Reseñas

Anaïs Nin, perdida y recobrada: “La intemporalidad perdida y otros relatos”

Soledad Rodillo Por Soledad Rodillo

La intemporalidad perdida y otros relatos, recién publicado por editorial Lumen, reúne un conjunto de cuentos que la escritora francesa Anaïs Nin (1903-1977) escribió en los años veinte, antes de sus famosas novelas. [Créditos portada: elmundo.es]

Dejé atrás a mis escritores de la juventud, igual que a los amores de esa época. No los abandoné, pero no los seguí leyendo o viendo aunque siempre han ocupado un lugar importante en mi biblioteca y en mi corazón. Por eso encontrarme con un libro recién publicado de Anaïs Nin fue como abrir la cajita de los recuerdos. Tener en mis manos de nuevo una portada con su nombre (ese nombre que lleva cremillas sobre la i) fue como traer de nuevo a mi vida a la autora que tanto leí y adoré, y también una época, hace treinta años, cuando sus escritos representaban para mí todo lo que deseaba en la vida: libertad, bohemia y amor.

La intemporalidad perdida y otros relatos, recién publicado por editorial Lumen, reúne un conjunto de cuentos que la escritora francesa Anaïs Nin (1903-1977) escribió en los años veinte, antes de sus famosas novelas Bajo la campana de cristal (1944), Escaleras hacia el fuego (1946) y La casa del incesto (1949), antes de Henry Miller y del psicoanalista Otto Rank, antes de publicar sus famosos diarios de vida, antes de ser la famosa escritora vanguardista y feminista que conocemos.

En estos cuentos caminamos por París: por los Jardines de Luxemburgo, por los bares y los cafés de Montparnasse, por los libros usados que venden a la orilla del Sena. Nos volvemos a encontrar con la bohemia parisina de los años veinte y con los escritores que la retrataron y que leímos hace tanto tiempo atrás: volvemos a leer sobre esas mujeres lánguidas que eran escritoras, modelos o artistas, españolas, norteamericanas, rusas que habían llegado a París en busca de fama y de dinero, y que llamaban la atención de hombres y mujeres, con sus ojos pintados de negro y sombreados de azul, con sus vestidos de kimono y sus gustos orientalistas, con sus andares de bailarina, de bohemia o de musa.

Estos primeros cuentos de la reconocida escritora vanguardista, nos acerca a su periodo menos conocido: recién casada con el poeta y banquero Hugh Parker Guiler y antes de conocer al escritor Henry Miller, cuando era una joven escritora que dividía sus días entre la bohemia y su trabajo como bailarina de flamenco, cuando empezaba a conocer la vida intelectual de su ciudad y a los artistas de la época. En muchos de estos cuentos se puede ver su cara, sus ojos grandes y su cuerpo delgado, su pasión por el baile y por los libros.

Anaïs Nin destacó como autora de novelas y cuentos con impronta surrealista, psicoanalítica y erótica. Créditos: theanaisninfoundation.org

Con Anaïs Nin uno conoce la capital francesa desde la perspectiva de los bohemios, de los que pasan tardes y noches tomando café y licores, que fuman y aman con intensidad, así como intentan sobrevivir de sus escritos, sus pinturas, sus bailes.

En estos relatos aparecen mujeres que leen y se llena a diario de nuevas lecturas: mujeres que sienten que los personajes literarios son más atractivos que las personas reales, “más activos, más vividos, más interesantes”. Y que se aferran a los libros “como si fueran la llave del mundo entero”. Mujeres, incluso agobiadas por la lectura, como aquella que dice “Me he alimentado de libros básicamente, por eso me pesa la cabeza y me mareo un poco”.

Porque los personajes de Anaïs Nin leen, conversan, piensan y cuestionan este mundo de entreguerras. Adoran deambular y pasear, viajar, aunque sea con la imaginación, como aquel personaje que aparece en uno de los cuentos que se mete en una barca abandonada en el jardín y navega por un río imaginario en un día, sintiendo que habían pasado veinte años; hombres y mujeres que piensan y critican, que buscan “un mundo que concuerde conmigo y con mi filosofía”; personajes que se sienten perdidos en este París de los años veinte y que viven de noche con la intensidad de los sobrevivientes.  

En estos cuentos hay soledad y también amor: el artista que adora a la modelo rusa que lleva posando tres días sin haber comido, el poeta que se encapricha con la bailarina de flamenco, la madre y la hija que se enamoran del mismo hombre.  Y también hay soledad, personajes que, entre cafés y bares, desean dar vueltas por la ciudad sin compañía: “Había buscado un momento como aquel por todo el mundo, en el que pudiera estar completamente sola, en el que nadie leyera en su cara pensamientos que no podía ocultar, donde nadie reparara con claridad en que su andar era lento y triste ni echara en falta el sonido de sus pasos cuando no fuera capaz de caminar más”.

Cuentos que hablan de una época, de un sentir, de un vivir que ya no existe; de un ritmo y de un tiempo que se acabó, pero que vuelve nuestra mirada a un periodo tantas veces inmortalizado por la literatura, el arte y el cine, y que nos llena de recuerdos de otro tiempo, de nuestras antiguas lecturas, de esos momentos melancólicos que nunca abandonan nuestra vida.

La intemporalidad perdida (Lumen, 2021)
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Soledad Rodillo

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.

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