Los amores fantasmales de Ana Juan

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Este semestre caímos rendidos por completo ante los pies de esta ilustradora valenciana. Estábamos a la espera de la llegada a nuestro país del tercer tomo de su Trilogía del Mar del Norte, bajo el sello Contempla (Edelvives), para incluir esta entrevista en nuestro boletín. ¿Qué tienen estos libros? Una propuesta oscura que nos cautiva, la potencia de las historias contadas por Matz Mainka y un trazo -el de Ana- que remarca la visión inquietante de estas leyendas junto al mar.

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La ilustradora Ana Juan. Créditos: Pablo Zamora / El País.

Todo es culpa de Mr. Shin. Todo es culpa de Japón.

Una española y un alemán reciben una beca de la editorial japonesa Kodansha. Ella publica su trabajo gráfico en distintos medios de comunicación y monta exposiciones en Ginebra, Madrid y Nueva York. A él le interesa el cómic y la historia alemana de principios del siglo pasado. En algún lugar de Tokio, a mediados de los 90, la vida de Ana Juan comienza a estrecharse con la de Matz Mainka.

Hoy, ambos son autores de la Trilogía del Mar del Norte. Pero lo curioso es que los primeros bocetos fueron hechos para una revista. Ese era el deseo de Mr. Shin, el editor de Kodansha, que les pidió realizar una serie que recopilara historias perdidas, leyendas que ya nadie recordara. De eso Matz sabía mucho y Ana tenía un prestigio ganado por sus ilustraciones sombrías e inquietantes.

A ellos les causa gracia, y algún grado de orgullo, que la prensa los califique como los ‘hermanos Grimm del siglo XXI´. Pero, al parecer, más que prestar oídos a la tradición oral, más que rescatar antiguos relatos, lo que nos han jugado como lectores es una bella broma metaliteraria.

­—El planteamiento de la serie consiste en un doble juego de realidad y ficción. Una simulada recopilación de historias olvidadas, leyendas del siglo veinte, que en un momento dado los acontecimientos históricos las habían llevado al olvido.

Así, el nexo que une Promesas, La isla y Hermanas (Contempla, 2016) son los amores y los fantasmas. Amores que caen en los precipicios de la razón; fantasmas que buscan la redención.

—Creamos tres historias que comparten el mismo lugar geográfico: el Mar del Norte en Alemania. Cada una tiene un escenario diferente: la soledad de una isla, una ciudad portuaria y un balneario de veraneo burgués. En todos ellos está presente el amor y ocurre un hecho extraordinario que se convierte en leyenda, pero que los acontecimientos históricos del periodo de entre guerras las llevan al olvido. Nuestro trabajo, a modo de falsos investigadores, fue buscarlas, rescatarlas y devolverlas al imaginario público.

Aquí reside uno de los grandes logros de esta Trilogía: eludir las fronteras siempre rígidas entre realidad y ficción, que en estas narraciones dejan oír un eco del cuento clásico infantil y ponen frente a nuestros ojos una realidad tan macabra como honesta. Sí, tiene razón la prensa, perfectamente pueden ser una suerte de hermanos Grimm modernos.

Y en esta línea, Ana no guarda dobles lecturas: “Los libros no tienen que tener edad”. Literatura es literatura.

—Los colores, aunque sutiles y reservados, son un elemento muy importante en el lenguaje de las tres historias cargadas de blancos y oscuros.

—Con el paso de los años he ido reduciendo poco a poco mi paleta intentando que el color quede exclusivamente como elemento narrativo. Nunca he sido pintora, soy dibujante, y con el paso del tiempo he vuelto a la sencillez y engañosa simplicidad de la línea, a buscar el lenguaje de la luz y las sombras e intentar conducir la narración con los menos elementos posibles. En el camino de la vida siempre vamos despojándonos de lo que consideramos superfluo para acabar ligeros de equipaje.

