Claudio Romo: “Se pierde el camino cuando un libro se convierte en un objeto de lujo”

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En abril, el artista e ilustrador chileno Claudio Romo estuvo en la Feria del Libro de Bolonia presentando su nuevo libro Viajes por el jardín espectral de Aparicio Albino (Logos, 2016). El mismo mes pasó por Colombia para hablar del cómic 1960: La huelga larga del carbón (Libros de Nébula-Lom, 2014), que publicó en su propia editorial. Y en unos pocos días más, el 31 de mayo, lanzará Crónica de los hechos portentosos (Erdosain-Pehuén, 2016), un libro que hizo hace más de 15 años, pero que por primera vez verá la luz pública en forma masiva. No faltaban temas para conversar. Claudio Romo nos recibió en su casa de Concepción donde nos contó de sus viajes y de las conexiones entre sus libros.

Por Claudio Aravena y Pablo Espinosa.

Claudio Romo

Claudio Romo

La Via dell’Abbadia en Bolonia fue empapelada con ilustraciones de Claudio Romo, imágenes que son parte de su nuevo libro, Viajes por el jardín espectral de Aparicio Albino. Todavía no disponible en español (solo en inglés e italiano) “Aparicio Albino” —escrito e ilustrado por el ilustrador chileno— fue lanzado por el sello italiano Logos Edizioni el 4 de abril en la librería Modo Infoshop, de la misma ciudad italiana. ¿Cómo un artista de Concepción llegó a publicar y exponer en Italia? Gracias a Lina Vergara, una editora chileno-italiana que conoció el trabajo de Romo en una visita a Chile, buscando ilustraciones en la Plop! galería. “Lina me contactó y me dijo que hiciera lo que quisiera”, cuenta el artista penquista.

apparatus“Aparicio Albino” sigue la línea de anteriores trabajos de Romo, como El álbum de la flora imprudente (Lom, 2007), Bestiario (Lom, 2007) y Monstruos mexicanos (Conaculta, 2012). “La mayoría de mis libros son catálogos de seres y objetos— explica—. Lo que propuse para este libro fue un gabinete de curiosidades naturales, antecedente de los museos modernos, armado bajo la estructura de naturalia (flora y fauna) artificialia (objetos) y mirabilia (lo maravilloso)”. La idea del gabinete luego mutó y se trasformó en algo más extenso, un jardín de curiosidades. “Le puse jardín espectral —agrega Romo— porque sería un jardín de espectros, de fantasmas”. En el jardín hay extrañas máquinas, entre ellas una máquina del tiempo; autómatas, como un ginoide (autómata femenino) que escribe la memoria de los reinos en los que vive; y seres y  plantas míticas, como un demiurgo y una mandrágora.

—¿Cómo recibieron en Italia el libro?

—A los italianos les gustó, lo encontraron latinoamericano. Porque sí, soy profundamente latinoamericano porque soy profundamente híbrido; como todos nosotros, no tenemos problemas con la promiscuidad cultural. Este libro es un catalizador de distintos flujos culturales, de distintos orígenes. Mis grandes fuentes son Borges, Ítalo Calvino, Stanislaw Lem, películas, cómics y “El libro de las maravillas del mundo”, de Juan de Mandeville.

Aparicio Albino es un catalizador de distintos flujos culturales. Mis grandes fuentes son Borges, Ítalo Calvino y Stanislaw Lem

—Desde Chile, ¿te involucraste en el proceso de edición del libro?

—Todo lo fuimos conversando. El tamaño del libro, la tapa, el papel. Lina me mandó desde Italia un libro que se había editado antes de otra editorial, pero con el mismo papel que se usaría en el mío, para que yo pudiera ver cómo quedarían las tintas. Uno ahí se siente bien, porque hay otras editoriales donde lo imprimen y shao nomás, no los ves más. Ni siquiera te pagan los derechos de autor. Conocer una editorial que se preocupa es otra cosa.

—Al igual que en el “Álbum de la flora imprudente”, en “Aparicio Albino” hiciste las ilustraciones y también escribiste el texto.

Yo quería hacer solo las imágenes y que los textos los hiciera un amigo. Pero la editora me dijo que quería que yo lo escribiera, porque le gustó la forma de hablar que tenía en el Álbum de la Flora imprudente, que es un lenguaje como antiguo, de términos arcaicos. Me costó escribirlo, porque yo soy dibujante. Escribo basándome en los dibujos; no al revés. La imagen es la que empieza a crear el texto. Aunque las imágenes están atravesadas por textos. Gran parte de los personajes vienen de la lectura, de la cultura escrita.

