Las diatribas de Lina Meruane

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Periodista, editora, escritora y docente en la Universidad de Nueva York. Desde que debutara con Las infantas (Planeta, 1998) ya han pasado casi 20 años de producción literaria, mostrando su lucidez en géneros como el cuento, la novela, la crónica y el ensayo. Traducida a cinco idiomas y premiada con el Sor Juana Inés de la Cruz, Lina Meruane (1970) estuvo como invitada en el Festival Puerto de Ideas en Valparaíso. En esa ciudad “laberíntica y cuesta arriba” -como su misma escritura- dialogamos sobre obsesiones, preguntas y miradas. Una conversación libre que partió con el misterio de las lecturas escolares y terminó con una hipótesis de la situación parental de hoy a raíz de su último libro, Contra los hijos (Tumbona, 2014).

Lina Maruane junto a Enrique Winter en la charla "Escribir a contrapelo"

Lina Maruane junto a Enrique Winter en la charla “Escribir a contrapelo”, durante el Festival Puerto de Ideas de Valparaíso.

Lo misterioso

Cuando muy chica era voluntaria en la biblioteca del colegio. Me acuerdo muy claramente de uno de Yukio Mishima, que se llama El marino que perdió la gracia del mar (1963). No sé si lo entendí bien, pero me fascinó esta cuestión misteriosa, más compleja, más cruel de ese libro. Es un libro que encontré de las manos de la bibliotecaria y que estaba un poco por encima de mi edad.

Los libros de Ercilla

En mi casa había libros, no era una casa con una gran biblioteca, pero mi padre siempre fue un muy buen lector, y mi madre un poco menos, pero también lectora. Estaba la colección roja de Ercilla y yo leí bastante de esos libros de la gran literatura latinoamericana, europea y española.

Un caso ejemplar

De esa colección en literatura chilena me entusiasmó la Bombal, una voz más misteriosa, más oscura. Tengo un recuerdo de haberme interesado en el universo un poco raro de ella. Aunque ahora uno la lee como una escritora más de la burguesía, en su tiempo era una burguesa rara, como Teresa Wilms Montt. Y era difícil que fuera de otra manera porque en qué momento una mujer de la clase media o popular podía emprender el proyecto de la literatura. Un ejemplo excepcional es la Mistral, pero es porque ella tiene un acceso temprano a la educación y luego a la pedagogía como su oficio. Las grandes escritoras de esos años, la Brunet, la Valdivieso, la María Carolina Geel, Elisa Serrana, todas pertenecían a las clases educadas. La Mistral es un caso curioso, ejemplar.

Una relación privada y feliz

Cuando niña viví en Estados Unidos. Mis primeros años de escolarización fueron en una escuela pública en New Jersey. Y cuando llegué a Chile de vuelta tenía 7 años y se me había olvidado el castellano, había perdido la fluidez. Y recuerdo que en esa época yo me refugié en la lectura. Tuve una relación privada y feliz, de acogida con la literatura. Como efecto comencé a escribir unas canciones, poemas, hacíamos performances, fundamos una revista en el colegio.

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Entender poco, disfrutar mucho

Hay un momento en la lectura en donde uno no necesita entender todo porque está disfrutando de ese momento de misterio. El punto es la compañía, el lenguaje y el mundo de ese libro que a uno lo atrapa. No hay que tener miedo de perderse en el libro hasta que de pronto uno encuentra la ruta.

Laberintos

Mis personajes no siempre van por la gran avenida, sino por los recovecos, como perdidos en los laberintos. Tal vez hay algo en la oscuridad de esas primeras lecturas que tiene que ver con la manera en que pienso mi propia literatura.