***

Amantes

Ilustración de “Amantes”, de Ana Juan

Mandala. Así se llamaba la revista donde Mr. Shin quería ver publicado el trabajo de Ana Juan y Matz Mainka. Luego de tres números el proyecto se truncó y en los últimos dos aparecieron, primero Hermanas, y luego La Isla. Fue la editora nacida en Chile, Lina Vergara Huilcamán, quien apostó por desarrollar esta historia en un formato de álbum ilustrado. A Ana le dio plena confianza, pues siete años antes había publicado con Logos Edizioni, Amantes y Circus.

—¿Qué tan importante es la labor editorial para sustentar historias como las de la Trilogía? ¿Qué te entrega Logos que no encuentras en otros lados?

—Siempre he mantenido una labor de búsqueda tanto en el aspecto narrativo como gráfico, intentado encontrar otras formas de narración que se alejen de las usuales. Mi concepto de libro ilustrado es como un vehículo con el que contar historias donde la imagen y la palabra van de la mano. Un libro ilustrado pero no para niños sino para adultos o, mejor dicho, para todos. El problema es que las editoriales no asumen riesgos y esto impide una evolución del mercado y los gustos del público.

SnowhiteUn día recibí una oferta por parte de Logos, donde se invitaba a crear un libro que relatase una historia solo con imágenes y así nació Circus. En Lina Vergara encontré una editora y cómplice, alguien con quien compartir mi pasión por los libros ilustrados, la experimentación gráfica y la ambición de encontrarles su lugar en el mercado. Lina abrió un espacio en su sello Illustrati donde poder albergar mi trabajo y darles un techo a mis títulos Amantes (Contempla, 2013), Snowhite (Contempla, 2014), Demeter (Contempla, 2015), y bajo el sello de Spaccacuore dio impulso a la Trilogía del Mar del Norte. Todos estos títulos ahora llegan a Chile de la mano del sello Contempla de Edelvives.

A propósito, creo que una de las grandes conversaciones literaria que he escuchado en una biblioteca escolar ha sido con tu libro Snowhite. Rostros llenos de emoción, pasmo, dudas, ansias por releerlo. ¿Crees que tus libros requieren de un mediador? ¿Y qué características debiera tener esa persona?

—Es importante que en un primer momento alguien lleve de la mano a los lectores, un mediador que tenga amor por la lectura, por los libros, porque sin pasión es imposible transmitir y comunicar el entendimiento y de éste nace el amor.

Una vez me encontré con una pareja que se dedicaba a la animación en las bibliotecas públicas y era tal la emoción que transmitían que ningún niño se resistía a sus lecturas. Ellos habían presentado mis libros a niños de entre 8 y 10 años y me pidieron que pasara a visitarlos. Cuando llegué, los niños me abrazaron contentos de poder conocer a la autora de los libros que les habían hecho soñar durante aquel tiempo, pero lo más sorprendente es que los animadores no se habían limitado a mis libros infantiles, sino que también habían trabajado sobre Demeter, de Bram Stoker, o Snowhite, y los niños habían comprendido y disfrutado con las historias.

—Rudyard Kipling, Bram Stoker, Henry James, Nathaniel Hawthorne son algunos autores que has ilustrado. ¿Por qué acudir a los clásicos? ¿Con tus versiones quieres decirles algo a esos autores?

—Los clásicos acudieron a mi a través de las editoriales. En algunas ocasiones, he vuelto a leerlos enfrentándome a su lectura con otra actitud que la que tuve hace años como lectora. El tiempo da otra perspectiva y vivo como un privilegio la circunstancia de poder volver a darle una nueva lectura a un libro.

No es mi intención decirle nada al autor, ni osaría corregir a Nathaniel Hawthorne o a Bram Stoker, simplemente los revisito y me adentro en ellos hasta encontrar mi punto de vista, un lugar desde donde partir en un viaje alrededor de su obra sin perturbar su esencia. Por ejemplo, si Henry James quiso dejar al lector en la duda de si los fantasmas existen o no en Otra vuelta de tuerca (Galaxia Gutenberg, 2013), no voy a ser yo, aunque la tentación sea grande, quien desvele el misterio al lector.

Frida (Alfaguara, 2003) fue el libro que te abrió las puertas de la literatura infantil. ¿Qué te fascinó de este mundo? ¿Y qué te molesta de él?

