El día que los crayones renunciaron

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Autor: Drew Daywalt y Oliver Jeffers Año: 2014 Editorial: Fondo de Cultura Reseña de: Ignacia Lizama

Educación, salud, vivienda y un sinfín de temáticas sociales repletan nuestras calles frecuentemente marchando con demandas al hombro. Unas resultan más pesadas que otras –dependiendo del poder muscular de quien las sostiene– pero, ¿una huelga de crayones? ¡La renuencia de los 12 colores de crayones de una caja!, ¿dónde se ha visto?

Camiones, manzanas, corazones, bomberos, fresas, viejos pascueros, ¡uff! Todo ello colorea el crayón rojo, y no por nada está exhausto. Por eso, Duncan, el chico dueño de los lápices de colores, recibe un día un manojo de cartas que, mientras las va abriendo, grande es su sorpresa: son sus crayones escribiéndole cada cual su petición. Así comienza este parlante libro en el que los 12 crayones de cera de una caja renuncian a su trabajo; no sin antes demandar lo que cada uno requiere.

El fructífero ilustrador Oliver Jeffers, autor de Perdido y encontrado, Este alce es mío, El corazón y la botella (publicados por el Fondo de Cultura Económica), nos sorprende otra vez con una graciosa historia, escrita esta vez por Drew Daywalt. Con un trazo a medio acabar, colores y formas como si fuesen utilizados por un niño, El día que los crayones renunciaron se transforma en un colorido relato cargado de humor, transportándonos al niño que todos fuimos (y somos), a aquel que con una caja de colores crea maravillas, sueña universos y vive fantasías. Este libro viene a ser la historia de muchas otras historias: la historia de la demanda, del descontento, de la petición de un sueño, del desahogo, del derecho a descansar, del anhelo de ser reconocido. La historia de la unión de los unos con los otros por un mejor devenir. ¿Cómo hará Duncan para resolver estas doce complejas peticiones?