El imaginario de Milagros Abalo

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Milagros Abalo (1982) cree en la escritura. Cree tanto como el propio Enrique Lihn, con quien inició su devenir en el mundo de la poesía gracias a un profesor de Castellano. La normalidad de una familia (La Cortadera Libros, 2012) es su primera publicación y allí está registrado el estruendoso y tierno fracaso de la vida y las relaciones filiales. Nuevos pensamientos, experiencias y maneras de escribir trajeron Esto es (Hueders, 2016), donde asoman la rabia, los refugiados, el derecho al aborto, los suicidas del Costanera Center: un largo arado en la geografía social. Para Milagros -licenciada en Literatura, editora de la UDP y madre de tres hijos- su creencia sigue firme: “Se escribirá de todos modos, en una mesa o en el metro o en el cerro. Donde nos pille”.

Entrevista de Germán Gautier / Ilustración de Marcelo Parra

Milagros Abalos

 

—¿Qué te motivó a escribir?

Comencé a escribir guiada por una intuición, y toda intuición es la previa de un pensamiento, que luego se instalará como decisión. Todo surge en relación a ciertas experiencias que requieren ser registradas, fijadas, para que no se pierdan, como se pierde todo en el tiempo. Y esto sumado a lecturas y a encuentros con otros lectores.

—¿Qué tipo de escritor crees que eres y con qué autores te sientes cercano?

esto esNo creo ser ningún tipo de escritora, no creo en los tipos de escritor. Creo en la escritura, en los textos. En la necesidad de no quedarse en un tipo de escritura, porque eso es lo más cómodo. Creo en la gracia de estar siempre quebrando los propios esquemas de escritura que están a pasos de convertirse en tipo. Cierto escepticismo cotidiano respecto del quehacer, porque sólo así surgen nuevos pensamientos y por ende nuevas maneras de escribir.

—Describe el paisaje donde se sitúan tus personajes.

En todas partes, y en ninguna. En la calle, en la casa, en la vida, en la muerte, en la cabeza, en el mar, etc. En todos aquellos espacios en los que brota una experiencia que me interesa y me hace parte.

—¿Cuáles son para ti las mejores condiciones para escribir?

Cuando estoy alerta, haciendo contacto con los 5 y más sentidos. Cuando logro mirar atravesando la primera capa de lo que se mira. Cuando aprendo a pensar. Se escribe en cualquier circunstancia, se escribe porque aquello que será escrito se impone por sobre las condiciones de escritura. Se escribirá de todos modos, en una mesa o en el metro o en el cerro. Donde nos pille. No hay lugar para escribir, para lo que hay lugar es para las experiencias que dan paso a la escritura.

El sonido de lo escrito está en directa relación con la respiración de lo que allí se está escribiendo

—¿Cómo imaginas que es la música o el sonido de tus escritos?

El sonido de lo escrito está en directa relación con la respiración de lo que allí se está escribiendo. Cada texto escrito tiene su propia sonoridad, porque cada texto es en sí mismo una experiencia viva y toda experiencia va acompañada de una respiración. Si estoy escribiendo del viento, tiene que pasar el viento entre las palabras. El sonido de lo escrito es el sonido de los elementos que allí están referidos.

—Tus poemas de “Esto es” están marcados por ritmos propios de la naturaleza, como el viento o el agua. También hay una búsqueda constante de silencio, que se opone al ruido y la rabia. ¿Cómo encuentra y luego asimila estos elementos alguien que habita la ciudad congestionada?

Muchos poemas están marcados por el ritmo de la naturaleza porque en ellos se está haciendo referencia a la naturaleza, pero hay otros poemas marcados por el ritmo obsesivo de un pensamiento, o por el ritmo de las personas al caminar. Como decía más arriba, el ritmo es la respiración de lo que se está escribiendo, uno se mete en esa respiración, uno respira el texto, y por lo tanto se escribe con el cuerpo también. El poema de la rabia que abre “Esto es”, por ejemplo, reproduce la respiración incesante de ese arrebato, luego su cansancio, y su silencio final. Las palabras reviven experiencias y cada experiencia tiene una respiración determinada. La presencia de la naturaleza y su respectivo silencio en muchos poemas del libro, nace justamente como una vía de escape en la intensidad de la ciudad. Crean en su movimiento una pausa, otro tipo de respiración. Aunque para muchos la naturaleza no representa necesariamente tranquilidad, sino agitación. Hay algo contradictorio también, y de esas contradicciones surgen cosas, quiebres que generan nuevas formas de mirar y de nombrar eso que se mira.

“Tráiganme un pedazo de vida y no me haré daño / recordando”, dice un verso de tu primer libro, “La normalidad de una familia” (La Cortadera Libros, 2012). Es un poema que habla sobre lo que se perdió luego de una fiesta familiar. ¿Te parece que vivimos en días de mucha euforia/fiesta que luego caducan hacia una mirada lánguida?

la normalidad—En esa fiesta familiar del poema se está perdiendo la vida, la voz que repite ese verso como un mantra es la voz de la vejez en su estadio final. De ahí la necesidad de repetir, como un intento de salvarse, aferrase a la vida en cualquier pedazo de ella. Me parece que no es condición exclusiva de este tiempo, sino de todos los tiempos.  Es la condición del ser humano.

—Has dicho que la poesía se abrió para ti con un libro de Enrique Lihn que te pasó un profesor de Castellano. ¿Tienes alguna idea de cómo acercar la poesía a los jóvenes lectores?

Hay algo azaroso siempre en esos encuentros, y el azar no podemos manejarlo. Pero sí se puede ofrecer un piso que propicie esos encuentros, sean más bibliotecas, ferias, lecturas, amigos.

—Como editora de la UDP has trabajado libros de Rodrigo Lira e Idea Vilariño. En el caso de la poeta uruguaya hiciste la selección y escribiste el prólogo. ¿Cuál es el viaje que haces para llegar a lo esencial de una obra poética y luego qué te queda a ti como poeta de esa persona que visitaste tan asiduamente?

Releer. Se aprende a leer poesía leyéndola una y otra vez. Volviendo a los mismos libros. Leyendo otros libros en paralelo. En las relecturas aparecen cosas que a primera vista no supimos ver. La poesía está hecha de capas. De misterio. Y en el pensamiento no lineal de la lectura, sino cristalino es como podemos llegar o rondar lo esencial de una obra. De la persona que visité me queda su forma de mirar.

Autor: Marcelo Parra (12 Entradas)

Diseñador gráfico de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Ha participado de diferentes proyectos relacionados a la cultura y el mundo gráfico. Actualmente trabaja como diseñador e ilustrador en Fundación La Fuente, además de ser vocalista y letrista de la banda Delatores.


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