Hay un momento en la lectura en donde uno no necesita entender todo porque está disfrutando de ese momento de misterio

Mapas

Uno abrió tanto su mapa de lecturas que el sistema de recomendación es muy amplio. Antes uno leía lo que le recomendaba tres personas: la bibliotecaria, la profesora y un par de amigas. Pero cuando una es más vieja y conoce a más gente y ha viajado más, se produce una multiplicación de la lectura. A una la vienen formando tantas literaturas…

Una recomendación

Estoy leyendo un libro que en inglés se llama The heart, pero su traducción al español es Reparar a los vivos, de Maylis de Kerangal. Es una novela sobre la muerte de un chico y el trasplante del corazón. Examina el tema de la vida y la muerte y el cambio muy interesante entre pensar que una persona se muere porque se le muere el corazón a pensar que una persona muere porque se le muere el cerebro, y el corazón sigue funcionando en la muerte cerebral, y cómo ese corazón vivo puede dar vida a otro. Y lo que tiene muy bello esta novela es que cada capítulo va cambiando el punto de vista de un personaje a otro, entonces parte con estos chicos que se van a surfear y tienen este accidente mortal, luego a la cabeza del médico que lo recibe, la enfermera que lo entuba, la madre, el padre, y así. Es una novela coral que se va moviendo de cuerpo a cuerpo y de cabeza a cabeza.

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Las primeras preguntas

Las infantas viene de un espacio de preocupaciones mías con el paso de las niñas a su edad adulta y las instancias de disciplinamiento de las mujeres. Yo nací en dictadura, con la carga propia de sus discursos de lo que era ser una buena mujer, una buena madre, una buena niña. Discursos claramente disciplinarios con corte de género. Pero también tiene que ver con discursos históricos y los lugares de la mujer. Yo soy hija y nieta de mujeres profesionales. En el caso de mi madre todavía era algo excepcional que una mujer fuera médico. Siempre tuve una gran fascinación por ese lugar de libertad que otorga el trabajo y la independencia económica, pero también el gran peso de seguir manteniendo el hogar, siendo la buena esposa y la buena madre. Y eso como carga doble era muy claro en el escenario de la familia. También me interesaba cómo se articulaban esos mensajes en el paso de la infancia a la adolescencia, que no solamente son las posibles elecciones futuras de una mujer, en términos laborales, afectivos o incluso de orientación sexual, sino que también cuáles son los discursos sobre el propio desarrollo de la sexualidad de una mujer. Esta cuestión está explorada en los primeros libros que escribí y así como los escribí también los fui dejando atrás. Cada libro tiene su pregunta y su angustia y una vez que uno exploró ese territorio fui pasando a otras preocupaciones.

Triada

Estos libros que yo escribí antes de irme de Chile -Las infantas, Cercada (Cuarto propio, 2000) y Póstuma (Planeta, 2000)- tienen que ver con ese paso de la infancia a la adolescencia. Cercada ya empieza a pensar esa escena postdictatorial. Es una novela de los hijos, esta generación de jóvenes que son, por un lado, hija de un agente de la DINA, y dos hermanos, por otro lado, que son hijos de un detenido desaparecido. Es lo que les pasa a ellos cuando se encuentran en sus relaciones interpersonales y la herencia de la historia chilena reciente de la que no se pueden escapar.

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La enfermedad

Las novelas que he escrito en Estados Unidos -Fruta podrida (FCE, 2007) y Sangre en el ojo (Mondadori, 2012)- abordan la enfermedad y son dos personajes femeninos que responden la misma pregunta de diferente manera. La pregunta en esos libros es cómo se enfrenta un personaje que tiene una condición física ante los discursos normativos de la salud. Y la respuesta de Fruta podrida sería la resistencia a esos discursos de la salud, mientras que Sangre en el ojo es lo contrario.

El triángulo

Un tercer libro que examina el tema de la enfermedad es Viajes virales (FCE, 2012), un ensayo sobre el sida y la literatura latinoamericana. Hay un triángulo y unos diez años de producción ensayística y literaria que tiene que ver con el problema de la enfermedad. Estar vivos también es estar enfermos, o estar expuestos a la situación que de repente tus órganos no funcionen, o que ocurre algo que interrumpe esta sensación ficcional de que estamos sanos, sobre todo cuando uno es joven y cree que es inmortal.

