Las crónicas del principio: Antología de la Crónica Periodística Chilena, 1813-1881

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En su tercera entrega, nuestra colaboradora Milena Vodanovic abre las páginas de una compilación de 48 crónicas, que actúan como un espejo de lo que somos. Una selección de textos de periódicos olvidados —trabajo del historiador Gonzalo Peralta— que hablan de la formación de Chile como nación, que nos muestran lo que hemos avanzado en nuestra conformación social y, también, de nuestras cuentas pendientes.

Ilustración por Mr. Sardinas

Ilustración por Mr. Sardinas

El libro Antología de la Crónica Periodística Chilena, 1813-1881, volumen 1, es un esfuerzo conjunto de Hueders y la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado, que compila, con selección del historiador Gonzalo Peralta, 48 crónicas de los albores del país, cuando Chile iniciaba el camino a su identidad como nación independiente entre sueños de grandeza, pequeñeces intra oligárquicas, incendios, terremotos, traiciones, guerras y expediciones destinadas a instalar definitivamente un territorio aún no domesticado.

La iniciativa, posible gracias al financiamiento del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura (convocatoria 2016) es de por sí relevante, pues pone al alcance de todos un material habitualmente esquivo y disperso, va contribuyendo a construir un corpus bibliográfico de periodismo nacional y, lo más importante, como sucede siempre cuando un buen trabajo de rescate histórico ve la luz oportunamente, ayuda a recordarnos algo obvio pero poco presente en nuestros análisis de la actualidad: que no nacimos ayer y que muchas de nuestras cuitas y lastres como nación no son asunto nuevo, sino que vienen arrastrándose desde los orígenes —con una tendencia a la repetición— que da entre risa y pena y hace pensar en palabras como “destino”, “carácter” o bien “negligencia” o “desidia”.

Ocurre por ejemplo cuando leemos: “Valparaíso ha sido anoche el teatro de una calamidad espantosa, ha recibido una lección terrible, que esperamos no sea olvidada, para adoptar medidas que pongan a esa población, tan aglomerada y formada de materiales tan combustibles, al abrigo de tan terribles acontecimientos para en adelante”. El texto, que bien podría referirse al reciente incendio de 2014, alude al de marzo de 1843, cuando el puerto ardió durante dos días y la dificultad para controlar las llamas obligó a discutir, por primera vez, la necesidad de crear un cuerpo de bomberos.

Bomba a Vapor Germania Valparaíso 1888

Cuerpo de Bomberos de Valparaíso.

Ocurre también con la detallada narración que hace el periódico La Clave del pomposo funeral de desagravio que tuvieron los hermanos Carrera en el Santiago de 1828, diez años después de que fueran fusilados, descuartizados y sus miembros enterrados en el exilio tras ser exhibidos en la plaza pública de Mendoza. Las exequias —encabezadas por “el niño José Miguel”, hijo del prócer, desfiles y cañonazos desde “la fortaleza Santa Lucía”— fueron un gesto tardío de reparación republicana que en el lector contemporáneo hace eco rápidamente con el sepelio público del presidente Salvador Allende al comenzar la transición y los muchos homenajes reivindicatorios que entonces se realizaron a desaparecidos, ejecutados y exonerados políticos.

Y si alguien considera que es hoy cuando la política ha caído en lo más bajo de que se tenga memoria, ahí está la edición extraordinaria de El Verdadero Liberal, de julio de 1829, para desmentirlo. La descripción detallada del álgido incidente entre el literato liberal Pedro Chapuis y los hermanos conservadores Gandarillas, contiene perlas como ésta: “El domingo último encontré a Pedro Chapuis, al salir del teatro, que acababa de dejar en su carruaje a unas señoras a quienes mortifica, y se me antojó divertirme”, cuenta Juan de la Cruz Gandarillas. “Me dirigí a él y, de buenas a primeras, le planté un escupo en el hocico para preparar la fiesta”. Tal cual. Claro que cuatro meses más tarde, se encarga de recordarnos el compilador Peralta, estalló el conflicto armado que llevaría a los conservadores al poder. Así de enturbiados estaban los ánimos.

