Mike Wilson, autor de «Ártico»: “Quería captar ciertos aspectos de la estética del frío y de la sensación que produce”

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Luego de la premiada novela Leñador (Orjikh, 2013), el escritor Mike Wilson parecía haber abandonado la novela para volcarse en otros registros. Sin embargo no fue así. Desde esa entrega hasta hoy, la han sucedido Scout —fanzine de distribución gratuita, publicado el año pasado— y Ártico, novela breve cuyo lanzamiento fue hace solo algunas semanas en Buenos Aires, gracias al sello argentino Fiordo. Tras su retorno a Chile, Wilson conversó con nuestra fundación sobre estas últimas publicaciones, sobre sus semejanzas y diferencias, y sobre qué cosas son importantes para él a la hora de construir una narración.

Micke Wilson Creditos facebook del autor

© Mike Wilson

 

Mike Wilson es escritor y académico, de nacionalidad argentina-estadounidense, radicado en Chile desde hace más de diez años. Autor de El púgil (Forja, 2008), Zombie (Alfaguara, 2009) y Rockabilly (Alfaguara, 2011), su novela Leñador, publicada en 2013, marcó un punto de inflexión en su proyecto de escritura, y en su relación con agentes literarios y grandes editoriales al dejar la trasnacional Alfaguara por una editorial independiente chilena especializada en filosofía y ensayos, Orjikh Editores. En su portada vemos a un hombre sentado, aparentemente pensando y donde leemos, sin más, «leñador», de modo que quien se enfrenta a este enigmático libro por primera vez, poco sabrá de su autor o de su contenido.

La publicación de Leñador para toda Latinoamérica y España estuvo a cargo de la editorial trasandina Fiordo, quienes también son responsables de la más reciente novela de Wilson: Ártico, poema largo, novela breve en verso o simplemente —como lo explicita el mismo subtítulo del libro— una lista. Hace algunas semanas su autor visitó Argentina para presentar en conjunto ambas novelas, en una cálida e íntima jornada y acompañado por el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, donde habló de las historias tras los libros y el sentido de su literatura, cada vez más reconocida en el continente.

Sobre la experiencia de trabajar con una editorial independiente al otro lado de la cordillera, nos comenta: “Fiordo es una editorial que cuida bastante la edición de cada uno de sus libros y tienen mucho cariño por lo que publican. Tienen una tremenda colección de libros. Es un lujo poder ser editados con ellos”. Respecto a publicar en Argentina en lugar de hacerlo en Chile, explica: “Me gusta mucho publicar allá, la distancia amortigua el ruido, me siento más tranquilo así.”

Presentación libro Mike Facebook Fiordo

El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán presenta los últimos trabajos de MIke Wilson en Buenos Aires. Créditos: Facebook Fiordo.

Habitar en la novela

Si tuviéramos que definir Leñador podríamos decir que es una novela, a través de la cual su autor reflexiona en torno al lenguaje y sus limitaciones. Con exhaustivas definiciones se va perfilando el entorno donde un excombatiente y boxeador se sumerge cuando decide irse al noroeste de Canadá, para volverse un leñador más en el bosque del Yukón.

Como si fuera una especie de diccionario enciclopédico, esta novela está compuesta casi en su totalidad por descripciones que nos muestran que en cada cosa existe un conocimiento inabarcable que el narrador describe detalladamente a través del lenguaje. Por otra parte, intercala estas definiciones con breves narraciones sobre las experiencias del mismo protagonista con estos conceptos que componen la novela: “La hierba está quieta y las cosas siguen. Nada se acaba, nada se avecina. Aquí las cosas son, ocurren, siguen siendo, fluyen sin apuro, sin cuidado de nuestra presencia. Es libre de nuestras filosofías, de nuestros dogmas, de nuestras dudas”.

Hablamos con Mike Wilson sobre sus últimos libros y el proceso de escritura, un trabajo que explica en detalle.

—Durante la escritura de Leñador, ¿consideraste entregarle mayor protagonismo al relato o siempre estuvo clara esta división entre lo que le ocurría al protagonista y las descripciones?

—Creo que me pasaba un poco al revés. Mientras avanzaba, sentía la tentación de quedarme en los textos no narrativos, en seguir describiendo, sin detenerme. Las reflexiones del narrador eran el ruido que tenía que ir apagándose. Al final del libro el narrador lo logra, porque dejar de pensar.

— ¿Qué relevancia adquiere el espacio en donde desarrollaste la narración para abordar las reflexiones filosóficas que subyacen a la historia de Leñador?

—El espacio es muy importante para mí, creo que siempre juega un papel bastante protagónico en todo lo que escribo. Siempre he pensado que la identidad en el sentido más abstracto y fundamental está atada a los lugares, incluso entrelazada con ellos. Creo que nadie es en un vacío, uno siempre es en un lugar y llevamos nuestros lugares con nosotros, los vamos acumulando. No siempre tengo claro por qué elijo un espacio sobre otro, pero suele ser lo primero que defino al escribir.

