El imaginario de Carlos Araya Díaz

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Bolsas naufragando en el río Loa, predicadores apocalítcos en el parque del Cohete, el recuerdo de la cancha polvorienta donde Andrés Wood formó como militares a un puñado de niños para filmar una película. Decenas de imágenes de Calama, lugar de nacimiento de Carlos Araya (1984) y ciudad “escondida en la médula de Chile”, forman parte de su último libro, Historial de navegación (Alquimia, 2016). De heridas profundas e invisibles también escribió en Ejercicios de encuadre (Cuneta, 2014) y antes lo hizo con una cámara en mano para dirigir “El hijo pródigo” (2013). Este es el imaginario de un escritor cinéfilo y de un escritor que también oficia de kinesiólogo. Un autor que juega con la luz para mostrarnos toda la oscuridad del ser humano.

Entrevista de Germán Gautier / Ilustraciones de Marcelo Parra

Carlos araya_web

 

¿Qué te motiva a escribir?

—El vértigo que conlleva abordar un espacio, recolectar materiales dispersos, combinarlos e intentar darles sentido.

¿Qué tipo de escritor crees que eres y con qué autores te sientes cercano?

—Soy un escritor tipo cinéfilo y trabajador del audiovisual. Un escritor kinesiólogo al que a veces le muestran radiografías y le hablan sobre problemas musculares. Un escritor que tiene Instagram y ve televisión basura. Los autores con lo que genero complicidad son los no especialistas. Los que están cruzados por varias disciplinas y oficios. Los que hacen múltiples cosas y en paralelo escriben.

Ahora estoy trabajando en una novela y una película que abordan lo coral y lo serial, por esa razón he estado cerca de varios autores que han trabajado esos conceptos, desde Edgar Lee Master en literatura, pasando por Hiroshi Sugimoto en fotografía y terminando con James Benning en el cine.

Describe el paisaje donde se sitúan tus personajes.

—Los espacios han sido centrales en mis proyectos, creo que son los motores que desencadenan todo lo demás. Cada proyecto conlleva hacer un viaje espacial particular. Una casa que acumula los objetos que bota la ciudad, una galería comercial de Santiago centro y una ciudad en medio del desierto de Atacama. Ahora estoy trabajando con un bus de dos pisos que viaja hacia el norte de Chile y con paraderos del transporte público en distintos contextos.

tiro al blanco

Fotografía de Carlos Araya para “Historia de navegación”

¿Cuáles son para ti las mejores condiciones para escribir?

—La mejor condición se produce cuando tu cuerpo se contagia del texto, el reloj biológico cambia y te despiertas en medio de la noche a trabajar. A veces basta con un computador, un escritorio y una silla más o menos cómoda. Agua fría o caliente según la estación.

¿Cómo imaginas que es la música o el sonido de tus escritos?

—Así:

SINGLE STREAM (trailer) from Sensory Ethnography Lab on Vimeo.

En tu primer largometraje, El hijo pródigo (2013), Andrés es un padre autoritario y socialmente aislado que ante la pérdida de un hijo comienza a manifestar el síndrome de Diógenes. ¿Cuál es tu intención al narrar estos territorios de soledad, tanto físicos como mentales?

—En El hijo pródigo la intención central era observar cómo la materia que expulsaba la ciudad iba mounstruoséandose al interior del espacio privado de un personaje en crisis, llegando incluso a expulsarlo de su casa. Ahí se la juega ese relato, me cuesta ver la lectura sobre la soledad en este momento.

Ejercicios de encuadre e Historial de navegación son tus primeras publicaciones, ambas con editoriales independientes. ¿Qué papel juega el editor y cómo su labor influye en tu escritura?

—He tenido buenas experiencias editoriales, tanto Galo Ghigliotto (Cuneta) como Guido Arroyo (Alquimia) piensan la literatura con mucha libertad y ojo crítico. Creo que los editores son una especie de montajistas, ayudan a recobrar la distancia que uno pierde con los materiales y abren posibilidades con respecto al armado de cada proyecto, procesos que no solo tienen que ver con un trabajo de oficina, sino con un serio y profundo trabajo de bar y callejeo urbano.

—Participas de la Fundación Mafi (Mapa Fílmico de un país) y Propaganda (2014) fue su primer largometraje documental. ¿Qué conclusiones obtuviste de aquel trabajo y qué cambios observas con respecto a este periodo de campaña presidencial?

—Propaganda fue construida a partir de la mirada de 18 realizadores, ese desafío generó una metodología de trabajo compleja y excepcional que me dejó con grandes experiencias.

El diagnóstico general era claro con respecto a la fractura entre la ciudadanía y el sistema político, y una campaña presidencial era el contexto propicio para abordar esa problemática, donde una de las partes estaba obligada a seducir a la otra. Desde ahí quisimos indagar en cómo se desarrollaba esa seducción, que muchas veces resultaba solo una construcción de imagen, como el marketing de cualquier producto de un supermercado más que un debate de ideas propiamente tal. Creo que la irrupción del Frente Amplio hace muy interesante el contexto político actual. Se huele un espíritu más horizontal con respecto a su relación con la ciudadanía. Yo nunca he votado, pero este año lo haré por primera vez.

“¿Si alguien dice que Calama es la ciudad más fea de Chile, puedo pegarle un combo en el hocico?”, dice La última película, el cuento que abre Historia de navegación. A pesar de todas las burlas e infamias, ¿cuánto se parece Calama a Chile?

—Calama está escondida en la médula de Chile, por eso a los chilenos les cuesta verla. Cuando hablan de Calama hablan de sí mismos, ahí está su belleza y su miseria, en medio del humo de Chuquicamata y el Río Loa. Sus sueños de primer mundo y el choque con las contradicciones del subdesarrollo. Cuando Calama, junto al resto de ciudades dormitorio que amortiguan las políticas de extracción mineral, desaparezcan, el Chile que conocemos también lo hará.

Autor: Marcelo Parra (13 Entradas)

Diseñador gráfico de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Ha participado de diferentes proyectos relacionados a la cultura y el mundo gráfico. Actualmente trabaja como diseñador e ilustrador en Fundación La Fuente, además de ser vocalista y letrista de la banda Delatores.


 

 

Un comentario para “El imaginario de Carlos Araya Díaz

  1. Francisco Javier Rauld Mánquez

    Pulento vacan…

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