Lazarillo

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Autor: Alejandro Cabrera Olea Año: 2017 Editorial: Nube de Tinta Reseña de: David Agurto

C.I.-145: una ciudad industrial en un país que podría ser cualquiera. Una ciudad más en los cientos de ciudades industriales que componen ese país. Una ciudad con una “época dulce” llena de esplendor. Todo gira alrededor de la fábrica de azúcar. Todos trabajan ahí, todas las casas y blocks de departamentos se construyeron en su entorno, todos los niños estudian en la escuela de esta planta. Y todo el mundo, en especial, los jefes tienen perros chihuahuas. Pero como toda ciudad con una “época dulce” también tiene una “época amarga”.

Lazarillo (Nube de Tinta, 2017) escrito por Alejandro Cabrera Olea es la historia de Galvarino y su amigo Acevedo, un exsoldado ciego que toca el violín a la salida de la estación de trenes de la Capital. Todo comienza por la crisis. Un país en guerra con otro país, nadie sabe el porqué de su conflicto, y una fábrica de azúcar que de un día para otro explota, y que deja a una ciudad completa casi en la ruina. En ese contexto, como tantos otros padres, los de Galvarino, deben buscar trabajo en la Capital para poder subsistir.

Alejandro Cabrera y su hijo

El autor Alejandro Cabrera con su hijo, quien lee partes del libro, el día del lanzamiento. Créditos: Lorena Palavecino / Penguin Random House

De este modo, este niño de tan solo nueve años se queda solo a cargo de un hogar, en el cual los papás llegan solo a descansar en la noche y deben salir a temprana hora en la madrugada para tomar el tren. Una noche, tal vez de sueño o de imaginación o de realidad, Galvarino confunde a sus progenitores con otros y los declara unos extraños. Es así como comienza el viaje del protagonista de esta novela infantil, en búsqueda de sus verdaderos padres. Esta novela es eso, un viaje de búsqueda donde un niño se encuentra consigo mismo y su vocación de adulto: ser un lazarillo.

Llegado a la capital, Galvarino conoce a Acevedo, un soldado que quedó ciego en una guerra que se perdió. Producto del engaño de otro niño, termina siendo mucho más que el guía de un veterano de guerra que ya no puede ver. Al contrario del Lazarillo de Tormes (1554), evidente referencia en el texto de Cabrera Olea, el niño no engaña ni abandona a su ciego, aunque un par de veces tenga la intención, y el ciego por su parte, a pesar de que es malvado y cruel en un comienzo, termina siendo bondadoso y prestándole cobijo y protección a Galvarino.

Hay un compromiso mutuo de cuidarse, incluso de Zombie, el gato del niño, que al parecer volvió de la muerte con una de sus tantas vidas. La miseria, el hambre, la falta de comodidad no es impedimento para estos dos personajes que terminan en una amistad inefable, tan distintos los dos como polos opuestos. Incluso terminan haciendo algo increíble para muchos, correr una carrera a orillas del mar, hecho que desencadena el destino de adulto de Galvarino.

Una novela entretenida, rápida de leer, que viene a recordarnos el valor de la amistad.