A 150 años de la primera edición: las nuevas Alicias de Lewis Carroll

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Lewis Carroll es y seguirá siendo un personaje misterioso para la literatura y los biógrafos. Diácono anglicano, matemático, fotógrafo y escritor, la obra de Charles Lutwidge Dodgson, el verdadero nombre del autor inglés, sigue siendo materia de fascinación y estudio, referente obligado al hablar de literatura infantil y literatura inglesa.

Ilustración Marcelo Parra

Lewis Carroll por Marcelo Parra

Su obra más famosa —coordenada inevitable de nuestro imaginario colectivo como lectores — Alicia en el país de las maravillas (1865) es de esos libros que podemos leer una, diez veces y develar detalles, pequeños nuevos grandes descubrimientos. En las aventuras de Alicia se ven una serie de periplos de una pequeña niña en un mundo de fantasía, una niña reflejo de su escenario victoriano, de normas y lógica, que se ve enfrentada al sinsentido reinante en el país de las maravillas.

De alguna forma Alicia, como sólo un par de años antes lo hizo Niños del agua (1863), de Charles Kingsley, es una crítica a su época aunque bastante más luminosa y alegre. Alicia nace en una de las tantas visitas del profesor de Matemáticas y Lógica de Christ Church a la familia Liddell, cuyas hijas solían pasear con el autor que gustaba de inventar historias que nacían y morían por las tardes, en medio de sus conversaciones y juegos. La pequeña Alicia Liddell, al escuchar las narraciones de una niña nombrada en su honor que persigue a un conejo de librea y reloj de bolsillo para adentrarse en un mundo de locas aventuras, se entusiasma y le pide escribirlas. Así nace Alicia en el país de las maravillas, bajo la premisa expresa de la pequeña de que todo cuanto sucediese, siempre fuera sin sentido.

Carroll es, junto a Edward Lear, uno de los máximos exponentes del nonsense, un género literario difícil de definir y que tiene una larga tradición que se remonta al siglo XI, con su mayor esplendor en la estricta Inglaterra de la Reina Victoria. Un mundo donde imperaba la idea del progreso inevitable de la raza humana y donde la industrialización parecía dar respuesta a las obligaciones de mayor producción. Es la época de Charles Darwin, del Imperio Británico en su apogeo, de la Pax Britannica y del fortalecimiento del capitalismo liberal. Por el contrario, la Inglaterra obrera seguía siendo heredera de ese mundo de hollín, pobreza y miseria que Charles Dickens tan bien describió y que Kinsgley retoma con su pequeño protagonista.

Alice

Rebecca Dautremer

Es en ese mundo, que se esmeraba en estar bien estructurado, que se ufanaba de ser lógico y racional y donde todo debía calzar y ser absolutamente sensato, en el cual aparece Alicia y La caza de Snarck, como verdaderos antagonistas a ese escenario de orden y precisión. Edward Lear hará lo suyo con sus famosos limerick, composiciones poéticas humorísticas, y con quien Carroll editará El paraguas de la rectoría.

En el nonsense de Lewis Carroll, el lenguaje cobra una fuerza central y el aparente sin sentido tiene, por supuesto, una lógica interna. Alicia es, junto con todos los personajes que leemos en el libro, una conversadora. Parte esencial del nonsense es que tenga una contraparte sensata y juiciosa; y esta es siempre la pequeña Alicia victoriana: todo se discute, se argumenta, y el diálogo es fundamental para poder entender o perderse en la narración. Las palabras y el juego de y con ellas como una forma de exploración lúdica, de conversaciones insólitas. Alicia, con su lógica victoriana se enfrenta a personajes tan dispares como el sombrerero loco, la reina de corazones, la oruga azul o un dodo, que para algunos estudiosos es un cameo del autor.

Ediciones para celebrar

A 151 años del nacimiento de Alicia, las nuevas ediciones de este clásico de la literatura se han multiplicado, si bien siempre ha existido una amplia demanda por esta historia, algo que se puede comprobar con facilidad observando el constante interés de estudiosos en releer su obra y en las películas que ha inspirado. De hecho, su primera aparición en 1865 fue un rotundo éxito, con lectores tan diversos y entusiastas como el joven Oscar Wilde y la mismísima Reina Victoria.

Alicia para pequeñosEntre estas revisiones de la obra de Carroll podemos destacar la reedición de Alicia para los pequeños (Edelvives, 2015) con las ilustraciones —esta vez en colores— de Sir John Tenniel, el ilustrador original de la obra de Carroll. Editada por primera vez en 1890, esta versión recoge íntegramente los textos de ambos autores y, si bien contiene las principales aventuras de la joven protagonista, el autor reproduce la experiencia de la mediación lectora, como si estuviera presente junto a los niños lectores y los interpela a seguir leyendo, a imaginar qué sucederá, a relacionarlo con sus propias experiencias; antecediendo con luces la discusión literaria que luego retomará Aidan Chambers en su Dime (FCE, 2007) y al mismísimo libro álbum, entendiendo el trabajo en conjunto con el ilustrador a la perfección.

DautremerDe las ediciones disponibles, sin lugar a duda, una de las más atractivas, es la ilustrada por la francesa Rébecca Dautremer. Este libro, que en español primero nos llegó por Edelvives, hoy está disponible en Fondo de Cultura Económica. Aquí Alicia rompe con algunas convenciones impuestas por la versión animada de Disney de 1951, situándonos en una Alicia morena, de pelo corto y menos “adulta niña”, que la iniciada por Tenniel en el siglo XIX. Como todo trabajo de Dautremer, las ilustraciones deslumbran por los minuciosos y bellos detalles en cada página, otorgando cierto oscuro misterio al periplo de la pequeña.

KusamaQuizás menos conocido, pero de innegable valor estético, es la edición que Yayoi Kusama ilustra en Penguin. La autora japonesa -que expuso el 2015 en Santiago- nos devuelve a la Alicia juguetona, esa Alicia que los años ’60 bien supieron recuperar y hacer suya, con colores fuertes, hongos multicolores, cierto hálito lisérgico, como si toda la narración respirara de la cultura hippie de la época. De hecho, fue durante ese período donde se comenzó a debatir si Carroll con su obra no estaba sino describiendo los efectos del uso de ciertas drogas; y la película animada de los ’50 fue ampliamente divulgada en universidades, algo que disgustó a Disney que incluso prohibió usarla para tales fines. Fuera el láudano u otro medicamento el que usara Carroll para sus múltiples jaquecas, lo cierto es que a partir de entonces nace el nombre de “síndrome de Alicia en el país de las maravillas” el cual explica la alteración en la visión de las proporciones de las cosas, producto entre otras, del uso del LSD, por ejemplo. Yayoi Kusama aprovecha, con su estilo tan propio de formas y colores, de hacer una versión que juega con los puntos rojos, verdes, azules y amarillos, con la composición de los personajes y sus escenarios, con los tamaños de las letras, provocando cierta vertiginosa sensación, similar seguramente a la que Alicia sintió en el torbellino de sus aventuras.

Peter KuperEditorial Sexto Piso ha reeditado su versión de Alicia con las ilustraciones del autor estadounidense Peter Kuper, reunido en dos tomos: Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo. Kuper, con su formación en cómics, nos presenta una Alicia con una constante expresión de preocupación ante personajes con sonrisas siniestras como el Gato de Cheshire, herencia inevitable de su trabajo como ilustrador político y social.

Marta Gomez PintadoMarta Gómez-Pintado, autora madrileña, fue quien ilustró la versión de editorial Nórdica con una Alicia de cabellos oscuros, en un mundo donde los colores son mínimos, y las texturas se desdibujan en sepias, como en sueños. De hecho, Alicia siempre aparece disfrutando el viaje, sonriendo en la hierba o incluso nadando en su mar de lágrimas.