El final, por ejemplo, lo saqué de un cuento de Borges, que se llama La esfera de Pascal, y de Álvaro Cunqueiro, un gran autor gallego, poco conocido, que tiene un libro precioso que se llama Tesoros y otras magias (Tusquets, 1984), donde habla de todos los grandes mitos sobre los tesoros. La conclusión de Cunqueiro es que el mejor tesoro es la imaginación y que el mundo es justamente la proyección de lo imaginado.

Memoria local

Pocos después del viaje a Bolonia, Claudio Romo estuvo en la Feria del Libro de Bogotá. Junto a Rodrigo Elgueta —dibujante del cómic Los años de Allende (Hueders, 2015) — participó en un conversatorio llamado “Arte con casa propia”. Romo se refirió al libro Lota, 1960: La huelga larga del carbón —publicado en conjunto por su sello, Libros de Nébula, y Lom—, novela gráfica con guiones de Alexis Figueroa y la participación de varios ilustradores de la región del Biobío, incluido Romo, que se encargó de la curatoría visual.  “En Colombia había gente con ganas de hacer lo que nosotros estábamos haciendo acá, pero con la Guerra Civil colombiana —cuenta Romo—. Los cómics son una forma de entender lo que pasó en sus países, pero no de la forma tradicional del libro de historia, sino que en una versión menos contaminada”.

—¿Qué historia querían contar en Lota 1960?

portada.inddEn Lota homenajeamos el coraje de un pueblo. Sin héroes específicos, el héroe es toda la población. Para hacerlo, Alexis, el guionista, entrevistó sobre a todo a quienes eran niños en la época. Entonces es la versión de los niños. Y es también la versión de las mujeres. La mayoría de los entrevistados fueron niños, obreros y mujeres.

Al lanzamiento del libro fueron mineros que estuvieron ahí y que se reconocieron en el libro, porque nos basamos en fotos. Es súper bonito que el arte se conecte con la vida, que los que fueron protagonistas de ese hecho social se pudiesen reconocer en esta obra. En ese momento es cuando el arte adquiere sentido, no cuando es una obra de lectura para elite, sino que cuando la obra se convierte en un objeto significativo para la gente. Porque si no eres significativo para las personas y solo eres significativo para una gente que te sabe leer, es que estás muy perdido. El arte debe tener un porqué, un valor, un sentido; si no es decoración.

—Este libro además es coral, los distintos ilustradores reflejan las distintas miradas del movimiento.

Exacto, aquí no hay un solo artista; somos varios. Tampoco hay una sola versión; hay muchas. En especial están las versiones de los que no han hablado.

El arte debe tener un por qué, un sentido; si no es decoración

La última serie es sobre Lota convertida en lo que la mayoría de los pueblos se convierten en el proceso capitalista: un reservorio de basura industrial. El sistema es así y lo menos importante son las personas que viven ahí. En el fondo es un libro testimonial. Y creo que es necesario hablar de eso. Es lo mismo que está pasando ahora en Chiloé. Cuando hablamos del pueblo de Lota, hablamos de todos los pueblos de Chile que se construyeron alrededor de las usinas, que explotaron y después se fueron.

De alas y raíces

Romo suele combinar en sus libros imaginación y tradición, fantasía y memoria. En “Aparicio Albino” está más presente la fantasía y en Lota 1960, la memoria. La mezcla perfecta está en su libro Crónicas de los hechos portentosos, donde Romo se basa en la estética de la Lira Popular para narrar historias ficticias que transcurren en Talcahauno. En la lira de Romo, un tipo se convierte en molusco tras encontrarse con la virgen del Perpetuo Socorro, Clotario Blest toma vino tinto en un bar de Talcahuano y Arturo Prat sigue sobre el Huascar. La edición —a cargo de Erdosain y Pehuén— es particularmente cuidadosa. No tiene lomo, lo que permite que el libro se abra completamente para ver las ilustraciones cómodamente.

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—¿Cuándo hiciste la Crónicas de los hechos portentosos?

—Lo hice en 1999, cuando hacía grabados. Tiene distintas historias, todas ficticias. Lo hice a mano, a pulso. Era un libro xilográfico, hecho con prensa y tintas. Este libro es pura imagen, hasta los textos son dibujos. Con mi señora lo imprimimos, lo cosimos, lo doblamos y lo convertimos en libro. En esa época era más deportivo, tenía más energía. Todavía me encanta la xilografía, pero ya estoy más viejito. Fue un hecho portentoso hacer ese libro. Hicimos sólo ocho copias. Fue Daniel Blanco Pantoja, de la editorial Erdosain, el que me insistió en que ese libro había que hacerlo en edición grande. Él se encargó de digitalizarlo y editarlo.

