Ana Maria Machado: «No me planteo la cuestión del lector como un desafío, sino como un encuentro»

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Luego de ocho años de su última visita, la destacada escritora brasileña Ana Maria Machado vuelve a nuestro país. Autora de títulos emblemáticos como Niña bonita (Ediciones Ekaré) o El domador de monstruos (Ediciones SM), la ganadora del Premio Hans Christian Andersen 2000 –considerado el Nobel de la literatura para niños y jóvenes– inició su gira por Chile protagonizando un encuentro el pasado 5 de junio en el Aula Magna de la Universidad Católica. Antes del viaje que la llevará al sur para participar en el VI Encuentro de Mediadores de Lectura de la Región de Los Ríos, organizado por la Universidad Austral, conversamos con ella sobre el desarrollo de la literatura infantil brasileña, sobre editoriales, ilustración y traducciones, todas materias en las que Machado es más que una autoridad, gracias a su vasta trayectoria dedicada a la literatura infantil y juvenil.

Ana Maria Machado en el Aula Magna, Centro de Extensión UC. Créditos: Ekaré Sur.

El encuentro con el lector es lo que le da sentido al trabajo de esta escritora. Desde sus inicios como administradora de la primera librería de literatura infantil en Río de Janeiro, pasando por sus estudios en lingüística y su extenso trabajo como traductora y narradora, nuestra conversación con Ana María Machado (1941) avanza hacia momentos de la literatura infantil y juvenil de los que ella ha sido parte fundamental. Pese a que en su testimonio se muestra distante frente los hechos, quienes conocen su trayectoria podrán dar cuenta de que más que una testigo, Ana María Machado es, sin duda, una de las protagonistas del desarrollo y consolidación de la literatura infantil en Brasil e Hispanoamérica. Entre las numerosas entrevistas y firmas de libros que esperan por ella acá en Chile, pudimos acceder a ella. Esto fue lo que conversamos.

—¿Cómo surgió la iniciativa de su visita a Chile?
—No estoy segura, sabes, porque cada semana estoy en un sitio distinto. Estaba en Brasil la semana pasada, voy a Nueva York la otra… Entonces para recordar cómo nació esta visita yo tendría que revisar en la memoria de la computadora, no tanto en la mía. Pero creo que partió de Valdivia, me invitaron desde la Universidad Austral de Chile. Empezó por allí y aprovechamos la visita para hacer estas otras actividades en Santiago.

—“Ana Maria Machado regresa a Chile”, se leía en un titular de internet. ¿Hace cuánto que no venía a nuestro país y en qué contexto se dio esa visita?
—Si mal no recuerdo fue el 2010, para un Congreso patrocinado por la Fundación SM, el Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil. Sí, claro, me acuerdo muy bien porque fue el año del terremoto. Fue algo tremendo, porque nos atacó a todos mientras estábamos aquí.

—Usted instaló una librería a fines de los 70 en Río de Janeiro, la primera librería de literatura infantil de su país.
—Sí, exactamente. Yo administré esa librería durante 18 años. Sigue existiendo hasta hoy en día, pero yo después vendí mi parte y salí de la sociedad, porque necesitaba más tiempo para concentrarme en escribir.

—La librería comenzó a funcionar en 1979, cuando el contexto era bastante distinto al actual, en el ámbito de la LIJ, las librerías y la industria editorial.
—Cambió mucho. En ese entonces no existía ninguna librería infantil en Brasil, no había sectores especiales para niños en las grandes cadenas de librerías, era algo que faltaba. Pero tuvo tanto éxito que al fin de un año de inaugurada, solo en Río de Janeiro se habían abierto trece librerías. Después algunas cerraron, pero entonces no solo se dio que el mercado necesitaba de un sitio donde hubiera libros para niños, sino que las grandes cadenas empezaron a tener sus propios rincones para niños, que es lo que tienen en la actualidad.

Hoy en día se encuentran libros para niños en todas partes, pero antes eso no era así. Ahora la competencia es mucho más grande, además surgieron las nuevas tecnologías, los tirajes de libros son mucho más pequeños, la crisis económica en Brasil está muy fuerte y los editores imponen condiciones a las librerías que no son tan favorables como en el momento en el que a ellos les interesaba ingresar al mercado editorial. Todo eso cambió, eso daría para una conferencia completa solo sobre los cambios en la producción editorial…

—¿En ese momento usted percibió un aumento en el interés de las editoriales por publicar literatura infantil y juvenil?
—Sí, pero eso es un proceso más largo conectado a otras cosas, no es solo por las librerías, es toda una historia que venía ya desde el inicio de los años 70 en Brasil. Sin duda fue una expansión extraordinaria. Se habla mucho del boom de los libros infantiles en Brasil en esa década. 

—¿Y esa expansión a qué otros factores se debió?
—A muchos. Por esos años teníamos una dictadura y había una represión de las manifestaciones culturales en general y los militares no estaban prestando mucha atención al universo de los niños. A partir de eso, fue posible que muchos autores, artistas, creadores que venían de otras disciplinas –sea porque trabajaban con teatro, con caricatura, periodismo o lo que fuera–, empezaron a escribir para niños, y eso permitió una expansión de calidad muy grande a la literatura infantil brasileña, sobre todo porque eran autores que no venían de la escuela de la Pedagogía de la Educación, ni nada de eso. Por lo mismo, no crearon libros que querían educar, sino que fue una expresión artística de quienes se vieron sin condiciones para hacerlo en otras partes y eso fue muy importante. Ese fue el fenómeno de la literatura infantil brasileña en los años 70: una generación que no trabajaba con niños, no tenía nada que ver con ellos, jamás había estado en una sala de clases con niños y, por lo mismo, no querían enseñarles, no tenían intenciones pedagógicas y gracias a eso se generó una literatura de calidad artística extraordinaria.

