De libros y marinos en Venecia

A A

Un breve paso por la ciudad de los canales, ubicada al norte de Italia, permitió a nuestra colaboradora Francisca Tapia visitar la famosa Librería Acqua Alta, mencionada en numerosos reportajes como una de las más bellas del mundo. En su visita, además, recordó algunas aventuras literarias inspiradas en el lado más enigmático de Venecia, las que nos comparte en la siguiente nota.

Créditos: Lasmilmillas.com

El tren llegó con seis horas de retraso. Tras una fría espera en la estación de Santa María Novella en Florencia, subí a la primera máquina que tenía por destino Venecia. El frente frío conocido como “la bestia del este”, que trajo nieve y bajas temperaturas desde Siberia, había producido un caos ferroviario en varios tramos de Italia, y a los viajeros no nos quedaba más que abrigarnos bien y armarnos de paciencia. Ya al interior del vagón el suave bamboleo del trayecto y el calor de la calefacción podía aplacar cualquier rencor contra las inclemencias climáticas, más aún si a pocas horas esperaba una de las ciudades más encantadoras de Europa.

Pese a que Venecia nos recibió bajo la sombra del temprano atardecer de invierno, estaba todo cuanto prometía este nuevo encuentro: las góndolas en medio del gran canal, las máscaras en los escaparates, los puentes armando las más clásicas postales y en algún rincón de Venecia –de mi particular interés–, una de las librerías más bellas y extravagantes del mundo.

Había varias formas de abordar los infinitos recovecos que esconde Venecia, montado en una góndola, en una lancha o en vaporetto, o simplemente a pie por sus laberínticas y estrechas callejuelas. La ciudad de los canales poseía esa dualidad de parecer un viejo conocido tantas veces visto en infinidad de imágenes, y a su vez abrirse como un territorio complejo, lleno de historias y rincones por descubrir.

Anhelaba ver en vivo ese colorido caos a orillas del canal que a tanto turista conquistaba.

En mi breve estadía en ella solo tenía tres planes claros: ver una vez más la Basílica de San Marcos, vagar hasta que el frío me detuviese (que en esos días no era poco) y encontrar la famosa Librería Acqua Alta, localizada en la Calle Lunga Santa María Formosa. El local del italiano Luigi Frizzo había aparecido en cuanto listado de “Las librerías más bellas del mundo” había encontrado por internet, y yo anhelaba ver en vivo ese colorido caos a orillas del canal que a tanto turista conquistaba.

El nombre Acqua Alta refiere a la subida del agua que suele producirse en la ciudad en los meses de otoño e invierno. Este particular fenómeno provoca la inundación de locales y casas, donde, por supuesto, el negocio de Luigi no queda fuera. Por eso, en pos de resguardar la integridad de los libros, estos son situados en medios tan diversos como una góndola o varias bañeras, una decisión que elevó su popularidad y le dio parte de ese sello peculiar que hizo que entrara en tantos rankings y reportajes alrededor del mundo.

Librería Acqua Alta. Créditos: Francisca Tapia.

El marino aventurero visita Venecia

“Mira, hasta que encontramos a Corto Maltés”, le indiqué a mi compañero de viajes los libros e imanes junto al mesón de atención en los que se veía la espigada figura del marino creado en 1967 por el historietista y guionista italiano Hugo Pratt. La imagen del aventurero personaje fue una de las primeras cosas que vi al entrar a Acqua Alta, tras ello mis ojos dieron un rápido recorrido por el sector. Tal como había percibido en fotografías del local difundidas en internet, la librería se organizaba en un armónico desorden capaz de atrapar la atención de cualquier turista: muebles con libros a bajos precios, exhibidores con numerosas postales y guías de viajes franqueaban el ingreso, mientras que al poco avanzar ya te encontrabas de lleno con una enorme góndola cargada de libros, tripulada por dos enmascarados maniquís.

