Ocho preguntas a Joseph Michael Brennan, autor de la saga fantástica “Las memorias del juramento”

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El lanzamiento de “El príncipe de los cuatro vientos”, segunda parte de la ambiciosa saga fantástica Las memorias del juramento (Montena – Penguin Random House, 2016), trajo de vuelta a Chile a Joseph Michael Brennan, seudónimo del académico y especialista en estudios célticos, Exequiel Monge. Aprovechamos la oportunidad para hablar sobre sus primeros pasos en la escritura, su visión sobre la literatura juvenil y las influencias que lo han marcado. El autor —durante este mes— se encontrará de gira por distintas sedes de Biblioteca Viva.

Bennan

—En tiempos que los escritores pueden ir de cara al sol, ¿cómo nace Joseph Michael Brennan (seudónimo de Exequiel Monge)?

Hay dos explicaciones, simultáneamente reales. Una es práctica: como historiador, estoy obligado a publicar para construir mi carrera, y me pareció útil mantener separada la producción académica de la literaria. Es decir, el día de mañana, quería evitar que alguien googleara mi nombre, y le saliera una ensalada de artículos científicos mezclados con novelas de fantasía. Hay una explicación más profunda también, y es que al principio yo soñaba con mantener un perfil muy bajo, alejado de las redes sociales, en la comodidad del anonimato. Pero no tardé en darme cuenta de que, en esta época, sencillamente no es posible, y que para promover un libro, el autor tiene que dar la cara. Ahí surgió la idea del “pseudónimo abierto,” donde todos saben que Joseph es otro nombre de Exequiel.

Ahora, ¿por qué específicamente ese nombre? José por San José, padre adoptivo de Jesús. Miguel por el Arcángel. Son dos santos que quiero mucho. Decidí que fuera un nombre irlandés como homenaje a la que es ya mi segunda patria, mi otro hogar. La gente ve un “nombre gringo,” pero es Irlanda la que está detrás. Claro, podría haber sido en gaélico (Seosamh Mícheál O Breannáin), ¡pero hubiera sido impronunciable para la mayoría!


—Te imagino lector voraz desde pequeño, ¿en qué momento y bajo qué circunstancias decides convertirte en escritor? ¿Cuáles fueron tus primeros esfuerzos escriturales?

Para mí escribir fue siempre una necesidad. Muy instintivamente, antes de saber escribir, me puse a dibujar historias: jugaba con los Playmobil o Legos, y después me sentaba con una caja de lápices scripto a ilustrar la aventura que había armado. Mi papá me corregía los dibujos, y a veces mi madre escribía yo lo que yo le dictaba. Cuando aprendí a leer y escribir, y cayeron en mis manos El Hobbit (a los siete) y El Señor de los Anillos (a los ocho), me lancé a armar mi primera novela.

Inevitablemente, como le pasa a la mayoría, me quedó una especie de plagio bienintencionado que no llegué a concluir. Mi primera novela (histórica) la terminé a los catorce años, se titula El Arpa de Niebla. Después me embarqué en otra, que iba a llamarse Nuestro Reino en la Tierra, ambientada en el Japón samurái y la persecución de los cristianos del siglo XVII. Pero me obsesioné con la perfección del trasfondo histórico, y la dejé inconclusa. Ahí decidí cambiar de género, y volver a la fantasía, donde no me atormenta mi lado académico.

principe vientos

El autor presenta el segundo libro de su saga en dos sedes de Biblioteca Viva: jueves 12 de enero (BV Tobalaba, 19.00 horas) y viernes 13 de enero (BV Norte, 19.00 horas)

—Uno de los errores más recurrentes que se puede encontrar en la literatura que se denomina juvenil, es que descuida lo literario y pone todos los esfuerzos sobre el adjetivo juvenil, ¿cómo haces para captar a tu público objetivo –los jóvenes- sin descuidar lo netamente literario?

