Librología: De guardas decorativas a guardas narrativas

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Hay muchas partes del libro que pasamos por alto cuando leemos, ya sea porque nos interesa ir directo al contenido, ya sea porque estamos acostumbrados a considerar cantos, capiteles, lomos, cejas e incluso tapas y portadillas únicamente como elementos estructurales. Hoy recorreremos la atractiva superficie de aquel espacio de suspenso que encontramos justo después de abrir el libro y antes de comenzar la lectura: las hojas de guarda.

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Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Cuando abrimos un libro de tapa dura lo primero que nos encontramos son las hojas de guarda. Según la 22da edición del Diccionario de la Real Academia Española, la octava acepción de la palabra guarda corresponde a “cada una de las dos hojas de papel blanco que ponen los encuadernadores al principio y al fin de los libros”. Esta definición es inexacta por el indiscutible hecho de que las guardas están lejos de ser meras hojas de papel blanco. Su variado diseño, múltiples formas y diversas funciones la transforman en una estructura que puede definirse, más que por cómo se ve, por el lugar del libro en el que se encuentra. El Merriam-Webster Dictionary entrega una definición más acabada: “a once-folded sheet of paper having one leaf pasted flat against the inside of the front or back cover of the book and the other pasted at the base to the first and last page”. Dentro de esta descripción no se incluye su apariencia, aunque sí su forma y materialidad: una hoja de papel doblada por la mitad pegada, por un lado, a la tapa y, por el otro, al cuerpo del libro. Las hojas de guarda, localizadas siempre al comienzo y al final de cada volumen, entregan un marco interno que permite a encuadernadores, diseñadores, editores e ilustradores jugar y experimentar para otorgarle nuevas cargas de sentido a un objeto cuya función estética iguala hoy su función práctica.

Las hojas de guarda permiten a encuadernadores, diseñadores, editores e ilustradores jugar y experimentar.

A pesar de que en innumerables estructuras de encuadernación las cubiertas están sujetas a las hojas mediante su enlace a soportes de costura como cuerdas o cintas, en los libros de tapa suelta producidos de manera industrial las guardas tienen la función primordial de vincular la parte externa e interna del ejemplar. De este modo, no solo son el umbral que demarca el límite entre un afuera y un adentro, sino también, en muchos casos, la única zona de unión entre tapas y cuadernillos. Su aparición en occidente se registra de la mano del surgimiento del códice medieval, pero, como señala J. A. Szirmai en su libro The Archeology of Medieval Bookbinding (1999) al ser elementos frágiles y removibles “endleaves often fell victims of mutilation” (118). Es complejo establecer fechas precisas ya que muchos de los libros que se conservan de periodos antiguos han sido reencuadernados perdiéndose así sus rasgos originales, sin embargo, Szirmai identifica, durante el periodo Carolingio (siglo IX d. C), a las hojas de guardas como una forma de reforzamiento de la unión entre la cubierta y las páginas. Recalca que en muchos casos se utilizaba la primera hoja del primer cuadernillo y la última del último cuadernillo, dejadas en blanco por el escribano, en lugar de pedazos independientes de pergamino o papel.

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Hoy en día es posible encontrar esta y otras formas de construir las guardas dentro de los libros. Existen de una sola pieza (de papel, cuero, tela o pergamino) doblada a la mitad y adherida al bloque de texto por el pliegue; de dos piezas de distinto o igual material, una para la guarda cartón o pastedown y otra para la guarda volante o fly leaf y de tres piezas, guarda cartón, guarda volante y charnela o joint, material que cubre la zona de la bisagra interna entre la tapa y el libro. Su nombre en español se debe a que su objetivo es el de proteger, especialmente en el caso de la guarda volante, la primera y última página impresa.

En Bookbinding and the conservation of books. A dictionary of descriptive termonology de Matt T. Robberts y Don Etherington, se señala que uno de los propósitos de las guardas es el de soportar la tensión de apertura de las cubiertas, esfuerzo que de otra manera cargarían las primeras y últimas hojas del libro sin la misma resistencia. Esta y otras son las razones por las que la fibra del material que se emplee para su fabricación debe ir siempre paralela al doblez que la articula. El espacio intermedio entre el bloque de texto y las tapas ha sido, a lo largo de la historia, un emplazamiento más para la decoración. Las distintas formas pictóricas que adquiere responden a las múltiples necesidades y funciones de cada edición o libro. De este modo, la estructura abierta y continua de las hojas de guarda se transforma en un lienzo en blanco, donde se llevan a cabo los más variados juegos experimentales.

Ornamentar

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Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Durante el siglo XVII las hojas de guarda cesan lentamente de ser páginas blancas de papel de algodón o lino reforzado con pergamino y pasan a utilizarse distintos tipos de papeles decorados. Si con el surgimiento de los tipos móviles, los pigmentos de iluminación medieval son mayoritariamente exiliados del códice para dar paso a la monocromática tinta grasa negra, este tipo de fenómeno ornamental reincorpora el color al interior del libro.

