Librología: Los rastros de la escritura

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Antes de ser libro, el libro es otra cosa. Es un cuaderno de notas, apuntes olvidados en una servilleta, es la versión tachada y modificada de un cuento, una página transcrita, es un montón de hojas impresas o el archivo de un documento de Word. Este breve itinerario exhibe los textos y escritos anteriores a que el libro se publique, la importancia de su preservación y la diversidad de su fisionomía.

Oscar Wilde, Borrador de The importance of being earnest.

Oscar Wilde, Borrador de The importance of being earnest.

En el libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges del periodista porteño Fernando Sorrentino, Borges comenta, “Estábamos hace unos días releyendo un cuento donde hay una enumeración de lo que ve alguien en un espejo mágico que tiene en la palma de la mano, llena de tinta. Y di Giovanni me dijo: “Aquí está el borrador del cuento El Aleph”. Y es verdad: en esas seis o siete líneas está el borrador del cuento que yo escribiría después” (35). Los borradores, comentarios marginales, cuadernos de viaje, croquis ocasionales y correcciones manuscritas son parte fundamental de la obra de un autor. Ya sea, como señala Borges, a modo de pista o germen dentro de un texto anterior o como la anotación involuntaria en una bitácora de lectura; el trazo caligráfico, la marca del lápiz, la pluma, la máquina de escribir y la tinta impresa son los antecedentes materiales del libro publicado. Registran el recorrido que va desde la idea al texto y de vuelta. Son los rastros del error y de la mutabilidad de la palabra escrita y se presentan ante nosotros como un portal, por un lado, a la genealogía de una obra y, por otro, a la implementación de nuevas tecnologías de reproducción.

Los libros, no únicamente como objetos materiales, sino como procesos de escritura, publicación, distribución y lectura, son cuerpos móviles cuyas formas van cambiando y modificándose desde que surgen en la mano de su autor y la mente de su impresor. Todo escrito que contenga huellas de la filiación de una obra se transforma así en un pre-texto, en un precursor, y muchas veces, dependiendo del renombre del autor y de su posición en el sistema literario, es almacenado dentro del archivo de bibliotecas nacionales o universitarias. Revisar estos registros es una labor similar a la del documentalista o del detective. Se debe estar atento a su cualidad material (¿son cuadernos, cartas, fichas?), a las diferencias de formato (¿son escritos a mano, a máquina, a computador?), a la rescritura, a la autocensura, a las señas y marcas de continuidad y discontinuidad.

Apuntes y borradores

Como nos cuentan Elisa Montecinos y Sebastián Ríos en el artículo “José Donoso, los papeles prohibidos”, en 1993 el novelista chileno entrega sus cuadernos personales a Don Skermer, director del Departamento de Libros Raros y Colecciones Especiales de la Biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton, bajo la condición de que estos solo se hicieran públicos en un lapso de no menos de 15 años. Son 29 cuadernos archivados en 7 cajas, entre los cuales es posible encontrar los borradores mecanografiados de obras como Este domingo, El obsceno pájaro del la noche y Tres novelitas burguesas. A partir de este material y del archivo que se encuentra en la Universidad de Iowa, investigadores como María Laura Bocaz, José Manuel Rodríguez y Sebastián Schoennenbeck descubren los vericuetos y laberintos que conforman el tras bambalinas de la narrativa del escritor de Casa de campo. Al referirse al proceso de escritura de El obsceno pájaro de la noche, Bocaz señala: “Los numerosos esquemas, reflexiones, notas y borradores, disponibles en la colección de la Universidad de Iowa, permiten enfrentarse —entre otros— a aquellos cambios significativos así como a los elementos que “sobrevivieron” a los múltiples borradores”. De la anotación manuscrita al libro impreso, pasando por la versión mecanografiada, el texto de Donoso sufre cambios, muta infatigablemente, como lo hacen los engendros y personajes de su propia obra.

Augusto d’Halmar, ms. “Hermética”. En Archivo del Escritor, BNChile.

Augusto d’Halmar, ms. “Hermética”. En Archivo del Escritor, BNChile.

Aunque el grueso de los cuadernos y papeles de novelistas y poetas latinoamericanos del siglo XX se encuentre en universidades de habla inglesa, este tipo de material está disponible en plataformas como el Archivo del Escritor, colección creada en 1968 en la Biblioteca Nacional de Chile a partir de la donación de textos originales de Gabriela Mistral; y Memoria Chilena, centro de recursos digitales que reúne documentos relativos a la preservación de la identidad cultural nacional. Aquí se alojan apuntes y manuscritos de autores tales como Pablo Neruda, Vicente Huidobro, María Luisa Bombal, Pablo de Rokha, Augusto d’Halmar, Adolfo Couve y Juan Emar, entre otros, la gran mayoría de ellos digitalizados.

