Storytelling: El arte de contar historias

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Unas treinta personas hacían fila para entrar a The Bell House, un bar estilo industrial ubicado en el sector de Park Slope, en Brooklyn. Todavía no eran las 19:30 y el bar ya estaba repleto de gente, todos afortunados de haber comprado sus entradas online, antes de que se agotaran a las pocas horas de salir a la venta. Siempre es así con The Moth, el evento de storytelling más importante de Estados Unidos que se realiza en prácticamente todas las ciudades del país, y que vende sus entradas en cuestión de horas.

Encuentro de The Moth

Encuentro de “The Moth”

Todos somos contadores de historias. Algunos mejores que otros, pero todos, sin excepción, contamos historias de forma constante. En las conversaciones al final del día, en las reuniones sociales, en el almuerzo familiar. El contar historias es inherente al hombre y ha acompañado a la raza humana desde el inicio de los tiempos. Es como socializamos y nos expresamos, como nos construimos frente al otro.

Contar cuentos es en Nueva York un hobby ampliamente practicado. Historias contadas por adultos y para adultos

Pero en Nueva York y en Estados Unidos en general, el contar historias (storytelling en inglés) —en su mayoría personales y verídicas— no es sólo algo para comunicarse. Es un hobby ampliamente practicado, y muchas veces un trabajo y un arte. Historias contadas por adultos y para adultos, en bares, cafés o escenarios especialmente montados para esos fines. Y no se trata de una seguidilla de acontecimientos cómicos que se encadenan como historia en una presentación de stand up comedy, sino de narrar historias de drama, humor o suspenso, tal como se haría de forma escrita, pero esta vez, en un escenario, con todos los pro y los contras que eso conlleva. Así, los autores, en su mayoría escritores o profesionales ligados a las artes escénicas, se vuelven storytellers y los lectores, audiencia.

Para Terri Mintz, productora de la serie de storytelling WORD, el arte del contar historias ha estado siempre muy presente en la cultura norteamericana, pero en los últimos cinco años se ha venido desarrollando de forma más fuerte en Nueva York, con eventos en sus principales distritos. Los autores se preparan con antelación, y si bien hay mucha gente en el público que viene a apoyarlos, la gran mayoría está aquí por el show en sí mismo. Para Terri, “es como remontarse a la época en que los cavernícolas contaban historias en torno a la fogata”.

 

Existen varias series de cuentacuentos en Nueva York. La mayoría de ellas se realizan en bares o cafés y son abiertas a todo público, algunas de forma gratuita y otras con una entrada de no más de diez dólares. Las modalidades varían, y eso define también el público que asiste a ellas.

Para un show se sacan diez nombres de participantes, quienes van subiendo uno a uno a contar su historia de cinco minutos

The Moth es la más masiva. Se desarrolla semanalmente en distintas partes de New York, tres veces al mes en Los Ángeles, y dos en gran parte de las ciudades más importantes de Estados Unidos. Cada potencial participante escribe su nombre y su intención de participar al entrar al evento, esperando que el azar decida hacerlos subir al escenario. Para un show de dos horas de duración, se sacan diez nombres de participantes, quienes van subiendo uno a uno a contar su historia real de cinco minutos relacionada con el tema propuesto para esa sesión. Además, la producción selecciona a tres equipos de jurados entre los asistentes, quienes deben evaluar las presentaciones según criterios como calidad, relación con el tema, expresividad. Las reglas son simples: cada seleccionado tiene cinco minutos para contar su historia, éstas deben ser verídicas, deben tener alguna relación con el tema de cada sesión, y deben construirse más allá de la anécdota, teniendo un claro inicio, desarrollo y final.

El show cuenta con un anfitrión —la mayoría de las veces comediante— que presenta a los participantes pero además dirige distintas dinámicas con el público (como leer las respuestas que la gente escribe de forma anónima a preguntas ingeniosas y divertidas repartidas durante el evento), mientras los participantes se preparan a subir y el jurado delibera.

Los ganadores de cada StorySlam, las versiones regulares del evento, participan luego de un GrandSlam, en donde deben contar su historia con los mejores del mes. No hay premios de por medio, sólo la posibilidad de volver a presentar, y hacerlo ahora junto a los mejores. Historias de humor, drama, y miedo, todas son bienvenidas. Lo importante es que la historia sea atractiva, y que su autor sepa sacar el máximo provecho al escoger las palabras, las pausas, y el tono de la narración, tal como lo harían por escrito. Y no son siempre las historias que más hacen reír las ganadoras. En la última versión de StorySlam de Brooklyn, el ganador resultó ser un hombre tímido y awkward (torpe), como él mismo se definió, quien contó cómo hizo lo imposible para reproducir escenas románticas del cine y así conquistar mujeres, hasta que descubrió que ese no era el camino, y que la vida real era mucho más difícil que la de los mundos de ficción.