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Las técnicas que se utilizan para producir este tipo de papeles son innumerables pero sin duda aquella con mayor alcance en la época es la del marmolado o marmoleado. Este arte consiste en la impresión de un monotipo único de patrones similares a los del mármol diseñados en una superficie acuosa. Se logra a través de la cuidadosa colocación de pintura sobre una bandeja de agua espesada para que los tintes se mantengan a flote y puedan ser transferidos a un material absorbente como el papel o la tela. El marmoleado proviene, según Richard J. Wolfe en Marbled Paper: Its History, Techniques and Patterns, de Turquía y el Medio Oriente, y fue introducido a Europa por viajeros y coleccionistas durante los siglos XVI y XVII. Su amplia popularidad en años posteriores hace que gran parte de los ejemplares de libros del periodo lleven este tipo de papel tanto en su interior como en su exterior. Es conocida la anécdota de los conflictos entre Laurence Sterne y su editor por querer incluir una hoja de papel marmoleado original dentro de cada ejemplar de la primera edición de su libro The life and opinions of Tristam Shandy (1759). Hoy dicha página es considerada un elementos de transgresión e innovación propio de la novela moderna.

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

En la Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, un equipo interdisciplinario de la Facultad de Bellas Artes está llevando a cabo un proyecto llamado La pintura que flota, donde realizan un relevamiento de papeles marmoleados en guardas de libros impresos entre los siglos XVII y XVIII de las Salas Museo y Colecciones Especiales de dicha institución con la finalidad de construir una base de datos digital que de pie a futuras investigaciones ya sea desde el punto de vista histórico o artístico.

La función de los papeles decorativos es la de otorgar un valor estético agregado al libro como bien de estatus.

Este tipo de registro es de crucial importancia por dos motivos, primero, porque busca rescatar un aspecto poco estudiado en el acervo patrimonial de las colecciones latinoamericanas de libros antiguos, y segundo, porque nos ayuda a concebir al libro más allá de su naturaleza como receptáculo textual. Es por eso que en este artículo pueden encontrar ejemplos de guardas hechas con papel marmoleado original extraídas de ejemplares pertenecientes al Fondo General de la Biblioteca Nacional de Chile. En ellos se observa una infinidad de patrones, más sencillos y toscos unos, más trabajados y delicados otros. Es posible identificar ciertas características que se repiten en mayor o menor medida, por ejemplo, el modelo Antique straight (ver libro 0309424) y el Nonpareil (ver libro 03182019) se encuentran en ejemplares de gran tamaño y valor cuyas decoraciones exteriores más finas se condicen con el diseño del marmoleado; el Shell (ver libro 0310338) y el Turkish (ver libro 820131), en cambio, son patrones mucho más comunes utilizados para libros más pequeños y de uso práctico. Como recalcaron algunos integrantes de La pintura que flota en su exposición en el III Encuentro de Instituciones con Fondos Antiguos y Raros en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno de Argentina el pasado mes de abril, este tipo de papeles de guarda son un testimonio de las diversas localidades y corrientes artísticas que influyeron en la confección de los libros de un determinado periodo, y nos permiten conocer con mayor profundidad la historia de la encuadernación.

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

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La función de los papeles decorativos es la de otorgar un valor estético agregado al libro como bien de estatus. Así, el papel marmoleado era una novedad y un lujo que encuadernadores y casas de imprenta no destinaban para ejemplares de escaso valor. Por esta razón, papeleros a lo largo de la Europa decimonónica, de la mano de nuevas tecnologías industriales, crearon papeles decorados más económicos que solo aparentaban ser marmoleados. Wolfe los denomina pseudo-marbling papers. Eran producidos, en su mayoría, mediante técnicas como el grabado, ostensiblemente más asequibles y utilizados para la ornamentación de libretas en blanco y libros de media pasta (113). La edad del papel decorativo pintado a mano comienza a declinar y da paso a las tecnologías mecánicas de impresión. El siglo XIX es la cuna del papel de color hecho a máquina y de nuevos diseños en las guardas de los libros.

 Ilustrar

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Con la aparición de distintas técnicas y máquinas de impresión a color sobre rollos de papel continuo, diseños que durante mucho tiempo ocuparon las paredes de las habitaciones y las recámaras europeas en cuadros y papeles murales entraron al espacio del libro. Patrones florales, vegetales y geométricos propios del art decó y el art nouveau fueron ahora utilizados para decorar la cara interna y externa de los volúmenes. A su vez, el dibujo, que a través de la xilografía o el aguafuerte, cumplía un rol crucial en ciertos géneros literarios y científicos, salió del perímetro cerrado de las páginas interiores y pasó a ocupar un lugar fundamental en superficies como portadas y hojas de guarda.

