Entrevista a Alejandro Palomas: «Escribo para que me quieran»

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Merecedor del premio Nadal el año 2018 por Un amor, el escritor español Alejandro Palomas estará en Chile en unos días y visitará la nueva sede de Biblioteca Viva, en Los Domínicos, presentando su último libro Una madre, editado por el sello Destino de Editorial Planeta. La cita es el martes 7 de mayo a las 18:30 horas, en el Mall Plaza (Av. Padre Hurtado Sur 875, Las Condes) y la entrevista estará conducida por Pablo Espinosa, periodista de Ojo en Tinta.

El escritor Alejandro Palomas. Créditos ABC

Traductor y filólogo, Alejandro Palomas ha abordado la literatura desde distintos ámbitos.

Cursó estudios de Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona, especializándose en poesía más tarde en Estado Unidos. Pronto vendrían sus propios libros y varios premios, combinando siempre su trabajo con algunas incursiones como periodista, en la poesía y con obras que no solo han sido llevadas al teatro -y pronto al cine- sino con traducciones en más de 20 idiomas.

Entre la obra de Alejandro Palomas podemos destacar El tiempo del corazón (Siruela), El alma del mundo (Espasa), finalista del Premio Primavera; El secreto de los Hoffman (Plaza & Janés), finalista del Premio Ciudad de Torrevieja, además de la trilogía que viene a completar Una madre, junto a Un hijo y Un perro, publicadas por Destino.

A propósito de su venida a Chile, donde se encontrará con sus lectores en librerías y en nuestra Biblioteca Viva, conversamos con el autor.

Alejandro recibiendo el premio Nadal, el año 2018. El galardón más antiguo que se entrega en España. Créditos: El Cultural.

-¿Cuál fue tu primer acercamiento a la escritura?

– Empecé a escribir desde muy pequeño. Cuando los demás niños y niñas dibujaban, yo ya intentaba copiar las letras y algunas palabras, entiendo que como un intento inconsciente de decir, de aprender a comunicarme con un mundo exterior al que necesitaba llegar. Me crié en una familia aparentemente modélica. Clase media-alta, madre, padre, hermanas, armonía aparente que en realidad tapaba mucha tensión no verbalizada entre mis padres… una familia en la que supuestamente no pasaban nada y en la que en realidad pasaba todo. Escribir era reescribir esos silencios y calmar la angustia.

– ¿Cómo llegas a ella?

– Por supervivencia, por una simple necesidad de inventar mundos familiares que fueran comprensibles, que se amoldaran a un modelo más cercano que el que tenía en la vida real, menos agresivo.

– ¿Cuál es la génesis de tu obra?

– Yo escribo desde el plexo y para el plexo. El material desde el que elaboro es muy primario, tan primario como lo son la comedia y la tragedia, pero no como material independiente, sino como parte del mismo barro. Escribo para que me quieran, no puedo mentir en eso.

-¿Dónde nacen tus novelas? 

Mis novelas son mi método más genuino para llegar a quien está al otro lado de la campana de cristal en la que vivo. Son mi ventana al mundo y también mi respiradero. Respiro por ellas, me muestro en toda mi vulnerabilidad, en todo lo humano que conservo.

Yo me muevo en círculos alrededor de una única columna vertebral: la familia. Me interesa ese universo de relaciones no elegidas y por tanto reactivas.

-Y sobre el trabajo de escritura mismo. ¿Partes con un ideal inicial clara, sabiendo a dónde vas o más bien se van construyendo en el camino?

-Parto siempre de una voz. De repente hay en mi cabeza una voz que no estaba allí antes, es una voz con un timbre nuevo, una voz que dice cosas que suenan a nuevo. Y la escucho. Y atiendo. Y si la voz se queda, si realmente ha llegado para decir, sigo el rastro, la atrapo. Y esa voz es el principio de todo. Así fue con Guille en Un hijo, y así también con Amalia en Una madre.

