Hace un par de meses tuvimos la oportunidad de vivir de cerca los Juegos Panamericanos. Más de ocho mil atletas de cuarenta y un países se congregaron en Chile y durante dos semanas sus nombres, imágenes y trayectorias estuvieron en nuestras conversaciones, periódicos y redes sociales. Sin embargo, la realidad fuera del macro evento es que se sabe muy poco de los grandes deportistas del continente. Por eso, cuando una editorial ecuatoriana llamada El Fakir dedica una colección a recuperar las figuras claves de su historia a través de la publicación de sus biografías, es digno de una medalla.
Cómo, si no, habríamos de saber que existió un Francisco Segura Cano ―Pancho Segura―, tenista guayaquileño insigne, fundador de la ATP. «La vida de Pancho Segura fue una montaña rusa de emociones. Desde su atribulado nacimiento en un bus interprovincial (…) hasta su amistad con lo más granado del Hollywood de los años sesentas y setentas (Dean Martin, Charlton Heston, Barbra Streisand); ésta es la fascinante historia de un hombre que, a todas luces, había nacido para el anonimato, pero que se sobrepone a todo obstáculo para convertirse en la primera raqueta del planeta y el primer héroe deportivo del Ecuador», anuncia su reseña editorial.
O cómo habríamos conocido la historia de superación y empoderamiento de Neisi Dajomes, quien ganó el primer oro para Ecuador en halterofilia y se convirtió en la primera mujer ecuatoriana en subir al podio olímpico en la historia, en Tokio 2020. Levanta como niña (2021) es el título del libro escrito por Álvaro Alemán, en donde encontramos desde los detalles de la infancia de Neisi en un pueblo amazónico, las desventuras que pasaron sus padres en calidad de refugiados cuando huyeron de la guerrilla colombiana, hasta cómo logró cumplir su sueño y convertirse en la mujer más fuerte del planeta.

La admiración que tienen los editores de El Fakir por estos deportistas es compartida con otros personajes reales y ficticios de la literatura ecuatoriana, una pasión que en los últimos nueve años ha alimentado de ideas y rescates las diversas once colecciones que lucen en el catálogo de la editorial. Todas estas confluyen en un mismo objetivo: contribuir a la renovación de las letras ecuatorianas y construir la memoria de las letras nacionales. La premiada escritora y traductora Gabriela Alemán, su hermano docente y ensayista, Álvaro Alemán y su amigo y socio periodista especializado en literatura hispanoamericana, César Salazar, comenzaron esta aventura en 2015 y desde entonces han trabajado para contribuir también en la internacionalización de los autores latinoamericanos, coeditando, fortaleciendo la red de distribución y el ecosistema del libro en Ecuador.
«Las instituciones culturales en Ecuador son muy precarias. Apenas existen iniciativas para fomentar la lectura, el sistema de bibliotecas públicas siempre está al borde del colapso, en contadas ocasiones se reedita a los autores canónicos y, lo que menos se hace, es repensar la cultura ecuatoriana desde el presente. El Fakir fue una apuesta contra la falta de políticas públicas para la cultura. Nos pareció pertinente hacer un trabajo de arqueología de la literatura ecuatoriana para repensar el canon literario. Por ejemplo, creamos la colección Virago para publicar autoras del siglo XIX y principios del XX, o repensar a los clásicos como autores de género (algunos autores decimonónicos publicaron cuentos de terror y las principales figuras del realismo social comenzaron escribiendo novelas rosas)», explica Gabriela.

