Ursula Nordstrom: libros buenos para niños malos

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La editora Ursula Nordstrom (1910-1988) debió enfrentar varias batallas antes de pasar a la historia como una de las fuerzas creativas más innovadoras en el mundo de las publicaciones infantiles y juveniles. Nacida en Manhattan en 1910, Nordstrom logró hacer una exitosa carrera en la editorial Harper & Row, donde comenzó como oficinista en 1936, aunque ya para 1940 era la editora jefe del departamento de libros para niñas y niños, cargo que ejerció hasta los años 60 y que es conocido como uno de los periodos más fructíferos de las publicaciones infantiles y juveniles

Ilustración por Dasha Tolstikova

Ursula Nordstrom ilustrada por Dasha Tolstikova

Sin tener estudios universitarios ni experiencia editorial, Ursula Nordstrom editó en Harper & Row –más tarde Harper- libros que hoy son considerados verdaderos clásicos de la literatura infantil como Stuart Little (1945) y La telaraña de Charlotte (1952) de E. B. White, El conejo andarín (1942) y Buenas noches, luna (1947) de Margaret Wise Brown,  Harriet, la espía de Louise Fitzhugh, y Danny y el dinosaurio (1958) de Syd Hoff. También fue editora del famoso libro Donde viven los monstruos (1963) de Maurice Sendak, que ganó la  medalla Caldecott al mejor libro infantil ilustrado de ese año, y que narra la historia de un niño travieso e incomprendido que se va de su casa, cumple su sueño de convertirse en monstruo, “el más temible de todos ellos”, y después de un tiempo decide volver a su hogar: un argumento que causó controversia en la época entre padres y bibliotecarios que encontraron que la historia podía asustar a los niños. “Los adultos”, se defendió Sendak, “tienden a sentimentalizar la infancia, a ser sobreprotectores y a pensar que los libros para niños han de amoldar y conformar la mente a los modelos aceptados de comportamiento”.

Una idea similar a la de Sendak es la que tenía Ursula Nordstrom respecto a la literatura infantil. Por eso su primera batalla fue buscar -con devoción frenética- la originalidad y honestidad en los libros para niños, y dar a esos pequeños lectores más emociones y fantasías y menos ilusiones sentimentales y falsas compasiones de sus mayores. Para lograrlo reclutó talentos -tanto en la literatura como en la ilustración- como Garth Williams, Charlotte Zolotow, Shel Silverstein, Maurice Sendak y E. B. White, y junto a ellos dirigió una gran transformación en el mundo de los libros infantiles al buscar atraer a los niños con lecturas imaginativas y emocionantes y no con historias moralizantes escritas para la aprobación de los adultos.

La primera batalla de Ursula Nordstrom fue buscar -con devoción frenética- la originalidad y honestidad en los libros para niños.

Una de las primeras inspiraciones para sus libros vino del mundo de los cómics. En los años 30, las tiras cómicas de Dick Tracy y Annie, la huerfanita causaban furor entre niños y jóvenes, y aunque los “expertos” los consideraban vulgares y poco literarios, Ursula Nordstrom –recién llegada a la editorial- quiso averiguar por qué les gustaban tanto. Y luego de leer varios cómics descubrió ciertos elementos comunes: “personajes fuertes, nombres graciosos y mucha acción”, además de encontrarlos “muy bien dibujados”. Desde entonces, la editora decidió correr el riesgo y publicar libros infantiles pensando en sus lectores.

Nordstrom erradicó lo empalagoso y el lenguaje infantil de los libros que editó. Pero a la vez estaba consciente del éxito de un simple texto como El conejo andarín (The runaway bunny), un libro para preescolares que captura la esencia de la necesidad incondicional de amor de los más pequeños. En las cartas que escribió –que fueron miles, muchas de ellas recopiladas en el libro Dear Genius de Leonard Marcus, se puede ver como Nordstrom utilizaba sus propios medios –halagos, inteligencia, parodia o recriminaciones- para llevar a sus autores a lo que ella consideraba la perfección. “¿No te quieres divertir con esto?”, le preguntó a Mary Rodgers cuando leyó el primer manuscrito de Un viernes embrujado, y con ello instó a la autora a darle más emoción a la trama.

Nordstrom era ácida, ingeniosa y voluble. Confiaba en sus autores, los escuchaba y las puertas de su desordenada oficina siempre estaban abiertas para ellos. “Quiero escribir sobre una niña esquimal que está perdida en la tundra ártica. Ella sobrevive comunicándose con una manada de lobos en su propio lenguaje”, le ofreció un día Jean Craighead en su oficina. “¿Será exacto?”, preguntó la editora y ante la respuesta afirmativa de la autora, la Nordstrom solo contestó: “Te enviaré el contrato y te daré tu adelanto”. El libro –Julie y los lobos– fue publicado en 1972 y premiado al año siguiente con la medalla Newbery y finalista del National Book Award.

Ilustraciones de Sendak de su libro "Donde viven los mosntruos"

Ilustraciones de Sendak de su libro “Donde viven los monstruos”

Por sus logros, Harper la premió con honores y ascensos y se convirtió en la primera mujer vicepresidente de la editorial hasta su retiro, en 1973. Y aunque se lo ofrecieron, nunca quiso trabajar en el departamento de adultos; lo suyo, dijo alguna vez, era publicar “libros buenos para niños malos”. De los libros que publicó, solo uno fue escrito por ella: The secret language, la historia de una niña que llega a vivir en un internado (al igual que Ursula Nordstrom vivió en uno cuando sus padres se separaron) y que se siente muy desdichada hasta que conoce a una amiga. El resto, fueron todos libros editados por ella, los que defendía con uñas y dientes, así como también defendió a sus artistas y escritores de cualquier crítica o censura. En sus libros aparecieron temas como el alcoholismo, el divorcio y la soledad; publicó The long Secret de Louise Fitzhugh, sobre la primera menstruación de una niña; Donde viven los monstruos, que otras editoriales habían rechazado, y La cocina de noche, de Sendak, donde aparece el primer desnudo frontal de un niño en un libro de cuentos y que, para más de alguien, resultó escandaloso, aunque ella de inmediato condenó cualquier acto de censura.

De sonrisa fuerte y mirada penetrante, Nordstrom tenía salidas ingeniosas para cada pregunta que le hacían. Como cuando la bibliotecaria y crítica de libros infantiles Anne Carroll Moore le preguntó qué la calificaba como editora si no era bibliotecaria, ni profesora, ni madre, ni tenía estudios universitarios, a lo que Ursula Nordstrom -soltera, sin hijos ni estudios universitarios- solo respondió: “Bueno, primero fui una niña, y aún no he olvidado nada”.

Autor: Soledad Rodillo (52 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.


4 comentarios para “Ursula Nordstrom: libros buenos para niños malos

  1. Notable descripción de cómo el mérito devuelve la mano al riesgo. (¿Dear genius es un libro encontrable?)

  2. Genial retrato (genial personaje). El libro es de lectura obligada para todos los estudiosos de LIJ. Gracias por la nota.

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