Ismael Rivera, editor de Oxímoron: «El teatro chileno es muy político y eso sorprende afuera»

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Durante las décadas de los sesenta y setenta se publicó bastante teatro. Sin embargo, eso cambió con el paso de los años. En la actualidad se ha abierto un nuevo panorama para la edición de dramaturgia con editoriales como Sangría, Punto de giro y Oxímoron. En este último sello se encuentra la colección Escena con dos obras: Liceo de niñas (2016) de Nona Fernández y La trágica agonía de un pájaro azul (2017) de Carla Zúñiga. Conversamos con su editor, Ismael Rivera, quien nos contó sobre ambas obras, cómo ha sido profundizar en este nicho y cuáles son las proyecciones en la publicación de obras de teatro. La entrevista realizada por nuestro colaborador, David Agurto, a continuación.

Ismael Rivera. Créditos: Juan Morel R.

—¿Por qué publicar teatro en un medio donde se lee poco teatro?
—Justamente por eso. Hay varias aristas que van influyendo. Una es ver que se estaba publicando poco y mal. Veíamos que había poco cariño en las ediciones teatrales actuales, que el teatro no se venía publicando sistemáticamente desde los años sesenta, setenta, salvo ya, entrado a los noventa hubo unos intentos de publicar teatro, pero no habían durado mucho y esas ediciones no las veíamos muy cuidadas. En cambio, cuando leía dramaturgia –que siempre me ha gustado–, me acuerdo de las ediciones que veía de Juan Radrigán, de Egon Wolff, casi todas editadas por RIL, y ahí uno veía que había un cariño en esas publicaciones. Solían ser ediciones antiguas en las que existía un respeto por el teatro y sobre todo por la dramaturgia dentro de la escena teatral. Y qué nos estaba pasando, sentíamos que se estaban haciendo obras muy buenas en este momento y el miedo que teníamos era que esas obras se perdieran en el tiempo por no estar publicadas. Hay obras que tienen una temporada, dos, hasta tres temporadas, pero si ese texto no es publicado y no fuiste a ver la obra, volver a ese texto, a esa dramaturgia es muy difícil. Lo sentimos como una obligación para poder darle una vida útil más larga a esas obras de las que esa compañía que las monta por primera vez le puede dar o tenga el interés de darle. Al estar el texto publicado se logra darle otra vida, otros montajes tal vez, por otras compañías, y a lo largo del tiempo también.

Lo sentimos como una obligación para poder darle una vida útil más larga a esas obras.

—¿Cómo ha sido la recepción de los lectores de este nicho que aún es pequeño?
—Sí es pequeño y, de hecho, ese era el miedo cuando abrimos la colección. Por eso también nos demoramos en sacar esta colección, porque no sabíamos muy bien cómo iba a funcionar, era una apuesta, absolutamente. Todos con los que comentábamos esta idea de publicar dramaturgia, era como “pero loco, nadie publica dramaturgia porque la dramaturgia no vende”. Y no, fue toda una sorpresa ver que tanto Liceo de niñas (2016) como La trágica agonía de un pájaro azul (2017) han tenido súper buena recepción, hemos tenido buenas ventas para lo que es nuestra realidad como editorial independiente. Y no solo acá, afuera también, en Colombia, en México, en Argentina ha tenido muy, muy buena recepción la colección de dramaturgia. Creo que tiene ver con que el teatro chileno es muy político y eso sorprende afuera. Desde ahí ha habido una buena recepción y ha sido bastante gratificante para nosotros, para la colección en sí y para las autoras que hemos publicado.

Juan Radrigán junto a los protagonistas de “Hechos consumados”,1981. Créditos: Memoriachilena.cl

—Esta colección tiene dos títulos, ambos escritos por mujeres. ¿Hay una ideología política en esa decisión?
—Hay un gesto político detrás que se dio más por casualidad que por otra cosa. Estábamos buscando buenos textos que publicar en dramaturgia, no sabíamos bien qué. Luego se dio la posibilidad de que vi Liceo de niñas y con ese texto quisimos partir. Después, con la Carla Zúñiga se dio por proximidades varias; de hecho queríamos partir con ella, pero tenía compromisos con otra editorial, por ende no pudimos partir con su obra. Y ahí fue que surgió Nona Fernández, inesperadamente. Con ella comenzamos y luego con Carla. En realidad se dio de forma más orgánica esto de publicar a mujeres. Creímos que eran las dos mejores obras que año a año se habían hecho. 2015, mejor obra para nosotros, sin duda Liceo de niñas, y 2016, El pájaro azul.

Se dio más por casualidad que por algo pensado, lo cual resultó algo lindo porque quiere decir que las chicas están escribiendo muy bien y, por lo visto, mejor que los hombres. Y eso sí le hace justicia desde la acción, no desde lo pensado, desde la maquinación. Le hace justicia a esto de que en la antología Un siglo de dramaturgia chilena hayan nombrado solo doce mujeres. Por eso, como dice Borges, hay casualidades y causalidades. En este caso ha sido un poco una causalidad, pero nosotros creando nuestros propios precedentes. No fue pensado, se dio así, felizmente.

—Ambas obras comparten temas. La muerte, el silencio, el abandono…
—Sí, justamente respecto a la muerte siempre ha sido un tema que se calla, se evita, se silencia sistemáticamente, sobre todo la muerte por cuestiones políticas, como fue durante la dictadura. Esta temática la aborda la Nona Fernández, por ejemplo, con Fuenzalida, este personaje que no habla, que es mudo. Lo hace, en el fondo, porque no quiere replicar el horror que ya vivió, no es capaz de contar las torturas que sufrió cuando fue detenida. Y en el caso de La niña horrible es más la opresión social que se vive, que lleva la muerte, o que quiere evitar la muerte a toda costa, que prefieren que la gente siga viva antes que morir porque ya no son felices. Entonces se ve cómo el silencio opera sobre estas muertes, estas distintas muertes, como una forma de esquivar ese tema. Y creo que ahí justamente está esa temática política por la que optan Carla y Nona. Cómo abordar el trato a la mujer, su constante silenciamiento y rebelarse ante eso es lo que hacen mediante sus obras. Tanto la protagonista de Carla que al final opta por el suicidio y no hay quien lo logre evitar, como el personaje Fuenzalida, que termina hablando igual y diciéndole a las chiquillas todo lo que le había pasado.

—Nona Fernández y Carla Zúñiga, ambas con una vasta trayectoria en el mundo del teatro. ¿Cómo fue trabajar con ellas?
—Fue aprender de ellas y dialogar harto. Yo les iba contando un poco las ideas que a mí se me habían ocurrido de cómo pasar una obra de teatro que en el fondo está pensada para ser representada; por qué llevarla a un libro y cómo llevarla. Y desde ahí siempre conversamos harto y coincidimos mucho en que lo principal era el trabajo respetuoso, que el libro quedara lindo. Desde ahí también ellas me enseñaron mucho el respetar las estructuras de las obras en ciertas cosas. Como editor, yo no me meto con el contenido, sobre todo porque trabajo con obras ya montadas, entonces la idea es que sea lo más fiel a esa obra ya montada. Y por suerte las dos son medias obsesivas con eso y les gusta que sus textos sean dichos tal cual en escena, así que también fue súper fluido el trabajo. Pero fue de aprender, escuchar y disfrutar con el proceso. Grato, muy grato trabajar con las dos, gente linda.

“Liceo de niñas”, dirección de Marcelo Leonart y dramaturgia de Nona Fernández, 2015. Créditos: Uchile.cl

—En los libros integras algunas fotografías de las puestas en escena. ¿Es por esta fidelidad a la obra?
—Sí, se da desde ahí absolutamente. Pero también como una forma de mostrarles a quien le llega ese texto –si es que no pudo ver la obra–, cuál fue el primer acercamiento que tuvo en su dirección original, cuál fue la aproximación estética que tuvo ese director al momento de montarla, que vea un poco eso, que se dé cuenta de eso, para incluso si es que él quiere hacer algo radicalmente distinto, de todas formas sepa distinto a qué lo va a hacer, en caso de que un lector decida montarlo. Y también como un homenaje a todos quienes trabajan en el momento de una obra. Por eso tenemos la página con los créditos de hasta los técnicos que formaron parte…

—De hecho las portadas son los afiches de las obras.
—En el caso de La trágica agonía sí. En el caso de Liceo de niñas tomamos un elemento que aparece en la obra que es este cuadro, este póster de Yuri Gagarin y lo transformamos en la portada, porque el afiche era el elenco, una foto del elenco que actuaba, con una tipografía. Pero sí, en el caso de la Carla es el afiche de la obra.

—Quisiera retomar una idea que mencionaste sobre la edición teatral bien cuidada. ¿Cómo ves el panorama actual en la edición de teatro y qué proyecciones observas?
—Hay más editoriales que están publicando teatro y también lo hacen de muy buena forma como Punto de giro, que está publicando dramaturgas y dramaturgos; Sangría que también tiene una muy interesante colección de teatro y ahora la está ampliando hacia el guión, guiones de película. Yo creo que bien. En realidad, mientras el teatro chileno esté siendo bueno, la edición teatral también tiene su forma de crecer, claramente por cantidad de obras que van habiendo.

Nuestro catálogo se va ir ampliando, ya tenemos dos libros para este año, que pretendemos que salgan a finales de octubre. Es El Dylan de Bosco Cayo y Pompeya de Gerardo Oettinger. Dos obrazas, y que además coincidió que ambas tratan temáticas de violencia de género desde la homofobia: El Dylan habla del caso de La Dylan –como le decían en La Ligua–, que la mataron por ser travesti, y Pompeya habla de la precariedad a la que se ven expuestas las trabajadoras sexuales travestis y trans en la calle. Buenas obras que se vienen, muy interesantes.

—¿Qué otros autores están en la mirada de Oxímoron, traducciones o rescates?
—Dramaturgos que tenemos en vista, un sueño sería para mí siempre poder publicar a Ramón Griffero. Sería genial porque es uno de los dramaturgos que más me gusta de Chile. A Juan Radrigán ya no lo pude publicar, por el momento. Isidora Stevenson es una dramaturga que hay que tener en el radar, Pablo Manzi… hay hartos autores los cuales ir mirando, Marcelo Leonart, son varios. Y hay que ir a ver obras no más, eso es lo que hay que ir haciendo, no dejar de ir a ver obras, porque ahí uno va viendo qué textos lo dejan knock out.

“La trágica agonía de un pájaro azul”, dirección de Javier Casanga y dramaturgia de Carla Zúñiga, 2017. Créditos: Revistahiedra.cl

 

Autor: David Agurto (5 Entradas)

Licenciado en Letras (PUC), profesor (UAHC) y magíster en Edición (UDP). Escribió el, aún inédito, libro de poemas Raptada y actualmente escribe su segundo libro de poesía y su primer disco de rap. Ha trabajado como profesor de lenguaje y actualmente se desempeña en el área de Proyectos Sociales de Fundación La Fuente.


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