Cuando sale la luna

j4a6bpmgf1 Ampliar imagen
Autor: Antonio Ventura y Elena Odriozola Año: 2006 Editorial: Thule Reseña de: Ignacia Lizama

Antes que todo, te pido que leas esto sin hacer ruido, ojalá en silencio, así como cuando se lee en la mente. Si no es posible y estás leyendole a otro, por favor hazlo bajito. No queremos que Pablo se despierte.

Antonio Ventura es el escritor y Elena Odriozola la ilustradora. Ambos son españoles y ambos poseen una ancha experiencia en su arte. Antonio en la labor de creación de libros álbum (muchísimos), en la edición de estos tanto en Jinete azul como en Sopa de libros, de Anaya, y cómo no, en la habilitación de espacios culturales referidos a la Literatura Infantil y Juvenil, fundando la Revista Babar y Bloc, especializadas en estos temas, y colaborando en tantas otras revistas, como Clij, Peonza, Cuatro Gatos y Emilia. Y Odriozola no se queda atrás, profundiza su labor ilustrativa cada vez que se ve ante un texto: “Hacer lo que tú crees que tienes que hacer, lo que te sale de las tripas. Y ser fiel a ti mismo. Yo creo que cuando uno hace lo que le sale… le va bien porque es coherente”. Si bien la mayoría de los trabajos de Odriozola llevan texto en euskera (lengua vasca), sus más actuales publicaciones las ha realizado en conjunto con escritores de habla hispana y para nuestro placer, algunos de ellos también han sido traducidos. Los dos son unos grandes. De esos grandes con mayúscula.

Cuando sale la luna, álbum de Ventura y Odriozola editado por Thule, nos abre los ojos ante un enigma que todo niño sospechó: ¿qué hacen los juguetes en la noche mientras todos duermen? Por cierto, hacen mucho más que estarse quietecitos en la repisa, arrumbados en una caja o sentados al pie de la cama velando por nuestro sueño. En este libro sucede todo lo contrario: al llegar la noche aparece Totó, el pingüino de goma, después le sigue corriendo Guillermo, el ratón de madera, y a continuación asoma su trompa el elefante de trapo, Benito. Saltan, se persiguen, merodean por la pieza, juegan y juegan, tal vez con más ánimo y energía que la utilizada a diario por Pablo, el niño protagonista. Quizás aquel día él no jugó con ellos, a lo mejor los juguetes siempre hacen eso, incluso cuando Pablo va a la escuela. Quién sabe. Lo que sí está claro para ellos es que deben ser silenciosos porque Pablo puede despertar, aunque a veces se les olvida.

En cuanto al texto, advertimos sobriedad en el relato, las palabras justas en el momento indicado. Mientras transcurre, liviano y honesto, nos va entregando la información necesaria para un perfecto ensamblaje con la imagen intimista de figuras redondeadas y tonos pasteles, tan propio de Odriozola. La perspectiva en la que están tratadas las ilustraciones nos deja perplejos, tomas en contrapicado ubican el ojo del lector en el ángulo inferior de la imagen, vemos la figura hacia arriba, como si nosotros estuviésemos abajo. El narrador de la historia resulta ser una grata sorpresa.

¿Recordarán los juguetes guardar silencio mientras Pablo duerme?