Ficciones en tránsito: Teatro callejero y comunitario en Chile

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A lo largo de su historia el teatro chileno ha tenido la facultad de adecuarse y responder al contexto en que se origina. Así, ante acontecimientos de distinta índole –la represión militar, fenómenos migratorios o una toma universitaria–, han nacido proyectos que hoy en día llevan más de una década de funcionamiento. Es el caso de las compañías teatrales La Patriótico Interesante y Teatro Niño Proletario, dos agrupaciones que han trabajado de cara a una realidad que necesita algo más que ser representada.

«La gran amenaza», de La Patriótico Interesante en la Universidad de Chile, 2018. Créditos: Pablo de la Fuente.

El teatro chileno tiene sus orígenes en las primeras décadas del siglo XX, actividad creativa que hasta ese entonces era territorio de producciones extranjeras. Luego, en los años cuarenta, comienza a tomar un nuevo impulso con el surgimiento del teatro universitario, contexto en que se desarrolla una dramaturgia de carácter costumbrista, con historias que buscan poner en valor lo nacional desde la representación de los sectores populares. 

Pero es a finales de la década del setenta, haciendo frente al apagón cultural generado por la Dictadura, que surge un teatro altamente crítico de la realidad nacional. Este movimiento de resistencia desde el espectáculo teatral comienza a abordar temáticas relacionadas con la contingencia chilena y el proceso histórico que se estaba viviendo. A partir de estos nuevos horizontes creativos y hasta nuestros días, la dramaturgia nacional ha diversificado sus temas y propuestas estéticas, donde nombres como Isidora Aguirre, Juan Radrigán, Egon Wolff o Ramón Griffero; así como el Teatro La Memoria y el colectivo La Troppa –ambas fundadas a finales de los 80–, se han transformado en los pilares fundamentales de nuestra tradición teatral.

Sin embargo, el teatro nacional no solo se ha visto restringido a una sala con butacas y un elenco recibiendo el aplauso del público. Desde hace décadas ha buscado vincularse de una forma directa con el contexto en que se origina, expandiendo su marco de acción hacia la calle. A continuación recogemos dos proyectos teatrales chilenos que, con más de diez años de trayectoria, han puesto al trabajo comunitario y territorial como uno de sus principales objetivos a la hora de elaborar un montaje teatral.

Teatro callejero: La Patriótico Interesante

Es una de las compañías y colectivos artísticos más importantes de nuestro país, que tras 16 años se ha transformado en un referente actual del teatro callejero a nivel nacional. La Patriótico Interesante surgió a partir de la toma universitaria de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, en el año 2002: “En esa ocasión varios de los fundadores éramos estudiantes del Departamento de Teatro de dicha casa de estudios”, nos cuenta Katiuska Valenzuela, productora ejecutiva de la compañía. Liderados por el actor Ignacio Achurra, este grupo inicialmente compuesto por actores y diseñadores teatrales estaba convencido de que el teatro callejero era su trinchera: “Teníamos ganas de hacer teatro popular y callejero, poder llegar a todos los lugares donde no se estaba llegando.”

Nuestros temas son sociales, muy políticos y mostramos nuestra opinión.

En estos años de trayectoria, La Patriótico Interesante ha logrado construir un lenguaje propio, donde el gesto y la música a la hora de narrar son considerados de igual manera que la palabra, siempre con la intención de increpar, movilizar y despertar al público; que jamás el espectáculo les sea indiferente: “Nos caracterizamos por un gran despliegue escénico, donde la visualidad, la imagen, es fundamental en nuestro tipo de teatro, generamos metáforas y desde ahí construimos discurso. Nuestros temas son sociales, muy políticos y mostramos nuestra opinión. Los temas que tratamos son los que nos movilizan a cada uno de nosotros y eso lo llevamos a escena.”

Actualmente, esta compañía se encuentra trabajando en la promoción de un seminario teórico-práctico llamado De la idea a la calle, que se realizará los días 18, 19, 25 y 26 de agosto en Matucana 100. La instancia está dirigida a intérpretes, directores y diseñadores escénicos, con o sin experiencia previa, que deseen conocer y experimentar en la metodología de montaje para teatro callejero.

«La gran amenaza», de La Patriótico Interesante en la Universidad de Chile, 2018. Créditos: Pablo de la Fuente.

Paralelamente, se encuentran trabajando en dos obras. Una para la región del Maule, a realizarse entre septiembre y noviembre próximo, y para fines de este año un remontaje de KADOGO, niño soldado, clásico de La Patriótico Interesante que fue estrenada hace una década y que hoy cuenta con el apoyo del Fondart de Patrimonio Escénico 2018.

Comunidad y territorio: Teatro Niño Proletario

En otra vereda nos encontramos con un proyecto que se originó a finales del año 2005. Se trata de Teatro Niño Proletariouna compañía teatral que se vincula con la comunidad a través de proyectos socioculturales que acompañan y enriquecen el trabajo realizado en las tablas. Fueron Luis Guenel, Sally Campusano, Francisco Medina y Catalina Devia quienes dieron vida a Teatro Niño Proletario, en busca de una instancia creativa que albergara temáticas como el territorio, la memoria, el género, la clase, lo popular y lo identitario.

En sus 13 años de vida, ha llevado a escena las obras Hambre (2005), Temporal (2008), Barrio miseria (2013), Fulgor (2016), siendo esta última la que dio paso al trabajo territorial que luego se volvería uno de los principales ejes de la compañía. Esta labor, a cargo de la socióloga Katharina Eitner, busca construir espacios de encuentro que aporten, desde la cultura, a mejorar la calidad de vida de los habitantes de un territorio determinado. Al respecto, Katharina nos comenta cómo a raíz de la obra Fulgor, la compañía pudo abordar el fenómeno migratorio en nuestro país: “En ese contexto, además de investigar para crear la obra, se nos ocurrió diseñar un taller de español para vecinos haitianos. Todo con el fin de aportar a la barrera idiomática a la que se enfrentan al llegar a Chile. Ese mismo año, también postulamos al programa Red Cultura del CNCA que promueve el desarrollo de proyectos de arte colaborativo en localidades rurales o que están fuera de los circuitos culturales.”

En los años siguientes, en un gesto descentralizador posible gracias a estos fondos, Teatro Niño Proletario construyó junto a los vecinos del Cerro La Cruz un quiosco que buscaba propiciar tardes de juego en el barrio, instancia que no se había vuelto a dar luego del incendio que afectó a esta comunidad. En Pilmaiquén (región de Los Lagos), en tanto, el trabajo consistió en la transformación de la sede social de esta localidad en un museo comunitario con materiales creados por los propios vecinos.

Hoy en día este colectivo parece seguir expandiéndose, pues se encuentra trabajando en una publicación con todo el material pedagógico recopilado del proyecto de talleres en español para vecinos haitianos: “la idea es poder compartir todos los ejercicios y materiales que nos funcionaron estos dos años con otros talleres e iniciativas que estén acogiendo a migrantes haitianos”.

«Fulgor», Teatro Niño Proletario, 2016. Créditos: Juan Francisco González.

 

Autor: María Jesús Blanche (26 Entradas)

Licenciada en Letras Hispánicas y diplomada en Edición. Su amor por el libro como objeto y como una fuente inagotable de experiencias lectoras diversas, han sido una motivación constante para seguir trabajando desde distintos frentes en busca de nuevos amantes de la lectura.


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