La reinvención del libro

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Este mes lo hemos dedicado al libro digital. Una nueva tecnología que inevitablemente ha llevado al clásico libro impreso a demostrar su valor. Valor que queda claro en Naranja Librería, una tienda donde es posible encontrar delicadas piezas experimentales, con pensadas decisiones sobre texturas del papel, encuadernación y diseño. En palabras de Javiera Barrientos, del blog Notas de Arte: “Si vamos a matar un árbol, que sea por un libro bello”. El papel, descubrimos en este reportaje, todavía tiene mucho que decir a los lectores.

Naranja Librería

Naranja Librería

En los últimos años, mientras los formatos digitales se abren paso y comienzan a explorar potenciales nuevas posibilidades, el libro como objeto ha cobrado nueva fuerza en nuestro país, con una mirada que no sólo busca potenciar sus características, reforzando el cuidado de cada edición, sino que propone nuevas miradas, rediseñando el formato, jugando un poco con sus coordenadas clásicas, permitiendo experiencias nuevas para el lector, pero siempre conservando su esencia.

Es así como hemos visto el florecer de diversas editoriales independientes, de ediciones cuidadas y hechas a pulso, incluso algunas realizadas de forma artesanal, aportando dedicación e ingenio. En paralelo, los espacios para encontrar estos libros son aun reducidos y se reservan a verdaderos fieles amantes de la literatura y el libro, aunque poco a poco van ganando adeptos y seguidores.

"Gold & Silver", libro disponible en Naranja Librería

“Gold & Silver”, libro disponible en Naranja Librería

Uno de estos espacios es Naranja Librería, una librería online especializada en títulos visuales de arte y diseño, con libros innovadores, coleccionables, que juegan con las texturas, imágenes y que invitan a vivir una experiencia estética. Muchas de las ediciones más cuidadas que podemos encontrar aquí no vieron la luz en Chile, sino que han sido seleccionadas de distintos lugares del mundo por el ojo experto de una dupla de fotógrafo y arquitecto, Sebastián Barrante y Sebastián Arancibia. Si bien la tienda funciona vía web, cuentan con un acogedor showroom previa cita que permite ver, tocar y soñar con adoptar los libros que allí se exhiben.

Dentro de la variedad de títulos y sellos, una de las editoriales más destacadas es la recientemente desaparecida Cosac Naify, con ediciones tan preciosistas como Bartleby, o escrivao de Melville  —donde cada página para ser leída debe ser descosida, como si fuera poco a poco desvistiéndose para revelar la historia— y Formigas que es una broma poética realizada por el poeta Mário Alez Rosa y la ilustradora Lílian Teixeira, donde el poema cobra vida por medio de una siempre disciplinada fila de hormigas.

Lo que impresiona al visitar este espacio es encontrarse con nuevos formatos, nuevas formas de pensar el libro. Es el caso de delicadezas como 9 Breves Poemas Japoneses, editado por La Dïeresis, y que reúne  autores como Kobashi Issa, Miura Chora, Tai Taigi, Masaoka Shiki, Matsuo Basho, y Ueshima Onitsura, entre otros, en una pequeña caja de madera con esta selección de 9 bolsas de té, donde cada una de las bolsas contiene un haikú de unos de estos autores nipones tradicionales. O  Mapa de bolsillo de una Ballena, de Javiera Pintocanales, artista chilena que en colaboración con la encuadernadora Helene Genvrin crean piezas cuadrangulares llamadas furishiki, usadas en Japón para transportar todo tipo de objetos, independiente de su tamaño o peso, y que bajo ese concepto proponen un mapa desplegable de una colosal ballena, añadiendo información en cada pliegue, reinventado un nuevo ejercicio de lectura a través del constante descubrimiento.

Muchos libros que tenemos en Naranja Librería piden la experimentación. Es necesario que las personas los puedan ver y tocar

Sebastián Barrante cuenta que si bien Naranja Librería partió como un fanpage en Facebook, pronto se creó la necesidad de contar con una página web capaz de hacer ventas, y que no solo funcionará como un catálogo, y luego una librería: “Decidimos hacer este espacio porque nos dimos cuenta que era necesario para muchos libros que las personas los pudieran ver, tocar, vivenciarlos y experimentarlos. Esa es la idea con muchos libros que tenemos acá: piden la experimentación”. Cada libro en esta pequeña sala da cuenta de una edición pensada y planificada, sin dejar nada al azar. La propuesta curatorial de Naranja da cuenta de los intereses de sus creadores, aunque dejan espacio también a la posibilidad de encargos de libros raros y escasos, disponibles en otros mercados.

