El imaginario de Francisco Ide & Francisco Morales

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Francisco Ide es poeta; Francisco Morales artista visual. A pesar de su corta trayectoria, ambos autores cargan con sendos galardones, situación que, en todo caso, los tiene sin cuidado. Su atención está puesta en “Antología del amor de Claudia Schvartz”, la ópera prima de la naciente editorial Saposcat. Un salto al abismo del amor, abordo de sus particulares naves artísticas, que deja a los lectores una obra donde desembocan imágenes expresivas con poemas amorosos y delirantes.

Entrevista de Diego Muñoz / Ilustración de Marcelo Parra 

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—¿Qué los motivó a iniciarse en sus respectivas disciplinas?

Francisco Ide: La lectura de poemas alucinantes y la envidia terrible que me provocaba leerlos. Desde niño me gustaba la figura del artista, en particular la del poeta, pensaba que dedicarse a escribir poemas era algo muy extraño, pero a la vez la cosa más natural del mundo. ¿Cómo dedicarse a otra cosa? Todo lo que quedaba fuera del ámbito de la poesía me parecía una pérdida de tiempo. Hoy en día mi concepto de lo que es “el ámbito de la poesía” es mucho más amplio, pero todavía lo que queda fuera de ese ámbito me parece una pérdida de tiempo irreparable.

Francisco Morales: Nunca me interesé por pintar ni por la pintura ni por los pintores. Por admiración a mi hermano me gustaban los escritores, pero mi temple nunca es ni fue para la escritura. Un día en mi casa estuve sentado mirando una pintura de Millet y pensé en pintar y lo hice, estuve ese día entero orbitando en eso. Ahí toqué algo importante y sentí corporalmente que hacía algo que superaba mi deseo y mi preocupación, consiguiendo la pintura o pintar mucha más sustancia que todo el resto de las cosas.

¿Cuáles serían las condiciones óptimas para escribir y/o pintar?

F.I.: Cada uno tiene sus mañas. Yo escribía de pie, en papeles que me metía al bolsillo mientras trabajaba manufacturando cosas de cuero, después ordenaba esos papeles y los transcribía. A veces en la incomodidad se escribe mejor, la dificultad implica esfuerzo, y para escribir hay que esforzarse. Si estoy cómodo en la playa con ilimitadas cervezas prefiero caminar, mirar el mar, quizás escribir algún poema para mi propio disfrute, pero no mucho más. Ahora, lo ideal para mí es el silencio y las necesidades básicas cubiertas: café, cigarros, un par de cervezas para el final.

F.M.: Lo único que me interesa es que no me moleste nadie. Si es posible perder el oído. Para mí, pintar implica apagar los deseos que tengo sobre las imágenes, de modo que necesito no darme cuenta que estoy ahí, pasar colado. Hay días en que lo ideal no exige nada y otros solo cigarros y mucha agua. Sobre todo necesito jamás salir del canal, es muy importante lo que hablo-pienso y hago afuera con amigos y solo para continuar conectado. Si me quitaran eso, dudo que pudiera seguir pintando. ¿Para qué?

En su trabajo colaborativo Antología del amor de Claudia Schvartz optaron por, quizás, uno de los tópicos más recurrentes del arte en general: el amor. ¿Qué lugar ocupa este sentimiento en sus proyectos individuales?

F.I.: Bueno en mi caso todo lo que he escrito se enmarca en esa temática. La Antología la pienso como cierre de la trilogía del amor que empecé con Yakuza (Ediciones Cinosargo, 2014) y continué con Poemas para Michael Jordan (Ajiaco Ediciones, 2014). Morales también trabaja esa temática, y tras varias conversaciones nos dimos cuenta que en el fondo estábamos haciendo lo mismo, hablando desde el mismo lugar, en otro código. Por otro lado, en poesía siempre se ha hablado de estos grandes temas, el amor, la muerte, etc. Creo que cada época exige volver sobre ellos. Siempre que se sigan escribiendo poemas se va a escribir sobre el amor, la muerte. etc., básicamente porque son emociones humanas profundas, y todos estamos llamados a conectar con ellas. Cada época conecta con ellas de manera diferente, de ahí la exigencia de dejar permanente constancia: “me reporto, vengo a decir qué pienso del amor y cómo me imagino la muerte en el año 2400 del imperio chino-israelita”.

F.M.: Mucho de lo que hice antes de la Antología, incluso no en pintura, fue en torno a ese tema. Es algo que ha funcionado vertebralmente en mi trabajo y naturalmente también en mi vida.

—Rainer Maria Rilke (escritor  referenciado en su libro) menciona en Cartas a un joven poeta que “una obra de arte es buena si ha surgido de una necesidad”. ¿Cuál es la necesidad que hizo surgir  una obra como Antología del amor de Claudia Schvartz

F.I.: En mi caso la escritura de estos poemas fue un ejercicio de reconstrucción de mi ánimo luego de un desastre amoroso. Estaba en la completa inmovilidad y necesitaba volver a articularme, por eso tomé poemas de otros. Yo estaba sin voz y les pedí la voz prestada para que me enseñaran a hablar de nuevo. Entonces la necesidad en mi caso fue una cuestión de orden vital.

F.M.: Primero hice la pintura para la portada del libro, luego nos dimos cuenta de que paralelamente habíamos trabajado el mismo tema y el mismo gesto en distintos lenguajes. La configuración del libro se dio de manera natural, pasamos de estar sentados conversando mil veces sobre el futuro con luces de claridad y de pronto estábamos sentados conversando ya encima de ese futuro esclarecido.

—Toda creación supone un proyecto lector que se desarrolla en paralelo. ¿Cómo organizan sus sistemas de lecturas, asumiendo que el tiempo es limitado y que, contrario a lo que se cree, leer es más bien un sinónimo de olvido que de acumulación?

F.I.: Sí, me gusta esa idea, sin duda es más olvido que acumulación. Yo al menos leo de manera funcional. En los textos que leo voy rastreando la emoción desde la cual lograr identificación y abrir sentidos. No me interesa de qué se trata una novela por ejemplo, las leo a pesar de su trama, me quedo con imágenes. Y claro, los momentos de lectura son escasos. Leo donde puedo y cuando puedo, mayormente poemas.

F.M.: Raro que lea un libro entero, en general soy puros pedazos, principalmente por tiempo y en algún momento me convencí de que los libros y todo tienen solo momentos que me interesa almacenar. Caché esto porque además tengo pésima memoria y me concentro muy poco en la lectura, entonces siempre que cito un libro es seriamente al lote, la idea esencial me queda, pero nada más. De ahí me gusta tener los libros para así estar siempre relativo a las fuentes. Admiro muchísimo a los lectores duros, lo recuerdan todo, me gusta mucho escucharlos, alivianan la carga.

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—Se pueden encontrar notorias influencias del animé en sus trabajos. Si tuvieran que elegir alguno que los haya marcado, ¿cuál sería y por qué?

F.I.: En términos “prácticos”, o de usufructo si se quiere, Slam Dunk me marcó en su momento (a toda mi generación, diría, en ese momento todos estábamos jugando básquet), y de alguna manera quedó en mí como un parásito benévolo y productivo. Slam Dunk fue mi único acercamiento real al mundo del deporte, base teórica por lo tanto de mis Poemas para Michael Jordan. Y ya en términos espirituales, en el sentido de algo incorporado al espíritu como ciertos libros o ciertas personas, Dragon Ball Z es sin duda base inamovible de mi folklore personal. Lo sigo viendo, digamos, ahora se llama Dragon Ball Super. Mi plan es escribir a los 50 años el gran poema de Dragon Ball.

F.M.: No siento algo mayor por alguno en especial. Todos para mí son un recuerdo más o menos del mismo periodo. Los recuerdo parejamente, creo que la aparición del anime en las pinturas también es así, no hay una relación con uno en particular. Cuando era chico juntaba simultáneamente el álbum de las Sailor Moon  y el de los Caballeros del Zodiaco, ambos eran un tesoro nítido y un desafío de nivel idéntico.

En artículos publicados en otros medios, se indica que ambos han tenido periodos de quiebres con la vida universitaria. ¿Qué se encuentra afuera que no entrega la academia?

F.I.: ¡Todo! La universidad es una pérdida de tiempo insalvable, un lugar perverso.

F.M.: Afuera es orgánico, natural. Vi en un momento como la Universidad operaba contranatura, “siempre quieren establecer categorías, pero no existen”, ahí me salí. Ahora trabajo en la Universidad y me interesa mucho la conversación, creo en que se puede ir ahí físicamente y mantener la cabeza imperturbable, lejos del embolinamiento. De todas maneras siempre me parece una opción, estudiar arte es una actividad, ser artista es sin categoría. Cosas muy distintas.

Su libro está construido en base a dos códigos que intiman, uno escrito y otro visual. En sus palabras, ¿cómo creen que se conjugan texto e imagen?

F.I.: La necesidad de aunar dos lenguajes, la pintura y la poesía, pienso que tiene que ver con una concepción del arte en que la emoción es el ánimo que modela la imagen. En ese sentido creo que era natural juntar dos pulsiones estéticas que estaban caminando en el mismo rumbo.

F.M.: Texto e imagen son el medio. Creo que la unión, en este caso se hizo sola, no fue un plan. Una vez que estuvieron cerca atendimos a la relación y seguimos sobre la marcha.

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Ambos son autores galardonados (Roberto Bolaño de Poesía en 2014 y Municipal de Artes Visuales en 2014). ¿Qué rol cumple el reconocimiento en su obra?

F.I.: En la jerarquía del cuerpo los premios son meros pelos. En lo personal sí creo que funcionan como estímulo, porque a veces el gran silencio, el nulo feedback, tiende a ser opresivo. Pero no es más que eso, el efecto del empujoncito que representan dura nada. Hay otras energías más potentes y duraderas, el enamoramiento por ejemplo, o la crisis profunda y violenta, que es como lo mismo.  Además uno hace sus cosas rodeado de su gente. Yo me mido en mis pares, en mis amigos, que son mi familia. La opinión de ellos es la única que tomo en cuenta.

F.M.: Un premio es siempre algo positivo, da igual su importancia o lo que este pueda provocar posteriormente, su efecto medido en tiempo y potencia incluso es bastante poco, son como diría Ide un subidón. Cresta de ola. Se puede pintar o escribir sin premios, sin duda y por favor. Lo importante es another thing.

Antología del amor de Claudia Schvartz –libro que no ha sido indiferente a nadie- es la primera publicación de la editorial Saposcat. ¿Por qué  se animaron a trabajar con esta incipiente casa editorial?

F.I.: Porque ninguna otra editorial nos ofreció un mejor trato, tanto en términos de confianza y libertad, como en términos prácticos de distribución y calidad material. Era muy difícil que alguien aceptara publicar un libro como el que hicimos, porque es caro, porque es difícil, etc. Sapocat dio el vamos con todo, en un gesto de valentía admirable. ¿Quién publica 1000 ejemplares de un libro de poemas y pinturas? Ahora todo lo que haga lo voy a publicar con ellos. Saposcat es como Macbeth, el primer impulso de su corazón es el primer impulso de su imprenta.

F.M.: Desde el comienzo la editora (Marcela Fuentealba) se mostró muy dispuesta a conversar y trabajar con libertad, ella era muy apta para este libro por ya haber realizado otros en los que convergen textos y pinturas. Le interesó mucho y dijo un sí gigante a todo, incluso más. Depositando su confianza en nosotros y hasta el momento ni nos conocíamos, ¿se podía pedir más?

—Para terminar, ¿tienen pensando un nuevo trabajo en conjunto?

F.I.: Obvio. Hay más de un proyecto dando vueltas.

F.M.: Estamos trabajando para usted.

 

Autor: Diego Muñoz (6 Entradas)

Licenciado en Educación y profesor de Castellano. Actualmente es Director de Biblioteca Viva Tobalaba y miembro del Comité de Valoración de Libros Troquel. También es colaborador de la revista Medio Rural y creador del espacio web Abstemios & Ascetas, dedicado a atender la relación que surge entre la comida, la bebida y la literatura.


Un comentario para “El imaginario de Francisco Ide & Francisco Morales

  1. Pamela

    Muy buena entrevista , muy claros en sus respuesta felicitaciones

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