Ralf König: historietas para reírse de los estereotipos

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El dibujante alemán Ralf König retrata el mundo gay desde el humor. Sin eludir temas complejos o las imágenes preconcebidas que sobre dicho mundo existen, consigue con su trazo sencillo y directo romper los prejuicios de lo que significa ser homosexual.

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Hace algunas semanas, en esta misma página, Soledad Rodillo comentaba en su columna “Deja que los libros sean libros”, la iniciativa en Inglaterra de terminar con la división por género de los libros infantiles. Así, en las librerías podrían estar juntos en los estantes dinosaurios y princesas, disponibles todos para cualquier lector. Las portadas celestes y rosadas serían dejadas de lado para que Louisa May Alcott pudiera convivir con Julio Verne sin grandes conflictos de identidad. Una bonita forma de romper con las etiquetas que han forjado una estereotipada visión de lo que deben ser los hombres y las mujeres en nuestra sociedad. Eliminar las barreras y no limitar a las personas. Que los niños y las niñas sean libres de elegir y construir una visión de la realidad más desprejuiciada.

Esos estereotipos que la campaña “Deja que los libros sean libros” ha querido borrar, también se pueden aplicar a lo que un heterosexual y un homosexual deben ser. Y es así como aparece en escena Ralf König (1960), el autor de cómics alemán —editado en español por La Cúpula—, que desde los años 80 a la fecha ha construido una obra humorística, sensible y crítica de las barreras que históricamente han definido la forma de ser de cada género y orientación.

El estereotipo del cómic gay

Creo que hablar de cómic gay es partir mal. Es justamente partir de la base de que hay un cómic heterosexual y otro gay: dos categorías opuestas e incompatibles. ¿Y qué tipo de obras cabrían en uno y otro estante? ¿Superhéroes y aventuras por un lado; romances tortuosos y sexuales por el otro? ¿Acción por un lado; sensibilidad por el otro? ¿Fútbol o Madonna? ¿Blanco o negro? ¿Hay que escoger? ¿Tan simple es?

Ralf König es un autor que desde su primer libro de historietas recogió esta visión simplista de la realidad y la transformó en algo nuevo. El condón asesino (1987) toma un género asociado siempre al macho clásico —el relato policial—, pero lo transgrede desde los cimientos: el duro detective es aquí un gay sexualmente ansioso e insaciable que se ve envuelto en una intriga de cine negro. Este mismo interés revisionista de König se ve plasmado en cómics que transformarán algunas de esas intocables historias que forman parte del culto acervo occidental, desde las comedias griegas en Lisístrata (1987), pasando por las tragedias shakesperianas en Yago (1999) y llegando hasta los relatos de Las mil y una noches en ¡Oh genio! El hechizo de Shabbar (2005). En todas ellas, Ralf König hablará a los lectores de experiencias humanas que, tal como los clásicos en los que se inspiran, trascienden el género u orientación sexual y son comunes a la especie. Por ejemplo, el amor, el deseo, la identidad, el miedo al rechazo, los celos, la familia, la venganza, el respeto y la libertad. ¿Temas exclusivamente gay? No lo creo. ¿Temas serios y profundos? Sin duda. ¿Son, entonces, muy densas las historietas de König? Para nada.

Reírse de uno mismo

Los cómics de este autor alemán se caracterizan por el humor rápido y liviano que los atraviesa. Sin importar el tema que se aborde y lo dramático que este pueda ser, König parte del supuesto de que el ser humano es esencialmente torpe y acaba envuelto en circunstancias que ponen en evidencia lo absurdo de las convenciones sociales y de las instituciones que creemos fundamentales. Y lo hace a partir de sí mismo, tal como parecen entenderlo siempre los mejores humoristas: hay que reírse de lo que uno es.

Los cómics de König se caracterizan por el humor rápido y liviano que los atraviesa. Sin importar el tema que se aborde y lo dramático que este pueda ser.

Su propia vida él la ha convertido en cómic en Con la mano izquierda (1993). En él, el autor se dibuja siendo entrevistado en un estudio de televisión. La historieta es una conversación en la que se revelan hechos biográficos y rasgos de personalidad del creador, los que por medio de distintas técnicas de dibujo son convertidos en fantasías, travestismo o recuerdos infantiles.

La capacidad de reírse de sí mismo se traduce también en la forma en que representa a los homosexuales. Todos los estereotipos a ellos asociados aparecen retratados en sus historias: la frivolidad y el gusto por la moda, la sexualidad desbordada, la feminización y la hipermasculinización como identidades, el culto al cuerpo de gimnasio, el gusto por las divas musicales y la fiesta. Caricaturescamente, König recoge estas marcas de identidad y crea chistes a partir de ellos. ¡Chistes homofóbicos y prejuiciosos!, exclamará más de uno. Algo que se suele reclamar a los humoristas chilenos en el Festival de Viña, por ejemplo, o a programas tipo Morandé con Compañía. Pero en el caso de König, estos chistes son parte del cuestionamiento que hace de esos mismos estereotipos, ya que van de la mano con momentos de sensibilidad, verdad y emoción. Es decir, por una parte reconoce como propias las caricaturas que existen sobre las distintas formas de ser gay, pero no se queda solo en esa apariencia sino que profundiza en las historias y experiencias de sus personajes, dejando atrás el disfraz de gay y convirtiéndolos en seres humanos, con temores y problemas como los de cualquiera. El estereotipo se revela como identidad, pero no como un límite de ella.

