El imaginario de Claudia Apablaza

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Estudió psicología pero su camino, desde que ganó el concurso de cuentos Paula el año 2005, es el de la escritura. Mi nombre en el Google apareció en su primer libro, Autoformato (Lom), y desde entonces ha cultivado una voz  tan íntima como original. Este imaginario de Claudia Apablaza (Rancagua, 1978) se adentra en sus paisajes virtuales y transita entre la hiperconexión y el más inquietante silencio.

 

Apablaza web copia

—¿Qué te motivó a escribir

Los libros mismos. Pienso que el deseo de plagiar a escritores que leía cuando niña y me gustaban mucho. Tenía la necesidad de escribir como ellos. Copiar ciertos libros de fábulas, textos maravillosos.

 —¿Desde cuándo te consideras escritora?

Desde que publiqué mi primer libro, el libro de cuentos Autoformato (Lom, 2005). Creo que desde ese momento, desde el momento que hice público un trabajo de escritura desarrollado durante un par de años y que tenía una propuesta en la que confiaba.

—Describe el paisaje donde se sitúan tus personajes.

Paisajes virtuales,  por lo general. Mucho sujeto en las redes o sujetos en un continuo viaje entre países y las redes. El paisaje fragmentado de esas realidades. El vacío y las conexiones. Están poco presentes la naturaleza o habitaciones o casas, casi siempre son sujetos metidos en las conexiones. Hay un par que son sujetos en un teléfono haciendo llamadas. Otros son caminatas por las calles de Ñuñoa. Otras son gimnasios, parques donde se practica deporte. Hay un par donde aparecen bares. Traslados, aeropuertos.

 —¿Cuáles son para ti las mejores condiciones para escribir?

En residencias de escritores o artistas. Son los momentos en que mejor he podido escribir. He estado en tres residencias, en Bogliasco (Italia), en Banff de Canadá y en el MAM de Chiloé y la verdad que las residencias tienen todas las comodidades para que puedas instalarte días o meses a sólo pensar en tu texto y a dedicarte todo el día a eso. Sobre todo cuando tienen comida rica, buen internet y un escritorio confortable.

—¿Cómo imaginas que es la música o el sonido de tus escritos?

Mis escritos me los imagino en silencio. En un silencio radical, con sonidos ambiente a ratos desagradables y agudos, pero me los imagino sin música, sino que en esa soledad y profundidad del silencio. Y en todo lo que hay más allá de ese rotundo silencio.

Me gusta meterme en los fantasmas de los escritores, más que en historias objetivas desprovistas de esa intimidad.

 —Has dicho que en general prefieres textos escritos por mujeres, antes que los escritos por hombres. ¿Por qué sueles inclinarte por la estética femenina?

Suelen ser más íntimos y más genuinos. Me gusta meterme en los fantasmas de los escritores, más que en historias objetivas desprovistas de esa intimidad. Creo que las mujeres trabajan más esa línea de escritura de lo íntimo. Ahora bien, no recuerdo dónde dije eso, pero creo que es así. Obviamente que está repleto de excepciones que destruyen ahora mismo esa teoría que acabo de lanzarte (como por ejemplo, los libros de Perec, Vila-Matas, Bolaño, Genet, y toda una infinidad, incluso libros de chilenos como Matías Celedón o el recién publicado Álvaro Bley), pero  quiero pensar que es una línea de trabajo más desarrollada por mujeres.

 —Sueles escribir desde la ironía, ¿por qué te interesa la risa irónica?

Porque disfruto mucho escribiendo, para mí la escritura es un ejercicio placentero, al igual que la lectura, son cosas que disfruto enormemente. Me río escribiendo, tanto de mí misma como de ese otro que uno describe que no deja de tener algo de ti y de los que te rodean.

Autor: Marcelo Parra (15 Entradas)

Diseñador gráfico de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Ha participado de diferentes proyectos relacionados a la cultura y el mundo gráfico. Actualmente trabaja como diseñador e ilustrador en La Fuente, además de ser vocalista y letrista de la banda Delatores.


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