Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta: “Hay que faltarle el respeto a la historia”

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Los años de Allende (Hueders) es una novela gráfica escrita por Carlos Reyes y dibujada por Rodrigo Elgueta, que presenta el gobierno de la Unidad Popular. Desde 1970, cuando Allende es nombrado Presidente de Chile, hasta el Golpe de Estado de 1973. Aunque Reyes y Elgueta hicieron una rigurosa investigación para este libro, no desestiman cómics como 1899 (Norma), de Francisco Ortega y Nelson Dániel, que, basándose en la historia nacional, imaginan un Chile que es superpotencia mundial. Conversamos con Reyes y Elgueta sobre Allende y sobre la versatilidad de la narrativa gráfica, capaz hacer fantasía, recoger la historia o combinar ambas.

Por Pablo Espinosa y Diego Muñoz.

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Reyes y Elgueta en la librería Ulises de Lastarria.

—El protagonista de Los Años de Allende es John Nitsch, un periodista norteamericano que viene a cubrir el ascenso de la Unidad Popular. En la escritura del guion, ¿por qué decidieron que este personaje de ficción era el adecuado?

Reyes: John Nitsch existe. Es un norteamericano radicado en Chile, que fue parte de la congregación de los Padres Merrylands, quienes tuvieron un rol fundamental en los años 80 en nuestro país, ya que estuvieron en poblaciones y colaboraron con la educación popular. Yo conocí a John Nitsch, con el que trabajé haciendo documentales en aquel tiempo. Entonces, cuando creamos al personaje de ficción para este cómic, que era este periodista que llegaba a Chile, decidí ponerle John Nitsch porque quise que el personaje tuviera un asidero real (para mí, no para el lector). Ahora, ni físicamente ni por el trabajo que realiza, el periodista de ficción se parece al John Nitsch real

foto_0000001420150331210830Elgueta: Al momento de construir a John Nitsch, Carlos me dijo que podía inspirarme en los actores Dustin Hoffman y Robert Redford en la película sobre el caso Watergate, “Todos los hombres del presidente”. Vi a esos personajes a través de fotografías —afortunadamente Google tiene un banco de imágenes eterno— y saqué ideas de sus cortes de pelo, patillas y la manera de vestirse. También traté de destacar los rasgos anglosajones de este personaje, distintos a los rasgos chilenos. Por eso tenía que tener ojos claros, tez pálida, con la mandíbula no tan marcada.

Reyes: Y queríamos que Nitsch fuera el vicario del lector. Un personaje vicario a través del cual el lector joven o el adulto que vivió el periodo, pueda ser guiado. Es a través de su mirada que nosotros vemos la Unidad Popular. Él siempre hace preguntas o comenta lo que ve. Que fuera extranjero nos permitía tomar la distancia necesaria. En un momento, alguien propuso un espía cubano encubierto. Eso hubiera significado extremar la historia, porque el personaje iba a tener un partido.

Elgueta: John Nitsch tiene la ingenuidad o agudeza necesaria para hacerse las preguntas que en el momento no se hacían.

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John Nitsch comenta el cine chileno de 1971.

—El personaje tiene ciertas similitudes con Charles Horman, el periodista estadounidense ejecutado en dictadura. Una historia que tomó el director de cine Costa-Gavras en la película Missing, de 1982.

Reyes: Nosotros queríamos incorporar un pequeña capítulo en el que Nitsch conociera a Horman, pero fue imposible por tiempo. Tenía pensada una escena en un bar en Viña del Mar —donde Horman quedó atrapado el día del Golpe Militar—, como en la película, o en Santiago. Me hubiera gustado que ambos conversaran. Que Horman le contara a Nitsch porque estaba acá, qué le interesaba de Chile y que hiciera que Nitsh también se preguntara “¿Qué hago yo acá?”. Es una escena que quizás algún día podamos escribir, en un próximo libro.

—Además de narrar los hechos, parte de su esfuerzo estuvo puesto en trasladar al lector al clima de la época de la UP. La agitación cultural, la efervescencia política y también la violencia.