Fue una expresión artística de quienes se vieron sin condiciones para hacerlo en otras partes.

—Justamente a partir de eso, llama la atención que quien la entrevistó en Santiago fuese una especialista de la Facultad de Educación… Entonces ahí surge la duda de que se sigue vinculando la literatura infantil con este fin educativo.
—Claro, pero eso es aquí en Chile. Allá nosotros tenemos maestrías, doctorados de Literatura Infantil en Letras, en Literatura, no tanto en Educación. Esa es la diferencia entre Brasil e Hispanoamérica en general.

—A partir de lo mismo, considerando que su obra tiende a romper ciertos paradigmas de este mismo tipo de literatura, ¿cuál es la importancia que usted le da al desafío del lector?
—Es que en general no me preocupo mucho por eso. No me planteo la cuestión del lector como un desafío, me planteo la cuestión como un encuentro, es como sentarse en el suelo con el niño o niña y jugar juntos, inventar cosas y crear. Entonces, estamos haciendo eso, pero jugando con palabras, ¿ves? No es un docente de pie y los niños escribiendo notas, no es esa la relación espacial, digamos. Yo lo que quiero es siempre contar una historia de manera interesante, con palabras, con el lenguaje; con un lenguaje que sea atrayente, que pueda atraerlos y que pueda, al mismo tiempo, presentar desafíos propios. En fin, no es tanto una cuestión de enseñarles o de guiarlos, para nada. En general, escribo sin pensar mucho en cómo es el encuentro con los lectores, es más un encuentro mío con el lenguaje.

—Y en el caso de la ilustración, ¿cómo trabaja usted con ese otro lenguaje en el proceso de publicación?
—En la gran mayoría de los casos, casi todos, no soy yo quien elijo. Escribo sin saber quién será el ilustrador, es más una tarea del editor buscar un ilustrador después. Por muchos y muchos años yo solo veía un libro mío después de listo, publicado, porque era así que los editores trabajaban. Luego eso fue cambiando, ellos empezaron a preguntarme o  a darme la posibilidad de decir algo sobre las ilustraciones. Después, con el tiempo los ilustradores se fueron afirmando en Brasil de una manera muy poderosa, fueron desarrollando su calidad y empezamos a buscarlos, a trabajar juntos. No digo que nunca, pero es muy raro que yo tenga elegido un ilustrador o que haya trabajado en conjunto, a la par, con un ilustrador.

«Niña bonita» (Ediciones Ekaré 1994)

—¿Y qué sucede en las traducciones de sus libros?
—Como tengo libros traducidos para más de veinte países, en lenguas distintas, con editoriales distintas, entonces son ediciones distintas. El mismo libro está ilustrado por diferentes personas, de culturas distintas, el lenguaje es otro y, más que perder, con esto gana lectores. Yo soy traductora, sé que en toda traducción algo cambia, algo se pierde, algunas cosas se ganan. No puedo querer dominar ese proceso, no tengo esa relación autoritaria con la traducción.

—Hace unos días tuvimos la visita en nuestra Fundación del reconocido ilustrador brasileño Roger Mello. ¿Tiene alguna relación usted con él como ilustrador?
—Sí. Él ilustró dos libros míos, cuando él estaba empezado su carrera. Y nos llevamos muy bien, me gusta mucho el trabajo de Roger. Estuve con él la semana pasada en la reinauguración de una biblioteca en Río de Janeiro y nos hablamos rápidamente. Pero sí, viajamos juntos, por ejemplo, por Dinamarca, por el interior y somos amigos…

—Ahora una pregunta para usted como lectora. ¿Qué libro recuerda de su infancia?
—Toda la obra de Monteiro Lobato, que es un autor brasileño. Su obra es muy amplia, tiene una colección de veinte libros con los mismos personajes. Fue muy importante para mí. Cuando niña lo leí, releí, luego lo leí con mis hijos, con mis nietos y sigo leyéndolo hasta ahora. También alguno de los clásicos, La isla del tesoro, Peter Pan, cosas así.

—¿Y hoy en día qué está leyendo?
—Estoy leyendo Philip Roth, que murió ahora hace poco. Tenía uno o dos libros de él que no había leído todavía. Siempre fue uno de mis autores favoritos, me gusta mucho y leerlo en este momento es un poco como un homenaje.

—Y para finalizar, ¿qué autor o autora de Brasil, en el campo de la literatura infantil y juvenil, podría recomendarnos?
Ruth Rocha, Lygia Bojunga, quien se ganó el premio Hans Christian Andersen en 1982, Ziraldo, Marina Colasanti, hay tantos… todos están traducidos en español.

 

Esteban Cabezas y Roger Mello. Créditos: Fundación La Fuente.

 

Autor: María Jesús Blanche (16 Entradas)

Licenciada en Letras Hispánicas y diplomada en Edición. Su amor por el libro como objeto y como una fuente inagotable de experiencias lectoras diversas, han sido una motivación constante para seguir trabajando desde distintos frentes en busca de nuevos amantes de la lectura.


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