Creo que los jóvenes son un público maravilloso que, en general, carece de las pretensiones del consumidor adulto de “alta literatura.” Vienen con menos prejuicios: quieren gozar, disfrutar leyendo, más que juzgar al autor con la vara de su erudición. Leen para recorrer mundos que los fascinen, para enamorarse de los personajes o hacerse amigos de ellos, para participar de sus causas y compartir sus aventuras.  Esto no quiere decir que necesiten leer libros de mala calidad o que no logren apreciar una prosa cuidada: todo lo contrario. Conmover a un lector es una experiencia sublime, y los jóvenes se permiten ser más vulnerables: te ofrecen el costado abierto e indefenso para acceder a su corazón. Dicho esto, yo no “escribo para ellos”. No los elegí a priori. Yo escribo fantasía porque es el género que me fue dado escribir, y resulta – culturalmente – que los jóvenes son quienes hoy prefieren este género.

Conmover a un lector es una experiencia sublime, y los jóvenes se permiten ser más vulnerables: te ofrecen el costado abierto e indefenso para acceder a su corazón

—Has mencionado en otros medios que tus influencias habitan en la literatura fantástica clásica europea, con  especial devoción por Tolkien, ¿qué autores chilenos han marcado tu escritura?

Confieso que ninguno. Estoy recién descubriendo la literatura nacional y ha sido una experiencia fascinante. Pero sí, como he dicho, mis referencias literarias son europeas (Tolkien, Lewis) y norteamericanas (Lovecraft, Martin). En todo caso, yo soy un escritor cuyo universo de influencias es más histórico, antropológico, filosófico y teológico que estrictamente literario. Y ahí sí que mis intereses trascienden por mucho lo clásicamente occidental: mi fantasía está construida tanto de elementos medio-orientales y extremo orientales, precolombinos y africanos, como europeos (grecolatinos, célticos, eslavos, y germánicos).

Tolkien

J. R. R. Tolkien fue un escritor, poeta, filólogo, lingüista y profesor universitario británico, conocido principalmente por ser el autor de las novelas clásicas de fantasía heroica: El hobbit y El Señor de los Anillos.

— ¿Crees que la fantasía ha perdido terreno frente a la no ficción?

No, en absoluto y jamás ocurrirá. La ficción y la no ficción responden a dos necesidades estructurales del ser humano, en mi opinión, y es imposible que una eclipse a la otra, como es imposible que los pulmones se arroguen la función del estómago en un organismo.

—Escribir una saga como Las memorias del juramento supone un esfuerzo demoledor, ¿ya tienes claro cómo cerrar la historia o el final es aún incierto?

La historia está suficientemente clara en mi mente hasta el final, pero siempre me reservo la libertad de cambiar la dirección de los acontecimientos (incluso radicalmente) según la emoción que me provoca el acto mismo de escribir. Además tengo la costumbre de hacer de la escritura una especie de ordalía: escribo en períodos relativamente cortos y en forma muy intensa, lo que me hace sumergir en la historia y conmoverme con lo que mis personajes viven. Esto da mucho espacio a los cambios, a las salidas de libreto.

— ¿Qué saga fantástica no lograste terminar de leer? ¿Por qué?

Disfruté el primer volumen de Eragon, de Christopher Paolini, pero no pude pasar de las primeras páginas de la segunda entrega: Eldest. Quizás se haya debido al desastre que fue la película o sencillamente que no me parece una propuesta suficientemente original. Tampoco pude pasar de las primeras cien páginas de La rueda del tiempo, de Robert Jordan. Me genera rechazo el uso indiscriminado de la magia, y el modelo del protagonista que gana y gana poder hasta volverse divino (una cosa como Dragon Ball).

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Ilustración de Eragon, novela fantástica escrita por Christopher Paolini

— Por último, eres muy activo en redes sociales, ¿qué consejos les darías a tus seguidores que quieren dar sus primeros pasos en la escritura?

Efectivamente, he alucinado con el nivel y el tipo de contacto que las redes sociales permiten con los lectores. Es un canal permanentemente abierto a través del cual un autor recibe retroalimentación: aliento y ánimo, pero también – a veces – valiosas críticas. Mi consejo al respecto es que quienes quieran escribir, usen estas plataformas: sé que varios escritores exitosos que empezaron en el mundo de las redes sociales, que te permite probar suerte, evaluar tus capacidades, y ver si puede haber interés en tu trabajo.

 

Autor: Diego Muñoz (5 Entradas)

Licenciado en Educación y profesor de Castellano. Actualmente es Director de Biblioteca Viva Tobalaba y miembro del Comité de Valoración de Libros Troquel. También es colaborador de la revista Medio Rural.


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