—Personalmente nunca había pensado en dedicarme a la ilustración infantil. Tenía otras ambiciones y me extrañó que las editoriales dedicadas al álbum ilustrado se interesaran por mi trabajo. El tiempo en el que mayormente me dediqué a la ilustración de libros infantiles fueron unos años intensos donde permití a mi fantasía explorar caminos inusuales en mi trabajo, llegando incluso a ser autora de un par de libros infantiles como Comenoches (Alfaguara, 2004) y The Pet Shop Revolution (Arthur A. Levine Books, 2011).

Todo un universo de posibilidades narrativas, gráficas, argumentases se abría frente a mí. Sin embargo, encontré una ausencia de riesgo y mucha autocensura en las editoriales, sobre todo estadounidenses. Durante el tiempo que duró mi inmersión en el mundo del álbum ilustrado para niños me sentí cómoda, quizás tan relajada y autocomplaciente que llegó un momento en el que tuve que ser coherente con mi proyecto de vida y abandonar el barco de la ilustración infantil.

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Ilustración de Ana Juan para “Hermanas” (Contempla, 2016)

En Chile y en el continente americano estamos celebrando los cien años del natalicio de Violeta Parra (1917-2017). Hay varios libros infantiles que la retratan, pero pocos que abordan matices y logran saltar ciertos estereotipos. En tu experiencia ilustrando Frida ¿de qué intentaste escapar y cómo hiciste para que primara tu autoría ante una mujer que carga una poderosa estética?

—Recuerdo que cuando me encargaron este libro pensé qué no podía haber un tema Frida Ana Juanmás difícil para un libro dedicado a los niños. Tenía que obviar el tópico. Frida es algo más que su imagen, esta se ha difundido hasta la saciedad llegando a la categoría de icono pop al que se despoja de toda profundidad. Comencé a merodear en torno a la mujer y su obra, y poco a poco me fui adentrando en el mundo de Frida Kahlo, conociendo más sobre ella y su dolor. De esta forma, fui comprendiendo mejor a la mujer y haciendo de su historia mi historia ilustrada, acercándola así al mundo infantil. Me inspiré en su paleta, en la artesanía mexicana que coleccionaba y dieron forma a los amigos que la acompañan y protegen en el libro, en el volcán Popocatépetl que va avisando del peligro, en pequeños detalles de su biografía que hacen un todo.

Un álbum infantil tiene que ser una ventana desde donde el niño se asome al mundo y despertar su curiosidad por seguir conociendo. Si algún niño se ha preguntado quién es Frida y se ha interesado en conocer su obra, el mensaje está transmitido.

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Portada-Juan-Yorker-Charlie-Hebdo_EDIIMA20150109_0342_5La prensa fue una escuela vital para esta artista ganadora del Premio Nacional de Ilustración de España 2010. “Ilustrando una serie de artículos semanales del escritor Francisco Umbral aprendí a trabajar con tiempos cortos, con rapidez, economía de medios y apuntando directamente en lo que el escritor quiere transmitir“, dice Ana. Lleva más de 20 años colaborando para el semanario The New Yorker y sus portadas, como la que rinde homenaje al periódico francés Charlie Hebdo luego del atentado de 2015, dejan muecas más que palabras.

Justamente esa mirada “crítica, afilada y bastante negativa de la sociedad“ llamó la atención del escritor Stephen King. De los más de 50 títulos que contempla su extensa trayectoria solo tres están acompañados de imágenes interiores. El hombre del traje negro (Nórdica, 2017) —un homenaje a un relato del novelista de terror gótico Nathaniel Hawthorne— es el cuarto y está ilustrado por Ana Juan.

—En el momento de abordar esta ilustración poco me tenía que importar quién fuese el escritor. Me dediqué a pasear entre las líneas poniendo atención a los silencios que iba encontrando en el texto, porque en esos silencios es donde creo que se haya la ilustración.

Autor: Germán Gautier (35 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Tiene una pasión por las revistas que desaparecen, donde ha escrito sobre viajes, conservación ambiental y cultura. Actualmente trabaja en el área de comunicaciones de Fundación La Fuente y cada semana visitas escuelas y bibliotecas en el puerto principal.


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