Microeditorial Amistad: «El fanzine es una forma asequible y personal de crear, explorar y comunicar discursos críticos»

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En sus casi dos años de existencia, el colectivo ha logrado 24 publicaciones que se mueven alternativamente entre el ensayo, poesía y fotografía. Con la idea de crear textos económicos y con un diseño pulcro, la editorial se presenta como una alternativa discursiva donde el acento está puesto en lo político analizado desde un plano cotidiano, así como también la exploración de la imagen como un acto más que un resultado.

Amistad, junto al zine «Manual de autodefensa feminista». Créditos: Microeditorial Amistad.

En la escena local la proliferación de ferias de diseño e ilustración han funcionado como vitrina para editoriales emergentes. Se trata de publicaciones seriadas y que bien podrían ser objetos de colección. En este pequeño circuito se encuentra Microeditorial Amistad, colectivo formado por Tarix Sepúlveda, Sergio Soto, Daniela Sepúlveda y Camila González, quienes comparten responsabilidades de edición, elaboración y distribución de los fanzines, además del apoyo en ciertas ediciones de Santiago Miranda y Andrés Tapia.

Sus temas son tan variados como extravagantes. Cuando anunciaron Pensando Purpuse: Primer Encuentro en Chile de pensamiento sobre Justin Bieber, recibieron un par de mensajes preguntando si el evento era real. Y sí. De ese conversatorio nacieron ensayos que luego fueron recopilados en una de las 24 publicaciones que llevan hasta ahora, en sus casi dos años de existencia que, como toda autogestión, se ha hecho a pulso de sus integrantes.

Con un despegue meteórico, la microeditorial desarrolla textos que dialogan directamente con la contingencia desde lo cotidiano. Así, en La teoría de Camiroaga, se hace un análisis de cómo la muerte del famosísimo animador desestabilizó, posiblemente, el paradigma que sostenía a la televisión chilena forzando un cambio que se percibe algo improvisado. O bien el zine de serigrafía Manual de autodefensa feminista, cuyo éxito respondió, en parte, al momento en que fue publicado, cuando las demandas de las mujeres por tener un trato igualitario y contra el machismo dejó de ser una conversación entre amigas y se tomó la discusión pública.

Alternando entre el ensayo, poesía y fotografía, los fanzines se perfilan, dicen, como una alternativa a un mercado conquistado por la industrialización de procesos, las transnacionales y los altos precios de los libros. Despojado de las lógicas capitalistas, conciben el trabajo como un proceso colaborativo que se construye desde uno de los vínculos quizás más sinceros de las relaciones humanas; desde la amistad.

—¿Cómo surgió Amistad?
—Fue generación espontánea, todas teníamos alguna vinculación o experiencia previa con la autopublicación, sin embargo no fue hasta mediados de 2016 que decidimos trabajar en publicaciones colaborativas con los recursos y medios que teníamos disponibles. Publicar sobre nuestros diversos intereses y usar las publicaciones como herramientas feministas fue nuestro primer impulso.

—¿Cuál es la propuesta de la microeditorial en relación a la literatura?
—Por el momento tiene que ver con las distintas formas de solucionar el formato y la materialidad de la publicación. Al momento de trabajar con poesía, por ejemplo, hemos dado prioridad a la condición material del poema. La posibilidad de transgredir lo puramente poético hacia una experiencia transferible entre sujetos.

—Se han manifestado en contra de la producción impersonal. ¿A qué se refieren con esto?
—Amistad es una microeditorial feminista y colaborativa. Entendemos los fanzines como un objeto económico por su material y sus métodos de impresión, lo que nos ayuda a hacer preguntas visibles, procesos e investigaciones de artistas jóvenes con quienes colaboramos. También son una excusa para reunir personas, ideas, experiencias y oficios. Son una forma portátil, asequible y personal de crear, explorar y comunicar discursos críticos. Tenemos muchos mensajes políticos, consignas, pero lo más importante tiene que ver con una intervención a la política a través de sus procedimientos, y cómo construimos estrategias; nuestros colaboradores, artistas, aprenden y manejan medios de producción, hacen un cambio de lo personal a lo público. En función de esos mensajes políticos, nosotros tratamos de convertir todo el proceso en una crítica a los discursos que van definiendo la práctica artística y editorial.

—Sus publicaciones destacan por ser simples y bien hechas, con un diseño cuidado. ¿Se quiere entregar un mensaje a través de esa materialidad?
—Los formatos son estrategias económicas de publicación que vamos investigando con cada autor, según los formatos posibles con la imprenta con la que trabajamos. Como investigadores y coleccionistas de fanzines estamos convencidos de que estas publicaciones deben ser accesibles económicamente porque, desde sus orígenes, se han concebido como una expresión democratizadora. De esta manera, para nosotras como equipo al participar con nuestras publicaciones promovemos una alternativa en un mercado conquistado por industrialización de procesos, transnacionales y altos precios.

Ante un mundo con lógicas neoliberales, opresoras y patriarcales, nos parece importante experimentar con otras formas de trabajo.

—¿Qué imaginario es el que buscan promover y difundir con las publicaciones?
—Nos parece muy importante poder aportar con otras formas de entender las publicaciones. Para nosotros los zines son un lugar de encuentro, donde podemos colaborar con jóvenes artistas y escritores. Ante un mundo con lógicas neoliberales, opresoras y patriarcales, nos parece importante experimentar con otras formas de trabajo. Nuestras publicaciones son editadas, impresas y encuadernadas por el equipo de forma colaborativa. Nuestros zines son económicos, enumerados y limitados, por lo que creemos que cada uno presenta una manera distinta de concebir el trabajo, desde la amistad.

«Manual de autodefensa feminista». Créditos: Cocteldemente.com

—El fanzine Manual de autodefensa feminista generó mucho interés, dada la fuerza que ha tenido el movimiento feminista en los últimos meses. ¿Les interesa publicar contenido pertinente de acuerdo al contexto que vive el país?
—¡Por supuesto! Para nosotras, el feminismo y el activismo son de vital importancia. Porque son problemas, prácticas y actividades de las que seguimos encontrando alternativas. Nuestro trabajo editorial no se puede desprender del potencial político que tiene el papel, la impresión y su distribución. Lógicamente intentamos que nuestras ediciones tengan muchos tipos de lecturas, a las que el lector acceda por sus intereses, experiencia, etc., pero es fundamental que se reconozcan nuestras publicaciones como el resultado de muchas reflexiones y actividades. Este reconocimiento sería materializar el sistema de producción, por ejemplo, hacer tangible la encuadernación y no solo el fanzine ya terminado. Cuando decimos que somos una microeditorial feminista, no solo queremos autodefinirnos en función de una categorización de nuestro trabajo, sino también transmitir la experiencia de que el feminismo, su acción política, puede ser un punto de partida hacia la exploración de nuevos modos de vivir.

—Hay fanzines donde se teoriza sobre Moria Casán, Felipe Camiroaga, Justin Bieber. ¿En qué elementos se fijan para escoger al sujeto? ¿Qué condiciones debe reunir el sujeto para ser objeto de discusión ensayística?
—Estas figuras pop contemporáneas fueron elegidas por sus editores y/o autores. El zine de Moria Casán y Justin Bieber son parte de un proyecto gestado por Felipe Mardones, Danae Tapia y Andrés Tapia, donde eligen distintas figuras para pensar desde la teoría crítica y la teoría cultural. En el caso de La teoría de Camiroaga, que fue nuestra primera publicación en esta línea, nace por un interés del autor Marco Pereira y de nuestro equipo editorial de pensar críticamente los medios de comunicación en Chile. En el fondo, buscamos que sean figuras que pueden pertenecer a distintas épocas, países o disciplinas, y que sean reconocibles o populares.

—La cultura pop es un tema que cruza a la mayoría de sus fanzines y que ha sido materia de discusión artística desde los 60, con Warhol. ¿Cuál es la relevancia que le dan a ese concepto y cómo creen que se vive esa cultura en el ideario chileno?
—La relevancia de trabajar la cultura pop en nuestras publicaciones es poder construir discursos críticos en torno a fenómenos que nos rodean en lo cotidiano. Como feministas nos interesa poder observar y reflexionar críticamente las representaciones en medios de comunicación y cine, iconos pop de la cultura y la música y, en el fondo, cómo se trama nuestra identidad chilena y latinoamericana.

