g
Postales de Gabriela Mistral, a 80 años del Premio Nobel.
Artículos

Gabriela Mistral: conversaciones en Japón

María José Ferrada Por María José Ferrada

El 4 de agosto se realizó en Tokio la primera actividad de la semana mistraliana, organizada por el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural y ProChile. Nuestra colaboradora María José Ferrada participó y comparte con nuestros lectores parte de esta experiencia, así como su exposición y la de la académica María José Barros.

Probablemente, el Premio Nobel de Literatura de 1945 pasó desapercibido para la mayoría de los japoneses. Cuatro meses antes, en agosto de ese año, habían sufrido uno de los momentos más traumáticos de su historia: el bombardeo atómico a Hiroshima y Nagasaki. Los chilenos, en cambio, habíamos escuchado ambas noticias atentamente: el año de las bombas, que marcaban un antes y un después en la relación entre los habitantes del mundo, el Premio Nobel era otorgado a Gabriela Mistral, primera latinoamericana y segunda mujer en obtenerlo.

La literatura tiene sus propios tiempos —la mayoría de las veces, un tiempo distinto al de los escritores—, así que, ochenta años más tarde, una delegación de la que tuve el honor de ser parte viajó a Japón con el objetivo de dar a conocer el pensamiento y la obra de la poeta. Una delegación de mujeres integrada por Vivian Lavín, periodista cultural, y María José Barros, académica de la Universidad Adolfo Ibáñez, cuya primera actividad en Tokio —el seminario Literatura Latinoamericana: un viaje desde el fin del mundo. Homenaje a los 80 años del Nobel a Gabriela Mistral— contó también con la presencia del embajador de Chile en Japón, Ricardo Rojas, y de los académicos Manuel Azuaje-Álamo, de la Universidad de Waseda, y Fumiaki Noya, traductor y profesor emérito de la Universidad de Tokio.

Vivian Lavín, encargada de conducir la conversación, dio inicio a la actividad en que cada expositor abordó un aspecto distinto de Mistral, coincidiendo en un punto: la actualidad de su pensamiento. Porque, mientras la conversación se desarrollaba en el Kudan-Kaikan, del barrio de Chiyoda, con vista de fondo a un inmenso jardín, Tokio experimentaba las temperaturas más altas de su historia, obligando a los japoneses a caminar por las calles llevando ventiladores portátiles. El desastre climático —no «cambio», como me advirtió alguien una vez, a propósito de cómo el lenguaje es capaz de distorsionar la realidad— es global y una muestra evidente de la necesidad de replantear la relación con todo lo vivo en la que tanto insistió la poeta chilena.

«Desde la perspectiva mistraliana, todas las manifestaciones terrestres son seres vivientes, entidades animadas o espíritus dignos de alabanza. Los animales, la hierba y el viento son sus “parientes”. Lejos de las fantasías antropocéntricas sobre la superioridad y el excepcionalismo humano, Mistral reconoce la dignidad de todas las especies y defiende a los animales —como las chinchillas o las garzas— que son atacados por el “hombre”», explicó María José Barros a la audiencia japonesa.

Manuel Azuaje-Álamo dio un contexto a la tardanza de la llegada de la obra de Gabriela Mistral a Japón —la primera vez que aparecen sus poemas traducidos es en 1972, en una colección de los ganadores del Premio Nobel—, que habría tenido que ver con el desinterés de esos años, en el mundo japonés, por la literatura latinoamericana. Uno de los ejemplos fue a propósito de otro Nobel latinoamericano: Cien años de soledad —que, tras el estreno de una serie de televisión el año pasado, tuvo un verdadero boom japonés: 290.000 ejemplares en ocho semanas— demoró cinco años en vender su primera edición, de dos mil ejemplares. Otra vez: la literatura y sus tiempos.

Fumiaki Noya leyó su propia traducción de Los sonetos de la muerte, deteniéndose en la capacidad mistraliana de contener y dar voz a las contradicciones del corazón humano. Escuchando al profesor Noya, fue imposible no pensar que la literatura japonesa, desde el Genji Monogatari en adelante, ha hecho algo parecido. 

Por último, centré mi exposición en el lugar que Gabriela Mistral dio a los niños en su poesía y pensamiento. También en la posible amistad, imaginaria, que de haber conocido Japón habría entablado con Kaneko Misuzu, poeta japonesa que durante su corta vida, se dedicó a la escritura para niños. 

Para quienes quieran saber algo más de lo que fue este seminario —al que asistieron poetas, traductores e interesados en la literatura hispanoamericana en general— se encuentran disponibles para su lectura la presentación de María José Barros, titulada «Poema de Chile, el libro póstumo de Mistral: elogio del caminar y la tierra chilena». También mi presentación, dedicada a Gabriela Mistral y Kaneko Misuzu: «Un eco».

Compartir en: Facebook Twitter
María José Ferrada

María José Ferrada es periodista y escritora de libros infantiles. Su trabajo ha sido publicado en Chile, Brasil, Argentina y España, y ha sido premiado tanto en nuestro país como en el extranjero.

También te podría interesar