Miguel Gallardo: “Impresionantes historias pueden estar al lado tuyo”

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El dibujante español Miguel Gallardo ha sido uno de los pioneros del cómic biográfico en nuestro idioma. En 1997 publicó Un largo silencio, con la historia de su padre como combatiente republicano en la Guerra Civil Española, y el 2007 lanzó María y yo, sobre un viaje que hizo con María, su hija autista. Gallardo estuvo en Chile participando en el Diplomado en ilustración y narrativa autobiográfica (PUC) y promocionando la llegada de sus títulos a nuestras librerías.

En España, los cómics de Miguel Gallardo han sido etiquetados como “Cómic social y sensible”. – See more at: http://www.fundacionlafuente.cl/?p=8869&preview=true#sthash.ufm2BnZy.dpuf
En España, los cómics de Miguel Gallardo han sido etiquetados como “Cómic social y sensible”. – See more at: http://www.fundacionlafuente.cl/?p=8869&preview=true#sthash.ufm2BnZy.dpuf
Miguel Gallardo en su estudio [Fotografía de Jot Down]

Miguel Gallardo en su estudio [Fotografía de Jot Down]

En España, los cómics de Miguel Gallardo (Lleida, 1955) llevan la etiqueta de “Cómic social y sensible”. El autismo y la Guerra Civil Española han sido alguno de sus temas y han necesitado una clasificación porque pareciera que cada día son más las publicaciones sobre temas ajenos a los usuales del cómic, que han sido las aventuras y los superhéroes. “Me parece bien —dice Gallardo— si a la gente la convence de que es algo diferente. Es una etiqueta que ha abierto la posibilidad de contar en los cómics cosas que no se contaban normalmente”. Junto a Paco Roca —autor de Arrugas, un libro sobre la vejez y el Alzheimer—, Gallardo hizo la historieta Emotional World Tour (Astiberri, 2009), donde con mucho humor reflejan ambos sus giras por el mundo promocionando sus cómics “sensibles”.

Nadie en mi generación tenía idea del oficio de dibujante, con lo cual pudimos inventarlo para nosotros todo entero.

La carrera de Gallardo comenzó a fines de los años 70, publicando dibujos en revistas underground de Barcelona. Su personaje más conocido, al menos en España, fue Makoki, un cómic para adultos con sexo, drogas y rock & roll. Gallardo se formó como dibujante a pulso, una vez que fue expulsado de la escuela de Bellas Artes: “Las generaciones anteriores de dibujantes seguían un camino tradicional de aprender. Se empezaba en el estudio de alguien que dibujaba historietas, haciendo la tinta o lo que fuera, y así ibas aprendiendo. En mi generación, que era una de transición que vivió los últimos años de Franco, salimos un poco de la nada. Nadie tenía idea del oficio, con lo cual pudimos inventarlo para nosotros todo entero”.

Gallardo, ya en los 80 y 90, se convirtió también en ilustrador, y pasó de las viñetas de humor a explorar temas más complejos. Su último libro es María y yo (Astiberri, 2007), el cuaderno de viajes que lleva durante las vacaciones con su hija, María, que tiene autismo. El libro recibió el Premio Nacional del Cómic de Cataluña 2008 y fue llevado al cine, como documental, por el director Félix Fernández de Castro el año 2010. En mayo de este año, Gallardo recibió el reconocimiento más importante que se le da a los historietistas en España: recibió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona por su trayectoria.

—El tono de “María y yo” es muy particular. Los dibujos son sencillos —al contrario de tus cómics anteriores— y la escritura tiene mucho humor. No es un libro lastimero sobre el autismo.

—Eso era muy importante. María y yo es una historia muy importante en mi vida, que sabía que tarde temprano iba a contar. Pero no hubiera sido lo mismo si la hubiera contado cuando María tenía 2 años que cuando tenía 14. Cuando María tenía 2 años, estábamos en la primera fase, de negación y frustración. La historia que podía contar entonces no era muy buena. Era necesario transitar por una serie de pasos hasta llegar a la aceptación y yo quería narrar esta historia desde un punto de vista positivo y con humor.