Ya que Corto Maltés me daba la bienvenida desde el aparador, creo justo darle su espacio en este escrito. Hijo de una gitana de Gibraltar y un marino de Cornualles, Corto Maltés es un enigmático viajero que ha aterrizado más de una vez en la ciudad de los canales. Una de sus historias más recordadas es precisamente Fábula en Venecia, una aventura en la que escapa de un grupo de fascistas, se adentra en una orden masónica e intenta encontrar una esmeralda de incalculable valor, todo ello con la bella Venecia como escenario de intrigas.

Hugo Pratt se consideraba “Veneciano de adopción”, por lo mismo buscó transmitir a su personaje su cariño por los rincones más misteriosos de la ciudad. No por nada dos amigos de Pratt –Guido Fuga y Lele Vianello–, crearon la guía titulada La Venecia secreta de Corto Maltés. Itinerarios fantásticos y ocultos de Corto Maltés en Venecia, que recoge siete rutas fuera del circuito turístico, en las que se invita a degustar la gastronomía, disfrutar la arquitectura e indagar en la historia de la ciudad a través de los escenarios visitados por Maltés. Admito que ese día en Acqua Alta desconocía aún la existencia de dicha guía, pero sí sabía de Corto y su fábula en Venecia, por lo que no fue del todo inesperado ver su rostro apenas ingresamos a la librería.

Corto Maltés en San Marcos.

Corto Maltés nos había hecho viajar por la bellísima Venecia de la mano de lo mítico y fantástico que guardaba la ciudad, así es que en honor a esas aventuras literarias escogimos un recuerdo con su característica silueta recortada frente a la Basílica de San Marcos y seguimos explorando el local. Era difícil decidir donde detenerse para abordar la infinidad de libros que cubrían cada sector. En su mayoría era literatura en italiano, aunque también existía una buena selección en inglés a bajos precios. Sin embargo, en este caso la experiencia que otorgaba el local era independiente de lo tentadora que pudiese ser o no su oferta bibliográfica. La extravagancia de su localización, decoración y distribución era suficiente para ganar un espacio en el corazón de los amantes de los libros.

La extravagancia de su localización, decoración y distribución era suficiente para ganar un espacio en el corazón de los amantes de los libros.

Recorrer Acqua Alta era sobre todo una experiencia estética que cautivaba con sus paredes y embarcaciones repletas de libros, con un desorden que te llamaba a escarbar y descubrir qué tesoros podía ocultar ese cuidado caos. La guinda de la torta la daba esa intrigante puerta al canal, junto a la cual los turistas podían acomodarse y observar el agua que nos rodeaba. Era una imagen que no solo nos recordaba que estábamos indudablemente en Venecia, sino que guardaba algo de magia, algo de puerta a Narnia, de andén 9 y 3/4, de baldosas amarillas. Como si nos invitase a imaginar hasta dónde podríamos llegar con tan peculiar entrada.

Me hubiera encantado ver el agua ingresando poco a poco al local, los libros navegando en su propia embarcación y a Luigi Frizzo atendiendo con sus botas de hule. Sin embargo, ni llovió ese día, ni Luigi estuvo de turno para verlo comandando su popular negocio. Aún así, Acqua Alta me conquistó con su enorme colección llenando cada estante y barca disponible, si bien la etiqueta que la posiciona como una de las librerías “más bonitas” del mundo me pareció inexacta. Más que deslumbrar por su belleza, Acqua Alta ofrecía un espacio lleno de vida y, tal como la ciudad que la acoge, una gran dosis de caos y encanto en el cual uno siempre quiere volver a perderse.

Créditos: Francisca Tapia.

 

Autor: Francisca Tapia (31 Entradas)

Periodista y diplomada en Literatura infantil y juvenil, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Dibujante aficionada, fanática del té, de los viajes y de los libros por montón. Durante cinco meses recorrá diversos países de Europa y el oriente lejano, en busca de nuevas historias que contar.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *