Mi amigo Dahmer: una sombría mirada al mundo escolar

A A

El regreso al colegio que nos trae cada marzo sirve para presentar una oscura mirada autobiográfica sobre la vivencia escolar de un grupo de amigos entre los que se cuenta un futuro asesino en serie. La novela gráfica Mi amigo Dahmer, de Derf Backderf, es una reflexión sobre un sistema de educación deshumanizador e indiferente, a la vez que un acercamiento al origen de uno de los más macabros criminales del siglo XX.

dahmer-avait-fini-par-nous-faire-peur...

Derf Backderf

“En el instituto tuve amistades normales…
y después del instituto nunca tuve ningún amigo íntimo”.
Jeff Dahmer

Marzo llega antes de que llegue marzo. Apenas vuelve el Viejo Pascuero a su cesantía anual, los medios van siendo progresivamente invadidos por escolares sonrientes y felices camino a las salas de clases. Cecilia Bolocco asegura calidad y resistencia, mientras infantes de nórdica apariencia nos tratan de decir que lo mejor del colegio son los amigos, los recreos, los romances, los juegos, las risas. Una linda promesa de felicidad que nos persigue durante enero y febrero. Porque seamos honestos: más allá de la publicitada cara bonita, la escuela también significa levantarse temprano, hacer tareas, obtener malas notas, escuchar largas clases aburridas, soportar a compañeros molestos y a profesores déspotas. Siendo un lugar de convivencia obligada con reglas que se aplican a todos por igual, es difícil que el colegio satisfaga a quienes lo viven diariamente. En su afán uniformador, el sistema educacional no se ha hecho cargo de la tan cacareada diversidad que existe entre nosotros, por lo que muchas veces el paso por las aulas termina siendo, para algunos, un lugar de amistades entrañables que duran toda la vida, mientras que para otros es un camino solitario o angustiante en el que se asientan dolores perpetuos.

Esta dualidad de la vivencia escolar es la que explora el estadounidense John Backderf (1959), más conocido como Derf, en su novela gráfica Mi amigo Dahmer (2012), publicada en español por Astiberri. Con un atractivo componente adicional: Derf cuenta en ella sus años escolares, cuando fue compañero de clase de uno de los asesinos seriales más famosos en Estados Unidos, Jeffrey Dahmer (1960-1994).

La versión de Derf

dammerCreo que al titular su obra Mi amigo Dahmer, Derf está siendo irónico. De lo que uno lee en ella, queda claro que nunca fueron realmente amigos. Como alumnos de una pequeña escuela de Ohio durante los 70’, coincidieron en un curso y vivieron juntos el tránsito de la infancia a la adultez. Pero el autor se encarga de mostrar lo diferentes que fueron las experiencias de cada uno: mientras él tiene un grupo de amigos con el que comparte más allá de las bromas, Dahmer es un niño que, de invisible solitario, pasa a ser el hazmerreír de la clase. No es el clásico nerd de película estadounidense del que todos se burlan y que acaba triunfando, sino que es el mismo Jeffrey Dahmer quien, en un curioso mecanismo de autodefensa, decide convertirse en un chiste, una caricatura cruel que se ríe del minusválido amigo de su madre y que obedece ciegamente a sus compañeros en las travesuras que hacen dentro del colegio, exponiéndose siempre a riesgos que al resto parecían divertidos en su juventud, pero que alcanzada la madurez el autor reconoce como riesgos torpes y suicidas. Son aventuras escolares que quizás no inquieten mayormente a nadie (arruinar la foto escolar, robar un feto de cerdo del laboratorio, hacer ruidos en la biblioteca, beber alcohol a escondidas, reírse de alguien que se cae), pero en ellas el autor va reconociendo ciertos rasgos preocupantes por la forma en que Dahmer parece entregarse por completo a ellas y disfrutar la crueldad que implican.

Jeffrey Dahmer parece cubrir con esta imagen de chiste viviente lo que vive en secreto: una homosexualidad latente y un deseo enfermizo por la muerte. Más allá de una situación familiar tensa (su padre químico viajaba mucho y su madre vivía las neurosis femeninas propias de los 60’ y 70’) que acabó en un divorcio antes de cumplir él los 18 años, Jeffrey es retratado en la novela gráfica como un joven ansioso de muerte, que disfruta en secreto guardar cadáveres de animales que encuentra en el bosque o en la carretera. Posteriormente, él se encargará de matar animales para aumentar su colección. Y luego, el paso fatal: a los 18 años recogerá en la carretera a un apuesto autoestopista en una elipsis narrativa que, sin mostrar nada, da cuenta del inicio del infierno para Dahmer.

