Tras la pista del espía Roald Dahl

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Unos fortuitos escritos sobre el oficio de piloto de guerra fueron el detonador para que uno de los escritores más determinantes en el campo de la literatura infantil dejara de lado la pasión por los aires y las balas para dedicarse a las letras. Un escritor obsesivo, insaciable en su búsqueda imaginativa, alejado de cualquier moralina y tótem de miles de lectores, que a cien años de su nacimiento siguen viendo en Dahl un territorio en resistencia.

roald al fono

Roald Dahl llegó a la escritura por un golpe de azar. Alejado del hogar desde los 8 años, sobreviviente de crueles internados postvictorianos, rechazó la universidad para pedir trabajo en la petrolera Shell, movido por “un deseo apasionado de ver tierras lejanas”. En 1936 partió hacia África Oriental, donde conoció minas de diamantes, aprendió swahili y se pegó la malaria.

Imagen de 1941 en un vuelo a Palestina después de haber sido evacuado de Grecia. Foto: Museo Roald Dahl

Imagen de 1941 en un vuelo a Palestina después de haber sido evacuado de Grecia. Foto: Museo Roald Dahl

En 1939, el estallido de la guerra lo llevó a cumplir misiones de reservista, y luego a enrolarse en la Fuerza Aérea Británica. Tras estrellar su aeroplano y fracturarse el cráneo en el Sahara, insistió en combatir a la Luftwaffe por un par de misiones, hasta que los dolores de cabeza lo jubilaron del teatro de la guerra en los cielos.

En 1942 fue asignado Agregado Aéreo Adjunto en la capital de los Estados Unidos, un cargo que encubría labores de inteligencia orientadas a promover la causa bélica contra el EJE entre círculos sociales influyentes. Llevaba una semana en su oficina cuando apareció el escritor C.S. Forester para una entrevista pagada por el Saturday Evening Post. Tras un almuerzo donde las historias se vieron entorpecidas por un plato de salmón con papas, Dahl ofreció remitirle apuntes escritos sobre el oficio de piloto de guerra. Esa noche escribió su primer cuento, Pan comido, que detalla delirios afiebrados de un piloto tras una campaña fallida. Forester lo vendió por mil dólares, abriendo la ventana de la casa de las letras al piloto espía, que entre los niños sembró el asombro y entre sus biógrafos el desconcierto.

Roald Dahl fue bautizado en honor al héroe nacional noruego Roald Amundsen, líder de la primera expedición cumbre en el polo norte, y que desapareció con su avión en una misión de rescate en 1928. Dahl estuvo cerca de compartir el destino del explorador glaciar, cuyo final marca una inevitable correspondencia con la muerte de Antoine Marie JeanBaptiste Roger Conde de Saint-Exupéry, otra leyenda de las letras infantiles, y que desapareció en los cielos en 1944, a los 44 años.

Roald Dahl y Saint Exupéry comparten haber sobrevivido a estrellar sus aviones sobre el desierto de Libia

Además de la afición por los aires, las armas y las letras, Roald Dahl y Saint Exupéry comparten haber sobrevivido a estrellar sus aviones sobre el desierto de Libia. El padre de El principito trataba de batir un récord para ganar 150 mil francos, mientras que Dahl aseguró haber sido derribado.

En los cuentos de Dahl aparecen personajes obsesionados con encontrar sonidos entre las frecuencias audibles, viudas atravesadas por el miedo a la intimidad, soldados en campañas quijotescas con prostitutas, tahúres devenidos en magos filántropos, libreros que embaucan a viudas millonarias, escritores embarcados en construir una máquina que escriba relatos.

dahl joven

Fotografía de infancia mientras disfruta un partido de cricket.

Es fácil encontrar pistas de su vida transfiguradas en su narrativa, personajes conducidos por un hambre insaciable, con los ojos en la meta. Un seductor, por ejemplo, con aires de espía, pide a su amigo inventor que diseñe una válvula para administrar un afrodisíaco salvaje, imparable, que planea inocular al presidente de EE.UU. en medio de una conferencia de prensa. La descripción de la válvula es parecida a la que Dahl codiseñó y patentó en 1962, concentrado en aliviar las condiciones de vida de su hijo, que a los 7 años quedó con hidrocefalia tras un accidente casero.

Su vida es un retrato incesante. En algunas instantáneas lo vemos catando chocolates para Cadbury, adaptando el guión de James Bond: sólo se vive dos veces, escondiendo una rata en un frasco de dulces para castigar a una vendedora avara, aireando opiniones antisemitas mientras trabajaba en Hollywood, escuchando secretos de guerra de la boca del presidente Roosevelt, y publicando cuentos eróticos para Playboy.

Sus novelas infantiles han sido traducidas a todos los idiomas, editadas incansablemente, adaptadas al cine con el consentimiento dadivoso de sus herederos, una dinastía de desastres que cometieron la imprudencia de censurarlo.

