Estamos todas bien

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Autor: Ana Penyas Año: 2017 Editorial: Salamandra Graphic Reseña de: Astrid Donoso Henríquez

Estamos viviendo la llamada cuarta ola feminista. Nos hemos plagado de imágenes de marchas, protestas, columnas y pañuelos verdes. Las mujeres marchan en Argentina y en Chile vestidas como la protagonista de El cuento de la criada de Margaret Atwood. Y el movimiento nos tiene a todos como protagonistas de un momento crucial de la lucha por la real igualdad entre hombres y mujeres, ampliando su espectro al respeto por la diversidad de géneros.

Y en esta vorágine de información que caracteriza al siglo XXI, ha surgido una serie de libros de mujeres notables con aportes en la política, en la divulgación científica, las artes, así como al movimiento y a la teoría feminista. Mujeres que han dado saltos enormes que parecían tan difíciles en medio del imperio del patriarcado que aún persiste. Todos esos avances son como estrellas en el firmamento, faros como ideales a los que aspirar: nos iluminan, guían. Enormes gestos de grandes personajes.

¿Qué pasa con aquellas vidas minúsculas, esas que pueblan la historia no oficial?

Entonces, ¿qué pasa con aquellas vidas minúsculas, esas que pueblan toda la historia, no la oficial pero sí la verdadera, la de carne y hueso? La que uno se cruza en la esquina, la de una amiga, hermana o madre. La de una misma con su familia, en sus relaciones personales y laborales. Esas mujeres somos nosotras. Son las mujeres de la gran mayoría de nuestras familias y son las abuelas que bien retrata la joven ilustradora de Valencia, Ana Penyas en Estamos todas bien (Salamandra Graphic, 2017), libro que recibió el Premio Nacional del Cómic 2018, otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España.

La experiencia de hacer su primer cómic como ilustradora nace de la observación de su abuela, a quien toma como una de las protagonistas de esta historia que narra un día en sus vidas, en esa donde aparentemente no pasa nada y donde prima la soledad en que viven muchos adultos mayores. Estamos todas bien cuenta la vida de esas mujeres que vivieron para ser madres y esposas, y que ahora son abuelas, que han pasado su vida lentamente, avanzando por un camino silencioso de encontrarse consigo mismas en su soledad. Como Maruja y Herminia, para quienes la espera es constante. Son dos mujeres muy distintas, dos ancianas que viven y recuerdan su vida desde una perspectiva muy dispar, donde una pensaba que no era nadie mientras tenía un marido médico y la otra se alegraba de la autonomía alcanzada al aprender a manejar.

La paleta de colores es acotada y, como cuenta su creadora, nace del color rosa de la bata que usaba su abuela. Desde allí se despliega una gama de colores otoñales que permite moverse en el presente de estas vidas y volver al pasado usando otras tonalidades e intensidades, siempre diferenciando el  restringido mundo en que cada una de ellas se mueve y que las distingue.

Una historia íntima que retrata la historia de dos mujeres y así la de muchas de la España franquista (quizás de nuestra propia dictadura), usando con maestría los silencios y unas ilustraciones potentes para no solo devolvernos a nuestra propia historia femenina familiar, sino para comprender que el feminismo abarca mucho más que las nuevas generaciones. Que la reivindicación de las mujeres y sus derechos no es algo nuevo, que tiene raíces profundas, más allá de las marchas a las que hoy nos hemos unido en nuestro país o que seguimos cruzando la cordillera. Y que muchas de las pañoletas verdes que hoy se enarbolan, fueron y son sostenidas por nuestras abuelas.