3 poemas de chileA principios de año, con el ánimo de hacerse cargo de esta práctica, la editorial de la Biblioteca Nacional de Chile publicó Poemas de Chile, una antología poética que visibiliza la letra del escritor y la enfrenta a la copia impresa de su poema. Si en la página izquierda nos encontramos con versos diagramados de manera clara, uniforme y cohesiva, la página derecha nos revela la subjetividad del autor, cristalizada en su caligrafía esquizoide o perfecta, redonda o alargada, manuscrita o imprenta, clara o abigarrada en contraposición a la nítida y estandarizada transcripción impresa. Textos que van de Óscar Hahn a Paula Ilabaca, pasando por Diego Maquieira, Raúl Zurita y Elicura Chihuailaf ponen sobre el tapete el variopinto aspecto de una letra que, aunque a ratos reconocemos—la de Nicanor Parra, por ejemplo—, es en general ignorada por el lector de a pie. Poemas de Chile funciona como una ventana al archivo o al escritorio de distintos autores, es un ejercicio que descubre un proceso de ensayo y error, intrínseco al de la escritura, reproduciendo la multiplicidad de formas y formatos que adquiere un borrador cuando es empuñado por múltiples manos.

Elvira Hernández, “M”. Poemas de Chile.

Elvira Hernández, “M”. Poemas de Chile.

Copias y correcciones

Aunque muchas veces el trabajo previo a la publicación de un libro esté asociado al manuscrito, la aparición de nuevas tecnologías de escritura da pie a la diversificación material del archivo. En 1957 Viking Press publica la primera edición de la novela del escritor estadounidense de la generación beat Jack Kerouac, On the Road (En la carretera). Este libro, por muchos alabado como una obra maestra, no solo narra las aventuras de los jóvenes Sal Paradise y Dean Moriaty en alambicadas carreteras y urbes metropolitanas de fines de los años 40’s, además presenta una interesante propuesta de escritura vinculada al registro pre-textual.

5 OnTheRoad La historia cuenta que Kerouac, tras haber acumulado varios cuadernos de apuntes, se sienta un día de abril de 1951 frente a su máquina de escribir y en un rollo continuo de papel de cerca de 37 metros de longitud tipea, durante tres semanas, el borrador de lo que luego será su novela. The scroll consiste en hojas de papel vegetal cortadas a tamaño, pegadas entre sí y mecanografiadas a espacio sencillo, sin márgenes o saltos entre párrafos. De esta manera, conforma un fluido textual que evoca las jam sessions de jazz improvisado, la corriente de la conciencia de la novela moderna y el rollo antiguo. Su naturaleza exige una complicidad física y mental distinta de aquella que demanda el libro porque, como dice Paul Zumthor en La medida del mundo, “el rollo se desplegaba como la voz, como la vida, de principio a fin, sin que sus extremos fueran perceptibles simultáneamente” (351).

El rollo original de "En la Carretera"

El rollo original de “En la Carretera”

El escritor y director de cine Woody Allen también utiliza la máquina de escribir para dar forma a cuentos y guiones. Su método de escritura, sin embargo, tiene la característica de hacer evidente y dejar un rastro palpable del error, la corrección y el cambio. En el documental del 2012 Woody Allen: a documentary de Robert B. Weide, Allen nos permite echarle un vistazo a su proceso creativo:

En el video el neoyorkino nos muestra su máquina de escribir, la única que ha tenido desde los 16 años, una Olympia SM-3 manual de comienzos de los cincuenta. En ella, además de haber escrito un sinnúmero de obras, ha desarrollado un interesante mecanismo de corrección que se vale de un par de tijeras y una vieja corchetera Swingline. Al cortar y pegar las páginas que escribe, superponiendo unas versiones a otras, Allen pone ante los ojos un aspecto que se borra cuando el texto pasa por los filtros editoriales: la escritura es un camino de constante mutabilidad que solo culmina porque su autor lo decide, ya que, como dice la frase adjudicada al pintor renacentista Leonardo da Vinci, “una obra de arte nunca se termina, solo se abandona”.

7 galera

Una vez que el libro es llevado a imprenta el proceso de corrección continúa. Las pruebas de galera son, precisamente, aquellas primeras impresiones (ya sean manuales, en offset o láser) que son devueltas al autor, revisadas y anotadas por él para realizar las últimas y finales modificaciones sobre el documento. Durante el siglo XVII y con la imprenta de tipos móviles, este tipo de cambios eran complejos por la logística que implicaban—muchas veces la imprenta estaba en una ciudad o país distinto al del autor—pero ante la habitual inexactitud de cajistas y correctores, eran completamente necesarios.

El año 2002 en la casa de subastas Christie’s, se remató una copia de las pruebas de galera de la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez con un precio de puja de medio millón de dólares. Estas habían sido encontradas con anterioridad y contaban con marcas y ajustes realizados a lápiz por el afamado autor colombiano. Aunque se trataba de las copias más cercanas al original puesto que García Márquez destruyó el ejemplar escrito a máquina, en una silente y expectante sala de eventos no hubo postor alguno. En una entrevista con Rita Gilbert en 1971, el autor de Crónica de una muerte anunciada recalca, “lo ideal es escribir un libro, mandarlo a imprimir y corregirlo después. Cuando uno envía algo a los impresores y luego lo lee en su formato impreso, parece haber dado un paso de gran importancia, ya sea para adelante o para atrás”.