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Obsesiones

Hay un escritor que murió hace poco y que me fascina. Se llama Oliver Sacks y es un neurobiólogo que dedicó parte de su carrera a relatar casos médicos alucinantes. Casos como un artista que sufrió un accidente y perdió la visión del color y cómo eso afectó su pintura, y pasó de ser un pintor de paisajes a pintar en blanco y negro. O un hombre que tenía cataratas desde la infancia y le remueven el lente a los 40 años cuando su cerebro estaba completamente formado, entonces no es capaz de ver. Técnicamente ve, pero su cerebro no logra entender qué es lo que está percibiendo su ojo. Y es la historia de la gran depresión que sufre este hombre cuando empieza a negarse a abrir los ojos para poder ver con sus manos, que eran sus verdaderos ojos. Esos casos médicos me interesan porque le permiten a este autor hacer observaciones más allá del puro caso. Ese ejercicio me seduce.

Mis recorridos los están marcando mis propios libros, porque una pregunta me ha llevado a la otra

La crónica

Yo fui periodista y entonces tengo una relación bastante fluida y cómoda con la crónica y la verdad es que la había abandonado durante muchos años y me había dedicado en forma exclusiva a la ficción, pero ahora estoy permitiéndole al yo de la realidad estar ahí en el texto. Y ese es el ejercicio de Volverse palestina/Volvernos otros (Random House, 2014), que parte de una experiencia personal, de un viaje, una conversación familiar, una observación de un problema político. Entonces la primera mitad es una crónica, pero la segunda es un yo que se interna en una lectura para entender y complementar esa pura experiencia visceral. Esa doble vertiente de un yo que se instala en la crónica para contar la experiencia y otro yo que se instala en la biblioteca a leer y a investigar me resultaron un espacio atractivo donde podría trabajar desde lo biográfico y lo reflexivo.

La siguiente novela

Foto: Rodrigo Fernández

Foto: Rodrigo Fernández

Mis recorridos los están marcando mis propios libros, porque una pregunta me ha llevado a la otra. Del libro Volverse palestina y sus lecturas en cierto sentido se desprende la novela que estoy escribiendo ahora, pero no tiene nada que ver con lo palestino. Tiene que ver con la situación de la guerra, la situación de la migración. Y esos temas han moldeado la siguiente pregunta de esta novela.

Modelos de libertad

Hay ciertas escrituras que he ido siguiendo con interés, con curiosidad, y sobre todo he estado siguiendo últimamente a las ensayistas. Escribiendo ensayos me di cuenta que eran pocas las ensayistas. Así como hay muchas escritoras de ficción y de poesía en mi género, encontraba que había pocas ensayistas, y las que hay son extraordinarias. He seguido muy devotamente el trabajo de Virginia Woolf y el de Susan Sontag, pero a partir de ahí también escritoras como Simone Weil, como Hannah Arendt. En las primeras dos hay una forma del ensayo que es muy literario, muy libre, que no es el ensayo académico, sino que son textos que están minados de ideas, que uno los pisa y explota una idea, pero no necesariamente hay un argumento cerrado, no necesariamente están todas las respuestas. Al leerlas a ellas el ensayo me pareció un espacio de gran libertad.

 Cada vez que una mujer tiene espacios de liberación, esos espacios duran un determinado tiempo, pero luego hay una respuesta social, un contragolpe, que vuelve a las mujeres a sus casas

