Buscando vampiros por Hungría

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El mito del vampiro ha estado presente en la obra de incontables escritores, reinventándose numerosas veces a lo largo de las décadas para seguir conquistando a nuevos lectores. Sin embargo, hay dos figuras que indiscutiblemente marcaron las bases de nuestro imaginario sobre los famosos bebedores de sangre: Drácula y Carmilla. Durante su paso por la capital de Hungría, nuestra colaboradora Francisca Tapia quiso indagar sobre las figuras históricas que inspiraron a estos personajes y nos cuenta al respecto en la siguiente nota.

Hungría Hola

Budapest, capital de Hungría, es la capital y ciudad más poblada, así como su principal centro industrial, comercial y de transportes. La ciudad posee 1,74 millones de habitantes (2011). Créditos: Hola. Créditos: Hola

Un volumen blanco, algo desgastado y en inglés de Lestat el vampiro, de Anne Rice, estaba acostado en el mueble central del departamento. Fue lo primero que vi al entrar al alojamiento de Budapest, le dije a la persona que nos recibía que era uno de mis libros favoritos y me sentí contenta, como si al libro lo acompañara una nota que me dijera “para que te sientas como en casa”. Lestat es uno de mis personajes literarios más queridos, esa mezcla de frivolidad, locura y búsqueda existencialista que lo caracteriza me conquistó a los 14 años, tras ello leí cuanto relato de vampiro llegara a mis manos, aunque no todos se ganaron mi estima. De todas maneras debía admitir que el rey indiscutido no era el príncipe malcriado creado por Anne Rice, sino que el famoso Conde Drácula, al que dio vida en 1897 la pluma del escritor irlandés Bram Stoker.

Estando en Budapest, con el volumen de Lestat, el vampiro en el velador, caí en la cuenta de que dos de los vampiros más importantes de la literatura tenían parte de sus orígenes en Hungría y no quería perder la oportunidad de indagar un poco más. Recordaba un antiguo documental del canal Infinito en el que comentaban que Bram Stoker había ideado a su antagonista estrella con la asesoría del erúdito húngaro Ármin Vámbéry, quien lo habría introducido en la historia del príncipe de Valaquia, Vlad Tepes, el “verdadero” Drácula. Según crónicas de la época, el gobernante se hizo conocido por torturar lentamente a sus víctimas y en ocasiones incluso beber su sangre; habría asesinado a más de 100 mil personas, gran parte de ellas mediante la práctica del empalamiento, lo que le valió de manera póstuma el sobrenombre de Vlad El empalador, en rumano Vlad Tepes.

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El viajero húngaro Ármin Vámbéry

Si bien Tepes tiene sus raíces en la región histórica de Transilvania, se especula que su reconocida crueldad habría tenido sus orígenes en Budapest, en donde su otrora aliado, el rey Matías de Hungría, lo habría enviado a encarcelar y torturar. Supuestamente este periodo oscuro habría incidido en su carácter infame y vengativo. En un paseo por Buda, la parte occidental de la capital de Hungría, descubrí que uno de los grandes atractivos turísticos era justamente un recorrido pagado por las cámaras bajo el Castillo de Buda, lugar en el que estuvo detenido Tepes por un periodo de tiempo poco claro, aunque muchos especulan que habrían sido 10 años. Si bien el reconocido Laberinto de Buda ofrece con mayor espectacularidad un recurrido que incluye el encuentro con “la tumba de Drácula” para entretener a los turistas, lo cierto es que es un interesante acercamiento a la leyenda tras la obra de Stoker. Quizás una antesala para trasladarse a Rumanía y seguir la ruta de Drácula que tanta fama ha dado a la región de Transilvania.