María ha cambiado muchas cosas en mi vida y ha cambiado también mi forma de dibujar. Dibujando para ella he desarrollado un estilo mucho más sencillo

La sencillez en los dibujos viene de que María ha cambiado muchas cosas en mi vida. Toda mi escala de valores, mis prioridades han cambiado. Y ha cambiado también mi forma de dibujar. Dibujando para ella he desarrollado un estilo mucho más sencillo. De hecho María y yo es un cuaderno de viajes. O sea, no hice un cuaderno y luego lo embellecí; si no que esto es directamente el cuaderno que yo hice a lápiz. Lo único que hice fue ponerle el rojo y rotularlo de nuevo para que la gente pudiera leerlo. La idea era que si los dibujos que yo utilizaba para comunicarme con María ella los entendía, porque eran simples, la gente también iba a entenderlos. La parte difícil era explicarles a los lectores a María; pero encuentro una forma a través del humor y de las situaciones que suceden en el viaje.

Me demoré medio mes en hacer el cuaderno de viajes con María. Eso es lo que le mostré a los editores. La cosa era la frescura de haber hecho algo directo del corazón. No quería hacer cosas bonitas, sino algo que transmitiera directamente.

—Para María, descubrimos en el libro, son muy importantes los dibujos y los nombres, que parecieran darle una forma de asir el mundo.

—Casi todas las personas con trastorno del espectro autista tienen problemas de comunicación y con el lenguaje oral. Sin embargo, el lenguaje visual funciona mejor con ellos. De hecho, muchos funcionan con pictogramas, que los niños incluso llevan encima. Les ayudan a hacer las secuencias que deben hacer cotidianamente o les sirve de agenda. Es muy importante para ellos el prever. Tienes que hacerles un programa de lo que va a pasar, porque para ellos el mundo es un lugar muy caótico. Sus obsesiones son como defensas. Yo tenía la suerte de ser dibujante.

Y María tiene una habilidad con los nombres. Muchos tienen una habilidad memorística y María tiene la habilidad de acordarse de todas las personas que ha conocido. Con eso hemos conformado una especia de guía de comunicación, donde yo le dibujo a esas personas que ella recuerda. ¿Qué nos comunicamos a través de eso? No lo sé, pero nos comunicamos (risas).

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—En el caso de la literatura infantil, ¿crees que los niños con discapacidades han sido marginados? No suele haber literatura para ellos ni sobre ellos.

—No hay nada específico para ellos. La editorial Kalandraka tiene cuentos con pictogramas (en la colección Makakiños), pero no me convencen demasiado porque no es sólo que tengas que añadir pictogramas, sino que la narración en sí tiene que estar dirigida a ellos. En el caso de las personas con autismo, la narración tiene que ser muy clara. No puede haber saltos de tiempo o metáforas, por ejemplo.

Quizás más que eso, en la literatura infantil necesitamos héroes que sean como ellos. Ellos no se pueden ver reflejados en ningún libro. Necesitamos un héroe que sea un niño invidente o con autismo. Que hablen de ellos, que ellos sean los protagonistas.

—“Un largo silencio” es sobre los primeros 31 años de vida de tu padre, incluida su experiencia en la Guerra Civil Española. ¿Por qué te interesaba que esta historia llegara a más lectores?

—La historia de la Guerra Civil en España no ha sido contada todavía. Ha sido enterrada. Acá en Chile estuve en el Museo de la Memoria — algo que no se ha hecho en España— y me parece un ejercicio muy saludable. Pienso que un libro como el de mi padre debería estar en las escuelas españolas; pero no lo está.

La Guerra Civil es atractiva porque es de las últimas guerras románticas que hubo en el mundo, de las últimas que la gente fue a luchar por una idea. Y es la guerra de nuestros padres. Al menos de mi padre, que estuvo ahí. Mi padre, mientras estuvo vivo el dictador Franco, nunca habló de la Guerra Civil, por eso el libro se llamó Un largo silencio. Y cuando por fin murió Franco, mi padre se puso a hablar y entonces ya no paró de contar historias sobre la Guerra Civil. Es una historia que siempre estuvo presente en mi casa. Presente por su ausencia. Era la historia que faltaba contar.

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—¿Por qué optaste para la narración por este collage, en el que conviven texto, dibujo, cómic y fotografía?

—Fue algo que causó muchas críticas al principio. Cuando salió fue un desastre. La gente del cómic decía que no era un cómic y los lectores de novelas decían que era una historieta. Podía haber hecho algo como Maus, de Art Spiegelman, haber contado la historia en dibujos, pero tenía la narración de mi padre, que eran 20 folios escritos de su mano, y me importaba mucho que eso estuviera presente.

Mi padre no era escritor, por lo cual la narración no tenía intensidad dramática. Entonces, en las historietas que yo hice —algunas cosas de la guerra civil en concreto— le puse esa intensidad dramática que faltaba. Agregar fotos al libro me parecía también importante para decir que se trataba de una persona real y que lo que se narra es lo que ha vivido.

Para Un largo silencio me tuve que reinventar yo mismo. Acababa de estar una larga época en la revista Víbora haciendo el Makoki, que era otro tipo de historias, de humor, y de pronto me tuve que enfrentar a la historia de mi padre. Le di muchas vueltas, durante años, porque no encontraba la forma gráfica ni la voz para explicarla. Me tuve que inventar un estilo particular para eso, que fue un estilo muy limpio, sin pretensiones; lo que quería era reflejar la historia.

—El cómic autobiográfico está en un buen momento. Obras pioneras fueron “Maus” y “Persépolis”, por ejemplo, pero hoy se han multiplicado. ¿Cuáles son para ti las características de un buen cómic autobiográfico?

—Como todas las cosas que se ponen de moda, un comic autobiográfico puede ser un tostón (algo muy malo). No porque sea tu historia o sea una historia interesante será la bomba. He leído obras autobiográficas que no valían el papel en el que estaba impreso. No se trata de que sea autobiográfica o no, se trata de contar una buena historia bien contada. Hay una frase famosa, no sé de quién, que me parece muy adecuada, que dice: “Las buenas historias les pasan a quien sabe contarlas”.

Las historias más impresionantes pueden estar al lado tuyo.

Ya hemos pasado la época en la que para hacer cómics tenías que ser un dibujante clásico, muy bueno. Lo importante es que el estilo esté en consonancia con la historia que explicas. Si el dibujo va más allá de lo que estás contando, tú distraes al lector de lo que estas explicando; al revés, el dibujo no se puede quedar corto. Guion y dibujo tienen que estar muy bien combinados. Lo que marca la diferencia es el punto de vista personal. Eres tú el que lo está viendo, nadie te lo está contando.

Antes que dibujante o ilustrador, me tengo por narrador. A mí me chiflan las historias buenas. Para contarlas o para que me las cuenten y la realidad es el material más cercano que tenemos. Las historias más impresionantes pueden estar al lado tuyo. En el Museo de la Memoria, por ejemplo, hay una historia por cada persona que ha sufrido.

Los libros de Miguel Gallardo María y yo, Un largo silencio y Emotional World Tour (Astiberri), además de Tres Viajes (De Ponent), están disponibles en la librería Baobab, del Barrio Italia, y en Prosa & Política, del centro de Santiago. Son distribuidos en Chile por Liberalia.

Los libros de Miguel Gallardo María y yo, Un largo silencio, Emotional World Tour, además de Tres Viajes, están disponibles en la librería Baobab, del Barrio Italia, y en Prosa & Política, del centro de Santiago. Son distribuidos en Chile Por Liberalia. Gallardo estuvo en neustro país invitado por el Diplomado en ilustración y narrativa autobiográfica (PUC). – See more at: http://www.fundacionlafuente.cl/?p=8869&preview=true#sthash.hT3uU072.dpuf
De Ponent, están disponibles en la librería Baobab, del Barrio Italia, y en Prosa & Política, del centro de Santiago. Son distribuidos en Chile Por Liberalia. Gallardo estuvo en nuestro país invitado por el Diplomado en ilustración y narrativa autobiográfica (PUC).
Autor: Pablo Espinosa (40 Entradas)

Licenciado en Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado, magíster en Periodismo de la Pontifica Universidad Católica de Chile y magíster en Literatura de la Universidad de Chile (c). Es uno de los fundadores del proyecto Ojo en Tinta: podcast, revista digital y programa de TV. En la actualidad, es editor del sitio Chile para Niños, del programa Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional de Chile.


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