Las novelas infantiles de Paula Fox

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Personaje de culto en los Estados Unidos, Paula Fox (1923) -autora de Personajes Desesperados, además de otras novelas para adultos- es además una reconocida y prolífica escritora de libros infantiles, en los que también van a estar presentes los temas más recurrentes de su literatura: la soledad, el desarraigo y el abandono.

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Paula Fox, el año 2001 [Crédito foto: Lynne Tillman]

A sus 92 años, Paula Fox es considerada una escritora de culto en Estados Unidos. Y su novela más importante, Personajes Desesperados –que se hizo mundialmente conocida cuando el escritor Jonathan Franzen habló de ella en 1991-, está catalogada como una de las novelas fundamentales de la literatura contemporánea.

Pero Paula Fox –a quien la crítica ha situado a la altura de Roth, Updike y Bellow- no solo escribe para adultos. De hecho la mayor parte de sus obras son libros para niños y novelas juveniles que, aunque no han tenido la misma repercusión que tuvo Personajes Desesperados y sus otras novelas para adultos, sí dan muestras de la escritura precisa y simple de la autora, y de su particular manera para hablar del dolor y la desolación sin caer en el melodrama.

Personajes-desesperados350Nacida en Nueva York, en 1923, Paula Fox pasó durante su infancia por tantos abandonos como casas. “Yo había sido entregada a un orfanato a los pocos días de nacer por mi renuente padre y por Elsie, mi madre, muerta de miedo y con una prisa incontrolable por deshacerse de mí”, se lee con su estilo desafectado en la primera parte de sus memorias. Su vida continuó por distintos hogares: vivió en Cuba con su abuela, en Florida con su padre -un escritor arruinado y alcohólico- y también sola en Los Ángeles –donde trabajó leyendo guiones sudamericanos para Warner Bros, hasta que viajó a Europa (viaje que aparece narrado en su autobiografía El invierno más crudo), de donde regresó para estudiar en Columbia y comenzar a escribir.

Sus primeros libros, Pobre George y La Habitación de Mauricio aparecieron publicados en 1966. El primero es una novela para adultos que narra el cambio de vida que sufre un tranquilo profesor de colegio -de nombre George Mecklin- desde que decide acoger en su casa a un joven desamparado. El segundo es un libro infantil que relata la historia de Mauricio Henry, un niño coleccionista que guarda todo tipo de cachureos y animales en su pieza, y que tiene a sus padres muy preocupados. “En su habitación, Mauricio tenía un bote de escarabajos muertos, un montón polvoriento de polillas blancas dentro de una taza sin asa, una piel de ardilla clavada en una tabla, una piel de culebra en una percha de alambre, el rabo de un mapache, un vaso de huevos de camarón, un plato de gusanos polvorientos y un caja de comida para tortugas”, son algunas de las cosas que guarda en su pieza, donde solo había una esquina ordenada: el rincón donde Mauricio había reunido sus regalos de Navidad. Los padres de Mauricio no entienden el desorden de su hijo y le llevan un perro, lo inscriben en clases de violín, le regalan un barco, intentando que su hijo tenga “otras aficiones”, hasta que se van a vivir al campo para que Mauricio tenga otras inquietudes para terminar entendiendo que la curiosidad de su hijo es su verdadera afición.

La enfermedad, la muerte, la desolación

Después de estos libros, Paula Fox publicó cinco novelas para adultos: Personajes Desesperados (1970), Los Hijos de la Viuda (1976), El Dios de las Pesadillas (1990), The Western Coast (1972) y The Servant’s Tale (1984) y 22 novelas para niños entre 1966 y 1999 (por las que recibió varios premios, incluyendo el Hans Christian Andersen, el Newbery Medal y el National Book Award). Y en todas estas obras –incluidas sus novelas infantiles- aborda sus temas más recurrentes: la enfermedad, la soledad y la muerte, y cómo una crisis externa puede desencadenar un cambio profundo en la vida de sus protagonistas o hacer aparecer verdades insospechadas. Como la verdad que aparece en La Cometa Rota, uno de sus últimos libros juveniles, cuando Liam, de 14 años, descubre que su padre tiene SIDA -no a causa de una transfusión como le ha dicho su madre, sino por una relación homosexual-, que lo hace rebelarse contra su progenitor, su enfermedad y la Irlanda natal del padre (“¡Maldita Irlanda y maldito Yeats!”, le dice el hijo al padre ante la promesa de un viaje que no podrán hacer). Una homosexualidad que el hijo había descubierto hace años atrás -en un paseo a la playa- pero que se había negado a aceptar: “Si te lo decía”, le dice al final del libro a su madre, “entonces habría sido verdad”. Y por eso el niño calla y guarda, por mucho tiempo, ese secreto para sí solo.

Los personajes infantiles de las novelas de Fox están siempre en crisis, enfrentando desafíos como el desamparo, la enfermedad o la muerte.

Los personajes infantiles de las novelas de Paula Fox están siempre en crisis, enfrentando serios desafíos como el desamparo, la enfermedad o la muerte: dificultades que suelen resistir con coraje, imaginación, y muchas veces, sin la ayuda de nadie. Así lo vemos en el niño que protagoniza Radiance Descending (1997) que se siente molesto con su hermano menor, con síndrome de Down, y con sus padres que ya no lo toman en cuenta, hasta que decide acercarse al mundo de su hermano y valorar su vida distinta. O en Clay, el protagonista de Monkey Island (1991) que debe enfrentar el abandono de su padre, primero, y luego de su madre embarazada, que lo llevan a vivir como homeless en Nueva York y a entender –a una edad precoz- lo solo que está en la vida.

“Todo lo que conoces es tu vida”, ha dicho la misma escritora sobre los arranques autobiográficos que aparecen en sus ficciones. Y por eso se en algunas de sus novelas aparece una madre fría y cruel muy parecida a la madre de Paula Fox, e hijos que sienten tanta rabia por su madre como la escritora sintió por la suya. Y por eso tampoco parece casual que varias de sus novelas infantiles estén protagonizadas por niños o jóvenes que deben cambiarse de ciudad o de familia o que, de frentón, son abandonados, como la propia Paula Fox, que una vez que se queda sin familia, parte a los 19 años a vivir por su cuenta en Nueva Orleans (la ciudad donde está situada la novela La danza de los esclavos (1974), donde un niño de 13 años es secuestrado –en el siglo XIX- por una banda de traficantes de esclavos, con los que debe viajar hasta África).

Pero los niños y jóvenes de sus novelas sobreviven a estos viajes –como el que hace la quinceañera Catherine con su padre alcohólico en The Moonlight Man (1986)-, resisten a los dolores –como la muerte de un padre en La Cometa Rota– y soportan los abandonos como el que sufre la protagonista de The Village by the Sea (1988) cuando es dejada en la casa de sus tíos-. Y aunque para algunos estas novelas infantiles puedan ser sombrías, oscuras y emocionales, también es cierto que son sinceras y lúcidas, donde los héroes y las heroínas son siempre personajes reales, preocupados de sobrevivir a la soledad en la que los tienen sus padres o de crearse un mundo propio –como el protagonista de la Habitación de Mauricio– donde cada niño es capaz de elegir –con su inteligencia y determinación- lo que quiera creer, amar o disfrutar.

Autor: Soledad Rodillo (56 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.


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