Reyes: Si logramos en las páginas transmitir un poco la vorágine de los hechos al lector, lo logramos. Cuando yo escribía sentía como que estaba atrapado en un torbellino, donde había bombas, palabras del presidente y respuesta de la oposición. Sentía que había una velocidad. Hay mucha información, como que los hechos te abruman. Eso queríamos. Provocar la sensación de estar ahí, que día a día ocurrían miles de cosas. Fue fascinante descubrir un periodo de la historia de Chile realmente loquísimo. Fuerte, duro, violento. El historiador Manuel Vicuña —que nos asesoró junto al escritor Marcelo Mellado— en la primera reunión, nos dice: “En esa época la izquierda y la derecha estaban pasados de roscas”. El lenguaje no sólo era confrontacional, sino que muy violento. Y era una espiral que no acababa. Tratamos siempre que el libro lograr transmitir esa cantidad de hechos.

—Se tiende a creer que en torno al héroe todo se torna trágico. ¿El final del gobierno de Allende ya estaba escrito?

Si logramos en las páginas transmitir un poco la vorágine de los hechos al lector, lo logramos.

Reyes: Cuando yo hice la investigación, descubrí en muchos libros —y está probado por documentos de la CIA, incluso— que la conjura contra Allende empieza desde que llega al gobierno. Por eso, uno de los personajes que más me gusta de esta novela gráfica es False Flag, que es el nombre que reciben los agentes encubiertos de la CIA en otros países. False Flag le dice a John Nitsch: “Se han fraguado mil golpes, tarde o temprano uno funcionará. El bloqueo y las subvenciones secretas para los camioneros, Patria y Libertad y El Mercurio preparan el clima, pero la ayuda no solo viene del Tío Sam, Brasil también hace lo suyo ¿Implicados? Los conjurados son legión” [pág. 102]. Nada de esto está inventado, todo eso es real, hubo mil intentos de golpes. En el libro La conjura, de Mónica González, aparecen muchos planes que fracasan, de intentos de golpes. El Tanquetazo es uno de ellos, pero sólo el más visible; hubo otros que llegaron a medio camino, planes entre civiles y militares que no llegaron a nada. Por lo tanto, sí podemos hablar de un sueño que estaba destinado a ser pisoteado.

Elgueta: Y en algunos de los discursos de la época—que reprodujimos dentro del libro— se planteaba que él no iba a salir de la moneda vivo. El mismo Allende lo decía: “Me sacan en pijama de madera”. Ahora, nadie nos ha podido decir que el libro es panfletario. Todo lo que está acá, está comprobado que fue así.

Años

Historia y narrativa gráfica

—”El cómic NO es un género literario, NO es una rama de la literatura. El cómic es un arte con casa propia”, sentenciaron los de Revista LarVa en lo que ello llamaron un Aviso para desprevenidos. ¿Cuál es su opinión sobre este aviso tan sentenciador?

Reyes: Yo creo que la historieta no es literatura, eso es cierto: la historieta es historieta, un arte en sí mismo, con un lenguaje propio, con códigos propios, con cosas que solo ella puede hacer y nadie más. El cómic toma elementos prestados de la literatura y del cine, tal como la literatura toma elementos del cine y de la historieta. Se tiene que entender como una relación concomitante, son amigos, son pololos, no se han casado nunca pero están cerca. Recuerden que el cine y la historieta nacen en años muy cercanos, por lo que se van contaminando positivamente el uno con el otro.

La historieta es historieta, un arte en sí mismo, con un lenguaje propio, con códigos propios.

La historieta a través de sus propios códigos puede mostrar sonidos donde no los hay, movimientos donde nada se mueve, voces de personajes distintos donde no se escucha nada. Esta maravilla que sucede entre viñeta y viñeta —las viñetas son estos pequeños rectángulos o cuadrados que van narrando la historia— es lo mismo que pasa en el cine entre un cuadro y otro, porque es ahí donde se produce la historieta. Esos códigos hacen de la historieta algo maravilloso, que en lugar de haber muerto después de cien años, parece que está más viva que nunca.