Se trata de un detalle morboso: en la página 3 de la Edición Definitiva de sus Cuentos Completos (Alfaguara, 2013), una aclaración señala que La espadaEn las ruinas y Queso ahumado quedan fuera de cualquier antología, en cualquier idioma, debido a prohibiciones de los herederos.

Los cuentos están disponibles en línea, piezas breves publicadas en periódicos de baja circulación. Queso Ahumado refiere un método delirante para cazar ratones en tres días: primero pegas una ratonera al techo y escuchas las burlas de las ratas, el segundo día pegas todos los muebles junto con un trozo de queso ahumado, y al tercero atribuyes las muertes al queso, no sin jactancia.

En las ruinas describe una escena postapocalíptica: un sobreviviente en un pueblo bombardeado se encuentra con un médico en el proceso de amputarse la pierna. Juntos acuerdan un contrato de sobrevivencia caníbal, cerrado con la aparición de una niña que el doctor promete cuidar.

La espada narra una escena previa al estallido de la segunda guerra en Tanzania: un inglés comenta la inminente invasión nazi con su sirviente africano, quien esa noche le roba una espada ornamental para cortarle la cabeza a un almacenero alemán.

En su vida como escritor Roald Dahl fue enfático en defender la ficción absoluta.

En su vida como escritor Roald Dahl fue enfático en defender la ficción absoluta.

Es inevitable ligar la crudeza de las dos últimas escenas a una explicación moral de la censura familiar, aunque aceptarlo a ciegas sería obviar su estilo narrativo, un arrebatador vuelo rasante sobre el deseo, la búsqueda de aventuras, la trampa, la brutalidad infantil, el sexo o las obsesiones delirantes.Tal tesis, por cierto, impregnaría al Queso ahumado de un aire a capricho, enigma, o estudiada distracción.

Roald Dahl fue enfático en defender la ficción absoluta por sobre la parcial, o referida a hechos de la vida concreta

Roald Dahl fue enfático en defender la ficción absoluta por sobre la parcial, o referida a hechos de la vida concreta. Lo sostiene en Racha de Suerte (o cómo me hice escritor), último cuento de los 60 que escribiría, y que consigna la mayoría de los hechos aquí mencionados, además de repasar su método, aconsejar a escritores entusiastas, y narrar escenas de su formación adolescente. Podría describirlo, pero prefiero inventarlo, dice, no me pregunten por qué: comienza como un ensayo sobre escritores desempleados y termina con manuscrita, sugiriendo atajar las buenas ideas, que por cierto caben en dos líneas, aunque sea garabateándolas en una servilleta.

En general, a los escritores conviene creerles poco: en el mismo cuento afirma haber transcrito de la realidad sólo 2 piezas: Pan comido y El tesoro de Mildlenhall. En el primero asegura que fue derribado por el enemigo sobre el Sahara. Según su hija, sin embargo, se le acabó el combustible en una misión de rescate. La versión de la Royal Air Force señala que fue mandado por error a una zona aérea italiana y se perdió buscando una pista de aterrizaje.

El tesoro de Mildlenhall es una historia sobre la codicia: un par de agricultores encuentran un tesoro romano, y en vez de cobrar y repartir una asignación millonaria, la tacañería los obliga a jurar que la plata era peltre, y conformarse con un escuálido cheque de consuelo. La historia le resultó irresistible.

Desde el 2015 los libros de Roald Dahl acompañan la Cajita Feliz.

Desde el 2015 los libros de Roald Dahl acompañan la Cajita Feliz.

Sobre la posibilidad de que Roald Dahl haya incitado el homicidio de un almacenero alemán, es un secreto sepultado en la memoria de sus herederos, bandada de cuervos y otras avis raras que tendrán sus derechos secuestrados hasta el 2060, y que el 2015 firmaron un contrato con McDonald’s para que los libros de Dahl aparecieran al interior de la Cajita Feliz.

Autor: Cristopher León (2 Entradas)

Licenciado en Letras de la Pontifica Universidad Católica de Chile y Traductor Inglés-Español. Actualmente es editor emérito de Editorial Tadeys y desarrolla proyectos de gestión cultural en la región de Los Lagos.


Un comentario para “Tras la pista del espía Roald Dahl

  1. Paulo Silva

    Primero: Titulas «Tras la pista del espía Roald Dahl» Pero tus detalles sobre esta faceta más bien es somero. Seguramente conoces el libro de de Jennet Conant «The Irregulars: Roald Dahl and the British Spy Ring in Wartime Washington»; de ahi pudiste darnos algún suculento dato.
    Segundo: Según el propio Dahl el no «asegura» haber sido derribado para luego sufrir su fractura en el craneo y heridas varias. Esto esta desmentido en su relato autobiografico «Going Solo» («Volando solo» ); el menciona explicitamente como se ha creado esta confusión al tomarse al pie de la letra el cuento Pan Comido.
    Saludos.

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