Y en ese trabajo de investigación es que han ido surgiendo nuevos proyectos: «Los dos grandes ensayistas y escritores del siglo XIX ecuatoriano fueron el conservador Juan León Mera (autor del himno nacional) y el liberal Juan Montalvo (autor de Capítulos que se le olvidaron a Cervantes), en nuestra investigación encontramos textos suyos que podrían considerarse de terror. Los incluimos dentro de una antología del terror ecuatoriano; hicimos algo similar con una antología de protociencia ficción ecuatoriana del siglo XIX y principios del XX. Y este año lanzamos los primeros libros de la colección Virago, textos que solo tuvieron una edición durante la vida de sus autoras y no fueron reeditados o se mantuvieron inéditos».
Para bautizar la editorial tomaron el apodo de El Fakir, como se conocía al poeta César Dávila Andrade, a quien consideran el escritor ecuatoriano más importante del siglo XX y a quien le dedican la colección Cabeza de Gallo y otros aciertos editoriales.
El primer libro de esta editorial independiente fue también el primer libro que se publicó en Ecuador del escritor colombiano Hernán Hoyos, titulado 008 contra Sancocho, considerado una leyenda de la literatura erótica por su habilidad para armar tramas alrededor del sexo. Hoyos, quien optó por marginarse del sistema y autoeditarse, llegó a ser uno de los autores más leídos en un país en el que la mayoría de escritores quedaban solapados por el éxito rotundo de Gabriel García Márquez. Luego de eso cayó en el olvido hasta que ha vuelto a ser redescubierto por los hermanos Alemán y Salazar.
«Don Hernán, desde los años sesenta del siglo pasado, y principalmente en los años setenta y ochenta escribió, diseño, editó, distribuyó y comercializó más de doscientos libros que vendió en gasolineras, mecánicas, panaderías y puestos de revistas. Nos pareció importante dar espacio a un escritor tan poco conocido, no solo en Colombia sino a nivel continental, que buscó una manera poco tradicional para que sus libros llegaran a sus lectores», comenta la editora.
Para la segunda apuesta cambiaron de registro y escogieron una novela gráfica contemporánea. Virus tropical, de la artista plástica colombo-ecuatoriana Paola Gaviria, conocida como Powerpaola, es una narración autobiográfica que con mucho humor explica los orígenes de su vida en Quito. Una historia que ha sido publicada en Argentina, Chile, Perú, Brasil, España, Portugal y Estados Unidos, y que fue llevada al cine en 2017 por el realizador colombiano Santiago Caicedo.

«Ecuador no tiene una tradición de cómics y nos encontramos con esa realidad al momento de distribuir los libros de la colección de libros ilustrados Exlibris, pero las tradiciones también se crean y luego de publicar las novelas gráficas de Powerpaola, Alberto Montt y Fabián Patinho, poco a poco la lectura de este género se ha vuelto algo menos extraño en el medio y se encuentran más en librerías», agrega Gabriela.
Powerpaola o Paola Gaviria, es una reconocida ilustradora colombo-ecuatoriana que escogió publicar precisamente en esta editorial independiente por el gran trabajo de investigación y rescate que están haciendo con los autores menos reconocidos. «Conocí hace algunos años la editorial y le tengo un gran cariño por la manera en que trabajan y porque admiro mucho a Gabriela», agrega Paola desde Argentina, donde reside hace años.
No es de extrañar esta gran conexión, los editores y hermanos Alemán han comentado en sus entrevistas que ellos entraron al mundo de la literatura gracias a los cómics y los libros ilustrados y que buscan con sus publicaciones replicar ese mismo primer acercamiento con sus lectores adolescentes. Prueba de ello es que han hecho transitar la obra del poeta que tanto admiran, César Dávila Andrade, de la narrativa a la gráfica en un volumen especial llamado Bestiario, en donde reúnen cinco de sus cuentos trasladados al cómic y a la narrativa ilustrada. «Una obra diseñada para introducir a las audiencias contemporáneas a la obra insondable y bestial del Fakir», asegura a los medios su editora, a propósito del centenario del natalicio del autor.
«Más que rescatar del olvido, buscamos devolver a ciertos autores al presente», me corrige Gabriela. Eso sucede con su colección infantil llamada Chulpi, en donde reviven la historia del tren Quito Express, un cuento entrañable que había sido publicado inicialmente en 1938 por el autor e ilustrador austrohúngaro Ludwing Bemelmans quien viajó con su familia por Ecuador a principio de siglo, y que en 2019 fue coeditada por las editoriales El Fakir y Deidayvuelta, en tres idiomas: español, inglés y kichwa.
A través de esta historia infantil tendremos la oportunidad de viajar en un tren de principio de siglo y recorrer el paisaje y la cordillera ecuatoriana, desde el altiplano en Otavalo a la costa en Guayaquil y de ahí a la capital, Quito. Casi como si fuera un símil de la labor que lleva haciendo por casi una década la editorial El Fakir, permitiéndonos acompañarles en este viaje de descubrimientos y avistamiento de una cartografía literaria ecuatoriana que pensábamos olvidada pero que está más viva que nunca.

