Carmen Berenguer, poeta: «Estamos en presencia de la masculinidad literaria como poder»

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Desde 1983 la voz de Carmen Berenguer se abrió camino en el complejo panorama literario durante la dictadura. Nutriéndose de aquello que pasa en las calles, se ha constituido como una poeta que escribe de cara a la realidad de nuestro país. Entre reconocimientos a su trayectoria y varios proyectos literarios en curso, María Jesús Blanche conversa con ella sobre la vinculación de su poesía con el acontecer nacional y su visión crítica del estado actual de las instituciones literarias.

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Créditos: Grace Russell

La obra de Carmen Berenguer (1946) se hizo visible a través de su poesía, ensayos y crónicas en plena dictadura militar, siendo una de las principales voces femeninas de resistencia y denuncia ante la represión. Con un lenguaje provocador y versos que se precipitan en una sucesión de imágenes que forman parte de nuestro imaginario cultural, Berenguer configuró un proyecto de representación desde los márgenes, para convertirse en una de las poetas contemporáneas más importantes del país.

Hoy en día, entre los debates en torno a la despenalización del aborto en tres causales y con elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, la lectura de Carmen Berenguer se vuelve imprescindible. Desde su primer poemario Bobby Sands desfallece en el muro (1983) hasta Mi Lai (2015), en su obra convergen crítica política y cultural. Escribiendo siempre desde las ruinas de la historia reciente, sus poemas nos hablan sobre y por los cuerpos o lugares degradados, víctimas de una ciudad posmoderna en constante transformación.

Para la poeta este último tiempo ha sido de reconocimientos y viajes. En mayo recibió el Premio a la Trayectoria Poética del Festival de Poesía La Chascona y fue la única representante chilena en el Festival de Poesía de Buenos Aires. Conversamos con ella y nos contó en detalle sobre sus próximos proyectos.

Además de poeta, eres ensayista y cronista, vicepresidenta de la Sociedad de Escritores de Chile, donde también diriges un taller de Escritura y Género. Cuéntanos en qué te encuentras trabajando por estos días.

 Con mucho trabajo, en lo gremial soy directora de la revista electrónica de literatura, crítica y traducción Simpson 7 y con el equipo estamos en ello ahora. También junto a Marcelo Nicolás Carrasco y Alfredo Lavergne dirigimos los recitales semanales del programa ‘Poetas 2020’, con los que queremos difundir los nuevos talentos de los talleres que dictamos en la Sociedad de Escritores.

Ahora, personalmente, me encuentro revisando textos y preparando libros. Uno de crónicas para la Universidad de Talca —Los amigos del barrio van a desaparecer. Crónicas en transición y otro de poesía reunida con la editorial Cuarto Propio, que espero estén para este año. También para la Universidad de Talca, estoy trabajando en una antología de crónicas de Pedro Lemebel.

El territorio de la escritura

01 BerenguerLa obra de Carmen Berenguer está en constante diálogo con su entorno: “Siempre hay una lectura provocándome, sea esta de algún acontecimiento callejero, político, del país, por ejemplo, sea personal”, afirmó hace unos años en una entrevista. Fue justamente esta misma provocación la que dio vida a su primer poemario, Bobby Sands desfallece en el muro (1983), que en sus páginas expresa el sufrimiento y desgarro del poeta revolucionario irlandés Bobby Sands, fallecido dos años antes, luego de más de sesenta días de huelga de hambre: “Y yo quejándome de mi cuerpo/ húmedas grietas/ en las rodillas de la muerte”. Desde esta primera publicación hasta la actualidad el cuerpo —principalmente femenino— ha sido uno de los temas fundamentales en su poesía, representando su opresión física y cómo a través del lenguaje y sus masculinidades se perpetúa esta opresión. En A media asta (1988), por ejemplo, la poeta aborda estas temáticas con un hablante que lucha por visibilizarse y fijar su identidad desde el lenguaje. Otros poemas, por medio de múltiples voces tratan los abusos sufridos por mujeres durante siglos, agresiones que en su reiteración se han vuelto parte constitutiva de nuestra identidad.

Para Berenguer la ciudad y el territorio son vistos como otro cuerpo en transformación. Santiago, esa ciudad donde se vive una “democracia de pelito corto”, donde el obelisco de Plaza Italia se erige como una miniatura moderna; o los puentes del río Mapocho, nocturnos y transmutados, aparecerán en Huellas de siglo, publicado en 1986, y luego en mama Marx, en 2006: “Puentes. Por aquí se pasa/ al otro lado/ Una pasión arde y la letra quema.”

Otro periodo en la obra de Berenguer es encabezado por Sayal de pieles (1993), quizás uno de los más crípticos de su producción. En él se sirve de la palabra poética para retorcerla, jugar con su significado y sumergir a los lectores en una lectura sensorial. En Maravillas pulgares (2012), en tanto, los versos se vuelven mínimos, acotados, pero recargados de significado: “lo orgánico entre el lenguaje y el cuerpo se transforma es una línea transversal de exploración de fluidos, tejidos, pelos, periodo en el que me encuentro actualmente”, nos explica.

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Carmen Berenguer junto al fallecido creador Pedro Lemebel. Crédito: diariodecultura.com.ar

Tu obra es frecuentemente definida como provocadora. ¿Hoy en día crees que es posible interpelar desde la poesía en un mundo globalizado, donde prima el lenguaje visual y la inmediatez de las imágenes?

— Sí, claro. Mi poesía es también lenguaje visual, solo que sus imágenes no son ligeras, sino que tienen peso y a través de ellas espero encandilar por su peso y su pose.