El humor de König no parece considerar nada sagrado o intocable. Tal como señalé antes, no hay tema por serio que sea del que él no pueda ofrecer una mirada lúdica o humorística. En plena epidemia de SIDA, en el año 1989, publica La noche más loca, en el que aborda el tema de la enfermedad que por esos años aterraba, estigmatizaba y diezmaba a la comunidad gay. E insólitamente lo hace sin caer en dramatismos hollywoodenses o de matinal televisivo, sino con humor y cariño por sus personajes. ¿Irrespetuoso? Para nada. Es un relato que ahonda en la amistad, en el miedo y en la necesidad de contacto humano. ¿Temas gay? Nuevamente, no.

Un dibujo simple para un mundo complejo

Un estereotipo que suele ser asociado a los cómics gay es que el dibujo de sus personajes debe resultar atractivo al lector. Cuerpos musculados, rostros intensos, masculinidades incuestionables. Como si el cómic debiese hacerse cargo de las fantasías de sus lectores.

Kónig rompe estéticamente con esas pretensiones. Su dibujo es caricaturesco, grotesco en ocasiones. Sus personajes se caracterizan por tener grandes narices y expresivos ojos saltones. Son más bien feos, con cuerpos redondos en permanente lucha con el gimnasio, insatisfechos consigo mismos pero incapaces de tomarse tan en serio una dieta. ¿Les suena conocido?

Más allá de que las historias de Kónig hagan referencias al mundo gay, su público ha demostrado ser transversal.

La mayoría de los libros de König son en blanco y negro. En ellos predominan los trazos curvos y flexibles, un dibujo en apariencia descuidado, pero que resulta muy expresivo a la hora de retratar lo que los personajes experimentan en cada momento. Así, visualmente, se aleja también de la imagen construida culturalmente sobre lo gay.

Otro prejuicio recurrente con respecto al cómic gay es que se trata de historietas esencialmente sexuales. Si König no parece tener por intocable ningún tema, gráficamente tampoco evita representar imágenes sexuales explícitas con gran detalle y cuidado, construyendo situaciones cómicas o eróticas dependiendo de lo que la historia requiera y no por la orientación sexual de sus personajes o de sus presuntos lectores.

Ese es uno de los rasgos más curiosos de la obra del autor alemán: más allá de que sus historias hagan referencias específicas al mundo gay y más allá de lo explícito de las imágenes sexuales, su público ha demostrado ser transversal, tal como se pone de manifiesto en el documental “Ralf König, rey de los cómics” (2012), de Rosa von Praunheim. Hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales (y toda la amplia gama de posibilidades que existen al respecto), encuentran en las historias y en los dibujos de Kónig motivos para reír o emocionarse.

Konrad y Paul: estereotipos que borran estereotipos

Entonces, lo que interesa a König, al parecer, es poner en entredicho lo que significa ser gay (y hacer un cómic gay). La respuesta que da es simple: no significa nada tan distinto que no serlo. Lo heterosexual y lo homosexual aparecen como etiquetas útiles para identificarse, pero las experiencias de unos y de otros resultan similares, movidas por la misma ncesidad: encontrar un lugar en el mundo y encontrar a alguien para compartirlo. Lo demás, es materia de chiste.

podeis-besarosEjemplo de lo anterior es la serie de historias que ha dedicado a sus dos personajes más conocidos: la pareja formada por Konrad y Paul. Uno es un gay formal, serio, amante de la música clásica y que se emociona con las películas románticas. Todo un cliché. Paul, en cambio, es un gay que vive de fiesta en fiesta, vanagloriándose de su físico y buscando incansablemente sexo. Otro estereotipo de lo que es ser gay. Y sin embargo, en las historias cortas o en los libros que sobre ellos ha escrito (Huevos de toro, Super Paradise, Podéis besaros, entre otros), Ralf König los ha retratado como una pareja que se quiere y respeta, que ha sido capaz de construir una relación sobre la base de sus identidades tan caricaturescamente marcadas y que, pese a ser solo líneas negras sobre un papel blanco, logran transmitir a los lectores lo que implica amar a alguien, sentirse acompañado por esa persona y sentir el miedo a perderla.

Quizás la escena con que se cierra Podéis besaros es la mejor forma de representar lo dicho: tras la lucha en Alemania por el matrimonio igualitario y tras años de relación, Konrad y Paul aparecen vestidos de frac para dar el sí ante un narigón empleado del registro civil. La lucha de años por la equidad parece llegar a su fin para estos personajes. Pero recogiendo el cliché de una mala teleserie, a último momento y cuando solo les resta dar el “sí, quiero”, desisten. “Lo que pasa es que… hace quince años que vivimos juntos y… en lo referente al cariño y al cuidado, no necesitamos que nadie nos enseñe. ¡Y en el fondo no necesitamos la bendición del Estado para eso!”, explica Konrad ante una sorprendida concurrencia de familiares y amigos. Así, en un mundo en el que paulatinamente se impone una nueva imagen del gay, Ralf König rompe una vez más con ella y rescata a sus personajes como seres humanos que han construido su propia forma de vivir una relación. Ya solos luego de la ceremonia frustrada, Konrad y Paul reconocerán el cariño que los une. Pese a que como estereotipos opuestos su relación parezca un chiste.

Autor: Rodrigo Costas (21 Entradas)

Licenciado en Literatura de la Universidad Católica de Chile. Es fanático de los cómics desde niño. Además, pinta, ilustra y escribe. Ha ganado diversos concursos de cuentos. Actualmente trabaja como profesor.


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