La increíble librería es una librería increíble

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Al término de su participación en la Feria del Libro de Oaxaca, la escritora Sara Bertrand pasó unos días en la casa de la editora Selva Hernández y del diseñador Alejandro Magallanes, en Ciudad de México. En medio de paseos por colonia Roma, cafés y conversaciones con Greta, la menor del grupo, tuvo acceso exclusivo a La increíble librería: un espacio recién inaugurado, en el que Selva y Alejandro han volcado todas sus obsesiones por los libros y por el fantástico mundo gráfico que han creado entre ambos.

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La increíble librería en Colonia Roma, Ciudad de México. Crédito: Claudio Aravena

No hablo mexicano. Greta me lo deja claro cada vez que una palabra mexicana se cuela en mi conversación. No se dice padrísimo, me regaña, se dice padre. No es que quiera imitarlos, es que después de una semana en México es inevitable que se me vaya pegando el tono cansado, esa elongación de frases, su acentuación también. ¿Quieres ser mi cuate? Greta me mira con desaprobación. Hay muchas palabras que no se pueden decir delante de los niños, me explica,y tendré que pagarle veinte pesos, como lo hace su madre, cada vez que se me escape un pinche, güey o cabrón, mi repertorio preferido. Entiendo que son groserías y, como me gusta conjugarlas, dudo que llegue a hablar mexicano delante de los niños. Greta, en cambio, tiene fe y me corrige. Me explica qué palabras sí y cuáles no, aunque ella misma no tenga claro por qué no puede decir algunas, como tipo, por ejemplo. ¿Tipo?, le pregunto. Sí, tipo.

Pierdo la vista en los paseantes de colonia la Roma de ese lunes festivo –se celebra el aniversario de la revolución mexicana de 1910– con tanto tipo caminando por la calle, tan poco automóvil, un día tan inusual en D.F. Vamos camino a La increíble librería, recién inaugurada por su madre y el artista, poeta y diseñador, Alejandro Magallanes. Greta me cuenta que cuando sea grande será librera como ella, como su abuela, como casi todas las mujeres de su familia. Greta es hija de Selva Hernández, editora de Acapulco, diseñadora, librera, coleccionista de cachureos y baratijas compradas en ferias de viejos por casi todo el mundo, y, sobre todo, amante de los libros. Cuesta encontrar algún familiar que no participe de este vicio en el clan Hernández, por lo mismo, le pregunto si tuvo posibilidades de escoger su oficio, quizás Selva no sería dueña de La increíble librería si hubiese podido elegir. La respuesta es un rotundo no.

Alejandro Magallanes y Selva hernadez

Alejandro Magallanes y Selva Hernández, fundadores de La increíble librería. 

Dice que los libros le atrajeron desde que tiene memoria: recuerda jugar entre rumas, escondida entre cajas, ordenándolos por colores (su obsesión), allá en los años en que coleccionaba manzanas y hongos, porque Selva era Alicia, o quería serlo, que para el caso de una niña sumergida entre libros viene a ser lo mismo. Así fue como A través del espejo, la librería de su mamá, se llamó como se llamó. La historia es linda: su madre quería aparecer en las primeras páginas del directorio y buscaba un nombre con A, por entonces, Selva literalmente miraba a través del espejo, pues era adicta a los exlibris y recorría librerías de viejos, de usados, de donde fuera que hubiese libros por montones, buscando en sus primeras páginas esa marca personal: la firma del dueño. Volvía empolvada y con un botín de varias decenas de libros a los que pasaba cuidadosamente vapor y un trapo húmedo para arrancar los sellos. Independiente del título, sin importar el autor, concentrándose en ese único nombre. Así fue como le sugirió a su madre que la llamara A través del espejo sin saber que años más tarde heredaría ese espacio, con la bodega de ejemplares raros y curiosos incluida. Libros que su madre envolvió cuidadosamente y guardó en un librero que fue zozobrando bajo el peso: cantidad de ejemplares de primeras ediciones, firmados por autores tan raros y curiosos como sus libros y que entendió que no vendería por ningún motivo. Hoy, esa bodega forma parte de La increíble librería, pues cada vez que Selva se topa con algo increíble, lo toma cuidadosamente y se lo lleva a la nueva ubicada en el corazón de la Roma: Jalapa casi esquina Guanajuato.