¿De qué manera tu obra, que sitúas en lugares concretos, como Santiago de Chile o Valparaíso, se vuelve universal para tus lectores?

Esperaría que fuese leída más como algo local que como algo universal o total. En mi poesía miro la transformación de Santiago como referente de su propio modelo de modernidad a la chilena donde, con el tiempo, ha ido desapareciendo esa ciudad de comunas y barrios por una más descontrolada. Creo que esa violencia de una ciudad que cambia a la fuerza es la que ha fijado mi interés al momento de escribir.

En A media asta profundizas el tema del cuerpo desde lo femenino, el erotismo y los mecanismos de poder. ¿Desde qué lugar la poesía actual puede seguir abordando estos temas vigentes?

El cuerpo ha sido una cuestión bastante significativa desde el punto de vista feminista. Leer el cuerpo femenino parte desde la violencia de la que ha sido víctima históricamente en Chile. Y por supuesto que esta lectura sigue vigente al reflexionar sobre la violencia que pretende legislar sobre el cuerpo de la mujer en la actualidad. En mi caso, en A media asta, formulo esa represión desde el lenguaje chileno.

En un año álgido por las elecciones presidenciales y la crisis de los referentes políticos, ¿a qué se enfrenta tu poesía, hacia dónde diriges tu obra?

La crítica literaria Jean Franco definió mi poesía como documental. Desde esa perspectiva, mi exploración pasa por acontecimientos del lenguaje, donde un libro ideal sería aquel que muestra todo en un plan de exterioridad que exponga en una página variables, multiplicidades, afectos. Es decir, que permita concebir al libro como máquina de guerra frente a este otro libro visto como aparato de Estado.

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Junto con su producción poética, que a la fecha ha sido traducida al inglés, sueco, francés e iraní, es coautora de los libros de ensayos La mirada oculta (1994) y Escribir en los bordes (1990). Este último reúne las principales ponencias del Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana, realizado en Chile, en 1987. Con Carmen Berenguer como parte de la organización, este importante encuentro reflexionó en torno a la identidad femenina y a la escritura de mujeres en nuestro continente.

En 1997 recibió la prestigiosa beca de la Fundación Guggenheim que le permitió desarrollar su proyecto Naciste pintada (1999), donde en más de trescientas páginas realiza un recorrido poético por la ciudad de Santiago, para luego incluir narraciones de crónica roja y cartas de cárceles de mujeres escritas entre 1980 y 1990. “Brenda (…) no tuvo tiempo para pensar siquiera que sería alguien en la vida. No estoy haciendo una apología a su fama en el puerto. O a su maldito destino. Como si hubiese sido predestinada carente de quimeras. Eso lo supo de antemano. Así de rotundo.”

Editora y colaboradora de las revistas Hoja X Ojo y Al Margen, en 2008 fue jurado del importante Premio Casa de las Américas y ese mismo año obtuvo el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, otorgado por primera vez a un escritor chileno. Pese a estos reconocimientos y a haber sido candidata en dos ocasiones al Premio Nacional de Literatura, para Carmen Berenguer la literatura como institución cultural no está exenta de críticas.

“La literatura nacional es narcisa y tiene una hilera de nombres masculinos, tiene la confirmación de una firma masculina, es sexuada. La literatura chilena es macha y su estética es occidental”, afirmas en Naciste pintada. ¿Crees que esta realidad ha cambiado en los últimos años?

Creo que el retroceso del progresismo que culmina con el Golpe Militar de 1973 precisamente ha reforzado un conservadurismo patriarcal desde la figura de Augusto Pinochet. Por medio del poder del discurso de guerra y de violencia, apoyado por sus aparatos represivos, se contribuyó a perpetuar una masculinidad machista, misógina. Mientras se imponía un modelo neoliberal que destacaba una figura masculina desafiante, agresiva y acorde al nuevo orden global, el poder literario fue reproduciendo esta genealogía masculina que se ha insertado en universidades privadas, medios de comunicación, comités editoriales, premios literarios, antologías. Podríamos decir que estamos en presencia de la masculinidad literaria como poder y la figura decadente del vate masculino chileno.

En dos ocasiones has sido candidata al Premio Nacional de Literatura. ¿Qué opinión te merece el galardón más importante de las letras de nuestro país?

Lamentablemente, como nunca la institución literaria y su canon están en la mira, dejando mucho que desear. Y en parte el sistema que se genera entre las instituciones literarias, el Estado y el negocio, están viciando su prestigio.

¿Cómo vislumbras el panorama de la poesía actual? ¿Crees que es un género literario cercano a los lectores?

Creo que el tejido literario está vigoroso. La poesía chilena es buena porque se va regenerando constantemente y sus lectores son los nuevos escritores. Siempre ha sido así. Hoy está más alejada porque el sistema literario ha querido poner los énfasis en la prosa, en la novela y en el cuento, porque son géneros más rentables. La poesía, en cambio, no cuenta con la difusión de los medios como ocurrió en el siglo pasado.

 

Autor: María Jesús Blanche (3 Entradas)

Licenciada en Letras Hispánicas y diplomada en Edición. Su amor por el libro como objeto y como una fuente inagotable de experiencias lectoras diversas, han sido una motivación constante para seguir trabajando desde distintos frentes en busca de nuevos amantes de la lectura.


 

Un comentario para “Carmen Berenguer, poeta: «Estamos en presencia de la masculinidad literaria como poder»

  1. Liliana Trevizan

    Excelente artículo y muy seriamente documentado. Muchas gracias y felicitaciones por el trabajo.

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