Elgueta: Concuerdo con Carlos, no creo que la historieta sea una literatura menor, sino que es otra expresión artística. Y en mi visión como dibujante, tengo que aceptar cierta relación con el cine. Por ejemplo, la forma en que se describen los planos en el cine, también se pueden ocupar para describir planos de viñetas. Y viendo esa relación, puedo decir que en mi tablero tengo más libertad que un cineasta. El director de cine se tiene que atener al plano que le da la cámara de cine. En cambio yo, puedo acceder a páginas dobles, una viñeta, muchas viñetas pequeñas, viñetas que se montan una sobre otra, diagonales, circulares. Son muchas las opciones para narrar.

Me gustaría destacar el hecho de que la relación imagen y texto viene desde el momento que se inventó la imprenta, alrededor del siglo XIV, por lo que no estamos hablando de una relación nueva. Se ha llegado al acuerdo de que el globo parlante (con The Yellow Kid) es el que da el puntapié inicial al cómic. Este globo es un símbolo tremendo, porque es entendible por un niño o un adulto en Chile, en Zimbabwe y en Japón; es universal. Además es moldeable, transformado en líneas segmentadas se convierte en un susurro, si está en forma de nube presenta la idea del pensamiento, en forma de estrella invita a la lectura de un grito.

Reyes: La relación imagen texto es una cosa que me apasiona en las historietas. Uno puede jugar irónicamente con el texto sobre la imagen. Que es como cuando en el cine Scorsese pone en escenas de acción, violencia y muerte, una música suave; o como lo hace Stanley Kubrick en “La naranja mecánica”, cuando están violando a una niña y pone a Mozart. Esas relaciones que produce el cine, la historieta la puede lograr también con la imagen y el texto.

Por ejemplo, en la página 120 de Los años de Allende ponemos el croquis de la imagen de Allende asesinado y jugamos con dos tipos de cartuchos: uno con la descripción forense del asesinato y en el otro el comunicado que le da el general Palacios a Gustavo Leigh y a Pinochet por radio. La muerte de Allende fue una imagen que quisimos eludir, por eso pusimos el croquis forense y no un dibujo más realista. Uno puede ir jugando con esos elementos. El libro tiene varias cosas de ese tipo que quisimos explorar.

Ultimo discurso de Allende en La Moneda.

Ultimo discurso de Allende en La Moneda.

—En una entrevista con Francisco Ortega, ambos mencionaron la importancia del redescubrimiento de la historia de Chile desde el cómic. Presiento que la novela gráfica tuviese un giro didáctico y que próximamente estarán estos cómics en los programas de estudio, como una herramienta pedagógica.

Reyes: Pretendo estar lejos de lo pedagógico, pero sí cerca de los colegios. La reciente novela gráfica Lota, de varios dibujantes, o 1899, de Ortega, abordan la historia. Lo hacen respetuosamente o irrespetuosamente, pero no tienen una vocación pedagógica. Si es usado después en el colegio como lectura, maravilloso. Invito a todo el mundo a que cuando lea historietas las lean como cualquier libro o lo vean como cualquier película (como una película documental, en el caso de Allende). Sin prejuicios. Nosotros queríamos pasarlo bien haciendo este libro y que el libro fuera súper documentado. Si funciona pedagógicamente, no lo sé; pero sería maravilloso que ocurriera.

Elgueta: He visto que el comic en general ya está en los colegios, como una herramienta más desde el lenguaje y la comunicación. Y no va a reemplazar nada. Algunos van a preferir acercarse a la historia de la Unidad Popular desde esta novela gráfica y otros desde libros o películas documentales.

Reyes: A veces en los colegios dicen: “Que lean historietas y luego leerán libros de verdad”. No. La historieta no es una antesala de una lectura mejor posterior. Es una lectura en sí misma. La historieta tiene una cantidad de elementos propios de este lenguaje que la hacen una lectura propia, con validez total. En el cómic se pone en tensión el texto y la imagen.

