Las voces de Virginia Woolf

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Lectora constante de la obra de la escritora británica, Soledad Rodillo nos presenta a la Virginia Woolf escritora y personaje literario, inspiradora de obras teatrales, novelas y adaptaciones cinematográficas. Consciente de que es también una marca registrada, asistimos a un recorrido por las obras más emblemáticas de Virginia, la compleja, la rebelde, la real.

Créditos ilustración: Marcelo Parra

Virginia Woolf, melancólica, triste y real. La escritora que llenó páginas con descripciones coloridas de Londres y Florencia, y paisajes vívidos del campo y el mar, y a la vez nos entregó los pensamientos de sus personajes con la misma intensidad de colores, olores y sentimientos. La que nos hizo conocer a los protagonistas de sus novelas desde el exterior y el interior, y hasta nos hizo escuchar sus voces más íntimas, acercándonos a su gran enfermedad –esa que la hacía escuchar voces en ciertos momentos– y que la llevaron a llenar los bolsillos de su abrigo con piedras para ahogarse en el río Ouse.

Virginia, el personaje y el mito. La escritora que ha sido estudiada por la psiquiatría y la literatura. La autora que tuvo gran éxito en vida –incluso fue portada de la revista Time en Estados Unidos–, pero que tras su muerte en 1941 pasó por un periodo de silencio hasta que los movimientos feministas volvieron a ponerla en un pedestal. Virginia, la escritora de las mil voces: la novelista desafiante y vanguardista; la biógrafa irreverente que se rio del género de moda y publicó una biografía de un perro y otra inspirada en su examante, Vita Sackville-West, cuando la bisexualidad era vista como la peor de las aberraciones.

Virginia, la escritora de las mil voces: la novelista desafiante y vanguardista

Virginia, la lúcida autora de Un cuarto propio (1929), el ensayo que escribió para una ponencia sobre mujeres y la novela y que se convirtió en uno de los primeros y más fundamentales textos feministas, así como lo sería años después, en 1949, El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. “A room of one’s own” dice el tazón que tengo frente a mí mientras escribo esto, porque la Woolf es también es una marca registrada, la primera en hacer ver a las mujeres la importancia de tener una habitación propia y de un ingreso suficiente para poder crear. “Una carta de abogado cayó al buzón y al abrirla supe que tendría quinientas libras al año para el resto de mi vida”, escribió en Un cuarto propio. “De los dos –el voto y el dinero– me ha parecido mucho más importante el dinero. Antes me había ganado la vida obteniendo extrañas tareas en los diarios, escribiendo la crónica de una exposición de burros por aquí, de un casamiento por allá, había ganado unas pocas libras remitiendo sobres, leyendo a señoras ancianas, haciendo flores artificiales, enseñando el abecedario a niños de kindergarten. Tales eran las principales ocupaciones accesibles a la mujer antes de 1918”.

Con 500 libras y un cuarto propio, Virginia Woolf se sintió preparada para crear. Después de esa herencia vienen sus novelas más vanguardistas y más conocidas: La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Las olas (1931), y dos biografías imaginarias: Orlando (1928), sobre un poeta que cambia de género después de siglos –dedicada a su querida Vita– y donde toca dos temas tabú de la época: la homosexualidad femenina y la independencia económica de la mujer; y Flush –que acaba de editar Montacerdos con un excelente prólogo de Lorena Amaro–, que es la encantadora biografía del perrito de la poetisa Elizabeth Barrett: el cocker spaniel que la acompaña durante su enfermedad en Londres y luego en su exilio en Florencia, cuando la escritora huye con Robert Browning. Flush es el encargado de mostrarnos los colores y olores de esta ciudad maravillosa, y las penas y celos de su ama enferma.

Grupo de Bloomsbury. Créditos: Tate

Virginia novelista es más compleja. En Las olas hay seis monólogos interiores, y seis personajes que aparecen, separados y en conjunto, en distintas etapas de sus vidas. En La señora Dalloway acompañamos a Clarisa a lo largo de un vertiginoso día en Londres, desde que compra flores para su fiesta de la noche hasta que despide al último de los invitados en su gran casa, además de repasar con sus pensamientos los distintos momentos de su vida y sus grandes amores –su marido, su amigo Richard, su amiga Sally–, con tanto ritmo, color y movimiento que no descansamos hasta terminar el día de Clarisa Dalloway. Leer a Virginia Woolf es seguir el tronco del árbol y también sus muchas ramas. Esa intensidad ya estaba en Lunes o martes (1921), su primer libro de cuentos –recién publicado por editorial Neón ediciones, con la traducción de Antonio Díaz Oliva– donde aparecen los primeros coqueteos de la Woolf con temas como la independencia económica, el género y sus primeros experimentos con la corriente de conciencia.

Virginia, la aristócrata, la socialista, la que escuchaba voces, la que sacó la voz por las mujeres. La que dejó su casa en el empingorotado barrio de Kensington y armó un grupo en Bloomsbury junto a su hermana Vanessa y los amigos que sus hermanos se habían hecho en Cambridge. La que no fue a la universidad pero tuvo una educación impresionante. La conservadora que se enamoró de un hombre y de una mujer y que vio con naturalidad las distintas relaciones de género que mantenían sus amigos. La amiga de Lytton Strachey, de Dora Carrington, E. M. Forster y Roger Fry, a quien también le dedicó una biografía en 1940.

Un cuarto propio. Lumen, 2014.

Virginia Stephen, escritora y personaje literario que inspiró la obra teatral ¿Quién le teme a Virginia Woolf? del dramaturgo Edward Albee, y la novela Las horas, de Michael Cunningham, que luego pasó al cine. Virginia, la compleja, la rebelde, la real. La que dejó su sombrero y su bastón en la orilla del río Ouse, a metros de su casa de descanso en Lewes, antes de terminar con su vida ese 28 de marzo de 1941. La que, a pesar de las especulaciones por su relación con Leonard, dejó una de las cartas de suicidio más lindas de la historia: “No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció (…) Todo el mundo lo sabe. Si alguien podría haberme salvado, habrías sido tú”. Virginia, la que no soportó oír más voces, pero nos dejó su voz –fuerte, clara, femenina, feminista– en sus novelas, ensayos y cuentos, y se convirtió en inmortal.

Autor: Soledad Rodillo (51 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.


Un comentario para “Las voces de Virginia Woolf

  1. Soledad Martinez

    Se nota que es una de tus escritoras favoritas!!muy ilustrativos tu comentarios y cómo siempre entretenidos y geniales.😘

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