Gabriela Mistral en su lengua

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La presencia de Gabriela Mistral se hace cada vez más constante. Desde que pudimos conocer la existencia de su legado, han proliferado libros y más libros que nos la traen de vuelta, con su inmensidad, con su lengua tan única y con su voz cargada de matices y de colores –según su ocupación-, pero siempre intensa.

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Desde siempre la tuvimos en mente. El conocimiento colectivo la reducía, eso sí, a poeta, premio Nobel, madre de todos los niños del mundo. Gracias a los miles de documentos que su casa estadounidense guardó y silenció por años, hoy la conocemos un poco más. Conocemos el mundo en el que vivió, su preocupación casi obsesiva por los más débiles, la lucha intelectual que libró para que las mujeres tuvieran más derechos, su incesante preocupación por la educación, sus labores diplomáticas, etc.

Durante toda su vida, Mistral aboga por una buena educación para los niños

Es a esa mujer, llena de ocupaciones y con mucho que decir, a quien resaltan algunos de los libros que quieren acercar su vida a los niños. Porque no hay que olvidar que lo más importante para Mistral, son los niños. No solo como imagen poética, no solo como el símbolo del juego y la inocencia, sino como el futuro que debemos formar hoy.

“Muchas de las cosas que nosotros necesitamos pueden esperar, los niños no pueden, ahora es el momento, sus huesos están en formación, su sangre también lo está y sus sentidos se están desarrollando, a él nosotros no podemos contestarle mañana, su nombre es hoy”

Durante toda su vida, Gabriela Mistral aboga por una buena educación para los niños, por su derecho a ser educados, su derecho a que les lean, a que les cuenten, a que jueguen. Y es por eso que sus palabras y sus convicciones deben formar parte del aprendizaje de la infancia.

Ilustración de Isabel Hojas para el libro "Gabriela, la poeta viajera"

Ilustración de Isabel Hojas para el libro «Gabriela, la poeta viajera»

Tenemos la suerte de que Gabriela Mistral escribía, escribía y escribía. Cartas, recados, poemas, telegramas. Con todo ese torrente de palabras podemos armar su historia completa, a partir de su propia voz. Para que los niños lean a la mujer real, a aquella que aprendió mirando cerros, leyendo la biblia, enredada en su mata de jazmín.

“Yo tenía un huerto maravilloso, y mi festín del Antiguo Testamento allí tenía lugar.
Había una fantástica mata de jazmín a la entrada del huerto. Adentro yo guardaba los juguetes sucios que eran de mi gusto: huesos de fruta, piedras de forma (para mí) sobrenatural, vidrios de colores, pájaros o culebras muertas. Una vez cerrada la escuela, yo me metía en esa oscuridad de la mata de jazmín, y sacaba mi Historia Bíblica con un aire furtivo de salvajita. Con el cuerpo doblado en siete dobleces, con la cara encima del libro, de cinco a siete de la tarde, parece que no leía más que eso, junto con la Historia de Chile y Geografía del Mundo… Cuentos, no los tuve en libros: éstos me los daba la boca jugosamente contadora de mi gente elquina.”

ForroLucilaSeLlamaGaby.inddLucila se llama Gabriela es un libro biográfico para niños editado en México, a cargo de Sonia Montecino e ilustrado por Luis San Vicente. En él conocemos a Gabriela Mistral en sus distintas facetas, a través de sus palabras y también de otras. México fue la segunda tierra de Mistral. Ahí vivió, trabajó, transformó la educación por expresa petición de José Vasconcelos, el ministro de educación. Este libro mexicano habla de la mujer en México y es un homenaje a su gran obra en ese país. En clave de infancia, mantiene la voz de Mistral; esa voz que no infantilizaba, que no subestimaba a los niños, que no usaba diminutivos.

1409853666Gabriela la poeta viajera, nos cuenta, en clave narrativa, la vida de Mistral. Este libro, ilustrado magistralmente por Isabel Hojas, contiene la lengua mistraliana en sus líneas y en sus colores, a ratos oscuros, otras veces luminosos, al igual que la poeta.
La historia, escrita por Alejandra Toro, nos lleva por el viaje que fue la vida de Gabriela, desde esa infancia elquina, silenciosa, pasando por su México querido, su amor por Yin-Yin y su inminente locura al saberlo muerto, hasta llegar a ese barco que la transportará a Suecia, a recibir el Premio Nobel; a ser la primera mujer latinoamericana –el primer autor latinoamericano- en recibir ese premio.

A Gabriela Mistral hay que conocerla en su magnitud, en su inmensidad poética y en su intensidad política. Cada uno de sus textos iluminan hasta hoy –y por mucho tiempo más- el pensamiento sobre temas que aún no se resuelven. Ella, durante la primera mitad del siglo XX, ya se preguntaba –y respondía- sobre el conflicto en territorios mapuche, sobre la reforma agraria, sobre la educación gratuita y de calidad, sobre el cuidado del medioambiente.

Su lengua debe estar presente desde la formación inicial de los niños, no solo en forma de poemas, sino que como educación cívica, esa educación tan esquiva pero tan necesaria hoy, en 2015.

Autor: Carolina Ojeda (13 Entradas)

Estudió literatura y pedagogía en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Máster en Libros y Literatura para niños y jóvenes en la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente se desempeña como directora del Centro Troquel. Mantiene el blog personal: pensandolalij.com


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