Librería Naranja conjuga las herramientas del mundo digital de hoy y la riqueza tradicional del libro impreso, posibilitando que los potenciales lectores tengan el libro en sus manos y estos sean adoptados y atesorados. Los libros en papel son una promesa que implica un compromiso en tiempo y espacio. Leer un libro de papel significa que nos tomaremos un tiempo de nuestra vida a concentrarnos en esas páginas, que nos situaremos en un lugar donde podamos hacerlo con la mayor tranquilidad y que esa concentración dedicada nos vinculará a ese texto pero también a ese objeto. El libro ocupa un espacio físico, nos pesa, por lo que su presencia es rotunda. No podemos olvidar que está allí y en su silencio  sobre el velador o la mesita del living nos reclama atención.

Retomando tradiciones

En estos últimos cinco años han nacido variadas editoriales que poco a poco han cobrado fuerza en el medio. Si bien el mercado ofrece una competencia intensa y con grandes conglomerados internaciones, han comprendido que uniéndose logran una presencia mayor. Así se gestan por ejemplo la Cooperativa de Editores de la Furia (CEF) donde distintas editoriales aúnan esfuerzos a fin de colectivizar la organización y tener mayor fuerza y presencia en la escena nacional.  Asimismo, y bajo la misma premisa, nacen distribuidoras de estos mismos sellos como La Komuna, que se encargan de que esos libros, entre otros, lleguen hasta los lectores. El éxito de la Furia del libro, feria donde se reúnen más de 150 editoriales independientes, da cuenta de este suceso y del la diversidad del panorama. Dentro de esas editoriales está Victorino Lainez, que se gesta con la idea de rescatar un oficio tipográfico y de trabajo artesanal de la manufacturación de libros, y cuyo nombre homenajea a la antigua Sociedad Tipográfica de Santiago, creada por el tipógrafo peruano del mismo nombre y nacida en 1853, como una de las primeras asociaciones mutualistas de Sudamérica.

Victorino Lainez es una editorial heredera del amor por la tipografía tradicional y que se ha hecho conocida por el rescate de un libro de Nicomedes Guzmán inédito, Croquis del corazón, que ha sido reeditado siguiendo las mismas técnicas usadas en su primera edición, donde sólo fue contemplado un ejemplar, como regalo romántico del autor a su entonces novia, y con manufactura a mano del mismo Nicomedes. Darío Octay fue el seudónimo usado por el autor entonces, quien no solo escribió este libro, sino que lo diseñó y lo encuadernó, obra que ahora es reproducida por esta pequeña editorial en Providencia que se ha preocupado de cada detalle, reproduciendo el trabajo realizado por el escritor santiaguino en la tipografía usada y en la paleta de colores. Romina Rubulotta, diseñadora de la editorial, señala: “El Croquis no está solo abarcado desde la literatura, sino que tiene un contexto general donde el autor propone una línea, donde ninguna decisión es al azar”. El margen que el autor deja para su encuadernación, los filetes y el uso de los colores negro, gris y verde, cuando sólo tenía 17 años, dan cuenta de la mirada y de un criterio editorial. El esfuerzo de Victorino Lainez reproduce una obra patrimonial bajo una mirada meticulosa donde cada pliegue, cada corte, cada sello y tipografía es un trabajo artesanal.

El libro como experiencia estética

Hace algunos años que desde el mundo de los libros —librerías, editoras, apocalípticos arraigados a la vieja usanza— se temía el advenimiento del mundo digital, como si su llegada significara el fin del libro en papel. No fue así. La que sobrevino es una revolución que poco a poco va tomando forma y que aun va descubriendo sus caminos, las posibilidades que se pueden explorar y que aún son insospechadas. La reacción sobredimensionanda que muchos vivieron ante esta llegada reproduce en menos escala y con menos dramatismo lo que sucedió cuando la misma imprenta fue creada. “A la imprenta se le llamaba el arte del demonio —nos relata Javiera Barrientos,  creadora de Notas de Arte y co-fundadora y editora del Centro de Estudios de Cosas Lindas e Inútiles (CECLI)— y hay muchos tratados de la época, sobre todo de teólogos y eruditos monásticos, que hablaban de la imprenta como el arte del demonio pues hay una reproducción donde se eliminaba el aura del libro, la palabra divina con los manuscritos medievales y todo lo que eso conllevaba, eliminando el mediador”.

El escenario actual chileno, con nuevas editoriales que tienen un especial cuidado por hacer libros bellos y redescubrir el formato y sus posibilidades, es una reacción natural ante el advenimiento de la llegada de los libros digitales. Como si la historia en sus constantes golpes hegelianos nos presentara ruidos, momentos de quiebre que sólo permiten la renovación, el surgimiento o resurgimiento de nuevos movimientos que en este caso rescatan al libro  en su esencialidad, como espacio de descubrimiento y experiencia estética. Acción como reacción.

