Guy Delisle, dibujante portátil

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Como dibujante y animador —además de esposo de una integrante de Médicos Sin Fronteras—, el canadiense Guy Delisle ha viajado por países bajo dictaduras militares, sistemas totalitarios o en clima constante de guerra. Así surgieron las novelas gráficas Crónicas birmanas, Pyongyang y Crónicas de Jerusalén. La forma de Delisle de registrar estos lugares es bajo una mirada muy personal, que nunca pierde el sentido del humor.

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Guy Delisle (Cánada, 1966) estuvo el año 2003 en Corea del Norte, en la ciudad de Pyongyang, como supervisor de dibujos animados que serían transmitidos por la televisión europea. Su experiencia bajo este régimen totalitario, uno de los más cerrados del mundo, la retrató en Pyongyang, considerada por la revista Rolling Stone una de las 50 mejores novelas gráficas de la historia que no son sobre súper héroes. Delisle nos muestra en este cómic, por ejemplo, su perplejidad al tener que llevar, obligatoriamente, flores a la estatua de Kim Il Sung, quien fue jefe de Estado de Corea del Norte desde 1948 hasta su muerte en 1994; todavía llamado “Gran Líder” por los norcoreanos.

En Pyogyang, Delisle —que estuvo en Chile participando en el FILBA— combina hábilmente anécdotas personales con información histórica y política del país. Algo similar había realizado antes en Shenzen (2000), novela gráfica sobre esta ciudad de la República Popular China. Luego lo replicó en Crónicas Birmanas (2008), país gobernado por una dictadura militar desde 1964, y Crónicas de Jerusalén (2011), lugar donde estuvo un año acompañando a su mujer, integrante de Médicos Sin Fronteras, y retrató su vida cotidiana entre el enfrentamiento palestino-israelí.

El último libro de Delisle, la mayoría publicados en español por Astiberri, es Guía del mal padre. “Después de Jerusalen —dice Delisle en esta entrevista— quería hacer algo donde no tuviera que explicar situaciones políticas o geográficas; solo yo y mis hijos. Como estoy en casa y soy un padre con dos hijos, los miro y pienso que las cosas que hacen son divertidas y que debería ponerlas en un cómic. Cuando lo hice y lo subí a mi blog, muchos me comentaron Eso es muy divertido, también me ha pasado a mí. Y así se convirtió en un libro; aunque, como es sólo humor, juego también con la ficción”.

El género en el que se enmarca gran parte de la obra de Delisle es el cómic autobiográfico: relatos de no ficción en primera persona. Algunos de los autores precursores de este género han sido Robert Crumb, autor de Mis problemas con las mujeres (1980), y Art Spiegelman, con Maus (1991). La fama de este género, sin embargo, llegó con Persépolis (2000), de Marjane Satrapi, que incluso alcanzó al cine.

Ilustración de "Guia del mal padre", de Delisle

Ilustración de “Guia del mal padre”

—Has diferenciado tus crónicas de viajes con las crónicas periodísticas. ¿Cuál es la diferencia entre tu mirada y la de un periodista?

Un periodista va a un lugar a buscar noticias; yo no. Solo vivo mi vida y tomo notas. Cuando llego de vuelta a casa leo estas notas y, si hay cosas divertidas, las pongo en un libro. Así que es distinto a lo que hace un periodista. Cuando hago estos libros de viajes tengo la sensación de estar escribiendo una larga postal a mi familia explicándoles lo que viví.

Cuando hago  libros de viajes tengo la sensación de estar escribiendo una  postal a mi familia.

Sí suele haber un aspecto periodístico, porque tengo que dar algunas explicaciones sobre el contexto; la situación en Birmania, Norcorea o Jerusalén. Entonces, hay algunos aspectos del periodismo, pero más que nada soy yo y mis observaciones. Es muy diferente a lo que hace el dibujante y periodista Joe Sacco, por ejemplo. Incluso si estamos en la misma parte del mundo y ocupamos el género autobiográfico, nuestros libros son muy distintos.

—Al contrario de un periodista, además, tu mirada no intenta ser imparcial. Se percibe una crítica a los sistemas totalitarios.