Contrarrevolución

Contra los hijos (Tumbona, 2014) es un texto bastante raro en el sentido que tiene un tono más irreverente e irónico. Parto de una observación chilena, que es la observación de que mis amigas madres no son como mi madre y que sus hijos no son como fuimos nosotros. Me pareció que mis amigas madres profesionales trabajaban mucho más que mi madre. Y pensé por qué tienen que llegar de sus trabajos de 8 horas a hacer tareas, llevarlos a 25 actividades extracurriculares, cuáles son los discursos que hay detrás de esto. Por qué tienen más trabajo cuando los maridos o las parejas también ponen de su parte, mucho más que los padres de nuestra generación. Y a partir de esa pregunta escribí este ensayo que hace un arco histórico y que se ancla en una idea de Virginia Woolf, quien en los años 20 habla del ángel de la casa, que se posa como un pequeño loro junto al oído de la escritora y le dice ‘por qué estás escribiendo, por qué no estás cocinando, por qué no estás cuidando a tus hijos’. Y ella dice que una mujer profesional tiene que matar a ese ángel, pero también reconoce que ese ángel siempre resucita y se encarna. Siguiendo esta idea, que me parece muy literaria, muy bella, muy terrorífica, escribí el libro. Y pensé en las revolucionarias francesas, en las escritoras del siglo XIX, en las escritoras contemporáneas, pensé en los tipos de madres de hoy: la madre ecologista, la supermadre. Me divertí como loca porque usé un poco el humor ante un problema actual. Además, no quería cargar las tintas contra las madres, que finalmente siempre son las culpables de todo desde el psicoanálisis hacia adelante.

Contra los hijos

Una hipótesis

Cada vez que una mujer tiene espacios de liberación, esos espacios duran un determinado tiempo, pero luego hay una respuesta social, un contragolpe, que vuelve a las mujeres a sus casas. En el caso de las revolucionarias francesas, que hicieron la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, y rápidamente fueron degolladas; en el caso de todas las guerras en que las mujeres salieron a la calle a pelear juntos a sus compañeros, se les dio la bienvenida no solo al campo de batalla, sino al campo laboral que los hombres habían abandonado, y en cuanto se acaban estas guerras a las mujeres se les pide que vuelvan a la casa a criar a los hijos.

 Lamentablemente en Chile el aborto no se ve todavía como un escenario posible, el hecho que las mujeres puedan decidir sobre sus propios cuerpos

El poder de los hijos

Lamentablemente en Chile el aborto no se ve todavía como un escenario posible, el hecho que las mujeres puedan decidir sobre sus propios cuerpos, pero aun así esa discusión está existiendo, lo cual indica que hay una tensión que antes ni siquiera existía en el escenario público. Entonces las mujeres tienen más opciones educativas, más opciones para el trabajo, leyes más justas, aunque todavía desiguales, discusiones que están poniendo en tela de juicio ideas más conservadoras sobre el lugar de la mujer. A la vez muchas más parejas quieren participar, aceptan participar o se ven obligadas a participar del trabajo doméstico y aún así el trabajo está multiplicado. Entonces yo estoy leyendo esto como uno de estos contragolpes sociales en que las instituciones colaboran de manera más o menos lúcida y articulada en ponerle cada vez más responsabilidades a los padres.

El hijo ya no puede hacer la tarea solo, tiene que tener al padre y la madre al lado, las leyes protegen cada vez más a los niños contra sus padres. En efecto, es bueno que los hijos sean protegidos por la ley para que no sean abusados y golpeados, pero también se da el caso contrario de que los padres son casi víctimas de sus propios hijos. Y en este momento del capitalismo los hijos se han convertido en clientes de los padres, donde si estos no cumplen con comprar, otorgarles estos bienes de consumo que supuestamente el mercado les dice también a los niños que necesitan, entonces están haciéndole un daño a sus hijos. Cada vez se ha restringido el lugar disciplinario de los padres, la posibilidad de decir no, y ha aumentado el poder de los hijos. Veo esto como signos que se juntan para poner a los padres, y especialmente a las madres, en una situación de estar siempre cumpliendo para los hijos y postergándose nuevamente.

Autor: Germán Gautier (33 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Tiene una pasión por las revistas que desaparecen, donde ha escrito sobre viajes, conservación ambiental y cultura. Actualmente trabaja en el área de comunicaciones de Fundación La Fuente y cada semana visitas escuelas y bibliotecas en el puerto principal.


 

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