Lecturas arbitrarias

A A

Llega diciembre y con él una mirada de medios especializados sobre lo que se ha publicado en los últimos meses. A partir de un artículo del New York Times, Soledad Rodillo nos recomienda cinco novelas y una novela gráfica: libros escritos por mujeres que están cambiando la manera de leer y escribir ficción en el siglo 21.

La escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie. Créditos: Wiriko.org

A veces siento que me pego con ciertos escritores o temas. También con algunas editoriales chilenas, argentinas y españolas con las que –vaya a saber por qué–, siento cierta afinidad. Y cuando me canso de ser pegada vuelvo a los clásicos –leídos y no leídos– y a esas novelas de por lo menos 500 páginas que han envejecido tan bien con los años y que me resetean la cabeza.

También me reseteo cuando leo libros a los que llego por casualidad, o más bien buscando lecturas más allá de las que publican mis editoriales regalonas o de las que recomienda el crítico, la amiga o el librero en el que tanto confías. Esas lecturas arbitrarias a las que llego de manera casual a veces han sido un desastre, pero otras veces me han acercado a grandes escritores (así encontré hace años a Paula Fox y hace poco a Ali Smith, por ejemplo) y me hacen, aunque sea un rato, pasarlo bien en esa fiesta donde no conocía a nadie.

Mis últimas lecturas arbitrarias y recomendables provienen de un artículo que apareció hace unos meses en el New York Times bajo el título “The new vanguard”, donde tres críticos literarios sugieren libros escritos por mujeres que están cambiando la manera de leer y escribir ficción en el siglo 21. Y como soy curiosa y vanguardista (o aspirante a vanguardista) seleccioné algunas para leer, aunque excluí a quienes no estaban traducidas al español, a Elena Ferrante (porque ni siquiera se sabe quién es y no me produce curiosidad), y a una que otra que no me tincaba porque, es realidad, esta lista de lecturas es totalmente arbitraria.

Y las que quedaron fueron seis: cinco novelas y una novela gráfica. Dos ya las había leído: Americanah de Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, 1977), una historia de amor, interesante, intelectual y entretenida, que nos hace ver desde los ojos de la protagonista –una joven nigeriana de nombre Ifemelu que llega a vivir a Baltimore– lo que significa ser negra, mujer e inmigrante en los Estados Unidos de hoy, donde todos somos discriminados en algún grado –latinos, judíos, negros y mujeres– y donde el color de la piel –la negritud, como ella lo llama– es un tema importante.

La otra es NW, la penúltima novela de Zadie Smith (Londres, 1975), que nos hace recorrer los barrios de Londres de manera muy vívida gracias a sus luminosas descripciones, y en especial el noroeste de la ciudad, donde se conocen las protagonistas cuando niñas. Zadie Smith escribe sobre la amistad, la clase y la raza, y las vidas de encuentros y desencuentros de estas amigas –como también ocurre con el par de amigas que protagonizan su última novela, Tiempos de swing, y donde el éxito y la felicidad personal parecieran ser tan relativos como esquivos.

Pero el listado me agrega a nuevas autoras que no había leído: Rachel Cusk, Alison Bechdel, Han Kang y Sheila Heti. Y con esto armo este listado arbitrario de escritoras actuales que, claro, no nos entrega ninguna idea de lo que las mujeres están escribiendo hoy día –aunque leyéramos a cientos de novelistas no podríamos dar con un consenso–, pero sí nos muestra autoras de escritura intensa y novedosa, que no temen innovar en estilos y temas.

Todas novelas protagonizadas por mujeres –al igual que Americanah de Chimamanda Ngozi Adiche y NW de Zadie Smith–. Todas lecturas vanguardistas, según el artículo del New York Times, pero sobre todo lecturas de hoy, que nos permiten estar al tanto de lo que están publicando con éxito las escritoras nacidas entre los 60 y los 80 y de cómo se escribe literatura de mujeres –las que son nativas y las que son inmigrantes– en tiempos de blogs, WhatsApp y redes sociales.

Todas lecturas vanguardistas, pero sobre todo lecturas de hoy

La primera novela que leo de este listado arbitrario es A contraluz de Rachel Cusk, una novela del 2014 pero que recomienda el New York Times este año y aparece como uno de los más vendidos del 2018 en el listado del London Review of Books. Rachel Cusk (1967) es una escritora nacida en Canadá pero que ha vivido toda su vida en Inglaterra, donde ha sido nominada a importantes premios literarios –como el Orange y el Man Booker–, además de haber sido incluida entre los 20 mejores novelistas jóvenes de Gran Bretaña en la revista Granta.

