Ellen Duthie: Preguntas que abren preguntas

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Escritora, docente, bloguera y traductora. Ellen Duthie es la mente creadora de Wonder Ponder y la serie Filosofía visual para niños. Los tres libros-juegos publicados —Mundo cruel, Yo, persona y Lo que tú quieras— son el resultado de años de experiencia acercando la literatura infantil y la práctica filosófica a niños desde los 3 años. Invitada a Chile por la editorial Zig-Zag, apuntó directo a las carencias del sistema educativo y con ánimo constructivo dejó una estela de interrogantes y desafíos en el taller “Lecturas filosóficas con niños. ¿Cómo mediar cuando no se tienen respuestas?”.

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Ellen Duthie en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Créditos: Astrid Donoso /Fundación La Fuente

Es difícil corroborarlo, pero tal vez el primer recital de filosofía visual de la historia tuvo lugar en Querétaro, México. Ataviada en un sobrio negro, de espaldas al Convento de Santa Clara y mirando a cerca de 500 personas que se encontraban en el Jardín Guerrero para presenciar una nueva jornada del Hay Festival, Ellen Duthie puso a prueba lo que años antes había iniciado en aulas con un puñado de alumnos: mezclar literatura con filosofía. Confianza le sobraba. Leyó fragmentos de Yo, persona, el segundo título de los tres que hasta ahora componen la serie Filosofía visual para niños de Wonder Ponder y, mientras las ilustraciones rodaban en una pantalla led, las interrogantes comenzaron a revolotear entre los asistentes: ¿cómo sabes que no eres un robot?, ¿si tuvieras dos o tres cerebros serías dos o tres personas?, ¿qué es exactamente una persona?, ¿y tú qué piensas?

Lo que has hecho es un poco como poesía, pero con preguntas —le dijo un niño al finalizar el espectáculo.

El piropo confirmó que el experimento había dado resultado: la filosofía por unos instantes volvió a colmar la plaza pública.

—¿Cómo explicas qué es la filosofía a niños que tal vez nunca han oído el concepto?

—Para explicar qué es la filosofía y qué hace un filósofo digo que nos encanta observar y mirarlo todo. Mirar cada detalle. Y naturalmente cuando te fijas tanto en una cosa te van a empezar a brotar preguntas. Los niños pequeños miran lo que tienen a su alrededor y preguntan constantemente. La actitud de un niño desde muy pequeño es similar a la de un filósofo. No me gusta mucho decir que los niños son filósofos naturales, pero sí se comparte una mirada por entender el mundo.

Hormiga

¿Está siendo cruel la niña? ¿Sienten dolor las hormigas? ¿Crees que la niña merece un castigo? Estas preguntas forman parte de la primera escena de “Mundo cruel”.

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Ellen Duthie (1974) nació en Cádiz, sin embargo, sus padres son británicos. Dos preguntas de ellos son fundamentales para que sus títulos digan licenciada y máster en Filosofía por la Universidad de Edimburgo. De niña quería ser arquitecta; en la adolescencia, para quitarse las fastidiosas y monótonas pesquisas de los adultos, respondía que abogada. Fueron estas certeras aclaraciones las que giraron el tablero: ¿pero a ti qué te interesa de verdad?, ¿qué te apasiona?

Más que la filosofía, a Ellen le gusta la práctica de la filosofía. Y esta práctica comenzó en un proyecto llamado Filosofía a la de tres, donde a partir de una imagen, una palabra o un simple cuento, abordaba preguntas respecto al mundo y la vida cotidiana con niños de 3, 4 y 5 años. Desde esa edad, y tal como lo hacía con su hijo en casa, quería promover el arte de la conversación, desarrollar los hábitos del diálogo y aprender a dar razones que justificaran sus opiniones. Fomentar, ni más ni menos, que una actitud crítica y cuestionadora.

Hay muy poca oportunidad para que los niños se sientan interlocutores

—¿Qué carencia viste en el sistema educativo para profundizar en la relación entre filosofía y literatura infantil?

—Creo que hay una carencia, simplemente, de pararse. De pararse a mirar y de pararse a pensar. Todos: adultos y niños. Realmente hay tan poca participación de los niños de una forma significativa. Está todo absolutamente dado para que lo tomen y si no les gusta, pues lo toman de todas formas. Hay muy poca oportunidad para que los niños se sientan interlocutores. La forma en que mi hijo hablaba del colegio era como si lo estuviera haciendo de un mundo absolutamente aparte del que teníamos en casa. Me decía “pues, esto no lo puedo conversar en el colegio”. Ya había aprendido que cierto tipo de interés no merecía la pena mostrarlo porque a nadie le interesaba. Y no creo que mi hijo sea el único en tener esa sensación.