Hand Press Printing en St. Bride from Notas de Arte on Vimeo.

“El mundo digital cambia la forma en que los libros son leídos —dice Barrientos—. Pues los libros se producen y tienen relación con las tecnologías del momento. Lo que veo que se está haciendo ahora es que se están recuperando todas las tecnologías análogas, así como el movimiento Arts & Crafts lo hizo en su momento en reacción a la industrialización, recuperando las artes manuales. Es un movimiento doble y que va 100% de la mano. Y hoy en día hay un montón de artistas que trabajan con libros muy cuidados y hechos a manos, pero que incorporan tecnologías y que de un código QR impreso al escanearlo te llevan a otro descubrimiento y funcionan con elementos digitales. No se producen como objetos apartes. Hay un espacio híbrido en el que la tecnología análoga y digital están confluyendo”.

Cómo un libro es leído tiene que ver con el objeto libro, con las decisiones que se toman al producirlo; como es el caso de los libros objeto, libros de autor o libros álbum

Al observar la gran mayoría de los libros digitales es fácil percibir cómo estos imitan la forma del libro impreso, emulando el paso de las páginas, apropiándose de algo que ya conocemos.  En ese sentido, el libro digital está en ciernes aún como formato, pues tiene la capacidad de ser replanteado.

La posibilidad de contar con libros digitales permite, por ejemplo,  preparar clases, estudiar, entregar herramientas que antes eran imposibles sin gastar más y más papel en ello. Por supuesto, el leer un pdf nunca será lo mismo que leer un libro impreso pues, dice Barrientos, “cómo un libro es leído tiene que ver con el objeto libro, con las decisiones que se toman al producirlo; como es el caso de los libros objeto, libros de autor o los libros álbum. Si vamos a matar un árbol, que sea por un libro bello”.

Javiera Barrientos en la charla "El libro como obra"

Javiera Barrientos en la charla “El libro como obra”

Y ante este panorama de nuevas editoriales independientes, o editoriales cartoneras con su estilo propio y donde la materialidad está a la vista y es parte evidente de cómo editar, de cómo hacer libros, la experiencia lectora toma nuevos rumbos, o más bien, nuevos aires, aires frescos de innovación y donde muchos amantes y gente vinculada con el libro, lo observa y lo reformula. Muchos de ellos no provienen de Letras sino desde otras áreas, lo que permite que el libro sea visto con una mirada distinta, y termine aportando bajo aristas múltiples, algo que ha beneficiado el escenario actual. Y esto no es tan extraño si se piensa que finalmente, en la mayoría de nuestras escuelas de literatura, la materialidad o el trabajo de edición de un libro no es un tema a tratar y todo se centra en el texto, más allá de cómo es presentado, que sí es parte de la experiencia lectora ineludiblemente. Hace muy pocos años que existen en el país los estudios de postgrado en materia de edición de libros, que han dado sus primeros frutos con egresados que poco a poco van formando parte de una nueva generación de editores, preocupados de la experiencia estética y no sólo del texto.

El libro digital está aún en desarrollo y en constante evolución; al igual que el libro impreso, al que creíamos conocer tan bien, que sigue reinventándose

Y si bien hemos escuchado desde que comenzó la gran revolución digital, que el libro de papel se retraería frente a la invasión de libros digitales a bajo precio, de rápido consumo e infalibles facilidades de distribución, esto no ha sido del todo así. Tal como señalaba el recientemente fallecido Umberto Eco en su columna La bustina di minerva en L’Espresso, “Los soportes modernos parecen atender más a la difusión de la información que a su preservación”. El libro digital está en desarrollo y en constante evolución; al igual que el libro impreso, al que creíamos conocer tan bien, que sigue reinventándose, con nuevos formatos para propiciar nuevas experiencias lectoras en términos de formato, de manufacturación y de concepción del libro como un todo, más allá de las palabras.

El libro es una experiencia estética que no sólo implica entonces leer las historias contenidas en sus páginas, sino leer su papel, sus guardas, su propuesta integral, y vivenciarlo también como un objeto en nuestras manos, poniendo atención en la forma que toma y las decisiones adoptadas en su génesis.  “No me cabe duda —finaliza Javiera Barrientos — que de aquí a algunos años, hasta se pondrá de moda y se volverá hipster, y todos estarán preocupados por la materialidad del libro. ¡Y qué maravilla sería!”

Autor: Astrid Donoso Henríquez (41 Entradas)

Periodista, Técnico Bibliotecario, Diplomada en Fomento a la Literatura Infantil y Juvenil (PUC) y Máster de Literatura Infantil (UAB). Lectora voraz y nada monógama de libros clásicos, contemporáneos, poesía, ensayos y rarezas. Desde el 2012 trabaja en Fundación La Fuente.


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