—Hay una larga tradición del cómic en Chile, que tuvo como principal exponente en la Unidad Popular a La Chiva, una revista que ustedes visitan en Los Años de Allende y que fue reeditada por Feroces hace pocos años.

Reyes: La Chiva es una revista muy importante para los historietistas locales porque fue la primera revista autogestionada en Chile, financiada con dinero de los propios autores. Hoy la historieta sigue siendo súper autogestionada, a pesar de la presencia de las editoriales. De hecho, fue la autogestión la que mantuvo viva la historieta durante todos estos años en Chile. Como dijo Jorge Montealegre en una entrevista, la autogestión mantuvo vivo el fuego. La Chiva, además de autogestionada, fue una revista con vocación popular y con mucho humor. En la historieta el humor es súper importante. En Chile quizás se dejó de hacer con el tiempo historieta política o de aventuras, pero el humor no se dejó jamás de hacer. Siempre hubo. Piensen en los 80. Había humor. Negro, pero había humor.

En Chile quizás se dejó de hacer con el tiempo historieta política o de aventuras, pero el humor no se dejó jamás de hacer

Hay pocos años en los que no se hace historieta en Chile. No es que después de 1973 no hubo historietas. Hubo mucha. Chile tiene una tradición como pocos países latinoamericanos tienen. Y no nos hemos dado cuenta. Hay muchos chilenos que me han dicho que nunca han leído una historieta, pero yo les muestro Barrabases, Condorito, Mampato y descubren que sí son o han sido lectores de historietas. Todos en Chile fuimos o somos todavía lectores de historietas.

Y es como si esa memoria histórica viajara de un lector a otro. Hay jóvenes dibujantes que dicen que no conocen a nadie de antes y uno ve sus dibujos y uno ve que se entroncan perfectamente en la línea de Hervi, Pepo, etc. Hay una cosa que está ahí.

La Chiva

La Chiva

—Ustedes han trabajado juntos en otros proyectos ¿Cómo es este trabajo conjunto?

Elgueta: Carlos es experto en el lenguaje del cómic. He trabajado con guionistas que no tienen la experiencia de transmitir una historia a través de códigos del comic y lo hacen como escritores. Hay muchas cosas que no es necesario transcribirlas para que se narren, con una imagen se puede ahorrar mucho texto. No hay que reinsistir en una misma idea, en imagen y texto.

Reyes: Yo hago una revisión final. Cuando ponemos el texto sobre la página, corto texto. Por ejemplo, si vemos a un tipo abrir una puerta y el texto dice: “Y entonces, él abrió la puerta”, el texto no funciona, es redundante. Además, el dibujante opina y puede alterar la forma de escribir.

Y es importante el respeto mutuo. A veces se cree que el guionista es el gran cerebro que está detrás de un dibujante poco culto. No. Esto es un trabajo de partners. Mi nombre de guionista no está más grande en la portada del libro que el del dibujante.

—Mortis fue un proyecto en el que colaboraron muchos autores, también ustedes dos, dándole una nueva vida al Dr. Mortis, personaje creado en la década de los 40 por Juan Marino y que transitó por el radioteatro, la televisión y el cómic. ¿Por qué revisitar a Mortis?

Reyes: Esa fue una decisión que tomamos con Miguel Ferrada, que dirigía el proyecto, Felipe Benavides y yo. Sentíamos que Mortis necesitaba una reactualización y Miguel logró crear, a partir de las pistas que Juan Marino había sembrado sin darse cuenta en sus revistas, un universo más actual para el lector contemporáneo. Y creo que fue muy bien logrado ese efecto. Si bien tampoco dilucidamos bien qué era Mortis, porque esa es la gracia del personaje, logró posicionarlo. Vimos siempre la serie Mortis como si fuera una serie de televisión por capítulos, con temporadas. Esa fue la estructura que tuvimos en mente y que traspasamos a los autores. A todos les dimos libertad creativa, con parámetros muy amplios. Había una cancha rayada y les dijimos jueguen ahí. Hicimos finalmente 3 libros: In Absentia Mortis, In Nomine Mortis y Mortis Eterno Retorno.

