Crónicas de Santiago a Mil: La Ilíada

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Esta obra es un canto a la belleza de la guerra. La misma que cantara Homero, la reescribiera Alesandro Baricco y, ahora, la lleve sobre el escenario el director griego Stathis Livathinos.

Ilíada

“La Ilíada es un monumento a la guerra”, reflexiona Alessandro Baricco en su reescritura de la obra. Una apología a la guerra y, por consecuencia, a la paz. Un canto en la boca de hombres y mujeres que se obnubilan por la belleza de las armas y de los rostros guerreros. Un canto que surge desde los más íntimos miedos y valentías de guerreros aqueos y troyanos.

Homero, Ilíada (Baricco, 2010) es la reescritura de una obra eterna, que canta los destinos de la humanidad; un poema en tiempo presente que conmueve desde siglos inmemoriales. Versos homéricos transformados en prosa, narrada en primera persona por los protagonistas de una guerra que se llamó “de Troya” pero que es todas las guerras. Una guerra circular que se repite, que se repite, que se repite. Con cientos, miles de muertos; con cientos, miles de viudas; con cientos, miles de huérfanos.

La Ilíada –la de Homero, la de Baricco y la de Livathinos- canta la belleza de la guerra. Esa belleza a la que tantos hombres ceden; una belleza explicable solo desde lo irracional –como se explica toda belleza- a la que sucumben gobiernos completos, aún sabiendo que ir a la guerra es ir a la muerte; aún sabiendo que la victoria de una guerra no es ganar un pedazo de tierra o de poder, sino que ver morir a menos hombres que el adversario.

Todo el lenguaje –teatral, escénico, musical y poético- que el director griego Stathis Livathinos pone a disposición del espectador en su montaje de Ilíada, nos remite constantemente a este homenaje a la guerra. Una guerra de 9 años repetida a coro, con una fuerza conmovedora, por una docena de hombres griegos vestidos con chaquetas, poleras y bototos. Una guerra que se inicia por una afrenta entre Paris y Menelao por Helena, y que 9 años más tarde serán Agamenón y Aquiles por Briseida. Que 9 años más tarde da inicio al poema que canta cientos de batallas, cientos de muertes, cientos de tiros de lanza convertidos en pañuelos bajo el ojo de Livathinos.

Porque el director griego apostó por mostrar una cruenta guerra con armas que son ropa (chaquetas, corbatas, pañuelos), con muertes sin sangre y con caballos que son mujeres –tal vez para abstraernos de la guerra real-. Livathinos sostiene su puesta en escena en el lenguaje potente de Homero, respetado hasta el último punto, y no se equivoca: las palabras tienen una potencia tal que no hacen falta las espadas que atraviesan el cuello, ni las puntas de lanza que entran por la sien y traspasan el cráneo de parte a parte, ni la sangre negra cubriéndolo todo.

El texto, en las voces griegas de 15 actores, cumple con toda su parte y ahí se entiende por qué Homero es Homero y por qué, tras siglos y siglos, seguimos leyéndolo, y hoy podemos verlo en un escenario que nos recuerda a una fábrica en ruinas, oscura, con neumáticos por asientos, por escudos, por cerros y por barcos. Con un Aquiles con mohicano, rebelde y fuerte; y un Héctor de melena desordenada, con la camisa y corbata suelta, como quien lleva nueve largos años sentado en un escritorio gris y siente el peso del cansancio en su cuerpo y en su mente. La percusión y la iluminación también juegan su parte en este montaje porque, además de ambientar de manera impecable, son la música que acompaña y que da fuerza al ritmo de las palabras, otorgando un marco perfecto a la emocionalidad poética de la obra y de la mirada profunda de los actores.

Iliada - Stathis

La Ilíada es una obra fundamental, no solo por su inmenso valor literario sino que por construir un universo de humanidad en un escenario que puede sacar lo peor y lo mejor del ser humano. La guerra está presente todo el tiempo pero no solo en la batalla sino que también en la palabra. Los Consejos entre los guerreros, asambleas para definir la estrategia a seguir, son largas discusiones que podrían querer dilatar el regreso al combate. Porque la guerra trae pegada a ella, con un vínculo indisoluble, la paz. Y el deseo de paz está siempre: en el lenguaje, en el cansancio, en la súplica de una esposa y de una madre, en el anhelo de volver a la patria.

La Ilíada –de Homero, de Baricco y de Livathinos- es una lección de paz; esa paz tan esquiva en el siglo VIII a.C como hoy, en el siglo XXI d.C.

Bibliografía:

Baricco, Alessandro. Ilíada, Homero. Anagrama, 2010.

Homero. La Ilíada. Ediciones Origo, 2013.

Livathinos, Stathis; Andrianou, Elsa. Dramaturgia Iliada. Festival Santiago a Mil, 2015.

Autor: Carolina Ojeda (13 Entradas)

Estudió literatura y pedagogía en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Máster en Libros y Literatura para niños y jóvenes en la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente se desempeña como directora del Centro Troquel. Mantiene el blog personal: pensandolalij.com


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