—Parece hecha con mucho cuidado esta reedición

En este tipo de trabajo, el libro no es simplemente un libro cualquiera

Sí, es una edición muy bonita. Es como una carpetita que se abre y adentro hay un cuadernillo con las láminas. Es una edición pequeña, en la que finalmente el libro es la obra. En este tipo de trabajo, el libro no es simplemente un libro cualquiera, estos son obras. Y aclaro que no es fetichismo; es arte. Está esa idea de que el arte convertida en objeto no es arte, ¿por qué no?

—Es algo que han explotado ciertas editoriales

Cuando se pierde el camino es cuando convierte el objeto en un objeto de lujo. Eso es una estupidez. El libro no debe perder su característica fundamental que es que está hecho para las manos del hombre, tiene que ser un objeto también de cierta humildad. Un libro puede ser hermoso si es cálido y es hecho con diseño. Bien hecho.

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—Tus libros pareen tener dos líneas: la memoria y la fantasía.

—Sí, están esas dos líneas en mis libros. Me basé en el rollo de tener alas y raíces, que es el nombre de la editorial con el que saqué el libro Monstruos mexicanos (Conaculta, 2012). En esa editorial, precisamente, se practican esas dos líneas: la de la raíz, que es la identidad, y la de las alas, que es la línea de la fantasía, alas para construir nuevas realidades. La mayoría de mis libros tienen un poco de ambas. En las raíces también deliramos y en lo que es puro delirio también hay mensajes que tienen que ver con formas éticas de vivir. Por ejemplo, en “Aparicio Albino” todas las máquinas son máquinas fallidas. En la parte interior del texto está la idea de que no hay que creerse tanto los proyectos, sabemos que al final todos llegamos al memento mori (momento de la muerte). Todos vamos a terminar en la calaca.

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Romo por él mismo

Para su libro italiano, Romo escribió una breve autobiografía: “Hice mi biografía en tres partes pequeñas, que son tres cosas que me pasaron en la infancia y que me formaron como dibujante, que me hicieron ver, inconscientemente, la potencia de las imágenes”.

    1. Mi abuelo —que iba a visitar todos los sábados—me hacía dibujar cuando chico. Éramos dos hermanos. A él lo hacía marchar, porque mi abuelo era instructor de infantes de Marina, y a mí dibujar. Mi abuelo me preparaba leche y pan con queso y él se tomaba su caña de vino con pan con queso y ají. Y yo dibujaba mientras la tarde llenaba de sol la cocina. Me hacía dibujar barcos y al final terminaba haciendo barcos raros y retratos de él. Mientras en el techo escuchaba caer las cholgas tiradas por las gaviotas para romperlas y comérselas.
    2. En Talcahuano hay murgas, comparsas en la que la gente se disfraza. Yo era muy chico y pasó una murga por afuera de la casa de mis papás. Y me fui corriendo detrás de ella. Habré tenido 4 años. Me fui con la murga porque era alucinante, los colores, la música, las luces. Hasta que de repente me cansé y me quedé en la población oscura, perdido en el laberinto, me devolví a mi casa y me encontré a mi vieja llorando.
    3. La tercera historia tiene que ver con la cerámica. Mi familia —chilena, católica y de marinos— tenía una casa en la que había una pieza chica donde había un altar de la Virgen del Carmen y de todos los santos. Y un día jugando pasé a llevar a San Judas Tadeo, con su fuego y su biblia, que cae y se quiebra. Y mi vieja, tan amorosa, con la tía Margarita, tomaron los restos de San Judas Tadeo y no lo pegaron, sino que lo envolvieron con tela como una momia y  le dejaron la pura carita afuera. Eso era increíble para mí, ver  a San Judas Tadeo momificado en permanente estado e fragmentación. Y era también espeluznante abrir cajones y ver a San Judas mirándome.
Autor: Claudio Aravena (34 Entradas)

Estudió Literatura y Educación en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es diplomado en Industrias Editoriales y magíster en Edición, en la UDP - U.Pompeu Fabra. Es gerente de desarrollo de La Fuente, fue profesor del Diplomado FLIJ y participa como miembro colaborador de Colibrí IBBY Chile.


2 comentarios para “Claudio Romo: “Se pierde el camino cuando un libro se convierte en un objeto de lujo”

  1. Gracias, muy buena entrevista. La obra de Romo es fascinante y también debe ser de las más misteriosas.

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