Probablemente, porque voy a estos lugares y los describo. No cuento realmente lo que pienso al respecto. Pero si cruzo un checkpoint en Jerusalén, no es necesario explicar que no es una experiencia muy divertida, sólo tengo que dibujarlo. Dejo que el lector haga su propia idea. Pero, por supuesto, es algo subjetivo. Eso es lo que me gusta del género autobiográfico, el lector sabe de dónde viene la información porque me ve a mí y sabe que ese será el punto de vista de la historia.

—¿Te informas antes de viajar a un lugar? No creo que sea azaroso que llevaras 1984 de Orwelll a Pyongyan, en Norcorea.

Para ese viaje sabía que estaría con un traductor norcoreano y pensaba que debería leer sobre el país antes de ir para así hacerle preguntas al traductor y contrastar sus respuestas con las que había leído. Y fue una buena idea. Decían que Pyognyang estaba mejorando y mejorando; cuando al ver los números te das cuentas que desde los 60 el mercado de Norcorea está empeorando. Eso es interesante. Y cuando estaba leyendo estos libros, siempre mencionaban las semejanzas de Norcorea con 1984 de Orwell, por eso llevé el libro para leerlo allá. Y fue muy interesante, porque realmente sientes las semejanzas.

Me informé, además, porque para un norcoreano puede ser peligroso hablar con sinceridad sobre la situación del país con un extranjero como yo. Estoy seguro de que para ellos es difícil de creer toda la propaganda alrededor del país, porque es bastante obvio que no es verdadero. Deben estar en una situación muy compleja tratando de cooperar con el régimen y al mismo tiempo percibiendo lo falso que es.

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Ilustración de “Pyongyang”

—En tus libros de viajes por lugares bajo severos regímenes siempre está el humor presente. ¿Por qué es el humor importante para tus historias?

Creo que es la única manera que conozco de contar historias. La observación que hago usualmente es sobre cosas un poco extrañas y también divertidas. Y aunque los regímenes son muy serios y totalitarios, la gente vive una vida normal. O trata de vivir una vida normal. Yo trato de absorber las cosas extrañas que llaman mi atención. Religiosas, si estoy en Jerusalén; políticas, si estoy en Pyongyang. Hechos como dejar flores en los pies de una gran estatua en Pyonyang para dar mis respetos a su querido líder.

Aunque para la gente de Pyongyang es normal lo que tuve que hacer, no es divertido; pero al contárselo a mis amigos en Francia, sí es bastante divertido. Según los norcoreanos viven en el paraíso de los trabajadores, pero te das cuenta de que no es así al verlo. Es divertido para un lado, pero no para el otro. Para mí la situación es absurda. Y cuando es absurdo, lo dibujo. Y eso para el lector se convierte en algo divertido.

—Has hecho varios viajes y solo algunos se han convertido en cómic book. ¿Qué debe tener un viaje para convertirse en cómic?

Tengo que quedarme un largo tiempo en un país. Estuve, por ejemplo, un mes y medio en Vietnam y al regresar me di cuenta de que lo pasé bien y eso fue todo. No tuve tiempo para conocer el país y a la gente. Necesito más para hacer un libro. Un año en Jerusalén es tiempo suficiente para tener historias para contar.

Para hacer un libro de viajes tengo quedarme un largo tiempo en un país

En cada viaje tomo notas al final del día. Hay muchas notas comunes y aburridas sobre alguien que me va a visitar o alguien con quien almorcé. Es cuando las leo después, a mi regreso, cuando evalúo si es interesante o no, y si vale la pena estar en un libro. Aunque tomo fotos y voy a ellas cuando necesito algo especial, trabajo bastante con mi memoria.

Y temo ser aburrido, así que siempre pienso ¿es esto suficientemente interesante? Jerusalén es un año. Al leerlo tienes la sensación de que en el año pasaron muchas cosas, pero eso es porque es una concentración de cosas.

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Religiosos en “Crónicas de Jerusalén”

—Hoy se publican muchos cómics autobiográficos, ¿cuáles son los que a ti te gustan?

Me gustan los que generan complicidad con el lector, que permiten al lector acompañar al narrador. Es como una conversación con alguien. Algunos hablan mucho, otros hablan muy poco. El resultado tiene que ser un bien intercambio. Para mí así es un buen libro. No me gustan los cómics que son muy turísticos y dicen cosas familiares, que ya has leído antes.

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