— ¿Crees que hubiese sido posible tratar estas mismas reflexiones en otro espacio narrativo?

—Quizá, no sé. Supongo que sí. No sé si algo va a funcionar hasta hacerlo, por eso especular sobre eso no me da respuestas. Pienso que si cambio el lugar también cambia de alguna forma la reflexión, pero en realidad no lo tengo claro.

— ¿Cómo te relacionas con el lugar donde sitúas tus relatos? ¿En el caso de Leñador y Ártico, fue relevante donde te encontrabas a la hora de escribir?

—En el caso de la primera, no. La escribí en varios lugares que no se parecían en nada al espacio donde se desarrolla el relato. Para mí el bosque de Leñador era algo mucho más abstracto, era un lugar que se resistía a la codificación. Con Ártico, sí afectó bastante. Lo escribí en Ushuaia (Argentina), porque quería captar ciertos aspectos de la estética del frío y de la sensación que produce el frío, por lo que la inmediatez de ese ambiente fue importante para mí.

Fotos del autor

© Mike Wilson

Retorno a la ciudad

Tras el éxito de Leñador que en Chile obtuvo el Premio a la Crítica en 2014 y el Premio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el mismo año— Wilson publica el ensayo Wittgenstein y el sentido tácito de las cosas (Orjikh, 2014), confirmando así la intención que en algún momento expresó el autor de alejarse de la ficción. En este trabajo, se internó en la filosofía del lenguaje, una voluntad que va de la mano con los cuestionamientos a lo largo de su obra.

El año pasado algunas librerías de Santiago recibieron copias de Scout, una novela breve editada en formato de fanzine con la leyenda Scout es gratis. No vender”, que también está disponible para su descarga en internet. Con un lenguaje simple, casi enternecedor y alguna que otra referencia al manga, este texto relata la historia de un niño de catorce años que quiere ser scout.

Portada Artico FiordoÁrtico supone el retorno de Mike Wilson a las estanterías de las librerías. Esta vez con el relato de un hombre que recorre un zoológico abandonado y que mientras se desplaza va enumerando impresiones, lugares, objetos. El narrador, aferrado a la memoria de un antiguo amor perdido, nos entrega una sucesión de imágenes, colores y texturas que nos permiten acercarnos al sentir melancólico de este personaje que deambula por una inhóspita ciudad —para nosotros— desconocida: Me pregunto / Si la luz / También huye de mí / Y si estamos todos / Circunscritos por el frío.

— En Leñador la mayor parte del relato se sitúa en el exterior, mientras que en Ártico y Scout, e incluso en una de tus primeras novelas, Rockabilly, la ciudad o el barrio parecen ser más importantes que habitar un lugar.¿Consideras que tu escritura es más de sitios exteriores que interiores?

—No, me interesan ambos. Creo que me interesa mirar hacia fuera y también hacia adentro. Por ejemplo, la idea de observar por la ventana —que aparece en Ártico y Scout tiene que ver quizá con la sensación de protección que comunica, pero también me atrae la idea de mirar desde afuera. Es un tema de perspectiva. Desde donde focalizar la mirada.

—En Ártico, las imágenes, los colores son fundamentales. El blanco de la nieve aparece como soporte del rojo y el azul que lo contrastan; también es recurrente la imagen del reflejo. ¿Crees que en tus otras novelas es igual de relevante componer a través de la visualidad, los colores?

—Sí, lo visual siempre ha sido central en lo que escribo y en el caso de Ártico los colores fueron especialmente importantes. No por una decisión consciente, sino más bien por la forma en que pienso y escribo. Creo que en parte se debe a esa idea de lugar, y lo que ocurre en un lugar que, aun cuando es un espacio abstracto, inevitablemente es algo visual para mí.

—El uso cotidiano de las listas está relacionado con la memoria. En el caso de Ártico, una lista, este recurso ¿es más un ejercicio de memoria o de desmemoria, donde los recuerdos del protagonista pueden descansar?

—No sé. Creo que la memoria es un paisaje, es el mismo lugar en que está el protagonista pero que ocurre en otro tiempo. Es como el mapa de Borges en ese sentido, un mapa que no se distingue del territorio.

—En algunas entrevistas manifestaste interés por los cómics japoneses. ¿Has pensado acercarse a la narrativa gráfica desde el guion, como lo han hecho otros narradores chilenos en la actualidad?

—Me interesan mucho los cómics, desde chico. De alguna forma inciden en lo que escribo, no temáticamente, sino en su forma de narrar. Pero no, por ahora no me interesa escribir un guion para cómics. Es algo que disfruto más como lector.

Autor: María Jesús Blanche (2 Entradas)

Licenciada en Letras Hispánicas y diplomada en Edición. Su amor por el libro como objeto y como una fuente inagotable de experiencias lectoras diversas, han sido una motivación constante para seguir trabajando desde distintos frentes en busca de nuevos amantes de la lectura.


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