El horror de la realidad

Lo que no cuenta Mi amigo Dahmer es la historia que hizo conocido a ese escolar socialmente torpe y de cruel humor extravagante. La novela gráfica acaba con el término del colegio y la entrada a la universidad. Es a partir de ese momento que Jeffrey Dahmer comenzará la historia de crímenes que espantará a los estadounidenses de comienzos de los 90’. Apodado como El carnicero de Milwaukee al hacerse conocidos sus asesinatos, Dahmer logró unir en sus actos las dos fuerzas que siendo adolescente trató de controlar: un deseo sexual que asume como perverso junto con la atracción por la muerte y la destrucción. Pagando por servicios sexuales o conociendo a jóvenes en bares, fue acumulando en su departamento los restos de sus víctimas en una suerte de altar necrofílico y caníbal que horrorizó a los policías que registraron el lugar tras lograr escapar del departamento el último hombre que Dahmer había cazado. Este joven fue quien consiguió revelar el horror al mundo.

La historia de Jeffrey Dahmer estalló en los noticieros de Estados Unidos y del mundo. El asesino fue capturado y al contar su historia el espanto y el rating crecieron. El frío relato de Dahmer explicó tristemente la desaparición de diecisiete hombres. Los periodistas se convirtieron en fieras tratando de conseguir una entrevista con el macabro personaje y la película sobre su vida se puso en marcha. Él fue sentenciado a 15 cadenas perpetuas consecutivas.

La vida de Dahmer, que durante tanto tiempo parecía invisible para todos, se convirtió en objeto de debates y libros. En la cárcel, se convirtió en un ferviente cristiano, pero eso no le sirvió para evitar que durante labores de limpieza otro interno lo matara casi de la misma forma en que él mató a ese autoestopista que fue su primera víctima: a golpes con la barra de una pesa. Quien lo mató sufría de esquizofrenia.

Las preguntas que nos hace Derf

Es de agradecer que Mi amigo Dahmer no se centre en los asesinatos que le dieron fama a Dahmer. Sería un cómic de terror, sin duda. No apto para personas sensibles. Por el contrario, en la obra se evita el acercamiento morboso a la historia por medio de elegantes elipsis que dejan a la imaginación del lector los aspectos más sórdidos del relato. Atisbamos el horror entre viñetas y en los silencios de los personajes. Derf plantea que nunca fue su intención tratar de explicar el comportamiento de su tristemente célebre compañero de colegio ni mucho menos convertirlo en una figura por la que se pueda sentir compasión. Es enfático en eso: “La premisa de este libro es que Dahmer fue una figura trágica, pero eso solo se aplica hasta el momento en que mata. Después de aquel día horrible en junio de 1978 la única tragedia es que Dahmer no tuviera el valor de apuntarse con una pistola a la cabeza y acabar con ella. Por encima de todo, Dahmer era un cobarde”.

Backderf presenta en blanco y negro personajes que transmiten la deshumanización que impone muchas veces un sistema escolar ciego y sordo.

Además, Derf apunta a mostrar cómo el mundo escolar parece totalmente alejado del mundo adulto. En su obra todos los mayores, padres y profesores, parecen encerrados en sus propios conflictos, desentendiéndose siempre de lo que ocurre con los niños y jóvenes de los que están a cargo. ¿Dónde estaban los adultos cuando Dahmer mataba animales? ¿No veían acaso su colección de cadáveres de perros y gatos en el cuarto adjunto a la casa familiar? ¿Cómo no detenían las bromas que se hacían sobre Dahmer y que él soportaba y alentaba a la vez? ¿Cómo no veían que llegaba borracho a clases y que durante el día seguía bebiendo hasta quedarse dormido a la entrada del colegio por las noches?

El estilo que emplea Derf en su dibujo acompaña estas preguntas a la perfección. Deudor del expresionismo de Robert Crumb, presenta en blanco y negro personajes de movimientos rígidos y rostros casi siempre serios que transmiten la deshumanización que impone muchas veces un sistema escolar ciego y sordo. Así, por medio de un dibujo de trazo tosco y simple, cada estudiante parece convertirse en lo que el resto quiere que sea: el exitoso, el popular, el divertido, el gordo, el torpe, el nerd… y Dahmer.

TheHut

De vuelta al colegio

Marzo y el colegio, siempre de la mano. Pero ¿qué es el colegio? ¿Qué tipo de convivencia se vive en él? ¿Cómo son formados los niños y jóvenes en sus aulas? ¿Estamos siempre atentos a lo que en ellas ocurre? ¿Podría haber sido otro el final para Jeffrey Dahmer de haber contado con algún adulto que de verdad se interesara por lo que con él ocurría? ¿O si hubiese tenido un amigo de verdad? Derf no pretende contestar estas preguntas. Lo que nos queda es esta novela honesta, dura y profundamente humana en el retrato que hace de un monstruo y su entorno.

Autor: Rodrigo Costas (21 Entradas)

Licenciado en Literatura de la Universidad Católica de Chile. Es fanático de los cómics desde niño. Además, pinta, ilustra y escribe. Ha ganado diversos concursos de cuentos. Actualmente trabaja como profesor.


Un comentario para “Mi amigo Dahmer: una sombría mirada al mundo escolar

  1. Ygris

    Jeffrey Dahmer jamás mató a un animal. Así lo ha dejado claro en sus pocas entrevistas emitidas y muchas conversaciones con psicólogos y criminólogos. Le invito a informarse mejor sobre ésto en particular.
    Por lo demás, muy buena crítica.
    Un saludo, y espero se retracte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *