Cuando la realidad supera a la ficción

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Svetlana Alexievich

Un suceso contado por una persona es su vida, pero contado por muchos, es ya historia. Esto es lo más difícil: compaginar dos verdades: la personal y la colectiva. Más aún cuando el hombre actual se haya en medio de una fractura de épocas.

Svetlana Alexievich

Este año la Academia Sueca nos ha sorprendido. Mientras muchos esperaban ansiosos, casi con pancartas y pompones de entusiasmo, que Haruki Murakami fuera por fin el ganador del Premio Nobel de Literatura, y mientras otros se resignaban a no ver a Philip Roth galardonado por nuevo año consecutivo, una periodista bielorrusa resultó ganadora.

Primer hito: es el primer autor de Bielorrusia que es destacado con este premio.

Segundo hito y clave, es que esta es la primera vez que se premia a un periodista, oficio que nunca antes había sido considerado como Literatura para la Academia y que hoy permite desplegar un abanico de autores notables a ser leídos y redescubiertos.

vocesSvetlana Alexievich es una importante escritora y periodista Bielorrusa, cuyo trabajo más reconocido y el único que por estos días se puede encontrar en Chile –disponible en Biblioteca Viva – es Voces de Chernobil, un relato aterrador de aquellos que sufrieron en carne propia uno de los mayores desastres nucleares del siglo XX. Escenario de guerra sin ser una guerra. Escenario de horror donde el enemigo invisible de la radiación se expandió inconmovible en medio de las casas, escuelas, en el agua que se bebía, en la comida y en la tierra.

“Sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”, dijeron sobre Alexievich en el comunicado oficial de la Academia del Nobel al dar a conocer el premio de literatura 2015. Alexievich ha retratado en lengua rusa la realidad y el drama de gran parte de la población de la antigua URSS, así como de los sufrimientos de Chernóbil, la guerra de Afganistán y los conflictos de la actualidad, siempre desde este coro de voces que dan cuenta de la realidad que enfrenta la humanidad.

Las voces de los protagonistas

Svetlana Alexievich nace en mayo de 1948 en Ucrania, pero pronto su familia se muda a Bielorrusia, país que recién en 1990 celebra su soberanía, luego de años bajo el legado de horror de Stalin y el genocidio de más de 250.000 ciudadanos. Profesora, escritora y periodista, desde un inicio su trabajo se caracterizó por el uso de relatos corales, donde los testimonios prevalecían y narraban la historia, construida a pinceladas por las voces de los protagonistas, desde las mujeres que participaron en la Segunda Guerra Mundial hasta el desgarrador testimonio de los habitantes de Chernobil.

Desde un inicio, el trabajo de Alexievich se caracterizó por el uso de relatos corales, donde los testimonios prevalecían y narraban la historia

Su trabajo da cuenta de la terrible influencia de los años bajo la Unión Soviética, convirtiéndose en una serie de cinco libros sobre el homo sovieticus, Voces de la Utopía, haciendo críticas directas y contundentes. Voces de Chernobil es asimismo, una crítica feroz al manejo de un desastre, pero por sobre todo una profunda mirada a la fragilidad de la vida, a la entereza de los sobrevivientes de esta tragedia, a quienes padecieron los efectos de la radiación de la planta nuclear que parecía tan segura pero que sin embargo, operada por falibles seres humanos, sólo se agolpa en una extensa lista de errores funestos y mortales, como Tokaimura, Mururoa, y Fukushima, del cual cada cierto tiempo aún tenemos noticias desalentadoras.

El Premio Nobel a Alexievich viene a apuntalar al periodismo narrativo y de investigación, donde existe una gran variedad de autores destacados. Entre ellos John Hershey con Hiroshima de 1946 que da cuenta de los efectos de la bomba lanzada por Estados Unidos en la ciudad japonesa y que da termino a la Segunda Guerra Mundial. Imposible que al leer Voces de Chernobil no se rememore este notable libro. Hiroshima, ganador de un Pulitzer, relata el desastre de una guerra en un escenario bélico, a diferencia de Chernobil. Este libro tiene una estructura similar a la de Voces de Chernobil, donde un coro de testimonios da cuenta del horror de ese día y los efectos en una familia, en seres queridos, en una ciudad atacada por esta bomba mal llamada Little Boy (pequeño niño), desolado testimonio de la autoagresión que es capaz de hacer el hombre contra sí mismo, confirmando los tristes augurios sobre la humanidad de Thomas Hobbes en su Leviatán.