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Desde mediados del siglo XIX es posible encontrarse con dos formatos que evidencian un cambio en la relación entre el diseño pictórico de la guarda y el contenido textual del libro. En primer lugar, la aparición de marcas editoriales. La editorial catalana Montaner y Simón, fundada en 1861, lleva, como lo muestra la imagen, su divisa (MS) en el centro de cada una de las hojas de guarda de sus publicaciones. Esto permite vincular al libro, desde su inicio, con una colección y casa editorial. En segundo lugar, la inclusión de patrones ilustrados relacionados figurativamente con el contenido de dicho ejemplar. En este caso, el libro de Montaner y Simón corresponde a una historia de la guerra Franco-Alemana y sus guardas están decoradas con un diseño conformado por el águila imperial y la cruz de hierro.

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Libro perteneciente al Fondo General Biblioteca Nacional de Chile

Asimismo, en las guardas del libro Sobre continentes, mares y polos (1953) de Ediciones Peuser, las ilustraciones azules donde se ve una serie de globos aerostáticos enmarcados son, como se explica en la página dedicada a la información editorial del mismo libro, “mosaicos que representan pasos de la evolución del “más liviano que el aire”. Colección aeronáutica del brigadier Ángel María Zuloaga”.

Great Pirate Stories de Joseph Lewis French (Brentano, 1925)

Great Pirate Stories de Joseph Lewis French (1925)

Aunque no fueran cuidadosas figuras pintadas a mano sino tirajes seriados de patrones continuos, estas hojas de guarda continuaban siendo decorativas. Su particularidad estaba en que muchas de ellas se diseñaban considerando las características propias de una edición o ejemplar, otorgándole un cariz personal y único. La ilustración figurativa pegó un salto cuando los personajes de ficción se asomaron desde dentro de sus historias y comenzaron a aparecer en las capas más visibles de sus libros. Así, el relato iniciaba en el mismo momento en que alguien abría las tapas y se enfrentaba a un par de hojas de guarda cuyo contenido, por un lado, entregaba claves sobre protagonistas o ambientaciones, y por otro, marcaba una atmósfera y ritmo de lectura: ¿se trataba de una historia de aventuras? ¿era un cuento para niños? ¿una novela romántica? ¿un relato de misterio? Obras de artistas como Walter Crane, John Tenniel, Norman Thelwell y Beatrix Potter llenaron las guardas de los libros de los siglos XIX y XX en un movimiento que las transformó parsimoniosamente en un espacio apto para la narración. El ilustrador entraba al mundo de las hojas de guarda para quedarse.

Narrar

How pizza came to Queens de Dayal Kahur Khalsa

“How pizza came to Queens” de Dayal Kahur Khalsa

Es quizás en el ámbito editorial de la literatura infantil y juvenil contemporánea donde se produce el quiebre más claro en cuanto al uso que se le da a las hojas de guarda dentro de los libros. Tanto en las ficciones para jóvenes o young-adult fiction como en los libros álbumes infantiles y en las novelas gráficas, la preocupación por la experiencia de la lectura pasa por el desarrollo integral de cada una de las partes del libro. Al tratarse de géneros gráfico-literarios en los que la ilustración es el código por excelencia, las guardas se vuelven un espacio más para significar. Decoran el libro, anticipan el tono del relato, pero sobre todo cumplen un rol fundamental dentro de la narración, entregando información relevante para comprender la historia que se está por o se acaba de contar.

"La vida sin Santi" de Andrea Maturana y Francisco Javier Olea (FCE)

En el recientemente publicado libro La vida sin Santi (2014), ganador de una mención honrosa en el concurso A la Orilla del Viento del Fondo de Cultura Económica, de Andrea Maturana y Francisco Javiera Olea, las hojas de guarda asumen una de las características propias de una buena guarda narrativa: establecen un diálogo en el que se reconocen mutuamente como espacios especulares dentro del libro. Este álbum trata de dos grandes amigos, Maia y Santi, que deben separase ya que la familia de este último se va a vivir fuera del país. Mientras pasan las páginas vemos cómo Maia se ve obligada a reacostumbrar sus juegos, sueños y rutinas a esta nueva vida sin su mejor amigo.

El vacío que la ausencia de Santi deja es negro y desolador, tanto como feliz es la idea de su regreso. En una de las páginas iniciales vemos a ambos niños de espalda conversando animados a través de dos vasos conectados por un cordel. En el suelo, un montón de lápices, alrededor de ellos, un colorido cielo estrellado. El texto dice “Cuando no están juntos, es como si lo estuvieran”. Las hojas de guarda de este libro son los vestigios que quedan dispersos en el suelo una vez que el juego infantil ha terminado. En la soledad de los objetos y la cuerda cortada del teléfono de vasos —pues solo podemos ver uno de los extremos de este artilugio a la vez—se escenifica la silenciosa ausencia de Santi. Sin embargo, es posible observar cómo ambas guardas, una junto a la otra, son la continuación exacta del mismo cuadro pictórico. Marcan el punto de partida y llegada del libro y de la lectura, pero también de la comunicación entre ambos niños. Una comunicación que, como el cordel del juguete, se prolonga y se concreta, siempre y cuando el libro se abra para que alguien lo lea.

Zorro

En el libro Zorro de Margaret Wild y Ron Brooks vemos un mecanismo similar al de La vida sin Santi. Este es, quizás, mi cuento favorito para explicar el fenómeno de lo que significa una hoja de guarda narrativa. La anécdota cuenta la historia de Perro y Urraca tras el incendio del bosque que habitan. Como se puede observar en la imagen, la guarda inicial, pintada enteramente en rojos y anaranjados, representa una arboleda sumida en las llamas. Desde que abrimos el libro, Wild y Brooks nos instalan en el bosque quemado de sus personajes y nos sumergen en la sofocante atmósfera del desastre. Perro ha perdido la visión y Urraca ha perdido la habilidad de volar, por lo que deciden acompañarse y servirse el uno al otro en completo desinterés. Urraca será los ojos de perro y Perro las alas de Urraca. Esta relación simbiótica prospera en armonía hasta la irrupción del elemento desestabilizador: Zorro, quien seduciendo a Urraca la conmina a dejar de lado a Perro para transformarla en su compañera.

El relato tiene un final abierto que descoloca y deja con una sensación de incómodo desasosiego, es entonces cuando el libro se cierra y aparecen las hojas de guarda finales. Aquí nos topamos con una imagen familiar. Si nos fijamos con cuidado (y es probable que el lector se vea conminado a volver al comienzo para comparar ambas hojas de guarda), se trata exactamente de la misma arboleda que encontramos en las guardas iniciales, pero esta vez hay un bosque verde, florecido, que ha logrado recuperarse y sobreponerse a la catástrofe. ¿Cuán abierto puede ser un final que termina en el idílico páramo de un bosque reverdecido?

Zorro
Wild y Brooks nos enseñan que un par de guardas bien elegidas son el epílogo perfecto para un buen libro. Nos ayudan a concluir la lectura y dan ritmo a nuestra introspección. Son el testimonio material de que al final del camino, una vez que la historia terminó, todavía nos quedan mundos por explorar.

Autor: Javiera Barrientos G. (3 Entradas)

Licenciada en Letras PUC y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Actualmente escribe su tesis sobre la cultura impresa y emblemática europea del siglo XVI. Es creadora de Notas de Arte, una factoría de encuadernación 100% hecha a mano, y co-fundadora y editora del Centro de Estudios de Cosas Lindas e Inútiles (CECLI).


6 comentarios para “Librología: De guardas decorativas a guardas narrativas

  1. Silvia

    Genial!!!! Muy inspirador y generoso artículo!
    Lo comparto y gracias.

  2. Catalina

    Que belleza, todo un mundo en la materialidad de los libros, gracias!

  3. irma fernández

    Es increible como uno muchas veces lee un libro y pasa por alto las tapas, muchas veces no las visualizas. Mirando mi pequeña biblioteca, veo libros de tapas duras, otros aparentemente de cuero, de distintos colores y texturas.
    Me gustó mucho esta parte relacionada con los libros. Ahora por costos pienso que muchos libros sus tapas son sencillas sin ese trabajo tan elaborado que antiguamente hacía que los libros eran una belleza

  4. Maria Cristina Thomson

    He disfrutado inmensamente de tu artículo. Valoro muy especialmente las referencias a que las nos remites: son interesantísimas. ¡Muchas gracias!

  5. mercedes

    Recuerdos inolvidables
    Felicitaciones Javiera

    Que sensible y significativo el detallle, recuerdo que en nuestra escuela Normal, estaba Martín Fierro del porte del atril que daba el paso a la entrada al mundo mágico de leer y ver la vida
    Me deleitaba con el olor, con sus pa´ginas, con sus tapas y esas hojas dibijadas y coloreadas con un cuidado extremo
    Mis cuadernos empastados traín estas hojas de guarda, me encanta proteger los libros los llevo en bolsas, los ordeno en mis estantes y cuido que nada les pase
    Un recuerdo de mis inicios como lectora, me llevaste al pasado en un minuto, gracias de verdad

    Lo que me apena es ver que estas hojas de guarda aparezca un código de barra…

    En fin es la tecnología…

    Me produce un estado de ¡plop!..quién pudo hacer esto…, la respuesta nunca llegará

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