8 GARCÍA MÁRQUEZ

Galera de “El otoño del patriarca” de Gabriel García Márquez. Universidad de Texas, Austin

A diferencia de García Márquez, cuyas pruebas de galera no sufrían demasiadas modificaciones, el escritor francés Marcel Proust era un meticuloso y obsesivo editor de su propia obra. La cantidad de versiones y cambios que realizó sobre la misma hacen que hoy exista una rica colección pre-textual repartida en cuadernos, borradores y pruebas de galera intervenidas de los siete volúmenes de su opera magna En busca del tiempo perdido. Los procesos de sustracción, marcados por la tachadura, y de adición, por la nota marginal, patentes en las múltiples galeras que se conservan, dialogan con su interés por preservar la memoria y exhibir el paso del tiempo. El año 2013 en The Morgan Library and Museum se realizó la exposición “Marcel Proust and Swann’s Way: 100th Anniversary” en honor a los 100 años de la publicación de su libro Por el camino de Swann. Aquí se sistematizó toda su producción, desde postales y fotografías hasta las primeras ediciones de sus libros. Junto a ellos, evidentemente, se exhibían sus correcciones de estilo: la culminación de un camino creativo, desde y hacia Swann, que ya no podría modificarse una vez que los libros tocaran las estanterías del librero.

Pruebas de galera "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust

Pruebas de galera “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust

Ctrl+C / Ctrl+V

Hoy, en el mundo digital, la escritura ha mutado nuevamente. Es inevitable que surja la pregunta por el archivo literario y el registro de la palabra escrita ahí donde los procesadores de textos contemporáneos nos permiten borrar, copiar, pegar y escribir sin dejar rastros del proceso. ¿Dónde queda inscripto el error? ¿Cómo habrá de modificarse el archivo en bibliotecas e instituciones patrimoniales para resguardar este tipo de documentos etéreos y móviles? Estas preguntas nos obligan a pensar en nuestras propias herramientas de escritura cotidiana y en la volátil permanencia de las colecciones digitales. A todos nos ha ocurrido alguna vez o al menos sabemos de alguien a quien le ha ocurrido la desgracia de perder un documento crucial sin contar con una copia o respaldo del mismo.

También sucede que las herramientas virtuales de trabajo de escritorio, como Word de Microsoft Office, no cumplen con las mismas características del papel y el lápiz (o para los nostálgicos, de la máquina de escribir), o con las particularidades demandadas por una obra en particular. Un artículo, una tesis, una novela, un reportaje, son todos géneros que requieren de plataformas de escritura distintas y compatibles con múltiples formatos para recopilar información (apuntes, lecturas, borradores, citas, etc.). A continuación dejo algunos procesadores de textos alternativos para quienes no se conforman con la linealidad de la página virtual en blanco:

  1. Write Room y Dark Room, respectivamente para MAC y PC, están pensados para minimizar las distracciones a la hora de la escritura. Diseñados para procrastinadores profesionales que se entretienen navegando en internet, leyendo sus mensajes en el chat y revisando mails, son procesadores que eliminan al intermediario y te dejan solo frente a la letra. No está demás recordarles a los partidarios de Word que en el formato “pantalla completa” se consigue una experiencia similar.
  2. Celtex es una herramienta programada para la escritura creativa. Guiones, storyboards, escenas, novelas, diálogos y otros géneros encuentran cabida en sus muchos formatos de interfaz. Incluso permite la herramienta de escritura colaborativa para proyectos grupales.
  3. Evernote es una libreta de notas digital. Funciona como funcionaría tu cuaderno de apuntes, tu lista de citas o tu libreta de ideas. Se centra en la clasificación y organización de todo tipo de material que luego de pie a un texto. Puedes compartir tus notas y sincronizarlas a tu nube para poder tener acceso a ellas desde cualquier aparto electrónico.
  4. FreeMind es un software algo distinto. Lo recomiendo para todos aquellos a quienes les cuesta organizar sus ideas si no las ven primero a modo de mapa conceptual. Si tu cabeza es un caos, FreeMind te permite armar planos mentales con hipervínculos, prioridades y rutas de acceso.

En la periferia del libro, digital o impreso, siempre quedan rastros y restos de su génesis. Estos nos ayudan a entender de qué manera determinado autor piensa y construye una ficción y también desde dónde articula su escritura. La materialidad de este tipo de textos nos cuenta una historia paralela, una que vale la pena exhibir e indagar.

Autor: Javiera Barrientos G. (3 Entradas)

Licenciada en Letras PUC y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Actualmente escribe su tesis sobre la cultura impresa y emblemática europea del siglo XVI. Es creadora de Notas de Arte, una factoría de encuadernación 100% hecha a mano, y co-fundadora y editora del Centro de Estudios de Cosas Lindas e Inútiles (CECLI).


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