Crónicas de Arturo Cussen: Tercera parte

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Arturo Cussen —Licenciado en Letras y músico chileno residente en Río de Janeiro— es el corresponsal de la campaña Futboleo en el Mundial de Brasil. Futbolero como pocos, desde los estadios y las calles escribirá periódicamente en este blog. Ya publicamos la primera parte de estas crónicas, ahora vamos con la segunda. – See more at: http://www.fundacionlafuente.cl/cronicas-de-arturo-cussen-segunda-parte/#sthash.vctEX7wy.dpuf

Arturo Cussen —Licenciado en Letras y músico chileno residente en Río de Janeiro— es el corresponsal de la campaña Futboleo en el Mundial de Brasil. Futbolero como pocos, desde los estadios y las calles escribirá periódicamente en este blog. Ya publicamos la primera y segunda parte de estas crónicas, ahora vamos con la tercera.

Crónica #11: Se acaban los cuchuflís (7/07/2014)

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El mundial se está acabando, de hecho la mayoría de los equipos ese volvieron para sus casas, y aquí en Brasil ya se respira un ambiente de final de fiesta. Creo que un grueso de la población quiere que todo se acabe lo antes posible, porque esta fiesta hecha para los extranjeros ya ha durado demasiado y es difícil mantener el entusiasmo por tanto tiempo. Aparte, en términos futbolísticos prima más el miedo a perder que las ganas de ser campeones. Logicamente, la televisión mantiene al público alienado, haciéndonos creer que Brasil está mejor que nunca y que serán los mejores, como siempre.

Pero la gente ve que su equipo no asusta, que los goles los hacen los defensas y de bola parada, que Brasil no ha jugado contra ningún equipo grande y que así mismo ha empatado dos partidos. Por todo esto, el miedo a perder el Mundial y ser humillados en casa me parece que está demasiado presente. Más ahora que se lesionó Neymar y está suspendido el capitán Thiago Silva. Toda esta situación ha dejado espacio a un sinnúmero de teorías conspirativas muy interesantes.

Una tendencia dice que Brasil compró el Mundial y todo lo que suceda (aunque sea casi perder en contra Chile) está arreglado. El éxito en el Mundial sería una forma de consolidar la continuidad de Dilma en el poder. La teoría que se opone a esta, es que la poderosa oposición política compró el Mundial, para hacer que Brasil pierda y por eso los árbitros están perjudicando a Brasil (gol anulado a Hulk contra Chile y lesión de Neymar sin punición).

Tengo un amigo italiano que sigue el fútbol muy de cerca y garantiza que todos los partidos han sido meras coreografías baratas, que está todo arreglado.

Es gracioso como a través de Facebook aparecen detalles y fervorosos defensores de cada visión político-futbolística. Es que este Mundial está demasiado amarrado con las elecciones de octubre y también es mucho dinero el que corre como para pensar que todo dependa exclusivamente de lo que sucede en la cancha.

Tengo un amigo italiano que sigue el fútbol muy de cerca y garantiza que todos los partidos han sido meras coreografías baratas, que está todo arreglado. Yo no sé si lo dice para argumentar la salida de Italia en primera fase, pero argumenta que los partidos se asemejan mucho a la liga italiana en los años en que la Juventus manipuló los resultados.

Sabemos que la historia de los mundiales es de lo menos limpia que hay. El ‘34 Mussolini fue el jugador más desequilibrante de Italia, al amenazar de muerte a los equipos rivales. El ’78 mataban y torturaban durante el mega evento. Ahora todo es mucho más higiénico y aparentemente correcto, solo que es difícil pensar en la FIFA como una entidad que respeta el juego y que coloca la competitividad de los equipos como valor principal, sin pensar en posibles beneficios económicos.

En fin, hasta el domingo sabremos la versión oficial. Dependiendo quien gane podremos inventar nuevas teorías. Acá hay un grupo grande de cariocas que hinchan por Argentina, ya que el Prefeito de Rio, Eduardo Paes, dijo que si gana Argentina se mata. De hecho ya crearon un evento virtual para el suicidio de la autoridad, tan querida por la población.

 

Crónica #10: El sabor del empate (30/06/2014)

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Lo que más me gustaría ahora es escribir sobre una victoria sorprendente, sobre un país nuevo que se yergue -que ya no sé si puede llamar Chile o si tendríamos que inventarle un nombre nuevo- sobre un chute de Pinilla que golpea en el travesaño, en la línea y entra. El pentacampeón desclasificado dos semanas antes de acabar el mega evento, sería más que un sueño, una pesadilla. Al parecer el destino quiso que les demostráramos a los brasileros que no somos mejores ni peores, porque cuando tuvimos que enfrentarnos cara a cara, ninguno fue capaz de superar al otro y la forma en que se decidió el paso a la siguiente ronda fue casi un cachipún o un cara o sello. Podemos decir que nos faltó suerte, que no estábamos preparados para vencer, que Dios es brasilero, que ellos son 200 millones y nosotros sólo 17.En fin, el fútbol demuestra su crueldad siempre porque no soporta argumentos teóricos, se basa en un mero hecho: o la pelota entra o no.

Creo que debemos aprender que no se pasa de un día para otro de la derrota a la victoria, puesto que en ese transito existe el empate. Sí, debemos saborear este empate, porque es una etapa de madurez, en la que el técnico y los jugadores tienen convicciones profundas y por primera vez estamos construyendo un futuro de manera sólida. No dependemos exclusivamente de la suerte en un partido, la selección chilena está cocinando a fuego lento un futuro victorioso. No es malo que se guarde toda la suerte para la Copa América de 2015, a fin de cuentas hicimos un mundial excelente en Brasil pero nos quedamos con gusto a poco. Esas ansias de triunfo van a ser esenciales el próximo año para ver si Chile logra su primer título.

No dependemos exclusivamente de la suerte en un partido, la selección chilena está cocinando a fuego lento un futuro victorioso.

El sabor del empate no es delicioso, como la victoria. Es como comer pan solo, pero es lo que hay, lo que logramos con el enorme esfuerzo de nuestros jugadores. Chile fue capaz de no curvarse ante el dueño de casa, el árbitro no nos perjudicó y la Copa ganó credibilidad. Pasaron cosas muy importantes el sábado. En la calle y en la tele todo el mundo demostró respeto. Sintieron el miedo en lo más profundo de sus cuerpos, por eso al final cuando se relajaron, no pudieron decir que fue fácil. Así como en Chile todos quedaron tristes por perder, pero orgullosos por el desempeño, aquí supieron reconocer la grandeza del rival y celebraron moderadamente, porque saben que les va a costar salir campeones.

Yo el sábado salí a la calle con mi ropa de Chile para ver cómo me trataban. Con alegría pude constatar que les daba lo mismo ver a alguien con la ropa del equipo rival paseándose en la calle y al final del partido cuando volví, tampoco hubo ningún problema. No sé si fue así en todas partes, pero creo que es la tónica en Brasil. A pesar de la soberbia que tienen por ser los mayores campeones en el fútbol, conviven bien con los diferentes hinchas.

Y ahora se acabó el mundial para Chile, lo que me produce una enorme tristeza. Podríamos estar entre los 8 mejores, el sorteo fue demasiado cruel esta vez. Ojalá que sigamos juntando fuerzas para victorias futuras. Fue impresionante estar tan dentro del mundial, eliminando a España y disputando palmo a palmo con Brasil. De los equipos que quedan el que más me gusta es Colombia, vamos a ver cómo van con Brasil, va a ser un partidazo.

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