La historia es cíclica —o quizás espirálica— y el ser humano está gobernado por pulsiones ridículamente constantes. Y aunque esa es una de las conclusiones más inmediatas que se obtienen al navegar por este libro, también hay otras líneas de contacto. Resultan conmovedoras las crónicas que dan cuenta de un Chile naciente, ansioso de conocer su potencial, cabalgando en la certeza de un futuro esplendor: el naturalista Claudio Gay explorando la Araucanía y notificando que en el país podría haber cobre (solo que indica esta posibilidad en Valdivia); Pérez Rosales contándonos quiénes son estos intrépidos alemanes que han llegado a colonizar el sur y garantizándoles una libertad de culto de la que no se sienten tan seguros; Juan Williams Rebolledo clavando la bandera de la joven república en el Estrecho de Magallanes y afirmando que “el clima parece superior al de Chiloé y el terreno mejor y más fértil”.

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Colonos alemanes. Gentileza Fernando Gunckel

Hay otras historias relevantes por la autoría, como el relato de Darwin del terremoto de 1839 en Concepción —“el horrible crujir de la tierra que se abría y cerraba alternativamente en varias partes: los lastimeros alaridos de angustia y desesperación, el calor sofocante, las nubes de polvo”— o el de Benjamín Vicuña Mackenna acerca del dramático incendio de la iglesia de la Compañía, en 1863, en el que murieron calcinadas cerca de dos mil personas, en su mayoría mujeres. Está también la narración pormenorizada que hace José de San Martín de la Batalla de Maipú; el texto completo de la abdicación de O’Higgins, que sorprende por lo breve; y la documentada y directa denuncia que hace José Joaquín Vallejo (Jotabeche), en 1842, sobre las miserables condiciones de vida en el mineral de Chañarcillo: “He visto esta población, no de casas sino de cuevas. He visto un cerro cubierto de agujeros redondos, semejante a un madero horadado por la polilla”.

Hay otros textos sobre la Guerra del Pacífico. También acerca de fiestas, mujeres endemoniadas, crímenes y la inauguración del Parque de Marte, al sur de la Alameda, en que el público se queda con las ganas de ver a una de las atracciones de la jornada, el antropófago José quien, anota el cronista, “ha estado enfermo desde su llegada a Santiago, por falta tal vez de su alimento favorito”.

En suma, se trata de una selección iluminadora. Con todo, la diversidad de miradas, historias y el vaivén propio de una nación en construcción habría podido sentirse con mayor propiedad si la Antología hubiese estado ordenada cronológicamente, y no por temas, como es el caso (Guerras-Catástrofes- Sociedad-Territorio-Política). Resulta algo tedioso leer todas las peripecias bélicas juntas para luego pasar a una seguidilla de terremotos, inundaciones e incendios. Tanto mejor haber estructurado el volumen de un modo en que el lector pudiese percatarse, por ejemplo, de que los colonos alemanes llegaron a Valdivia 13 años antes de que se inaugurara el ferrocarril Santiago-Valparaíso y que están acá mucho antes de que pudiésemos llamar nuestras a Arica o a Antofagasta, ya que llevaban casi tres décadas instalados cuando comenzó la Guerra del Pacífico; o que en los mismos años en que Claudio Gay buscaba bichos, pájaros y yerbas para clasificar nuestro patrimonio natural, el país convulsionaba políticamente entre zancadillas, traiciones y despelotes que incluyeron, entre otras cosas, hechos tan contundentes como el asesinato de Portales.

Son contrastes que dan buena cuenta de cómo se forma una nación. Están en el libro, sí, pero no son evidentes. Y no todos tenemos la historia en la cabeza. Algo corregible, por cierto, en los volúmenes que ojalá se sucedan, con las crónicas de principios y mediados del siglo veinte, material enjundioso que vendrá a fortalecer el mayor mérito de esta compilación: traernos el pasado a la sobremesa.

Cronica Periodistica-Autor

Autor: Milena Vodanovic (4 Entradas)

Periodista y magíster en Gestión de Negocios. Trabajó en las revistas Solidaridad, Apsi y Paula, dirigiendo esta última por 8 años, entre 2007 y 2015. Es docente en el Magíster de Edición UDP y recientemente en la Escuela de Periodismo UAH. En el último tiempo se ha abierto a nuevas formas expresivas, como ceramista y dibujante. En 2016 publicó el libro La Vida a Mano, colorea, borda, estampa (Hueders). Foto: Alejandro Araya


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