MORTIS-IA

Mortis

Elgueta:  Mortis es el verdadero charquicán chileno. Porque es una mezcla de todo. Y más encima se muele y se transforma en una pasta de muchos sabores. En Mortis está el diablo, la tradición vampírica, gótica, de ciencia ficción y también la identidad nacional. El personaje del doctor mortis te permite delirar y como dibujante dejar volar tu mente.

—Finalmente, ¿ha ido perdiendo terreno la fantasía frente a la no ficción en la narrativa gráfica?

Reyes: Cuando Frank Miller hace The Dark Knight Returns y Allan Moore Watchmen, en 1986, llevan al superhéroe a la realidad. Le dan verosimilitud a un universo fantástico. Y a pesar de que también cuentan historias fantásticas, sus personajes son tridimensionales. Moore y Miller llevan la historieta a una realidad extrema. La ponen sobre la tierra. Hacen un cómic “realista” a partir de la ficción. Y quizá por eso llega esta respuesta desde la autobiografía y del cómic periodístico o documental que está hoy muy en boga. Pero no siento que pierda terreno la fantasía, creo que se han equiparado ambas. Es como el periodismo, que no ha matado a la novela.

Creo que el cómic de no ficción más bien ha enriquecido el panorama. Nosotros hicimos este libro de Allende con una vocación documental muy fuerte e invito a todos a faltarle el respeto a la historia. Ahora, de hecho me gustaría hacer algo con los nazis en Chile. Sería algo de fantasía, pero agarrándome de la historia. Como Francisco Ortega cuando hace el Combate Naval de Iquique con naves voladores, en 1899. Maravilloso. Es historia, pero al mismo tiempo no lo es. Esa mezcla es posible gracias a la no ficción.

Elgueta: Yo creo que no está perdiendo terreno. La fantasía es parte de la siquis humana y nos va a acompañar por siempre. Creo que el panteón de superhéroes que armó Marvel y DC —utilicé intencionalmente el termino panteón— vinieron a ocupar el espacio que tenían antes los héroes míticos en el inconsciente colectivo. Ocupan el lugar de Zeus, de Hércules, Thor, Odin. El ser humano por naturaleza necesita ese sustrato mítico. Esa dimensión fantástica es parte de la naturaleza humana. Estos superhéroes ocupan ese espacio ahora en la modernidad.

Exposición en Plop Galería!

Los dibujos originales que Rodrigo Elgueta hizo para Los años de Allende, se pueden ver en Plop Galería!  hasta el 11 de agosto.

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Autor: Diego Muñoz (6 Entradas)

Licenciado en Educación y profesor de Castellano. Actualmente es Director de Biblioteca Viva Tobalaba y miembro del Comité de Valoración de Libros Troquel. También es colaborador de la revista Medio Rural y creador del espacio web Abstemios & Ascetas, dedicado a atender la relación que surge entre la comida, la bebida y la literatura.


2 comentarios para “Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta: “Hay que faltarle el respeto a la historia”

  1. Hola junto con saludar, excelente trabajo y una consulta, Rodrigo Elgueta al parecer fue un profesor que tuve en diseño publicitario en CEDUC UCN, coquimbo cuarta región, me gustaría saber si es la misma persona, saludos y gracias por su tiempo.

  2. Liliana zamorano g

    Rodrigo, infinitas gracias por el libro y esa dedicatoria que para mi generación fue como dices un sueño que en ese momento lo mirabamos como una relidad que nadie podía quitarnos era un mundo feliz sin desigualdades, que es lo que ahora prima. GRACIAS

    Me llego de regalo de cumple. de Pablo Bocca Z, Pablito mi tesoro.

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