La Segunda Guerra Mundial, como casi toda guerra, acaba la violencia con una violencia mayor y que se extiende generación tras generación. Pero Hershey deja que los testimonios hablen por sí mismos, mientras la recién premiada bielorrusa prefiere no apartar su juicio y en el prólogo de su libro sobre el desastre nuclear es crítica, dura y no deja dudas sobre la opinión que le merece el gobierno bielorruso. “Respeto el mundo ruso de la literatura y la ciencia, pero no el mundo ruso de Stalin y Putin”, fueron algunas declaraciones en una rueda de prensa en Minsk, tras el anuncio del galardón.

Periodismo y Literatura

Otro de los autores destacados, y fallecido hace unos pocos años, y cuyos libros dan cuenta de distintas realidades de la segunda mitad del siglo XX, es Ryszard Kapuściński (1932 -2007), periodista de origen polaco y que también fue una carta potencial en anteriores postulaciones al Nobel. En cada uno de sus libros, Kapuściński hace un profundo trabajo de inmersión, primero a través de la literatura del país previo a cada viaje y sobre todo escuchando a las distintas personas con que se enfrentaba, pero principalmente develando aquello no dicho, aquello que podía leer en los escenarios de Polonia, Angola, Guatemala, Etiopía y Rusia, entre otros. Uno de sus más notables libros es Viajes con Heródoto, donde el clásico Los Nueve Libros de la Historia, del llamado primer historiador y geógrafo, sirven de contrapunto a su primera salida de Polonia en plenos años ’60 y que lo lleva a India, China y a la misma Grecia antigua. Otros de sus libros son El Sha o la desmesura del poder (1987), Imperio (1993), Ébano (1998), Los cínicos no sirven para este oficio (2005) y Cristo con un fusil al hombro (1975).

Roberto Herrscher y Albert Chillón, autores de Literatura y Periodismo: una tradición de relaciones promiscuas (1999) ahondan y estudian este diverso campo, destacando ese cruce, ese diálogo que si bien a algunos las conciben como transgresiones del género, convierten a este tipo de periodismo en una potente realidad actual. Las fronteras de los manuales son pervertidos y ante el bombardeo de información se instala con fuerza y trascendencia un periodismo distinto, donde lo que importan son las buenas historias, las que se imponen como una necesidad.

El cruce ya ha sido muy explotado por numerosos autores, pero siempre pareciera primar la mirada clasificadora de etiquetar tal o cual trabajo como periodismo o literatura, como si esas barreras fueran murallas infranqueables. Daniel Defoe, Charles Dickens, Thomas de Quincey, Ernest Hemingway, John Dos Passos, Josep Pla, Truman Capote, Tom Wolfe, Oriana Fallaci, Gabriel García Márquez, Manuel Vázquez Montalbán, Joseph Mitchell, Tomás Eloy Martínez y Rodolfo Walsh, entre muchos otros.

La frontera del periodismo y la literatura se entrecruzan, la mirada se agudiza. ¿Es una crónica, un reportaje, un testimonio o memorias o es el llamado nuevo periodismo? Las etiquetas quedan al arbitrio del lector, lo esencial está en esa lectura, en esos pedazos de historia viva que son capaces de transmitir y palpar.

Autor: Astrid Donoso Henríquez (46 Entradas)

Periodista, Técnico Bibliotecario, Diplomada en Fomento a la Literatura Infantil y Juvenil (PUC), Máster de Literatura Infantil (UAB) y estudiante del Diplomado de Edición de IDEA (USACH). Lectora voraz y nada monógama de libros clásicos, contemporáneos, poesía, ensayos y rarezas. Trabaja en La Fuente desde el 2012.


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