Leonora Carrington: La excéntrica inglesa del surrealismo mexicano

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A cien años de su nacimiento en Inglaterra, Soledad Rodillo escribe sobre la vida y obra de la artista Leonora Carrington. Niña rica, mujer rebelde y creadora contumaz, Carrington vivió casi toda su vida en México, país que la adoptó luego de su paso por internados de monjas y clínicas psiquiátricas europeas. La tercera artista surrealista de México, luego de Frida Kahlo y Remedios Varo, pobló cuadros y páginas impresas con animales fantásticos e historias increíbles. Los invitamos a entrar al mundo de Leonora, ¡bienvenidos!

Revista Siempre

La única niña de una familia de hermanos, Carrington nació el 6 de abril de 1917, en Chorley, Lancashire. Su padre, Harold, era magnate de la industria textil, de origen inglés-irlandés y de religión Protestante; y su madre, católica romana, una belleza de Irlanda del Sur. Vivían en una casa gótica, de aspecto siniestro, que aparece en varios cuadros de esta artista. Créditos: www.siempre.mx

Leonora Carrington (1917-2011) negaba ser una musa. La excéntrica pintora y cuentista inglesa, que pasó gran parte de su vida en México, negaba de esta manera pasar a la historia como la joven amante del artista Max Ernst, la hija rebelde de una rica familia inglesa, la casi única mujer del movimiento surrealista. Porque ella era mucho más.

Dueña de una obra original y talentosa tanto en su manera de narrar como de pintar, Leonora Carrington fue una ante todo una creadora: una rebelde que huyó de su casa en Inglaterra a los 19 años para seguir a Ernst y, que a los 21, se arrancó del siquiátrico donde la habían internado sus padres, en Santander, después de que sufrió una crisis nerviosa; y que se instaló en México —dejando atrás para siempre internados de monjas, manicomios y a su familia— para empezar una vida nueva en el país que André Breton bautizó como “el lugar surrealista por excelencia”, y en donde ella se sintió cómoda, querida y valorada como creadora.

Portada TrompetillaAutora de una veintena de cuentos, de decenas de cuadros y esculturas, murales, dibujos y de una novela —La trompetilla acústica, que este año vuelve a publicarse por el Fondo de Cultura Económica (FCE), con motivo del centenario de su nacimiento—, Leonora Carrington produjo una obra importante, colorida y llena de imágenes oníricas, tanto en el arte como en la literatura, donde suelen aparecer elementos místicos y animales, sean estos reales o ficticios.

En su autobiografía, La casa del miedo: Memorias de abajo (Siruela, 1995) que escribió en los años 40 a instancias de Breton y en donde narró con sorprendente desapego su terrible estadía en un manicomio español —lugar donde sufrió varios meses amarrada con cuerdas y bajo los efectos del Cardiazol—, la Carrington se atormentaba con la idea de volver a pintar y declaraba a sus doctores que “creía tener poder sobre los animales”. Pero una vez en México, la artista volvió a pintar. Y los animales, de inmediato, comenzaron a aparecer en sus pinturas: gatos, perros, pájaros y caballos —como los que montaba cuando pequeña en su casa en Lancashire— evidenciaron su amor por todo tipo de animales, incluso por aquellas criaturas inclasificables, entre humanas y bestiales, que irrumpieron en sus obras.

Minotauro (1953)

Obra “La hermana del minotauro” (1953)

Sus primeros libros de cuentos, La casa del miedo (La maison de la peur) y La dama oval (La dame ovale), que aparecieron publicados en París en 1938 y 1939 con ilustraciones de Max Ernst, también van a traslucir esa relación íntima entre sus personajes y los animales, y el espíritu rebelde, irónico y provocador de quien escribió estas historias. La mayoría de estos cuentos son macabros y oscuros con ciertas reminiscencias victorianas, como “La dama oval”, que cuenta la historia de una adolescente mimada que, desafiando la orden de su padre, transforma su balancín de madera en un caballo de verdad con el que sale a galopar en la nieve. O como “La debutante”, uno de sus cuentos más conocidos, donde una joven lleva a su casa a una hiena que había conocido en el zoológico para que la reemplace en el baile de debutantes. “Nunca lo habría hecho sino hubiera detestado tanto los bailes”, se excusa la joven cuando la hiena mata a la criada para usar su rostro en la fiesta. Con esa misma naturalidad, la propia Leonora Carrington en la última entrevista que concedió volvió a justificarse por ese cuento a sus 94 años: Era muy aburrido [ir a un baile de debutante]. Así es que estaba tomando venganza”.

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La dama oval (La dame ovale), 1939. Créditos: Guggenheim Museum

En las historias de Leonora Carrington están presentes varios elementos de la tradición inglesa de los cuentos de hadas: hay castillos, mansiones abandonadas, seres que aparecen y actos de brujería o de frentón, satánicos. Y figuras autoritarias de las que hay que rebelarse, como padres, curas y monjas —a las que la autora detestaba con toda su alma desde que la expulsaron del internado—, además de motivos provenientes de las leyendas celtas que creció escuchando de su adorada nanny irlandesa (la misma que, según Joanna Moorhead, su biógrafa y sobrina, llegó en un submarino a Santander para ayudarla a escapar de su asilo). Son cuentos llenos de imágenes peculiares, algunas excéntricas, otras macabras, donde está la historia de la mujer que vivía con cientos de gatos que ocupaban felices las catorce habitaciones de la casa (“Cuando iban por el lindero en bicicleta”) y también el cuento espeluznante de la joven de Pest St. (“Conejos blancos”) donde una joven le lleva carne a sus vecinos y ve como decenas de conejos se devoran la comida de este desdichado matrimonio de leprosos.

La desposada del viento

Excéntrica incorregible y ambidiestra (“como todos los locos”, según decía), la inglesa Leonora Carrington pasó a la historia como la tercera artista surrealista de México, después de las grandes Frida Khalo y Remedios Varo. Fue en México —donde vivió desde los años 40 hasta su muerte— donde se casó con el fotógrafo húngaro Emérico “Chiki” Weisz, tuvo a sus dos hijos y armó una nueva patria en el barrio Colonia Roma, junto a otros surrealistas, exiliados y refugiados, que habían huido de la II Guerra Mundial y del franquismo.

Self-portrait (The Inn of the Dawn Horse) - Leonora Carrington - MET this

“Autorretrato” (The Inn of the Dawn Horse). Colección The Metropolitan Museum, Nueva York (EEUU)

Fue en México donde primero se la conoció y valoró como artista; y donde este año ha organizado una serie de conmemoraciones con motivo de su centenario que culminará con una muestra en Museo de Arte Moderno (MAM) donde se expondrán más de 150 obras, en su mayoría pinturas. Entre ellas su “Autorretrato” (1937-38), que es parte de la colección del museo Metropolitan de Nueva York, donde aparece ella con su pelo enmarañado, la hija del rico industrial inglés, vestida como equitadora con una hiena a su lado y a un caballo de balancín a sus espaldas. Como en sus escritos, Carrington revisita en sus pinturas las leyendas y recuerdos de su infancia en Inglaterra, y los acompaña con los personajes de su imaginación: los objetos animados, los animales inocentes y las bestias terroríficas.

Leonora Portada Elena“La desposada del viento”, como la bautizó Max Ernst, “una mujer indomable, un espíritu rebelde, una leyenda”, según Elena Poniatowska, quien escribió una biografía novelada —Leonora (Seix Barral, 2011)— de su amiga inglesa, la Carrington fue cercana a Dalí, Picasso, Duchamp, Lévi-Strauss y Breton, y a los latinoamericanos Octavio Paz, Carlos Monsivais y Alejandro Jodorovsky. Pero sin duda su mejor amiga fue la surrealista española Remedios Varo –con la que compartió su amor por los gatos-, a quien influenció con su pintura y de quien también se dejó influenciar.

Sus obras están pobladas de figuras que tratan de explicar su propia vida, donde aparecen “caballos en todas la ventanas”—como describió Max Ernst—, personajes de la mitología celta, la cábala, la cultura maya, la astrología y, varias veces, la hiena. Tanto en sus cuentos como en sus pinturas y esculturas están presentes esas criaturas mitad humanos, mitad lobos; hombres convirtiéndose en pájaros, personajes fantásticos inspirados en su pintor favorito —el Bosco—, seres entre malignos y benignos, que sacaba de su autobiografía.

Y aunque solo después de los años 80 comenzó a ser reconocida en su país natal, Leonora Carrington pasó a la historia como la tercera surrealista mexicana. La longeva artista, que había encontrado la tan ansiada libertad en el país azteca, no quiso volver jamás a Inglaterra, aunque nunca abandonó su acento ni dejó de vestirse toda de gris, ni dejó de tener una foto de la Reina Isabel en su cocina y té inglés, que encargaba a sus amigos, y que guardaba como un tesoro.

Documental

“Territorio Leonora” es un documental realizado por el cineasta Gibrán Bazán en el marco de los 100 años del nacimiento de la pintora Leonora Carrington, con quien mantuvo una amistad en sus últimos años de vida. Un filme que se difunde en forma gratuita y sin fines de lucro, a través de redes sociales, como un homenaje a la última gran surrealista del mundo.

Autor: Soledad Rodillo (40 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.


Un comentario para “Leonora Carrington: La excéntrica inglesa del surrealismo mexicano

  1. maria soledad martinez moram

    Bien interesante la vida de esta escritora y pintora inglesa, gracias por publicar esta biografía. Como siempre, Soledad, muy bien escrita y entretenida, como todo lo que escribes para este blog.

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