Le pido que defina qué es increíble para ella, Selva ríe. Increíble puede ser desde una colección de soldaditos de plomo comprados ya no recuerda cuándo; o su colección de timbres (que fueron los primeros en venderse); figuritas de porcelana (yo me llevé una de La dama y el perrito, aunque a Selva le gusta pensar que es una réplica de la mamá de Ale, como le dice cariñosamente a Magallanes) y que envasaron con Alejandro preguntándose con curiosidad quién iría a comprarla. Las vueltas de la vida: esos objetos hicieron furor los primeros días de la librería. También son increíbles las primeras ediciones de libros emblemáticos o curiosidades como un ejemplar de Medicina y médicos ilustrado por Honoré Daumier y firmado por él.

Libreria A través del espejo

La librería “A través del espejo” está ubicada en Álvaro Obregón, n°118A, Colonia Roma norte, Ciudad de México. Crédito: MODO.

Para entenderlo de una vez: no se llega a ser increíble del día a la mañana. La pareja formada por Selva y Alejandro poco a poco y sin proponérselo, fueron tiñendo sus espacios –casa, librería, editorial y estudios– de sus obsesiones: arte, diseño y letras. Una pulsión que los enamoró, en primera instancia y que años después los llevó, como extensión natural, a reunir más libros de los que puede guardar una casa. Solo el fondo de Selva tiene algo más de ciento cincuenta mil. No es tan fácil determinar qué viene de cada quién: ambos resultan fascinantes, atractivos, increíbles como este espacio pequeño y acogedor con dos enormes mesones en medio donde se puede dibujar o leer, mirar libros o timbrar papeles, tomar café o comer tortas mexicanas, garabatear líneas o jugar a las muñecas, recortar papeles y recibir visitas ilustres. Porque desde que abrió La increíble librería no solo ha vendido miles de pesos diarios, sino que se han vuelto parada obligada de ilustradores, escritores, músicos, poetas y libreros que vienen a disfrutar del resultado –el resumen, podríamos decir– de estos dos monstruos mexicanos que un buen día decidieron compartir no solo su historia sino su estética, su forma de entender el mundo; de quererlo también. Porque en La increíble librería hay mucho cariño.

Diseños de Selva

El trabajo de Selva Hernández como diseñadora editorial se puede visitar en www.selvahernandez.mx/portfolio/diseno/

Greta me cuenta que su abuela murió siendo niña. ¿Cómo así?, le pregunto. Seguimos caminando entre edificios de arquitectura moderna y francesa. Pienso que si me viniera a vivir a México, como todo buen artista que valore su oficio debiera hacer, digo: irse, de preferencia a otro país en el que sienta a carne viva el extrañamiento; viviría en la Roma. Un pequeño paréntesis: la Roma se llama oficialmente Colonia Roma, sin artículo, el artículo se lo puso la gente de a pie (es lindo ese La). En fin. El punto que trata de explicar Greta es que su abuela no dejó nunca de jugar. Por esa razón nos encaramamos en el borde de la fuente, como lo hacía años atrás con ella, y haciendo equilibrio y malabares, le damos la vuelta. Viviría en la Roma o en la Condesa, un barrio hípster, pero igualmente lleno de bares, librerías, plazas y esa arquitectura modernista que recuerda a Le Corbusier y no sé por qué, siento tan familiar, aunque no hable mexicano. Supongo que terminaría acostumbrándome a no decir groserías delante de los niños y nadie me llamaría güerita, sino Sara o, sencillamente, la chilena que vive en Jalapa. Mientras tanto, juego a ser niña como la abuela de Greta y revuelvo los miles de cachureos y antiguallas que están exhibidas en la librería increíble que plantaron Selva y Alejandro, a la que entramos como intrusos porque es feriado en México y mantenemos la cortina caída cuando Selva prepara café y ofrece chocolates y siento que muero un poco en ese espacio devoto con un arcoíris de libros al fondo que recuerda que Selva, aunque no lo sepa Greta, también sigue siendo niña.

 

Autor: Sara Bertrand (5 Entradas)

Estudió Historia y Periodismo en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha trabajado en diferentes medios de comunicación escrita y además ha participado en la investigación de libros de historia. Combina la escritura de libros infantiles y juveniles con su trabajo periodístico.


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