—En lo fotográfico, ¿qué tipo de trabajos y exploraciones les interesa poner foco?
—Nuestras publicaciones en fotografía han tenido dos constantes. Primero, nuevas formas de trabajo, es decir, concebir la fotografía como un acto más que un resultado. Por ejemplo el trabajo de Colectivo Granada, de Aranzazu Moena, de Tarix Sepúlveda, de Rosario Oddó, nos dan cuenta de un proceso, es necesario reconocer ese proceso que llevó a la configuración y a la complejidad de la imagen. Por otro lado, que no es excluyente del primer grupo, tenemos un tipo de publicación donde la fotografía es imagen y por lo tanto información, como el trabajo de Nicholas Jackson o Andrés Tapia así se considera el aspecto más poético de este y se utiliza como material para resolver la forma del fanzine.

—Amistad irrumpe en un escenario emergente en la creación de fanzines, pero se trata de un formato que existe hace tiempo. ¿A qué atribuyen esta nueva oleada?
—En Chile la autopublicación existe desde hace más de un siglo. Por ejemplo, la poesía del siglo XIX publicada en la Lira Popular; periódicos autoeditados del movimiento feminista como La Palanca, catálogos de V.I.S.U.A.L. y otras experiencias gráficas como respuesta política en la dictadura de 1973 a 1989. Esta nueva “oleada” de fanzines como las conocemos ahora, con encuentro masivos y visibilización a través de internet, es más reciente. Durante los últimos años han habido diferentes ferias que presentan el trabajo de diferentes microeditoriales, fanzineros, fanzineras y colectivos de arte de todo Chile y países cercanos. Respecto a esta, se pueden indicar distintos procesos, pero la necesidad de compartir siempre ha existido.

Escuelas. Créditos: Rosariooddo.com

—¿Y esa necesidad logra satisfacerse a través de las redes sociales?
—Quizás ya vivimos el momento de ficción donde se creía que las plataformas digitales eran suficientes para experimentar el hecho artístico (especialmente en el campo de la ilustración que ha dependido de los medios de comunicación para existir). Ese momento es necesario porque se van descubriendo las posibilidades y límites de las tecnologías. Otro factor, quizás tiene que ver con la profesionalización y la masificación de las carreras de Arte, Diseño y Literatura en Chile. Eso implica que hay más producción pero menos espacio. La industria ha sido pocas veces justa con el momento creativo en donde de inscribe. Hay una necesidad de mostrar el trabajo personal. Si bien podemos identificar muchos tipos de organización en la creación de fanzines, el modo literal de  “autopublicación” es la que más existe en Chile. Es decir, por ejemplo un ilustrador, que sin socializar nada antes comienza a producir una serie de elementos relativos a la impresión o la manufactura del papel y sus tecnologías: fanzines, stickers, libretas, bolsos, chapitas, etc.

—Han expuesto en Brasil y Nueva York, ¿cómo ha sido acogida la microeditorial en esos lugares?
—En Nueva York nos encontramos con mucha sorpresa, cuando decíamos “Chile” recordaban algún viaje, amigo o terremoto, entonces se sorprendían mucho de que viajáramos solo para estar en la feria y nos escuchaban con mucho interés cuando les contábamos sobre las diversas disciplinas y autores que publicamos. Recibimos muchos comentarios que nos inspiran hasta hoy, a veces muy simples, solo pasaba alguien y nos decía: me encanta cómo muestran sus publicaciones. También tuvimos largas conversaciones con encargados de archivos y organizadores de encuentros editoriales quienes se interesaban por conocer nuestras metodologías y cómo ejercemos activismo.

—¿Y qué tal les fue en Brasil?
—En Brasil fuimos más locales: Chile era uno de los países con más representación lo que nos permitió compartir está experiencia en equipo. Nos encontramos con amigos internacionales que conocimos en Nueva York (NYABF) y Santiago (Impresionante). Entre expositores, las compañeras feministas nos recomendaban a sus amigas.

En todas estas experiencias, nos hemos percatado que siempre hay un interés de conocer sobre lo que sucede en Chile y lo que están desarrollando jóvenes artistas y escritores. Nuestras publicaciones al ser reflejo de estos procesos son muy llamativos para públicos de otros países.

«La teoría de Camiroaga». Créditos: Amistad.

 

Autor: Consuelo Olguín (6 Entradas)

Periodista UC de medios escritos. Ha trabajado en El Mercurio y en El Dínamo, transitando por las secciones de actualidad y cultura. Cursó el diplomado en Periodismo en Cultura, Crítica y Edición de Libros, de la Universidad de Chile. Luego participó en el taller de narrativa contemporánea que dicta la editorial Los Libros de la Mujer Rota.


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