-Pregunto esto también porque en tu obra retomas personajes y creas una nueva novela, como si de alguna forma esos personajes tuvieran más que decir o no pudieras dejarlos ir.

-No puedo despedirme de ellos. Siempre se me han dado mal las despedidas, sobre todo de aquellos a quienes quiero de verdad, y mis personajes son parte de mí, me habitan. Por eso los mantengo, los reincorporo y los retomo siempre que puedo: yo no soy creador de novelas, yo creo un universo que no descansa, que avanza conmigo.

-¿Sientes que en tu trabajo hay temas que se repiten?

– Absolutamente. Yo me muevo en círculos alrededor de una única columna vertebral: la familia. Me interesa ese universo de relaciones no elegidas y por tanto reactivas. Me interesa el duelo, el sentido del humor compartido, las ausencias, la incorporación de los que ya no están a lo que somos, me interesa saber los porqués, qué nos hace como somos, cuáles son nuestras verdades, nuestras vulnerabilidades, la fragilidad.

Se habla de tu trabajo, especialmente de Una Madre, como de un ejercicio literario, ¿fue algo consciente? Si es así, ¿qué buscabas explorar?

-No, no lo soy. Nunca me planteé Una madre como nada, simplemente la escribí como llegó. Es más, siento de algún modo que estaba ya escrita y que en algunos momentos me limité simplemente a transcribir. Una Madre llegó en un momento clave en mi vida: ese momento en el que descubres que tu madre no estará siempre contigo, que su vida, como la nuestra, tiene fecha de caducidad. Y fue tal el shock, fue tal la desazón de perder esa complicidad que tengo con la mía, que corrí a escribirla. Escribí Una madre porque entendí que el día que la mía ya no esté, necesitaría tenerla escrita para no quedarme huérfano del todo.

En una entrevista para El Cultural dices que el libro Un amor «es el reflejo de cómo estoy en el mundo». ¿A qué te referías con esto?

Efectivamente, Un amor es el cierre de la trilogía y por tanto es también la madurez de la relación con esa familia literaria que me ha acompañado durante cinco años. Ya no hay voracidad en la relación, hay complicidad tranquila, hay aceptación y hay un amor en grande, sin aristas, sin expectativas. Y esa es también mi forma de vivirme en este plano de lo real: quienes me rodean son compañeros de viaje, a veces de un tramo del viaje, no más, y he aprendido a aceptarlo. La vida, al menos la mía, es un patchwork de nombres, coincidencias, excursiones… ha encontrado su propio ritmo.

Cada autor tiene su propia música y la mía nace y se nutre de esa parte de mí que navega en solitario, que necesita del silencio para oír.

-Tienes una importante formación en poesía y leyéndote es innegable su presencia en los que escribes ¿Es algo consciente? ¿Qué rol juega la poesía en tu obra?

Sí, soy muy consciente de ello, aunque no es algo que utilice conscientemente. Mi especialidad es la poesía. Después de licenciarme en literatura inglesa, hice un Máster de Poética en los Estados Unidos y durante esos dos años me sumergí en el barro del lenguaje, del ritmo, de los silencios que gestionan la frase, el párrafo… la música. Nunca sospeché que esa inmersión sería fundamental para mi obra de ficción, y es así. Cada autor tiene su propia música y la mía nace y se nutre de esa parte de mí que navega en solitario, que necesita del silencio para oír.

De traducciones, lecturas, consejos e influencias

-¿Qué rol juega tu trabajo de traductor en tu propia obra?

Ha jugado un papel importante, sobre todo a la hora de reconocer todo aquello que no quiero en mi obra. Traduciendo se adquiere responsabilidad, porque juegas con material ajeno, y poco esa responsabilidad va calando en tu forma de elaborar el material propio. Traducir es recrear y eso es casi más complicado que crear desde cero. La traducción me ha dado disciplina, rigor y sobre todo me ha enseñado a eliminar de lo mío todo aquello que no me gusta de los demás.

