Superman: Hijo Rojo

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Autor: Mark Millar, Dave Johnson y Kilian Plunkett Año: 2013 Editorial: ECC Cómics Reseña de: Diego Muñoz

Cuando el escritor estadounidense Jerry Siegel y el artista canadiense Joe Shuster dieron vida a Superman en 1933, nunca imaginaron el alcance que tendría su creación o las aventuras y  escenarios en los que le tocaría estar a sus 83 años de vida, algunos incluso bastante desafortunados: un Superman neoliberal que cobra por usar sus poderes,  como santo juez  en plena inquisición católica, o el día de su matrimonio con la periodista Lois Lane, por mencionar  -a mi parecer-  algunos casos de esterilidad creativa, pero que hoy se posicionan como todo un objeto de coleccionismo.

Sin embargo, no todo ha sido desaciertos, por algo la franquicia cuenta con una legión de seguidores y los estudios cinematográficos, quienes han clavado sus ojos en el género, están dispuestos a desembolsar cifras más grandes que los músculos del héroe para llevarlo a la pantalla grande, a veces con éxito, y otras, bajo pirotécnicos fracasos.

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Ahora, imaginemos la siguiente historia: Kal-El, el último sobreviviente de Krypton, no aterriza en la estancia de los Kent en Smallville, Kansas, sino en un granja colectiva ucraniana donde es criado bajo el manto doctrinario del comunismo y está llamado a convertirse en el campeón de los trabajadores, librar una interminable batalla por Stalin, el socialismo y la expansión internacional del pacto de Varsovia. Batman, el otrora enmascarado de ciudad gótica,  es un terrorista financiado por Estados Unidos, que junto con Chile, son los últimos países capitalistas del mundo, y ambos, están al borde del colapso fiscal y social. No hay duda, esto suena bien  y ya existe bajo el nombre “Superman: Hijo Rojo” del guionista Mike Millar, quien en un gesto atrevido (pero meditado), toma al ícono americano y lo posiciona en el escenario alternativo definitivo. Tom DeSanto, persona a cargo de la introducción de esta entrega, nos da luces de que no estamos frente a cualquier historieta, “en manos de un guionista menor, la historia habría sido  muy básica: blanca y negra, sin matices. América buena, soviéticos malos y mucha propaganda. Gracias a Dios que Mark Millar no es un guionista menor. Y gracias a Dios  que su color favorito parece ser el gris.” Por lo que la propuesta, lejos de caer en el absurdo o reduccionismos, se erige como una ucronía atractiva e interesante dentro de la mitología del hombre del mañana.

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Los dibujos, que toman el mejor estilo de ilustración de propaganda, están a cargo de Dave Johnson & Kilian Plunkett, quienes logran plasmar de manera acertada la estética que emerge desde  la narrativa de Millar, configurando un estilo sobrio  que recuerda a ratos al Superman animado de los años 40. Los fanáticos agradecerán el apartado gráfico con notas aclaratorias de las decisiones ilustrativas y los bosquejos de las distintas portadas que lo han acompañado desde su primera publicación en el año 2003.

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“Superman: Hijo Rojo”, en definitiva, se distancia diametralmente de la creación de Siegel y Shuster -quienes imaginaron a un héroe en el que convergían todos los ideales y valores americanos- para dar paso a un Superman alterno, que pone la historia de cabeza, mezcla lo mejor de ciencia ficción de Bradbury, Orwell y Huxley, pero como siempre, tiene un alto sentido del deber y la justicia, porque nunca será un soldado y siempre que actúe, será creyendo que lo hace en el nombre del bien de la humanidad.