Sheila Heti. Créditos: Nebulakitap.net

A contraluz (Libros del Asteroide, 2016) es una novela de estilo simple y sin artificios, sobre una mujer que viaja a Atenas durante un caluroso verano a dictar un curso de escritura creativa. Pero ya desde el avión empieza a ser abordada por distintas historias: su compañero de vuelo es un millonario inglés de origen griego que no para de hablar y luego en Atenas, entre idas a bares y paseos al mar, se dedica a escuchar más historias. Está Ryan, su compañero de trabajo irlandés, que habla de su frustrada carrera de escritor; están sus alumnos a los que ella alienta para que le cuenten las historias de su vida; están las historias de su amigo de viaje, que entre paseos en yate y zambullidas al mar, le cuenta de sus problemas personales; está la amiga editora, y entre medio de todas estas historias está Faye, la protagonista, la escritora divorciada dispuesta a escuchar a todos, como un personaje de obra teatral que deambula con naturalidad y que entre historia e historia –aquí está la genialidad de Rachel Cusk–, nos muestra su propia soledad y melancolía.

La otra novela que leí ya la tenía comprada y en mis listas de pendientes antes de que apareciera en el listado del New York Times: La vegetariana (Rata, 2017) de la escritora coreana Han Kang (1970), que había ganado el premio Man Booker el 2016 y recibido muy buenas críticas. Una novela ambientada en Seúl –donde reside la autora– que nos narra la vida de Yeong, una dueña de casa coreana infelizmente casada que, de un día para otro, se obsesiona con las plantas y deja de comer carne. La historia la cuenta el marido, un hombre frío y egoísta, quien solo se da cuenta que su mujer está distinta cuando deja de plancharle las camisas y preocuparse de las cosas de la casa (“Mientras me colgaba la corbata al cuello como una bufanda, me ponía los calcetines y guardaba la agenda y la cartera en los bolsillos, mi mujer no se movió de la cocina. Por primera vez en cinco años de casados, salí hacia mi trabajo sin que me ayudara a prepararme y me acompañara hasta la puerta”). Otra parte de la historia la narra el cuñado, un artista con quien la protagonista tiene sexo estando ambos con los cuerpos enteros pintados con hojas y flores. Y la tercera parte la cuenta la hermana, con quien termina este tríptico salvaje y surrealista sobre una mujer sin voz, que ve en el acto de dejar de comer una manera de rebelarse contra la violencia de su marido y las imposiciones sociales y familiares.

Luego leí a la escritora canadiense Sheila Heti (1976) y su novela ¿Cómo debería ser una persona? (Alpha Decay, 2013), una especie de novela de autoficción experimental, de prosa actual y sin filtro, donde aparece la vida de Sheila, su recién fracasado matrimonio y su eterna amistad con una artista de nombre Margaux. Sheila es dramaturga, pero tras su separación la escritura se le hace difícil, y entra a trabajar en una peluquería (lo más hilarante del libro). Pero nada le sale bien, y se pregunta cómo debería ser una persona, una pregunta que intenta responder sin mucho éxito mientras trata de terminar una obra de teatro, vencer su propia inseguridad, llenarse de drogas y de trabajo, e intentar ser una líder o alguien importante. Sheila es ridícula y lo sabe, pero tiene una mirada crítica y graciosa del mundo del arte (incluidas las famosas ferias), y de los hombres que intentan instruirla: una mirada contradictoria, feminista, sincera y aguda, que la hacen ver como una mujer confundida pero querible.

Y por último leí una espectacular obra gráfica de la aguda Alison Bechdel (1960), Lo indispensable de unas lesbianas de cuidado (Reservoir Books, 2014), que en cientos de cómics, compilados por la autora durante 25 años, reconstruye de manera graciosa, sensual y auténtica la vida de un grupo de lesbianas de la costa este de EEUU. El libro –ordenado cronológicamente desde 1987 a 2008– recopila un montón de historias que nos muestran los grandes cambios culturales que ha vivido la comunidad LGBT en estos años, además de incluir grandes momentos históricos, como la caída de las torres gemelas. Lo indispensable de unas lesbianas de cuidado es una novela visual llena de sátira (que incluye historias de los años 80, cuando el humor queer era más bien escaso), y también una bitácora personal de la escritora, que en estas viñetas despliega también su vida personal –sus amores, sus coqueteos, sus gustos– y su mirada política, donde escribe de un amplio espectro de lesbianas, que incluye a las que despotrican contra la discriminación positiva, a las políticamente incorrectas, a las mamás primerizas y a las intelectuales que sufren por el cierre de su librería feminista.

Créditos: Yomimeconlibro.com

 

Autor: Soledad Rodillo (52 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.


Un comentario para “Lecturas arbitrarias

  1. He leído a Sheila Sheti y a Zadie Smith. La primera nunca me ha decepcionado, sobre todo “Motherhood” a

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *