María Osorio: Las idas y vueltas de una editora punketa

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Con Sara Bertrand siempre volvemos a Bogotá. Y es que parece que la Feria del Libro (Filbo), en esa linda ciudad en medio de cerros verdes, produce encuentros entrañables, como amarras que nunca se cortan. Le pedimos a Sara que nos contara más acerca de María, la mítica editora de Babel: dueña de un catálogo rico y variado, ha sabido exprimir lo mejor de escritores e ilustradores; tanto así que ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos, tener la mejor editorial en el mundo para niños y jóvenes.

María y Blanquita. Créditos Sara Bertrand

La editora María Osorio y Blanquita. Créditos: Sara Bertrand

Creo que la culpa la tuvieron las perras. Las niñas, como las llama cariñosamente María Osorio, claro que entonces, Negra y Blanquita (pequeña aclaración: Blanca es negra y Negra, es blanca) vivían juntas y cada vez que intentabas poner un pie dentro de la casa, mostraban unos colmillos nada amables. Ahora es diferente, porque las perras son territoriales y, poco a poco, se fueron apropiando del primer piso; literalmente, corrías peligro si es que intentabas sacar una cerveza de la nevera. Luego, del segundo, donde están el living, el comedor, la cocina.

Las entiendo, es un espacio delicioso, con ventanales grandes y una vista casi panorámica a los cerros verdes y boscosos que rodean el barrio de La soledad en Bogotá. Primer paréntesis: María Osorio es arquitecta antes que editora, amante de los libros, fundadora de una de las editoriales más interesantes de Bogotá en cuanto a fondo bibliográfico y pregonera incansable de la necesidad de circulación de las voces latinas en todo lo ancho y largo de nuestro continente. Digamos que la arquitectura es su sello, una huella que ha estampado tanto en los libros que edita como el espacio físico que ocupan; para decirlo de otra manera: la librería de Babel es de esas pocas en las que, pese a la cantidad, puedes revolver libros sintiéndote como en casa, sabiendo exactamente dónde encontrarlos porque tiene esa lógica de los parques que los urbanistas trazan y te simplifican recorridos. La misma calidez está presente en su casa, su composición. Decía que el segundo piso tiene una preciosa vista, pero además hay un sofá de cuero café que tiene ese ancho preciso para la siesta, es decir, estiras manos y pies y quedas como en cama, pero sin remordimientos de estar echada a las doce, tres o cuatro de la tarde. Podrías pasarte el día en ese sofá, igual que las perras, sin medir consecuencias; procastrinación, ¿qué es eso?

Silva Castrillon. Créditos Máster LIJ Gretel

Silva Castrillon. Créditos Máster LIJ Gretel

Y las perras terminaron por dominarlo todo, excepto, quizás el tercer piso, compuesto por un departamento que sirve para los allegados que junto a María Silvia Castrillón –investigadora y especialista en Literatura infantil y juvenil–, reciben durante el año, casi de continuo. Lo cual, evidentemente, era un problema. Lo entrañable es que la solución vino de las propias niñas. El año pasado, como todos los veranos, partieron de vacaciones a Tota, donde tienen un pequeño refugio en tierras de clima más amable que la capital, aunque Colombia es casi en su totalidad tierra caliente, exceptuando Bogotá y al rededores, los bogotanos suelen quejarse de frío, de la lluvia, de ese invierno “cada año más helado” que tiene de primavera u otoño para países como el nuestro, porque frío, lo que se llama frío, nunca, aunque ellos insistan, ¡vaya uno a discutir acerca de los grados de menos!, y, sobre todo, ¿quién los manda a construir la capital arriba de la cordillera, empinando los 2.600 metros sobre el nivel del mar?

El asunto, para terminar con este preámbulo, es que cuando estaban subiendo las maletas para volver, terminadas las vacaciones y despidiéndose hasta la próxima de su casa entre los cerros, Negrita no quiso subirse al auto. –Que nos vamos, Negra. Y la perra mirando hacia un costado, como quien no quiere ofender, –Que súbete de una vez, y la perra que se levantaba, daba una vuelta alrededor e iba a echarse debajo de un árbol. No hubo caso. Volvieron a Bogotá con Blanquita que, ¡oh, sorpresa!, devino en una verdadera lady. A diferencia de otras visitas, para la feria del libro recién pasada, me encontré con una perra más interesada en mis arepas de queso que en morderme los talones. Y la muy guarra haciendo fiestas, se tiraba al suelo, me ponía su cara en la falda, con esos ojos que eran todo bondad y cariño, hasta que lograba su tajada.

Negrita y María. Blanquita disfrutando en el sofá.

Negrita y María. Blanquita disfrutando en el sofá.

Definitivamente, la culpa la tuvieron las perras. Porque las mujeres que aman a los perros nos reconocemos a kilómetros de distancia. No es que exista una cofradía de mujeres amantes de los perros, pero es cierta simpatía, un qué sé yo que sin saber cómo, te encuentras hablando de perros, de cuando los sacas a caminar por las mañanas, cuando se pelean con el perro del vecino y al intentar separarlos, pierdes un zapato. Así nos conocimos, más bien, así comenzamos a escucharnos.

Para ponerle fecha a esta historia, diré que conocí a María Osorio el año 2008 cuando, estando por primera vez en la Filbo, me fui de directo al stand de Babel y ahí estaba ella, atendiendo su local como una librera más. Segundo paréntesis, a María le gusta pensarse a sí misma como librera más que editora. Más bien, le gusta pensar y repensar –si es posible, volver a pensar y repensar veinte veces– cómo exponer los libros. Cada año, para cada feria, sus aprensiones tienen que ver con la forma en que se mostrarán los libros, con la manera en que el lector recorrerá el stand, dónde pondrá el ojo, dónde pasará las manos. Porque los visitantes de las ferias tocan más que compran. Algunos roban, aunque sea triste reconocer, pero sucede con frecuencia y eso también está considerado en el diseño que María propone cada año. Aunque contra eso, su verdadera carta bajo la manga, es el equipo que ha formado, libreros dispuestos a salir persiguiendo a los ladrones

Ana Garralón, Sara Bertrand y María Osorio en la Librería La Fabulosa de Madrid

Ana Garralón, Sara Bertrand y María Osorio, en la librería La Fabulosa de Madrid

Así es que ahí estaba ella, sentada leyendo. Alguna vez me contó que se enamoró de la literatura a los catorce años cuando su papá llevó a casa las obras completas de Julio Verne. Dice que la ciencia ficción fue de uno de esos descubrimientos que le hizo volar la cabeza, su forma de componer el mundo, su estructura. Una pasión que la siguió en la Universidad de los Andes donde estudió y en donde, gracias a la librera que atendía La contemporánea cerca de su escuela, leyó a Cortázar, a Borges, descubrió a Balzac, a los clásicos. Un camino sin retorno, porque algunos años después abandonó el ejercicio de la arquitectura para dedicarse a la literatura, específicamente, a la promoción lectora como directora de publicaciones de la Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil (ACLIJ) y, luego, como subdirectora de Fundalectura. Una cosa llevó a la otra, como sucede con frecuencia, y el 2001 decidió emprender sola. Fundó Babel Libros como distribuidora, después como librería y, por último, desde 2005, como editorial.

Quizás fue el recuerdo de esa librera que visitaba siendo estudiante y quién, cuenta, cada vez que visitaba le tenía reservado un tocho de libros que, decía, le iban a gustar (acertaba siempre), que el año 2011 abrió una biblioteca de préstamo a domicilio gratuita que atiende a la comunidad de su entorno. Ahí recomienda libros a sus vecinos pequeños y grandes, historias especiales para cada lector. Son mañanas alegres las de los sábados en la calle Carrera 39ª (alguna vez nos detendremos de esa manía colombiana por las carreras y sus números infernales 29a, 29b, 29 bis, un ensortijado imposible para los asentados del sur) donde está la librería Babel.

Sara Bertrand y Maria Osorio en la Feria de Bologna, Italia.

Sara Bertrand y María Osorio en la Feria del libro infantil de Bologna, Italia.

Cada uno de estos proyectos, que se conoce como uno solo, se hicieron a pulso, con la misma calma con que María piensa y repiensa casi todo lo que la circunda. Para dar un ejemplo concreto, la colección Frontera ilustrada con la que Babel obtuvo este año el New Horizons Bologna Ragazzi Award, demoró casi diez años en cuajar. A María le gusta contar la historia del primer título de esta colección, Corazón de león, pues cuando recibió el manuscrito y decidió publicarlo, el escritor, Antonio Ungar, era soltero y vivía en Colombia y el ilustrador estaba en la secundaria y, cuando se editó, Ungar estaba casado y tenía dos hijos y Guevara, con novia y titulado hace rato. Esos son sus tiempos. Una forma de trabajar que este año fue premiada con la más alta distinción en el mundo de la literatura infantil y juvenil, el Bologna Best Children´s Publisher Prize, BOP.

La mujer de la guarda, el premiado libro de la  editorial Babel

La mujer de la guarda, el premiado libro de la editorial Babel

Enorme mérito para una editorial que no es grande y tampoco tiene un millón de títulos, sino más bien todo lo contrario. Para que cada texto, cada colección, vea la luz, hay una conversación que se extiende durante años. María no es del tipo de editoras que le preocupe el número de títulos ni novedades que lanzará por año, su apuesta se mueve a son de su propia incomodidad. Porque María muta, a cada rato, tal como cambian las ciudades, como se acomodan al uso de sus habitantes, María busca nuevas formas, otros registros. Y prueba. Un título puede tener perfectamente cuatro o cinco maquetas diferentes. Después de todo, la selección también es estética y su resultado se ve cuando se completa. Rara vez se repite, de hecho, pensar en productos envasados o copiados cientos de veces es algo que le espanta; lo mismo que el lenguaje y sus formas, es muy quisquillosa con las traducciones, tremendamente exigente con los textos, para ella las palabras sugieren una composición que es tan estética como el libro físico, por eso, pese a que recibe innumerables manuscritos solo se decide por uno o dos al año. Le gusta pensar que cada relato admite formatos disímiles, que lo que realmente interesa es la calidad de su historia: su capacidad para representar mundos extraños, fraccionados, el dolor o el recuerdo de una herida sin venditas. Nada de calmantes ni ansiolíticos. Literatura a secas, sin adjetivos.

 

Autor: Sara Bertrand (19 Entradas)

Estudió Historia y Periodismo en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Combina la escritura de libros infantiles y juveniles con el trabajo periodístico. Su último libro "La mujer de la guarda", editado por Babel, recibió el primer premio en la categoría New Horizons, de los Bologna Ragazzi Award 2016.


 

 

 

 

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