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“WORD”, evento de cuentacuentos en el Sidewalk Café de Nueva York

The Word es otro de los eventos más conocidos en la ciudad. Su fundadora, Terry Mintz, estaba muy involucrada con la escena del storytelling en Los Ángeles, hasta que se mudó a Nueva York cinco años atrás, e intentó continuar con su pasión en esta nueva ciudad. “No había muchos shows cuyo formato disfrutara personalmente, así que decidí producir mi propio show. Comencé con el show Tale, en East Village, con mi amigo y también storyteller, Harmon Leon”.

Después de dos años de exitoso funcionamiento Terri fundó su propio show, WORD, por diferencias creativas con su socio. Desde entonces, una vez al mes se desarrolla un evento de Stoytelling algo distinto del resto en Sidewalk Café, un local reconocido en el East Village por dar cabida a músicos y artistas emergentes en Nueva York. Quizás por lo mismo, en WORD no existe un anfitrión que presente a los autores, pero sí una banda musical que crea canciones especiales para cada performer, que funcionan a modo de introducción. Las bandas van desde el Rock hasta el Country y Jazz y varían mes a mes, cerrando el espectáculo después de cada sesión. Para Terry el show musical es tan importante como el storytelling, y por lo mismo la banda está sobre el escenario durante todo el espectáculo.

En WORD no existe un anfitrión que presente a los autores, pero sí una banda musical que crea canciones especiales para cada cuentacuentos

En este evento la lista de presentadores es seleccionada con meses de antelación, lo que asegura a todos los asistentes que podrán ver a su cuentacuentos favorito. Para esto, los autores deben escribir sus historias, las que son juzgadas por su calidad y seleccionadas de tal forma que la sesión tenga variabilidad: “Por lo general recibimos muchas historias de humor, pero siempre considero la variedad cuando selecciono historias para el show, y escojo historias que también sean serias y conmovedoras. Personalmente, mis favoritas son aquellas divertidas pero que también te conmueven o impresionan y pueden hacerte reír y llorar en una sola historia. Esas son difíciles de encontrar, pero cuando las recibo, siempre resultan ser las mejores: experimentas cada emoción, con un solo cuento”. Para Terri, la selección anticipada asegura en cierta medida la calidad de las presentaciones: los autores pueden editar y practicar antes de presentarse, y pueden realizar un ensayo general antes del inicio de cada evento.

Martie McNabb dirige Show & Tale, un encuentro bajo el lema “Cada cosa tiene su historia” que forma parte de la variada oferta de New York para storytellers. El formato, sin embargo, tiene la particularidad de que cada historia debe estar ligada a un objeto, que pasa a ser el tema de la sesión. Los objetos van desde fotografías familiares hasta tatuajes y cicatrices, y cada participante debe enseñarlo al resto para complementar el cuento que ha escogido. En un ambiente acogedor y familiar, esta es la instancia perfecta para comenzar poco a poco a contar historias. Dependiendo de la locación, se puede contar una historia sentado en un sillón, sin necesidad de subir al escenario, o simplemente observar a otros, hasta poco a poco animarse a contar algo.

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Las historias de “Show & Tale” deben estar ligadas a un objeto concreto

Show & Tale nace de forma distinta que los otros storytellings. Martie es una Historiadora Personal, y se dedica a recopilar anécdotas, organizar materiales y construir una historia a partir de los recuerdos (como cartas y fotografías), los que son luego devueltos a las familias en forma de libros o diarios recopilatorios. Así comenzó a reconocer que cada objeto cuenta una historia, y decidió abrir esa experiencia profesional al mundo del storytelling y darle la oportunidad a cualquier persona con algo que contar, de expresarla. Este ambiente más familiar y menos competitivo lo vuelve ideal para aquellos que gustan de la conversación más íntima y con más sentido de compañerismo que de espectáculo.

Cuando cuentas una buena historia sientes una conexión inmediata y positiva con esa sala llena de extraños

¿Pero qué es lo que hace estos eventos tan populares? Sharain es fanática del storytelling. Comenzó como espectadora hace muchos años, y poco a poco fue derivando en autora. Asiste al menos una vez a la semana a alguna de sus versiones, porque para ella en estas instancias se crea una comunidad, un sentido de pertenencia: “Conoces a la gente que te encuentras en distintos lugares —dice— y sientes que te conectas con ellos a través de sus historias”. Para Sharain los procesos de contar historias frente a un público están íntimamente relacionados con la escritura: “Al escribir lo que vas a contar puedes poner más atención en los detalles, y finalmente tu historia queda mejor. Cada palabra es escogida especialmente, y cada coma y cada pausa es puesta donde debe ir. Cuando se trata de eventos más grandes es absolutamente necesario saber qué dirás y cómo lo dirás. Cuando cuentas una buena historia, recibes feedback y sientes una conexión inmediata y positiva con esa sala llena de extraños”.

No importan demasiado los motivos. En Nueva York la gente se junta en bares y cafés a disfrutar de historias ajenas y a contar las propias, a comentar cada narración o simplemente a pasar un buen rato de storytelling, porque finalmente, todos adoramos una buena historia.

Autor: Trinidad Castro (4 Entradas)

Estudió Literatura en la Universidad Diego Portales, y se ha especializado en estudios de literatura infantil y educación. Ha publicado cuatro libros infantiles, y actualmente se encuentra desarrollando una maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York.


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