Hay un momento crucial al finalizar el primer año de Filosofía a la de tres, cuando una niña se le acerca y la interpela: “¿en qué vamos a pensar hoy?”

—Cumplí el objetivo del año, asegura Ellen. En el sentido de convertir el pensamiento en algo potencialmente activo, en una actividad posible.

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Una hormiga obrera se parecería mucho a Ellen Duthie. Es incansable. Gran parte de la experiencia y el pensamiento creado en conjunto con niños lo ha compartido en sus blogs. Son su caja de resonancia. Desde ellos comunica y se comunica con otras mentes inquietas. Un click a Lo leemos así, por ejemplo, arrima el inmenso trabajo exploratorio de reseñas y lecturas en voz alta a partir de sus álbumes preferidos. Cualquier entrada de su blog es para el lector una inyección a la vena de pasión, de deslumbramiento por la literatura infantil.

El blog Filosofía de cuento es, por otra parte, una clase infinita de literatura y filosofía con niños de primaria. Si alguien quiere probar que los libros álbum son un buen gancho para conversar filosóficamente, aquí encontrará horas de grabación y voces de niños discutiendo si El pato y la muerte (Bárbara Fiore, 2010), de Wolf Erlbruch, es un libro triste o alegre, cuál es el sentido de la vida y argumentando por qué no les gustaría vivir para siempre o qué quisieran hacer antes de morir. Todo esto a partir de preguntas de Ellen que abren la posibilidad de los niños de explayarse y reflexionar:

—Si fuéramos inmortales no disfrutaríamos tanto la vida como lo estamos haciendo ahora.

—Todos tenemos una misión en la vida. Solo coger la chaqueta de la silla puede influir en la historia del mundo.

—Sería horrible pensar que se te está acabando la vida, que estás en el momento de tu muerte.

—A veces los libros álbum suelen tocar varios temas y para el mediador resulta difícil guiar y encontrar las preguntas adecuadas. ¿Cómo lo abordas tú?

—Depende mucho del álbum y por eso es tan importante la selección. Hay álbumes en los que es difícil decidir qué preguntar, pero otros en lo que es muy fácil. Por ejemplo, todos los libros de William Steig tienen un interés filosófico. Si te cuesta encontrar la pregunta o qué preguntar quizás no sea el álbum perfecto para utilizar para el diálogo. Lo que a mí me interesa es buscar el tipo de literatura que te provoca preguntas, que te pone en un estado donde la propia respuesta lectora incluye una reacción filosófica. Eso es lo que busco cuando busco un álbum.

Lo que a mí me interesa es buscar el tipo de literatura que te provoca preguntas

—El filósofo chileno Humberto Giannini decía que para que el diálogo se transforme en la búsqueda de un acuerdo común es necesario que los sujetos no consideren sus ideas como tesoros a defender, sino como huéspedes que hay que dejar partir de ser necesario. ¿Cómo lograr el debido respeto de escuchar y escucharse cuando estás trabajando con niños?

—En las sesiones suelo hacer un símil con los niños como si estuviésemos ofreciendo nuestras ideas al centro; ya no son tuyas, sino de todos, y sobre ellas compartimos, mejoramos, estiramos o desechamos. Por eso hago hincapié en el cerrar las sesiones preguntando ¿te has desprendido de alguna idea?, ¿has ganado otra?, ¿te han hecho cambiar de opinión?, ¿has cambiado tú de opinión?, ¿has pensado algo que nunca has pensado antes? Creo que lo que hago es parecido a lo que dice Giannini, es decir, nadie juzga a la persona, sino a la idea. Si tu idea se derrumba, tú sigues en pie y tienes otras que escoger.

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Lejos están las fórmulas de dirigir el proceso de la filosofía visual para niños. Sin embargo, podríamos aproximarnos a una muy simple: W+P= ∞. La combinación Wonder (asombrarse) sumado a Ponder (reflexionar) nos transporta al infinito. Pero lo cierto es que nada de Wonder Ponder podría existir sin considerar la variable juego. Sin este elemento el engranaje se traba y la magia no ocurre.