Andrea Daquino

La editorial madrileña Tres Hermanas ha publicado una delicada versión de Alicia con ilustraciones de Andrea D’Aquino, joven autora norteamericana, y que gracias al uso del collage, la tinta y la acuarela, logra una versión deslumbrante y donde el espacio exploratorio la lleva a reutilizar elementos desechables como tickets de autobús, fotografías viejas, desechos de papeles murales, en un desborde de espontaneidad y experimentación.

helen OxenburyHelen Oxenbury, autora inglesa reconocida con clásicos como Vamos a cazar un oso y Los tres lobitos y el cochinito feroz, editó en Lumen hace algunos años una versión de Alicia, esta vez con una pequeña rubiecita de zapatillas blancas y larga cabellera, que tranquilamente se pasea junto a la liebre de marzo, y donde en sus mohines observamos la infancia en pleno, cierta torpeza elegante y grácil.

Lata de Sal, en su colección Vintage, rescata una versión económica de 1907, con una edición que cabe en la palma de la mano, y donde por primera y única vez el propio John Tenniel retrata a Alicia con un llamativo vestido rojo.

Alicia SussexDentro de las novedades y homenajes al 150 aniversario de Alicia en el país de las maravillas, Nicolas Mahler, dibujante austríaco, crea una versión ilustrada de Alicia combinando este clásico con Frankenstein de H. C. Artmann, autor experimental vienés de los ’50 y traductor de la obra de Edward Lear y otros autores nonsense al alemán. Esta novela gráfica editada en Salamandra es un desafío, un crisol literario con referencias a autores tan disímiles como Herman Melville, aforismos de Friedrich Nietzsche o unas de las inconsolables frases de Emil Cioran. Si bien es una adaptación de la obra de Carroll y no es estrictamente el texto original, conserva el juego y el espíritu de la obra que invita a descifrar el mundo con mirada de niño.

LacombePor último, en esta revisión, Benjamin Lacombe, el afamado ilustrador francés que hace un par de años visitó Chile —congregando a centenares de fanáticos con sus dibujos preciosistas— publicó el año pasado su propia versión de Alicia. Edelvives edita la versión en español con una bella edición cuya portada muestra a una niña de frondosa cabellera rubia abrazada al esquivo conejo, encerrados en una especie de ornamentado firmamento azul, conservando su trazo barroco y una Alicia inquietante, como todas sus protagonistas, niñas-mujeres de labios rojos, que a veces nos recuerda a Lolita, de Nabokov. Algunas de las ilustraciones son desplegables y se incluyen algunos anexos interesantes como cartas de Lewis Carroll a Alice Liddell o fotografías del autor.

Y es que tal como afirmó la escritora británica Virginia Woolf, Lewis Carroll no creó libros para niños, sino más bien obras únicas, capaces de convertirnos en niños. El mérito de Alicia y toda la obra de Carroll es plasmar el verdadero pensamiento de los más pequeños y lograr capturar esa magia de sorpresa ante el descubrimiento de un mundo misterioso justo antes de crecer y convertirnos en jóvenes y adultos, donde las obligaciones de la rutina, la indiferencia y el pesado orden de la existencia aplastan la generosa imaginación infantil.

AvatarAutor: Astrid Donoso Henríquez (50 Entradas)

Coordinadora de medios y libros de La Fuente. Periodista, técnico bibliotecario, máster en LIJ, diplomada en Fomento Lector y Edición. Lectora voraz de diversas latitudes y géneros. Actualmente cursa el Diplomado de Literatura en Lengua Inglesa.


Un comentario para “A 150 años de la primera edición: las nuevas Alicias de Lewis Carroll

  1. AvatarAmparo

    Soy bibliotecaria. Tú artículo me ha parecido muy interesante,bien documentado y expuesto con claridad.
    Has informado muy bien sobre «Alicia…» Gracias por tu trabajo

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