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Cruce hacia el sector de Buda. Créditos: Francisca Tapia

Pese a la relativa cercanía geográfica, debo comentar que no es muy sencillo o directo un viaje desde Budapest a Sighisoara, ciudad natal de Vlad Tepes, por lo cual para seguir pensando en vampiros descubrí otro imprescindible dentro del mismo Budapest: el Castillo de Vajdahunyad. Esta bella y llamativa construcción, situada en el parque de la ciudad, es la réplica de un castillo de Transilvania al cual se le atribuye haber sido el hogar de Vlad Tepes, por lo mismo un sitio ideal para imaginar los escenarios que narró Bram Stoker en su obra más famosa. Como curiosidad, junto al castillo puedes encontrar un busto tallado de Drácula. Pero no la imagen fantasiosa del Drácula literario, sino que al actor austro-húngaro Bela Lugosi caracterizando al famoso conde, tal como lo interpretó en más de una producción audiovisual.

La condesa sangrienta

Drácula es probablemente una de las novelas de vampiros más reconocidas, sin embargo tuvo una antecesora igualmente influyente: Carmilla (1872), de Sheridan Le Fanu, un clásico que sirvió de base para otros escritores en cuanto a la estructura del relato y al estereotipo del vampiro que hoy tan bien conocemos. Le Fanu, de origen irlandés al igual que Bram Stoker, se habría inspirado en la historia de la aristócrata húngara Erzsébet Báthory para crear a un personaje que otorgó a la presencia vampírica un carácter seductor y homoerótico.

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La condesa Isabel Báthory de Ecsed fue una aristócrata húngara, perteneciente a una de las familias más poderosas de Hungría. Ha pasado a la historia por haber sido acusada y condenada de ser responsable de una serie de crímenes motivados por su obsesión por la belleza. Fuente: Wikipedia

Bella, seductora y letal fueron algunas de las cualidades que adquirió Carmilla en base a la historia de Erzsébet Báthory, conocida como “la condesa sangrienta” por su ingrata fama como la mujer que más asesinatos habría cometido en la historia conocida: se le adjudican alrededor de 650 muertes. Tras estos crímenes habría estado la obsesión de Báthory por mantenerse joven y la creencia de que baños de sangre servirían a este propósito. Habría torturado y desangrado a innumerables sirvientas, luego de lo cual su obsesión la habría llevado a comenzar a secuestrar y matar a jóvenes nobles, lo que derivó en la investigación de sus crímenes y posterior sentencia a permanecer encerrada en su castillo, en donde falleció luego de cuatro años sin ver la luz del sol.

Carmilla portada Siruela Ana JuanEn Hungría no es sencillo encontrar datos de su tristemente célebre condesa, lo más cercano que descubrí fue el Museo de Férenc Nádasdy, marido de Erzsébet Báthory, sin embargo, está centrado en el legado de la influyente familia aristocrática Nádasdy, sin involucrarse en la historia criminal que inspiró a Le Fanu. Para encontrar el rastro de la condesa sangrienta es necesario trasladarse a Eslovaquia y visitar las ruinas del Castillo Čachtice, en donde Erzsébet habría cometido la mayor parte de sus crímenes y el lugar en el cual finalmente terminó sus días encerrada, condenada por cientos de asesinatos que algunos historiadores ponen en duda, aduciendo que intereses políticos de sus enemigos habrían incidido en la decisión de culparla de tantos crímenes. Sea cual sea la verdad, la terrible historia que arrastra su nombre sirvió para seguir alimentando el mito del vampiro.

Si bien la figura de los inmortales bebedores de sangre no nació de la mano de Carmilla o Drácula, sino que estaba presente en el folclor de varios países desde mucho antes, estos antagonistas de semblante pálido y aversión al sol permitieron pulir la cualidades del arquetipo del vampiro y con ello dar pie a tantos otros escritores que quisieron reinventarlo con historias que fueron desde extremos tan distintos como el romance juvenil de Stephanie Meyer, al terror psicológico de John Ajvide. Por supuesto, pasando por mis favoritas crónicas vampíricas de Anne Rice.

Autor: Francisca Tapia (32 Entradas)

Periodista y diplomada en Literatura infantil y juvenil, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Dibujante aficionada, fanática del té, de los viajes y de los libros por montón. Durante cinco meses recorrerá diversos países de Europa y el oriente lejano, en busca de nuevas historias que contar.


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