene que haber gatos”, escribe en el libro, y aquí ella tuvo una gata gris –“una presunción arrogante, como una chica bonita que no tiene más cualidad que su belleza”-, una gata negra, y por algún tiempo varias camadas de las dos. Pero, ¿cómo lo iba a evitar, si había llegado a un barrio de gatos, y no tenerlos habría sido una anormalidad?: “Me mudé a una casa en el país de los gatos. Las viviendas son viejas y tienen estrechos jardines tapiados. Por nuestras ventanas de atrás se ve una docena de muros a un lado y una docena de muros al otro, de todas las medidas y niveles”. Y luego continua: “Comprendí que en la casa acabaría habiendo un gato. Del mismo modo que cuando una casa es demasiado grande se sabe que vendrá más gente a vivir en ella”.

leonora carringotn triptico gatos

Pienso en mi gata, que también llegó a vivir en un país de gatos, en una casa rodeada por cinco casas, con tantos techos, tantas panderetas por donde trepar. Y me acuerdo de la desconfianza con la que miraba a mi perro –parada desde el techo- y pienso en Leonora Carrington, que amaba a los gatos, y que decía que no tenía perro porque tenía miedo que sus gatos se enojaran y dejaran de hablarle. Ella también escribió un cuento sobre gatos, un cuento donde los gatos ocupan todas las piezas de una gran casa. Personajes desesperados, la gran novela de Paula Fox narra los problemas de una pareja, problemas que comienzan a salir a la luz cuando un gato muerde a la protagonista. Pero hay más historias de gatos. Y más escritores que aman a los gatos: Hermann Hesse, Margaret Atwood, Cortázar, nuestra chilena Alejandra Costamagna.Alejandra Costamagna Animales Domésticos Vía Paniko

En Elogio del gato (Periférica, 2015), Stéphanie Hochet recorre todos autores que han escrito sobre felinos: Hoffmann, T. S. Eliot, Sōseki, Colette, Balzac (Penas de amor de una gata inglesa), Tennesse Williams, Baudelaire (“que les dedica es un verdadero poema erótico”), Poe, y Rainer Maria Rilke, entre otros, quien escribió Mitsou, historia de un gato junto al gran artista Balthus, conocido como “el rey de los gatos”. En el libro, Stéphanie Hochet recorre a literatura para conocer más sobre estos animales y su manera como han conquistado el espacio de los humanos. Y saca interesantes conclusiones: “Hemos hecho posible lo que era imposible por definición. Para complacer a Felis Silvestris catus, el hombre contemporáneo ha perforado las paredes, agujereado las puertas e inventado las gateras para que los gatos puedan ir y venir según les parezca. Hemos redefinido el concepto de pared para transformarla en gruyère. ¿Qué otro animal nos ha empujado a remodelar nuestro universo en función de sus propios deseos? ¿Qué otro animal ha pasado del estado de empleado-de-la-casa-para-cazar-ratones al de amo del lugar, capaz de decidir por nosotros?”.

Edward Gorey .                      Créditos Flashbak

Edward Gorey . Créditos Flashbak

Y descubre que la fascinación que sienten los escritores y los artistas por los gatos –y también nuestra máxima fascinación- tiene que ver con la libertad. “El colmo de la libertad es sentirse en casa en todos sitios. Eso encarna el felino. Como bien dijo Guy de Maupassant en Sobre los gatos: ‘Circula como le parece, visita sus dominios a capricho, puede acostarse en todas las camas, verlo todo y oírlo todo, conocer todos los secretos, todas las costumbres o todas las vergüenzas de la casa. Está en su casa en cualquier lado, como animal que pasa sigiloso, silencioso merodeador, el paseante nocturno de las tapias vacías’”. Y concluye, luego de pasar revista los libros sobre gatos de Elia Kazan, Rabelais, Simenon, Burroughs y Amèlie Nothomb: ¿Cuántos hombres de letras reconocen en el gato el mismo gusto por la libertad y se identifican con el pequeño felino? La asimilación del escritor con el gato es un clásico en la literatura. La libertad no tiene precio para los artistas”.libros de gatos triptico

 

Autor: Soledad Rodillo (41 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.


Un comentario para “A propósito de un gato

  1. Excelente la columna de mi querida amiga. Aunque detesto a los gatos, por un minuto mientras leía, llegué a quererlod

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