En Wonder Ponder el trabajo de creación se fusionó con la edición. Al trabajo en conjunto de Ellen, la ilustradora Daniela Martagón y la editora Raquel Martínez Uña, se debe que Mundo cruel, Yo, persona y Lo que tú quieras hayan aparecido en su versión original como libros-juegos, editados en cajas con 14 láminas ilustradas, más de 100 preguntas y, también, 3 láminas libres para crear escenas filosóficas y plantear preguntas propias. Aunque a Chile llegó una versión libro (sin caja) gracias a la coedición de la editorial argentina Iamiqué, la idea general se mantiene intacta.

—¿Cómo pasas de trabajar con libros álbumes a inclinarte por estas tarjetas que contienen una escena? ¿Y por qué tras las ilustraciones nos resuena unos acordes punk?

—El estilo fue cuestión de Daniela Martagón. Y la forma en que se creó por primera vez fue apresurado. Para el curso de Filosofía a la de tres ella me hizo las escenas cuando quería tratar el tema de la crueldad con los niños. Ya venía pensando que los álbumes se me quedaban cortos porque contaban una sola historia, un solo ángulo, y no encontraba ningún libro que me permitiera disparar el diálogo. Entonces fui haciendo una lista de escenas que permitieran comparar y contrastar, que es algo esencial para empezar a construir un concepto. Escribí esta lista y se la mencioné a Daniela no tan inocentemente. Sabía que le iba a atraer el tema porque ella es un poco punky y gamberra, y sabía que lo iba a hacer con el espíritu que buscaba: juguetón y serio. A ella le encantó el reto de hacer algo de una forma que no fuera ñoña, pero que al mismo tiempo no asustara a los niños. En una noche me preparó 12 cartones y, claro, los tuvo que hacer muy rápido. 4 o 5 escenas de las que hizo aquel día están casi sin cambios en la caja de Mundo cruel.

Ilustraciones originales de Daniela Martagón

El origen de Wonder Ponder. El 10 de octubre de 2013 la ilustradora Daniela Martagón le hizo entrega a Ellen las tarjetas que el día anterior le había encargado.

Cada ilustración de la serie Filosofía visual para niños son disparadores de preguntas y reflexiones. Las preguntas se pueden leer o bien se pueden obviar. Eso depende de cada lector y mediador. El reto es perder el control sobre las respuestas y disfrutar las preguntas. Nadie tendrá la respuesta acertada, pero indudablemente nacerán nuevas preguntas. Allí está la deliciosa trampa: las preguntas abren nuevas preguntas. Wonder Ponder es una intrépida espiral.

—Siento de alguna forma que el proyecto de Wonder Ponder tiene una gran ligazón con Maurice Sendak, autor que has disfrutado, investigado y traducido. ¿Estás de acuerdo?

—No estoy segura que se pudiera trazar una relación directa, pero sí creo que hay mucho de lo que él establece con sus lectores: cómo los trata, de que no tiene miedo a mostrar ciertas cosas y dejarlas con ellos para ver cómo reaccionan. Hay una cosa que me hace mucha gracia del libro que yo traduje, Al otro lado (Kalandraka, 2012), y es que no he hablado con ningún adulto que no le parezca aterrador. Ninguno. Y a las personas que se los he mostrado me han dicho que no lo leerían en el aula. Y yo lo he leído a niños y ninguno estaba remotamente traumatizado. Me gusta la confianza que tiene Sendak en los niños. Sus historias permiten que sean mucho más complejas que un hecho traumatizante. Si hay trauma, también hay valor. Y satisfacción de haber enfrentado o superado traumas. En mucha literatura infantil se tiene una idea del proceso lector muy extraña, se piensa que es una receta lineal, saca esto-obtiene esto. ¡No! El niño está prestando atención a todo tipo de cosas cuando lee, igual que cuando nosotros leemos una novela. Le pueden disparar ideas en una y otra dirección. Y el hecho de que Sendak permita o diseñe esa ambigüedad para que los niños puedan relacionarse con el libro con complejidad, pues es algo que sí quiero pensar que comparte con el proyecto de Wonder Ponder.

Autor: Germán Gautier (33 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Tiene una pasión por las revistas que desaparecen, donde ha escrito sobre viajes, conservación ambiental y cultura. Actualmente trabaja en el área de comunicaciones de Fundación La Fuente y cada semana visitas escuelas y bibliotecas en el puerto principal.


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