-¿Sigues realizando talleres de escritura creativa? En esa línea, ¿qué consejos podrías dar a quien quiere iniciarse en la escritura?

Sigo, sí, ya lo creo, aunque solo doy una Masterclass de seis horas basada en la gestión de la voz, el miedo y la escritura, porque es un curso que en poco tiempo ha sobrepasado todas mi expectativas y con el que no doy abasto. Es un pequeño curso muy personal en el que mis alumnos/as descubren quién es la persona que escribe, qué voz es la que oyen cuando escriben y cuál es el miedo primero que no los dejan avanzar o empezar a escribir. Es una experiencia apasionante ver cómo los alumnos y las alumnas salen después de esas seis horas: agotados/as pero felices por haber descubierto algo que ni siquiera imaginaban: por haberse descubierto. ¿Mi consejo a quien quiera empezar en la escritura? Se honesto/a.

-¿Qué autores o novelas marcaron tu trabajo en los inicios?

-Creo que la autora que más me ha marcado ha sido -en la parte más juvenil- Carmen Kurtz, con su serie de Oskar. No sé si en Chile llegó a existir, y creo que en España tuvo no mucha repercusión, pero los libros de Oskar, sus aventuras junto a su inseparable oca Kina y esa fusión niño-animal definitivamente moldearon en mí algo que ya no habría de cambiar. Más allá de eso, y ya entrado en la post adolescencia, me marcó mucho Jeanette Winterson, especialmente su novela La pasión. Creo que a día de hoy sigue siendo una autora única, aunque desde hace unas novelas he dejado de leerla porque la voz que me prendaba de ella ya no existe, no la encuentro.

-Tienes una extensa obra pero he visto que está más bien circunscrita a España. Ojalá eso se pueda remediar prontamente. ¿Cuál es tu relación con la literatura latinoamericana /chilena? 

Mi relación es de sangre. Yo soy español y chileno, y me he criado bebiendo de las dos literaturas y de los dos mundos. De hecho, he crecido, por influencia materna, con las costumbres típicamente chilenas, muchas de las cuales conservo, por no hablar del léxico. Tener dos nacionalidades te divide el cuerpo en dos mitades, pero la división alimenta curiosidades dobles: la literatura chilena tiene voces que la española no tiene y viceversa. Es una cuestión de musicalidad, de savia. Por poner un ejemplo, Kramp, de María José Ferrada, es una obra que no podría haberse escrito en España. Tiene una música, una intimidad, que yo, como chileno reconozco, que me empaña por dentro y que la hace única. Tiene una pequeñez tan inmensa, una dulzura tan frágil, que es impensable en un texto español

-¿Cuál es tu futuro proyecto?

Mi futuro proyecto es Chile. Quiero que los lectores chilenos y las lectoras chilenas conozcan a esta madre tan peculiar y disfruten de la trilogía con Una madre, Un perro y Un amor. Y a la vez quiero llegar con la trilogía crossover de Un hijo, Un secreto y la última de las tres. Chile, mi otra mitad, es mi objetivo. Quiero llegar a casa. Creo que es el momento.

Recomendaciones

Le pedimos a Alejandro que compartiera con nosotros algunas recomendaciones. Muy generosamente nos señaló sus favoritos:  Kramp, de María José Ferrada, La Pasión, de Jeanette Winterson y Charlotte, del francés Foenkinos.

 

Autor: Astrid Donoso Henríquez (49 Entradas)

Periodista, Técnico Bibliotecario, Diplomada en Fomento a la Literatura Infantil y Juvenil (PUC), Máster de Literatura Infantil (UAB) y Diplomada de Edición de IDEA (USACH). Lectora voraz y nada monógama de libros clásicos, contemporáneos, poesía, ensayos y rarezas. Trabaja en La Fuente desde el 2012. Estudiante del Diplomado de Literatura Inglesa en la PUCV.


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